viernes, 3 de noviembre de 2017

What's Up



Twenty-five years and my life is still
Trying to get up that great big hill of hope
For a destination

I realized quickly when I knew I should
That the world was made up of this brotherhood of man
For whatever that means

And so I cry sometimes
When I'm lying in bed just to get it all out
What's in my head
And I, I am feeling a little peculiar

And so I wake in the morning
And I step outside
And I take a deep breath and I get real high
And I scream from the top of my lungs
What's going on?

And I say, hey yeah yeah, hey yeah yeah
I said hey, what's going on?

And I try, oh my god do I try
I try all the time, in this institution

And I pray, oh my god do I pray
I pray every single day
For a revolution

And so I cry sometimes
When I'm lying bed
Just to get it all out
What's in my head
And I, I am feeling a little peculiar

And so I wake in the morning
And I step outside
And I take a deep breath and I get real high
And I scream from the top of my lungs
What's going on?





Un día cualquiera de verano




"Así fue o, al menos, así pudo ser. Lo único que puede afirmarse con certeza es que Carmen de Pedro y Jesús Monzón, que hasta este momento han sido simples conocidos, de vista y poco más, se encuentran en Francia, problamente Toulouse y en apariencia por azar, en un día cualquiera de verano, agosto, quizás julio, incluso septiembre, de 1939. Los detalles se desconocen, porque seguramente él se encargó de que nadie fuera testigo de un encuentro que cambió muchas cosas, y estuvo a punto de cambiarlas todas."

Almudena Grandes, Inés y la alegría.



jueves, 19 de octubre de 2017

Una esperanza de alivio






"La enfermedad de Natasha era tan seria que, por suerte para ella y para sus padres, la idea de lo  había sido la causa de su mal, su proceder  y la ruptura con su prometido quedaron relegados a segundo término. Estaba tan enferma, que era imposible pensar que fuese la culpable de lo ocurrido. No comía, no dormía, adelgazaba a ojos vistas y tosía; en una palabra, estaba en peligro, como daban a entender los médicos. No se podía pensar más que en cuidarla. Los doctores iban a verla por separado, y en consulta hablaban en francés, en alemán y en latín; se censuraban unos a otros y recetaban las medicinas más diversas contra todas las enfermedades que conocían. Sin embargo a ninguno se le ocurrió la sencilla idea de que desconocían el mal de Natasha, lo mismo que desconocen todas las enfermedades de los hombres, puesto que cada uno tiene su dolencia particular, nueva y compleja, que la medicina no conoce. No hay enfermedades del pecho, del hígado, de la piel, del corazón, de los nervios, etcétera, catalogadas por la medicina, sino enfermedades debidas a una multitud de combinaciones de las afecciones de estos órganos. Esta sencilla idea no se les podía ocurrir a los doctores ( lo mismo que a un brujo no se le ocurre que no puede embrujar) porque el objetivo de su vida consiste en curar, porque cobran dinero por hacerlo y porque, para llegar a ese resultado, han gastado los mejores años de su vida. Pero sobre todo era porque veían su utilidad; en efecto, eran útiles para toda la familia Rostov. Eran necesarios, no porque obligaran a la enferma a tragar sustancias, la mayoría de las cuales eran nocivas (el perjuicio era poco sensible porque solían administrarse en pequeñas dosis), sino porque satisfacían a una necesidad enorme de la enferma y de las personas que la querían (ésta es la causa de que hayan existido siempre y existan curanderos, brujos y homeópatas). Satisfacían la necesidad eterna de los humanos de una esperanza de alivio, la necesidad que experimenta todo hombre cuando sufre de que lo compadezcan y de que lo cuiden. Satisfacían aquella necesidad eterna, humana, que se observa en el niño en su forma más primitiva; restregarse el sitio que le duele. El niño que se hace daño se echa en brazos de su madre o de de su niñera para que le besen o le froten el sitio dolorido, y en seguida siente alivio. No puede creer que las personas más fuertes y más inteligentes que él carezcan de remedio para aliviar su mal. Y la esperanza de alivio, así como la expresión de compasión de su madre mientras le frota el sitio dolorido, lo consuela. Natasha necesitaba a los doctores porque la besaban  y le frotaban la pupa, asegurándole que se pasaría si el cochero iba a la farmacia de la calle Arbatskaia a comprar unos sellos y unas píldoras en una cajita muy bonita por valor de un rublo y setenta copeks y si la enferma tomaba aquellos sellos con agua hervida cada dos horas con toda regularidad.

