miércoles, 29 de julio de 2009

Impossible





Vale pero.




"Cuando Suvórin le insiste en una carta que debe contraer matrimonio, Chéjov le responde:
'De acuerdo, me voy a casar si este es su deseo. Pero éstas son mis condiciones: todo deberá continuar como antes, es decir, ella vivirá en Moscú y yo en el campo, y vendré a verla. No podría soportar la felicidad continua, todos los días, de la mañana a la noche. Si se me habla todos los días de lo mismo y en el mismo tono, me pongo furioso … Prometo ser un marido excelente, pero déme una esposa que sea como la luna, que no aparezca en mi cielo todos los días: el matrimonio no me haría escribir mejor …'"


Victor Andresco, Semblanza de Antón Pávlovich Chéjov.



Firmin



"Una vez en un bar, un hombre me preguntó que a qué sabían los libros, 'así, por término medio'. Se me ocurrió una respuesta inmediata, pero no quise hacer que se sintiera totalmente idiota, de modo que hice como que me lo pensaba y al cabo de un rato le contesté: 'Amigo mío, dado el abismo que separa todas tus experiencias de las mías, lo más cerca que te puedo situar de ese sabor tan único es decirte que los libros, así, por término medio, saben a lo mismo que huele el café'."

Sam Savage, Firmin.




Pasos





"El resonar de aquellos pasos hubiera dado que pensar a la persona más distraída, ya que resultaba imposible escucharlos distraídamente. Un andar precipitado o convulso aterra. Cuando un hombre se levanta y grita anunciando un incendio, sus pies hablan tan alto como su voz. Siendo así, las emociones que cause un modo de andar contrario no tienen por qué resultar menos intensas. La lentitud grave, el paso cansino de aquel hombre habría sin duda impacientado a gente irreflexiva; pero un observador o personas nerviosas hubieran experimentado una sensación próxima al terror al oír el sincopado ruido de aquellos pies que parecían carecer de vida haciendo crujir el suelo como si dos pesas de hierro lo golpeasen alternaivamente."

Honoré de Balzac, La búsqueda del absoluto.


El lenguaje




"Después de una conferencia sobre cosmología y la estructura del sistema solar, una pequeña y anciana señora se acercó a William James y le dijo que estaba equivocado si pensaba que la Tierra rotaba alrededor del Sol.
- Yo tengo una teoría mejor – dijo la anciana señora.
- ¿Y cuál es, señora? – le preguntó James cortésmente.
- Que vivimos en un trozo de tierra que está sobre la concha de una tortuga gigante.
- Si su teoría es correcta, señora, -preguntó James- ¿dónde está puesta esa tortuga?
- Es usted un hombre muy inteligente, señor James. Es una muy buena pregunta, -contestó ella- pero yo tengo la respuesta. La primera tortuga está sobre la concha de una segunda, mucho mayor.
- Pero ¿dónde está esa segunda tortuga? – insistió James pacientemente. A esto respondió la dama, triunfante:
- No siga por ahí, señor James, siempre hay una tortuga debajo."


El lenguaje. George Yule.


Hacer algo







"Pero ahora repito y subrayo que tanto los individuos voluntariosos como los hombres enérgicos son activos porque son estúpidos y limitados. ¿Cómo explicar esto? Pues de la manera siguiente: a consecuencia de su limitación toman por causas primarias las que sólo son secundarias aunque inmediatas y , por lo tanto, se persuaden más pronto y fácilmente que otras personas de que han hallado una base firme para sus actos y con ello se tranquilizan, cosa que, como se sabe, es lo que en realidad importa. Al fin y al cabo, para obrar se precisa ante todo que el individuo esté absolutamente seguro de sí mismo y no tenga duda alguna."

Apuntes del subsuelo, F.M. Dostoyevski





Y nos seguimos quedando






"Al volver de un viaje uno tiene la secreta esperanza de que algún milagro puedo haber hecho que todo sea distinto, pero basta con salir a la calle un rato para que la esperanza se rompa, sin anestesia. Como tantas otras veces empecé a preguntarme qué carajo estabamos haciendo aquí, qué esperábamos... ¿Por qué no nos ibamos de una vez por todas? También como otras veces, no encontré la respuesta. Y nos seguimos quedando".
Federico Luppi, Lugares comunes.



