viernes, 11 de agosto de 2017

With the windows open and the stars bright




“We would be together and have our books and at night be warm in bed together with the windows open and the stars bright.”

Ernest Hemingway, A Moveable Feast


En la carretera de Sintra





Al volante del Chevrolet por la carretera de Sintra
a la luz de la luna y al sueño, en la carretera desierta,
solitario conduzco, conduzco casi despacio, y un poco
me parece, o me esfuerzo un poco para que me parezca,
que sigo por otra carretera, por otro sueño, por otro mundo,
que sigo sin que haya Lisboa detrás o Sintra por ver
que sigo, ¿y qué más hay en seguir sino no parar, sino seguir?

voy a pasar la noche a Sintra por no poder pasarla en Lisboa,
pero cuando llegue a Sintra tendré pena 
de no haberme quedado en Lisboa.
Siempre esta inquietud sin propósito, sin nexo, sin consecuencia,
siempre, siempre, siempre,
esta angustia excesiva del espíritu por cosa alguna,
en la carretera de Sintra, o en la carretera del sueño, 
o en la carretera de la vida…

Maleable a mis movimientos subconscientes del volante,
galopa debajo de mí, conmigo, el automóvil que me prestaron.
Sonrío por el símbolo, al pensar en él, al girar a la derecha.
¡Cuántas cosas que me prestaron conduzco como mías!
¡Cuánto me han prestado, ay de mí!, ¡yo mismo lo soy!

A la izquierda la casucha –sí, la casucha- a la vera del camino.
A la derecha el campo abierto, con la luna a lo lejos.
El automóvil, que parecía hace poco darme libertad,
es ahora una cosa donde estoy encerrado,
que solo puedo manejar si estoy encerrado en él,
que solo domino si me incluyo en él, si él me incluye a mí.

A la izquierda, allá atrás, la casucha modesta, más que modesta.

La vida ahí debe ser feliz, solo porque no es la mía.

Si alguien me vio desde la ventana de la casucha, soñará: 
aquél es el que es feliz.
Tal vez para el niño que espía por los vidrios de la ventana 
del piso de arriba
quedé (con el automóvil prestado) como un sueño, un hada real.
Tal vez para la muchachita que miró, oyendo el motor, 
por la ventana de la cocina
de abajo,
soy algo parecido al príncipe de todo corazón de muchacha,
y ella me mirará de reojo, a través de los vidrios, 
hasta la curva en que me perdí.
Dejaré sueños detrás de mí, ¿o es el automóvil que los deja?
¿Yo, el conductor de un automóvil prestado, 
o el automóvil prestado que yo conduzco?

En la carretera de Sintra a la luz de la luna, en la tristeza, 
ante los campos y la noche,
conduciendo el Chevrolet prestado desconsoladamente,
me pierdo en la carretera futura, desaparezco en la distancia que alcanzo,
y, en un deseo terrible, súbito, violento, inconcebible,
acelero…
Pero mi corazón se quedó en el montón de piedras, 
del que me desvié al verlo sin verlo,
a la puerta de la casucha,
mi corazón vacío,
mi corazón insatisfecho,
mi corazón más humano que yo, más exacto que la vida.

En la carretera de Sintra, cerca de la medianoche, 
a la luz de la luna, al volante,
en la carretera de Sintra, qué cansancio de la propia imaginación,
en la carretera de Sintra, cada vez más cerca de Sintra,
en la carretera de Sintra, cada vez menos cerca de mí…

Álvaro de Campos 



Fue tan sólo la pérdida de la batalla de Austerlitz






"Como el mecanismo de un reloj, en el de un aparato militar, una vez puesto en marcha, el movimiento no puede detenerse antes que llegue el final, asimismo, un instante antes que haya trasmitido el movimiento, las partes del mecanismo que no han entrado en función están inmóviles: las ruedas se engranan, las poleas giran rápidamente, pero la rueda contigua permanece aún inmóvil y se diría que quedará así cientos de años, hasta que un diente la engancha y, arrastrada, empieza a girar y se confunde en una acción cuyo resultado y objetivo no entiende.
Lo mismo que en un reloj, en el que el resultado del complicado movimiento de innumerables ruedas y poleas no es más que el lento y cadencioso desplazamiento de las manillas que indican la hora, el resultado de los movimientos de aquellos ciento sesenta mi rusos y franceses, con todas sus pasiones, deseos, sufrimientos, humillaciones, y sus momentos de orgullo, de miedo y de entusiasmo, fue tan sólo la pérdida de la batalla de Austerlitz, la llamada batalla de los tres emperadores, es decir, el lento girar de la manilla de la Historia Universal sobre la esfera de la Historia de la Humanidad."