¿Qué harían Sonia, el conde y la condesa? ¿Cómo podrían permanecer sin hacer nada, sin aquellas píldoras que debían administrar a unas horas determinadas, sin aquellas bebidas calientes, sin las croquetas de pollo, ni todos aquellos detalles prescritos por el doctor cuya observancia ocupa y consuela a las personas que rodean al enfermo? ¿Cómo hubiera podido soportar el conde la enfermedad de su hija querida si no hubiese sabido que le costaba miles de rublos y que estaba dispuesto a gastar otros tantos para aliviarla; si no hubiese sabido que en caso de que no se curase la llevaría al extranjero para celebrar un consulta sin reparar en gastos; si no hubiese tenido la posibilidad de explicar detalladamente que Métivier y Feller no habían comprendido la enfermedad, que Frise la había atendido y que Mudrov la había definido mejor? ¿Qué hubiera hecho la condesa de no haber podido discutir con Natasha porque ésta no observaba exactamente las prescripciones del doctor?"

Lev Tólstoi, Guerra y paz.



miércoles, 18 de octubre de 2017

Enparantza kantoiko paisaia





"Zurezko eta elurrezko atso bat
ikusi nuen enparantza kantoian.
Ematen zuen ez zekiela zein kale hartu
eta nik ere ez nekien,

ez baita inora joaterik kaleotatik,
herrialde honetako
ezein kaletatik, ez zabal ez estutatik,
ez beste inongo ibilbidetik."

Joseba Sarrionandia.


Un duelo al amanecer




"Imaginar un duelo al amanecer, en el París de finales del siglo XVIII, no es difícil. Basta con haber leído algunos libros y visto unas cuantas películas. Contarlo por escrito es algo más complejo. Y utilizarlo para el arranque de una novela tiene sus riesgos. La cuestión es lograr que el lector vea lo que el autor ve, o imagina. Convertirse en ojos ajenos, los del lector, y desaparecer discretamente para que sea él quien se las entienda con la historia que le narran. La de estas páginas necesita un prado cubierto por la escarcha de la mañana y una luz difusa, grisácea, para la que sería útil recurrir a una neblina suave, no demasiado espesa, de la que a menudo brotaba en los bosques de los alrededores de la capital francesa —hoy muchas de esas arboledas han desaparecido, o están incorporadas a ella— con la primera claridad del día.

La escena necesita también unos personajes. En la luz incierta del sol que aún no amanece deben advertirse, algo desvaídas entre la bruma, las siluetas de dos hombres. Un poco más retiradas, bajo los árboles, junto a tres coches de caballos allí detenidos, hay otras figuras humanas, masculinas, envueltas en capas y con sombreros de tres picos calados sobre el embozo. Son media docena, pero no interesan para la escena principal; así que podemos prescindir de ellas por el momento. Lo que debe atraer nuestra atención son los dos hombres inmóviles uno frente a otro, de pie sobre la hierba húmeda del prado. Visten calzón ceñido y están en mangas de camisa. Uno es delgado, más bien alto para la época, y lleva el pelo gris recogido en una corta coleta sobre la nuca. El otro es de mediana estatura, y su pelo está rizado en las sienes, empolvado a usanza de la más exquisita moda de su tiempo. Ninguno de los dos parece joven, aunque estamos a demasiada distancia para apreciarlo. Acerquémonos un poco a ellos, por tanto. Observémoslos mejor.