Antropos



Mi estilo es antropófago.





lunes, 20 de julio de 2009

A la vez






Este esfuerzo por conseguir que cada cual apruebe aquello que uno ama u odia es, en realidad, ambición; y así vemos que cada cual apetece, por naturaleza, que los demás vivan según la índole propia de él. Pero como todos lo apetecen a la vez, a la vez se estorban unos a otros, y como todos quieren ser alabados y amados por todos, se tienen odio unos a otros.
Baruch Spinoza, Ética (III, Pr. XXXI, Esc.)



La canción del pirata.





Con diez cañones por banda,
viento en popa, a toda vela,
no corta el mar, sino vuela
un velero bergantín.
Bajel pirata que llaman,
por su bravura, El Temido,
en todo mar conocido
del uno al otro confín.
La luna en el mar riela
en la lona gime el viento,
y alza en blando movimiento
olas de plata y azul;
y va el capitán pirata,
cantando alegre en la popa,
Asia a un lado, al otro Europa,
y allá a su frente Istambul:
Navega, velero mío
sin temor,
que ni enemigo navío
ni tormenta, ni bonanza
tu rumbo a torcer alcanza,
ni a sujetar tu valor.
Veinte presas
hemos hecho
a despecho
del inglés
y han rendido
sus pendones
cien naciones
a mis pies.
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.
Allá; muevan feroz guerra
ciegos reyes
por un palmo más de tierra;
que yo aquí; tengo por mío
cuanto abarca el mar bravío,
a quien nadie impuso leyes.
Y no hay playa,
sea cualquiera,
ni bandera
de esplendor,
que no sienta
mi derecho
y dé pechos mi valor.
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.
A la voz de "¡barco viene!"
es de ver
cómo vira y se previene
a todo trapo a escapar;
que yo soy el rey del mar,
y mi furia es de temer.
En las presas
yo divido
lo cogido
por igual;
sólo quiero
por riqueza
la belleza
sin rival.
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.
¡Sentenciado estoy a muerte!
Yo me río
no me abandone la suerte,
y al mismo que me condena,
colgaré de alguna antena,
quizá; en su propio navío
Y si caigo,
¿qué es la vida?
Por perdida
ya la di,
cuando el yugo
del esclavo,
como un bravo,
sacudí.
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.
Son mi música mejor
aquilones,
el estrépito y temblor
de los cables sacudidos,
del negro mar los bramidos
y el rugir de mis cañones.
Y del trueno
al son violento,
y del viento
al rebramar,
yo me duermo
sosegado,
arrullado
por el mar.
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

José de Espronceda


El mono desnudo






Hay ciento noventa y tres especies vivientes de simios y monos. Ciento noventa y dos de ellas están cubiertas de pelo. La excepción la constituye un mono desnudo que se ha puesto a sí mismo el nombre de Homo sapiens. Esta rara y floreciente especie pasa una gran parte de su tiempo estudiando sus más altas motivaciones, y una cantidad de tiempo igual ignorando concienzudamente las fundamentales.

Desmond Morris, El mono desnudo (.doc)



El momento más grave de la vida






Un hombre dijo:
-El momento más grave de mi vida estuvo en la batalla del Marne cuando fui herido en el pecho.
Otro hombre dijo:
-El momento más grave de mi vida, ocurrió en un maremoto de Yokohama, del cual salvé milagrosamente, refugiado bajo el alero de una tienda de lacas.
Y otro hombre dijo:
-El momento más grave de mi vida acontece cuando duermo de día.
Y otro dijo:
-El momento más grave de mi vida ha estado en mi mayor soledad.
Y otro dijo:
-El momento más grave de mi vida fue mi prisión en una cárcel del Perú.
Y otro dijo:
-El momento más grave de mi vida es el haber sorprendido de perfil a mi padre.
Y el último hombre dijo:
-El momento más grave de mi vida no ha llegado todavía.


CESAR VALLEJO ( Perú, 1892-1938 )



A lot like



Well, if it wasn't love, it was a lot like it...

A Lot like love



domingo, 19 de julio de 2009

E. M. Cioran











"En un mundo sin melancolía los ruiseñores se pondrian a eructar."

"No he encontrado en el edificio del pensamiento ninguna categoria en la que reposar mi frente. En cambio ¡que almohada el caos!."

"Según cuenta Plutarco, en el primer siglo de nuestra era ya no se iba a Delfos más que para plantear preguntas mezquinas (bodas, compras, etc).La decadencia de la Iglesia imita la de los oráculos."