Lev Tolstói, Guerra y paz.


De todas las tragedias






“Vosotros miráis hacia arriba cuando buscáis elevación, yo miro hacia abajo, porque estoy elevado. Decidme, ¿quién de vosotros puede reír y a la vez estar elevado? El que asciende a las más altas montañas se ríe de todas las tragedias: de las del teatro y de las de la vida.” 

Nietzsche, Así habló Zaratustra



jueves, 10 de agosto de 2017

Twist and shout




Well, shake it up, baby, now (shake it up, baby)
twist and shout (twist and shout)
come on, come on, come on, come on, baby, now (come on, baby)
come and work it all out (work it all out)





Too tired






When spring came





“When spring came, even the false spring, there were no problems except where to be happiest. The only thing that could spoil a day was people and if you could keep from making engagements, each day had no limits. People were always the limiters of happiness except for the very few that were as good as spring itself.”

Ernest Hemingway, A Moveable Feast


miércoles, 18 de enero de 2017

A political party for women's equality



"OK, let's take a very quick look at the top 100 companies in the London Stock Exchange in 2016. Top 100 companies: How many women running them? Seven. OK. Seven. That's all right, I suppose. Until you realize that 17 are run by men called "John."

Sandi Toksvig


sábado, 14 de enero de 2017

El tiempo






¿Un día te entenderemos?




El azar
diseñado
trazado con escuadra
medido hasta el detalle
el azar
programado
puntual
sincronizado
el impecable azar que seguro acontece
en el preciso instante
el azar
disfrazado de fatal coincidencia
de encuentro fortuito
de aleatorio suceso
de ha sido un accidente
de ay qué suerte la mía
de qué casualidad
el azar
planeado
por qué cosa
por quién
según qué opacas leyes
por qué raros criterios
siguiendo los dictados de qué ética insondable
con qué geometría oculta de más allá de dónde
ajustado al milímetro
sin dejar cabos sueltos
sin conceder espacio a la improvisación
el azar
soberano
señor de cuanto ocurre
su exacta maquinaria de apariencia caótica
su motor que no cesa
ruedas de la fortuna girando infatigables
sus cilindros
sus émbolos
conscientes o inconscientes
ciegos o lúcidos
detrás de las paredes del taller enigmático
el azar
con sus largas correas de transmisión
con su entrelazamiento de efectos y de causas
el ingeniero jefe y su secreta lógica
¿un día te entenderemos?
el artífice máximo
la fábrica de todo
el minucioso azar

Saiz de Marco


Otzanak




Badakizu ibil naitekeela mila kilometro zeru
baso erreka zelai eta belazeak zeharkatu
gauaren luzea ibili eta egun argiz ezkutatu
hankak odoltzeraino neure mugak marraztu
baina beste behin ere aldatu dut
munduaren azalera zure azalarengatik
nire harramazka zakarrak
zure laztan bareengatik
eta neurea ez den itzal bati betirako lotu
lo zaudela imajinatzen dut
ze animalia ginatekeen gu
zuk jango nindukezun edo nik jango zintuzkedan zu
nor noren harrapari, nor noren zelatan
gure eremu babestua den honen mugatan
edo isilean desagertzen doan
espezie bereko bi piztia etzan
elkarri itzala janez
elkarri hitzak janez
elkarrekin desagertuz isiltasunerantz

Anari, Otzanak

viernes, 13 de enero de 2017

Can’t say it often enough



“Can’t say it often enough — change your hair, change your life.” 