Lo que sostienen en las manos, cada uno, es una espada. O una espada parecida a un florete, si nos fijamos en los detalles. El asunto, por tanto, parece serio. Grave. Los dos hombres están a tres pasos uno del otro, todavía inmóviles, mirándose con atención. Casi pensativos. Quizá concentrados en lo que va a ocurrir. Sus brazos caen a lo largo del cuerpo y las puntas de los aceros rozan la hierba escarchada del suelo. El más bajo, que de cerca también parece más joven, tiene una expresión altanera, quizá teatralmente despectiva. Se diría que, aunque estudie a su adversario, está pendiente de mostrar una bien compuesta figura ante quienes miran desde la linde del prado. El otro hombre, más alto y de más edad, posee unos ojos azules acuosos y melancólicos que aparentan contagiarse de la humedad ambiental. De primera impresión parece que esos ojos miren al hombre que tienen delante, pero si nos fijamos bien en ellos advertiremos que no es así. En realidad están absortos, o distraídos. Ausentes. Tal vez, si en ese momento el hombre que tienen enfrente cambiase de posición, esos ojos seguirían mirando hacia el mismo lugar, indiferentes a todo, atentos a imágenes lejanas que sólo ellos conocen.

Desde el grupo congregado bajo los árboles llega una voz, y los dos hombres que están en el prado levantan despacio los espadines. Saludan brevemente, llevando uno de ellos la guarnición a la altura del mentón, y luego se ponen en guardia. El más bajo apoya la mano libre en la cadera, adoptando una elegantísima postura de esgrima. El otro, el hombre alto de los ojos acuosos y la corta coleta gris, tiende el arma y alza la otra mano, puestos casi en ángulo recto brazo y antebrazo, con los dedos relajados y ligeramente caídos hacia adelante. Los aceros, al tocarse con suavidad por primera vez, producen un tintineo metálico que suena nítido, argentino, en el aire frío del amanecer.

Sigamos escribiendo, ahora. Contemos la historia. Sepamos qué ha traído a esos personajes hasta aquí."

Arturo Pérez-Reverte, Hombres buenos.

La sociedad




«Aunque el mundo contiene muchas cosas decididamente malas, la peor de todas ellas es la sociedad».




We all have fears




History repeating



"They say the next big thing is here,
That the revolution's near,
But to me it seems quite clear
That's it's all just a little bit of history repeating."


Todo era claro y sencillo





"Después de haberse presentado al jefe de haber recibido el mando de su antiguo escuadrón, una vez que se hubo introducido de nuevo en los pequeños intereses del regimiento, cuando se sintió privado de libertad, cuando se vio en aquel marco estrecho e inmutable, Rostov experimentó el mismo sosiego y la misma seguridad que al estar bajo el techo paterno. En el regimiento no existía ese desorden de la vida libre en que Rostov no se sentía en su elemento y se equivocaba en sus elecciones; no estaba Sonia, con la que debía o no explicarse. Era imposible dejar de ir a algín sitio, si lo habían mandado a uno, no se tenían las veinticuatro horas del día para disponer de ellas a su antojo, no existía esa multitud de seres que le tenían a uno en cuidado, ni esas relaciones indefinidas con su padre referentes al dinero. Además nadie le recordaba la tremenda cantidad que había perdido jugando con Dolojov; todo era claro y sencillo. El mundo entero estaba dividido en dos partes iguales. una, el regumiento de Pavlograd, y la otra, todo lo demás. Rostov nada tenía que ver con la segunda parte. En el regimiento uno lo sabía todo; quién era bueno, quién malo y, sobre todo, quién era un buen camarada. El cantinero servía a crédito; cada cuatro meses se percibía la paga y no se podían tener caprichos. Pero, desde luego, era preciso no hacer nada que se juzgara malo en el regimiento de Pavlorgrad. Uno tenía que cumplir lo que le mandasen con exactitud, y entonces todo marchaba bien."