"Antes del despertar se atraviesan horas de euforia, de irresponsabilidad, de embriaguez;pero al abuso de la ilusión sucede la saciedad. Quien ha despertado se halla despegado de todo, es el ex-fanático por antonomasia, alguien que no puede continuar soportando el peso de las quimeras, ya sean éstas tentadoras o grotescas. Tan lejos se encuentra de ellas que no entiende por qué especie de extravío llegaron a deslumbrarle. Gracias a ellas había podido brillar y afirmarse; ahora, tanto su pasado como su porvenir le parecen apenas imaginables. Ha dilapidado su sustancia (...)"

"No se escribe porque se tenga algo que decir, sino porque se tienen ganas de decir algo."

“Quizá no debería uno ocuparse más que de sí mismo: es deshonroso, es innoble juzgar a los otros; sin embargo, es lo que todo el mundo hace, y abstenerse equivaldría a estar fuera de la humanidad. El hombre es un animal lleno de hiel… No es que no pueda hablar bien de los demás, pero experimenta una sensación de placer y de fuerza sensiblemente menor que cuando habla mal.”

“Ni suficientemente desgraciado para ser poeta… ni suficientemente indiferente para ser filósofo, sólo soy lúcido, pero lo bastante para estar condenado.”

“Vivir: especializarse en el error. Burlarse de las verdades indubitadas, no hacer caso de lo absoluto, tomar a broma a la muerte y transformar lo infinito en azar. Sólo se puede respirar en lo más hondo de la ilusión. El mero hecho de ser es tan grave que, comparado con él, Dios es pura bagatela.”

“Ante ese insecto, del tamaño de un punto, que corría por mi mesa, mi primera reacción fue caritativa: aplastarle, pero después decidí abandonarle a su alocamiento. ¿Para qué liberarle de él? ¡Solamente que me hubiera gustado tanto saber a dónde iba!”

“Víctima yo de una angustia que no sabía cómo quitarme de encima, llaman a la puerta. Abro. Era una señora de cierta edad a la que no esperaba en absoluto. Durante tres horas me martirizó con tales necedades que mi angustia se transformó en cólera. Estaba salvado.”

"Vale más ser animal que hombre, insecto que animal, planta que insecto, y así sucesivamente".


“Donde antes habíamos visto delicadeza, ahora vemos vulgaridad y, en lugar de generosidad, una mediocridad sin paliativos. Lo inefable de nuestra atracción por otros seres pierde su misteriosa profundidad y se sustituye por la visión de un ser inexpresivo, vacío y vano. La repugnancia destruye el misterio de las relaciones y anula los significados implícitos o secretos que derivan de la comunión de los hombres. El gesto de un ser amado, que otrora apreciaste, las palabras en las que percibiste determinadas vibraciones, las tonalidades acariciadoras de la voz, o las envolventes miradas que traslucían matices del estado del alma, toda una gama de íntimas delicadezas. Todo lo que te encantó como irresistible y fascinante, aparece de pronto irremediablemente mediocre, desoladoramente vulgar, insignificante hasta la exasperación…”


“Todos los besos que no hemos dado y los que no hemos recibido, las sonrisas que no nos han dirigido y la timidez de nuestros amores, ¿acaso no han reforzado y sellado nuestras soledades? Tantos rechazos de la vida, ¿no han hecho de nosotros unos luchadores exaltados? … Pero nuestras soledades, nutridas por tantos amores insatisfechos, son lo bastante fuertes como para sostener nuestro impulso hacia otros mundos y hacia otras eternidades.”

“Me basta escuchar a alguien hablar sinceramente de ideal, de porvenir, de filosofía, escucharle decir nosotros con una inflexión de seguridad, invocar a los otros y sentirse su intérprete, para que le considere mi enemigo”.