Thomas Pynchon, Inherent Vice


La estupidez insiste siempre




"Las plagas, en efecto, son una cosa común pero es difícil creer en las plagas cuando las ve uno caer sobre su cabeza. Ha habido en el mundo tantas pestes como guerras y sin embargo, pestes y guerras cogen a las gentes siempre desprevenidas. El doctor Rieux estaba desprevenido como lo estaban nuestros ciudadanos y por esto hay que comprender sus dudas. Por esto hay que comprender también que callara, indeciso entre la inquietud y la confianza. Cuando estalla una guerra las gentes se dicen: "Esto no puede durar, es demasiado estúpido." Y sin duda una guerra es evidentemente demasiado estúpida, pero eso no impide que dure. La estupidez insiste siempre, uno se daría cuenta de ello si uno no pensara siempre en sí mismo. Nuestros conciudadanos, a este respecto, eran como todo el mundo; pensaban en ellos mismos; dicho de otro modo, eran humanidad, no creían en las plagas. La plaga no está hecha a la medida del hombre, por lo tanto el hombre se dice que la plaga es irreal, es un mal sueño que tiene que pasar. Pero no siempre pasa, y de mal sueño en mal sueño son los hombres los que pasan, y los humanistas en primer lugar, porque no han tomado precauciones. Nuestros conciudadanos no eran más culpables que otros, se olvidaban de ser modestos, eso es todo, y pensaban que todavía todo era posible para ellos, lo cual daba por supuesto que las plagas eran imposibles. Continuaban haciendo negocios, planeando viajes y teniendo opiniones. ¿Cómo hubieran podido pensar en la peste que suprime el porvenir, los desplazamientos y las discusiones? Se creían libres y nadie será libre mientras haya plagas."

Albert Camus, La peste.


Sólo el mar




"Del otro lado del cristal el timbre de un tranvía invisible resonaba de pronto y refutaba en un segundo la crueldad del dolor. Sólo el mar, al final de mortecino marco de las casas, atestiguaba todo lo que hay de inquietante y sin posible reposo en el mundo"

Albert Camus, La peste.


Era uno de esos hombres




"En cierto sentido se puede decir que su vida era ejemplar. Era uno de esos hombres, tan escasos en nuestra ciudad como en cualquier otra, a los que no les falta nunca el valor para tener buenos sentimientos. Lo poco que manifestaba de sí mismo atestiguaba, en efecto, una capacidad de bondad y de adhesión que poca gente confiesa hoy día. No se avergonzaba de declarar que quería mucho a sus sobrinos y a su hermana, único parientes que conservaba y a quienes iba a visitar a Francia cada dos años. Reconocía que el recuerdo de sus padres, muertos cuando él era todavía muy joven, le entristecía. No se negaba a admitir que adoraba sobremanera cierta campana de su barrio que sonaba dulcemente a eso de las cinco de la tarde. Pero para evocar estas emociones tan simples cada palabra le costaba un trabajo infinito. Finalmente, esta dificultad había constituido su mayor preocupación."

Albert Camus, La peste.



martes, 10 de enero de 2017

Halo



"Remember those walls I built
Well baby they're tumbling down
And they didn't even put up a fight
They didn't even make a sound"




lunes, 9 de enero de 2017

El único país




October arrived




“October arrived, spreading a damp chill over the grounds and into the castle. Madam Pomfrey, the nurse, was kept busy by a sudden spate of colds among the staff and students. Raindrops the size of bullets thundered on the castle windows for days on end; the lake rose, the flower beds turned into muddy streams, and Hagrid’s pumpkins swelled to the size of garden sheds.”

J.K. Rowling, Harry Potter


Pocas veces han sido algo más que arco iris en el cielo




En 1944, la madre del poeta Yextushenko viajaba de Siberia a Moscú, donde fue testigo de un desfile de 20.000 prisioneros alemanes que marchaban por las calles. Los generales se pavoneaban a la cabeza, irradiando desprecio, decididos a mostrar que todavía se consideraban superiores. "Esos canallas huelen a perfume", gritó alguien. La muchedumbre gritó su odio. Las mujeres agitaron los puños cerrados airadas y la policía tuvo grandes dificultades para hacerlas retroceder. Pero, cuando los rusos vieron la lastimosa delgadez y el aspecto harapiento de los soldados alemanes corrientes, sucios, maltrechos y completamente desdichados, muchos de ellos renqueando sobre muletas, la calle guardó silencio. De pronto, una anciana atravesó el cordón y alargó una corteza de pan a uno de los soldados. Entonces, de todas partes, otras mujeres la imitaron, dándoles comida, cigarrillos, todo lo que llevaban. "Los soldados ya no eran enemigos. Eran personas." Sin embargo, esos estallidos espontáneos de compasión pocas veces han sido algo más que arco iris en el cielo; no han cambiado el clima; no han estimulado, hasta el momento, el deseo de escuchar lo que tienen que decir los enemigos.

Theodore Zeldin, Historía íntima de la humanidad.

We are all of us obliged




“We are all of us obliged, if we are to make reality endurable, to nurse a few little follies in ourselves.”

Marcel Proust, Remembrance of Things Past