Lev Tolstói, Guerra y paz.


Where my books go





El silencio





"Yo encontraba el silencio bastante aburrido. En mi casa siempre reinaba el silencio. Del ruido se ocupaban exclusivamente máquinas como el cortacésped, la aspiradora o el secador de pelo. Como en mi familia no hablaba nadie, poseíamos diversos estilos de  silencio. Existía el silencio de mutuo acuerdo, el furioso, el amable, el cortés y el descortés. Cuando no podíamos expresar algo con el silencio, no lo expresábamos, señal de que no habría sido tan importante."

Ronja Von Rönne, Ya vamos.


Untouched unspoken to




Mi mayor pasión es la pereza



"Me preguntó:"Dígame, en verdad; ¿cuál es su pasión principal? ¿La conoce ya? Me figuro que sí". Turbado por esta pregunta, contesté que mi mayor pasión es la pereza."

Lev Tolstói, Guerra y paz.


Con la guerra




"Con la guerra aumentan las propiedades de los hacendados, aumenta la miseria de los miserables, aumentan los discursos del general y crece el silencio de los hombres."

Bertolt Brecht.


Un hecho contrario a la razón y a la naturaleza humana




"Hacia fines de 1811 se empezó el armamento intensivo y la concentración de fuerzas en la Europa occidental, y en 1812 estas fuerzas, formadas por millones de hombres (incluyendo los encargados de los transportes y de los aprovisionamientos), avanzaban de Oeste a Este con dirección a las fronteras rusas, donde, desde 1811, se encontraban las tropas del zar. El 12 de junio las tropas de Europa occidental atravesaron las fronteras y la guerra empezó, es decir, tuvo lugar un hecho contrario a la razón y a la naturaleza humana. Millones de hombres cometieron unos contra otros infinidad de crímenes, de engaños, de traiciones, de robos, de falsificaciones de billetes de cambio, de saqueos, de incendios y de asesinatos, que todos los tribunales del mundo no podrían recoger en sus anales durante siglos enteros. No obstante, en aquel período, los que cometieron aquellos delitos no los consideraban como tales.
¿Qué produjo aquel insólito acontecimiento? ¿Cuáles fueron las causas? Los historiadores afirman, con una seguridad pueril, que las causa de aquel hecho estribaban en la ofensa hecha al duque de Oldemburgo, en la inobservancia del bloqueo continental, en la ambición de poderío de Bonaparte, en la firmeza de Alejandro I, en los errores de los diplomáticos, etc.
Por consiguiente, hubiera bastado que Metternich, Rumientsev o Talleryrand, entre una recepción de la corte y una reunión, hubieran redactado con arte un documento o bien que Napoleón hubiera escrito al zar Alejandro: Mosieur mon frére, je consens á rendre le duché au duc d'Oldenbourg (Señor y hermano, consieto en devolver el ducado de Oldemburgo), para que la guerra hubiese estallado.
Es natural que éste fuera el punto de vista de los contemporáneos. Se concibe que Napoleón creyera que la guerra tenía por causa las intrigas de Inglaterra (como lo dijo en la isla de Santa Elena); se comprende que los miembros de la Cámara inglesa atribuyeran la guerra a la ambición de Bonaparte; el duque de Oldemburgo, a las violencias de que había sido objeto; los comerciantes, al bloqueo continental que arruinaba a Europa; los soldados viejos y los generales, a la necesidad de utilizarlos; los legitimistas, a la necesidad de  restablecer les bons prinicipes; los diplomáticos, al hecho de que la alianza rusoaustríaca de 1809 no hubiese sido hábilmente disimulada a Napoleón y el memorándum número 178 estuviese mal redactado. Se puede concebir que estas cusas y muchas otras, cuyo número varía según los diferentes puntos de vista, se hubieran utilizado para convencer a los contemporáneos, pero a nosotros, que contemplamos el acontecimiento con toda su magnitud y que comprendemos claramente su sentido sencillo y terrible nos parecen insuficientes. No podemos comprender que millones de hombres cristianos se mataran y se torturaran porque Napoleón ambicionaba poder, por la firmeza de Alejandro I, por la astucia de la política inglesa o porque el duque de Oldemburgo se sintiese ofendido. Es imposible relacionar el nexo de tales acontecimientos con el hecho consumado del asesinato y de la violencia. ¿Acaso es posible que, por el hecho de haber sido ofendido el duque de Oldemburgo, millares de seres de otro extremo de Europa mataran y arruinaran a los habitantes de las provincias de Smolensk y de Moscú para morir después a manos de ellos?"