“Amamos en la medida en que negamos el conocimiento, en la medida en que podemos abandonarnos absolutamente a un valor y lo hacemos absoluto. Y si no amásemos otra cosa que nuestro deseo de amar o nuestro propio amor.
Conocemos realmente sólo en los momentos en que no vibramos internamente, cuando nada arde en nosotros; cuando se ama a alguien, los momentos de conocimiento real son extremadamente raros; su aparición se debe a una mengua del amor. Y cuando, a veces, llegas a advertir desde fuera, con una perspectiva objetiva, que el hombre que envuelve como una obsesión todo tu ser, que ha crecido orgánicamente en ti, tiene una profundidad espiritual como la de cualquier otro, o cuando comprendes que su sonrisa no es única sino perfectamente reversible, cuando la puedes clasificar y meter en el montón, y encuentras explicaciones generales para sus reacciones individuales, entonces el conocimiento ha sustituido dolorosamente al entusiasmo amoroso. El amor es una fuga lejos de la verdad. Y amamos verdaderamente sólo cuando no queremos la verdad. Al ser que amamos lo conocemos verdaderamente sólo cuando hemos dejado de amarlo, cuando nos hemos vuelto lúcidos, claros, secos y vacuos. Amamos a un hombre porque es nuestro amor lo que queremos. La soledad de los sexos y la lucha salvaje entre hombre y mujer tiene su origen en esa interioridad del amor. Pues en el amor nos degustamos, nos saboreamos a nosotros mismos, nos dejamos seducir por el goce de nuestro pálpito erótico. Por ese motivo, el amor es tanto más intenso y profundo cuanto más lejos estamos de la persona amada…
La conversión del amor en piedad determina la última fase del amor, su agonía. Cuando empezamos a apiadarnos de una persona a quien hemos amado, significa que nuestro entusiasmo no puede seguir sosteniendo la lucha contra la evidencia. La piedad es un amor fatigado, un amor cuyo objeto nos es ajeno, la lucidez de la piedad usurpa todo el resplandor al que tendría derecho la ilusión de cualquier ser. Cuando se han apagado las llamas de la hoguera del amor, la piedad es como una ceniza que cubre los últimos chisporroteos de la pira de Eros…
La última fase del amor nos muestra lo solos que estamos aunque amemos y que todo depende no del objeto exterior sino del nivel de nuestros sentimientos.”

“La vida interior es patrimonio de los delicados.”

“No puede saberse lo que un hombre debe perder por tener el valor de pisotear todas las convenciones, no puede saberse lo que Diógenes ha perdido por llegar a ser el hombre que se lo permite todo, que ha traducido en actos sus pensamientos más íntimos con una insolencia sobrenatural como lo haría un dios del conocimiento, a la vez libidinoso y puro. Nadie fue más franco; caso límite de sinceridad y lucidez al mismo tiempo que ejemplo de lo que podríamos llegar a ser si la educación y la hipocresía no refrenasen nuestros deseos, nuestros gestos.
Un día un hombre le hizo entrar en una casa ricamente amueblada y le dijo: “Sobre todo no escupas en el suelo”. Diógenes, que tenía ganas de escupir, le lanzó el lapo a la cara, gritándole que era el único sitio sucio que había encontrado para poder hacerlo. (Diógenes Laercio).¿Quién, después de haber sido recibido por un rico, no ha lamentado no disponer de océanos de saliva para verterlos sobre todos los propietarios de la tierra? Y, ¿quién no ha vuelto a tragarse su pequeño escupitinajo por miedo a lanzarlo a la cara de un ladrón respetado y barrigón?”

“El individuo que no va más allá de su calidad de hermoso ejemplar, de modelo acabado, y cuya existencia se confunde con su destino vital, se coloca fuera del espíritu. La masculinidad ideal -obstáculo a la percepción de los matices- comporta una insensibilidad para con lo sobrenatural cotidiano, de donde el arte saca su sustancia.”

“La riqueza interior resulta de los conflictos que se tienen con uno mismo; pero la vitalidad que dispone plenamente de sí misma no conoce más que el combate exterior, el encarnizamiento con el objeto.”

“El ser biológicamente íntegro desconfía de la profundidad, es incapaz de ella, la ve como una dimensión sospechosa que daña la espontaneidad de sus actos…”

El autómata
“Respiro por prejuicio…Cuando uno se percibe existir, se experimenta la sensación de un demente maravillado que sorprende su propia locura y se empecina en darle un nombre. La costumbre embota nuestro asombro de existir: somos, y ya no le damos más vueltas, ocupamos nuestra plaza en el asilo de los existentes.
Conformista, vivo, intento vivir, por imitación, por respeto a las reglas del juego, por horror a la originalidad. Resignación del autómata: poner cara de fervor y reírse secretamente: no plegarse a las convenciones más que para repudiarlas a escondidas; figurar en todos los registros, pero sin residencia en el tiempo; salvar la cara, cuando sería imperioso perderla…
El que lo desprecia todo debe adoptar un aire de dignidad perfecta, inducir a error a los otros e incluso a sí mismo: cumplirá así más fácilmente su tarea de falso viviente. ¿Para qué mostrar nuestra ruina si podemos fingir la prosperidad? El infierno no tiene modales: es la imagen exasperada de un hombre franco y grosero, es la tierra concebida sin superstición de elegancia y civismo…
Gracias a que somos todos impostores, nos soportamos los unos a los otros. Quien no aceptase mentir vería a la tierra huir bajo sus pies: estamos biológicamente constreñidos a lo falso.”