Lev Tolstói, Guerra y paz.

Harriak eta herriak



Munduan bada bazter bat (ez genuen guk
                                  sortu orduko hautatu)
gure herria erizten duguna. Eta mundu guzia da gurea
                            gure herria geurea bada.
Baina guk harri bustiak sartu genituen
                    gure boltsilo zulatuetara.

Egin genuena ez zen beti izan
                        egin behar genuena,
hildakoak eta distantziak ugalduz
                                joan ziren,
eta gure herriaren sei mila halakoa den
            mundua mugarriz pikatuta dago.

Mugetan, Henri Rousseau aduaneroak nondarrak garen
            eta noruntz goazen galdetuez gero
gure harri bustiak erakusten dizkiogu,
                          ezen eta harriak ditugu:
«Harri hau, uharri hau ikusten duzu,
                      halakoa zen gure etxea...»

Inongo lur nehurtzaileak, ez den herrialdearen
                          kartografoak gara.
Egunak atzoz bete zaizkigu, geure oinen bila
                                          gabiltza.
Gogoratzen duzu, galdu genuen aintzinako
                                        sorterri hura?

Harriak ditugu baina ez dugu herririk.
                          Harriak ditugu
boltsilo zulatuetan, baina ez dugu inon eraikiko
                          betirako etxerik.
Harriak ederragoak al dira
                                harresian?

Joseba Sarrionandia.

Tiene que ser la mejor fiesta de todos los tiempos





"Tiene que ser la mejor fiesta de todos los tiempos . Tiene que curarnos. Tiene que quitarle la neurosis a Karl; a mí, la apatía, y a Jonas, la falta de esperanza. Leonie puede entretanto preparar gimlets. Nos estamos desmoronando y es algo que no nos podemos permitir, no este verno. Necesitamos una fiesta que nos quite la indifernecia, quizá pase algo terrible, quizá podamos salvar entre todos a alguien del mar, o llamar a una ambulancia, quizá haya fuegos artificiales que podríamos contemplar los cuatro mientras los demás están solos o, a lo sumo, demasiado lejos. Necesitamos alguien que nos extienda un certificado que diga que todo lo hemos hecho bien. Al cabo, da igual quién expide el certificado. Necesitamos evalucación exterior, hace mucho que ya no vemos gente desgraciada, no sabemos qué bien estamos. Nos tenemos tan vistos que cuesta acordarse de los guapos que somos."

Ronja Von Rönne, Ya vamos.

Musée des beaux-arts





Acerca del dolor jamás se equivocaron
Los Antiguos Maestros. Y qué bien entendieron
Su función en el mundo. Cómo llega
Mientras alguno cena o abre la ventana
O nada más camina sin objeto.
Cómo, mientras los viejos aguardan reverentes
El milagroso Nacimiento, habrá siempre
Niños sin mayor interés en lo que ocurre,
Patinando
En el estanque helado a la orilla del bosque.

No olvidaron jamás
Que el eterno martirio ha de seguir su curso,
Irremediablemente, en sórdidos rincones,
Donde viven los perros su perra vida
Y la yegua del verdugo se rasca
Las inocentes grupas contra un árbol.

Por ejemplo, en el Icaro de Brueghel:
Con qué serenidad
Todo parece lejos del desastre.
El labrador oyó seguramente
El rumor de las aguas y el grito inconsolable.
Pero el fracaso no lo conmovió:
Brillaba el sol como brilló en el cuerpo blanco
Al hundirse en las aguas verdes.

Y la elegante y delicada nave
Debió haber visto lo inaudito:
La caída de un niño que volaba.
Pero el barco tenía un destino
Y siguió navegando en calma.

W.H. Auden




About suffering they were never wrong,
The old Masters: how well they understood
Its human position: how it takes place
While someone else is eating or opening a window or just walking dully along;
How, when the aged are reverently, passionately waiting
For the miraculous birth, there always must be
Children who did not specially want it to happen, skating
On a pond at the edge of the wood:
They never forgot
That even the dreadful martyrdom must run its course
Anyhow in a corner, some untidy spot
Where the dogs go on with their doggy life and the torturer's horse
Scratches its innocent behind on a tree.

In Breughel's Icarus, for instance: how everything turns away
Quite leisurely from the disaster; the ploughman may
Have heard the splash, the forsaken cry,
But for him it was not an important failure; the sun shone
As it had to on the white legs disappearing into the green
Water, and the expensive delicate ship that must have seen
Something amazing, a boy falling out of the sky,
Had somewhere to get to and sailed calmly on.



viernes, 13 de octubre de 2017

La clase militar






"La Biblia nos enseña que la ausencia de trabajo, la ociosidad, era la condición de beatitud del primer
hombre antes de su caída. El amor a la ociosidad sigue siendo el mismo en el hombre caído, pero la maldición pesa sobre él, no sólo porque debemos ganarnos el pan con el sudor de nuestra frente, sino porque, por nuestras propiedades morales, no podemos ser felices permaneciendo ociosos. Una voz misteriosa dice que debemos sentirnos culpables al estar ociosos. Si el hombre pudiese encontrar un estado en el que, permaneciendo ocioso, se sintiera útil y cumplidor de su deber, hallaría una parte de su dicha primitiva. Una clase entera, la clase militar, goza de ese estado de ociosidad obligatoria e irreprochable.  Y precisamente en ella estriba el atractivo del servicio militar.
Nikolai Rostov experimentaba esa dicha desde 1807, pues continuaba su servicio en el regimiento de Pavlograd, donde mandaba ya el antiguo escuadrón de Denisov.
Rostov  se había convertido en un muchacho bondadoso, de maneras rudas, a quien los conocidos de Moscú encontraban un poco mauvais genre, pero tanto sus camaradas como los subalternos y los jefes lo querían y lo respetaba y él estaba satisfecho de su vida. En los últimos tiempos, en 1809, su madre se quejaba con más frecuencia en las cartas; le decía que los asuntos iban de mal en peor y que ya era hora de que regresara para consolar y tranquilizar a sus viejos padres.
Al leer estas cartas, Nikolai tenía miedo de que quisieran sacarlo de aquel medio en el que , habiéndose aislado de las preocupaciones, vivía tranquilo y dichoso. Presentía que tarde o temprano tendría que volver a entrar en aquel engranaje de la vida con sus asuntos, las cuentas con los administradores, las discusiones, las intrigas, las relaciones, la sociedad y el amor por Sonia y su promesa. Todo esto se presentaba terriblemente difícil y embrollado y contestaba a su madre po medio de cartas frías y clásicas que comenzaban con: "mi querida mamá" y terminaban por "su obediente hijo", sin decir cuándo pensaba regresar."

Lev Tolstói, Guerra y paz.


Mierda de luz





"Nuestra relación es una iminitación particular de cualquier película, y cuando discutimos, se pone en blanco y negro, con muchos silencios y un fumar rabioso, y de vez en cuando golpea una puerta, y casi todo el rato cae una luz suave entre celosías. Una vez discutimos en un McDonald's, pero entonces dijo Jonas "mierda de luz" , y salió corriendo afuera, y seguimos discutiendo a la luz de las farolas."


Ronja Von Rönne, Ya vamos.