"La fuente de nuestros actos reside en una propensión inconsciente a considerarnos el centro, la razón y el resultado del tiempo. Nuestros reflejos y nuestro orgullo transforman en planeta la parcela de carne y de conciencia que somos. Si tuviéramos el justo sentido de nuestra posición en el mundo, si comparar fuera inseparable de vivir, la revelación de nuestra ínfima presencia nos aplastaría. Pero vivir es cegarse sobre sus propias dimensiones…"

Emil Mihai Cioran


sábado, 18 de julio de 2009

EL CORDÓN DESATADO


una mujer, una

goma pinchada, una

enfermedad, un

deseo; miedos enfrente tuyo,

miedos que se mantienen tan inmóviles

que podés estudiarlos

como piezas en un tablero de ajedrez...

no son las cosas grandes lo que

envía a un hombre al

manicomio, la muerte que le corresponde, o

el crimen, el incesto, el robo, el fuego, la inundación...

no, es la serie continua de pequeñas tragedias

lo que envía a un hombre al

manicomio...

no la muerte de su amor

sino un cordón que se desata

justo

cuando no hay tiempo...

el espanto de la vida

es ese enjambre de trivialidades

que pueden matar más rápido que el cáncer

y que siempre están ahí-

las patentes o los impuestos

o el carnet de conducir vencido,

o contratar o despedir,

que lo hagas vos o que te lo hagan a vos, o

constipación

multas

raquitismo o grillos o ratones o termitas o

cucarachas o moscas o el

anzuelo enganchado

en tus pantalones, o sin nafta

o demasiada nafta,

la pileta se tapó, el portero está borracho,

al presidente no le importa nada y el gobernador

está loco.

la perilla de la luz se rompió, el colchón

parece una cama de fakir;

$ 150 por una afinación, cambio de carburador y

tanque lleno en Sears Roebuck;

y la cuenta de teléfono sube y los mercados

bajan

y la cadena del baño se

rompió,

y la luz se quemó-

la luz del hall, la luz del frente, la luz de atrás,

la luz interior; está

más oscuro que el infierno

y dos veces más caro.

después están siempre los cangrejos y las uñas

encarnadas

y la gente que insiste en que son

tus amigos;

hay siempre eso y algo peor;

canillas que gotean, Cristo y la Navidad;

el salame se puso azul, 9 días de lluvia,

el leverwurst está

púrpura.

o si no te ganás la vida

como camarera en el Norms, en el turno de noche,

o como vaciador de chatas

en el hospital,

o como lavacoches o chofer de colectivos

o ladrón de viejitas

las dejás gritando en la vereda

con los brazos rotos a los

80.

de repente

2 luces rojas en tu espejo retrovisor

y sangre en tu calzoncillo;

dolor de muelas, y $ 979 por un puente

$ 300 por un diente de oro,

y China y Rusia y América, y

el pelo largo y el pelo corto y la

pelada, y las barbas y la

ausencia de caras, y un montón de zigzag

pero ningún lugar, excepto quizá para mear

y lo de tus intestinos.

con cada cordón desatado,

se hacen cientos de cordones desatados,

y un hombre, una mujer, una

cosa

entra en el

manicomio.

así que la próxima vez

tené cuidado

cuando te inclines.


Charles Bukowski



Nocturno







Tengo esta noche las manos negras, el corazón sudado
como después de luchar hasta el olvido con los ciempiés del humo.
Todo ha quedado allá, las botellas, el barco,
no sé si me querían, y si esperaban verme.
En el diario tirado sobre la cama dice encuentros diplomáticos,
una sangría exploratoria lo batió alegremente en cuatro sets.
Un bosque altísimo rodea esta casa en el centro de la ciudad,
yo sé, siento que un ciego está muriéndose en las cercanías.
Mi mujer sube y baja una pequeña escalera
como un capitán de navío que desconfía de las estrellas.
Hay una taza de leche, papeles, las once de la noche.
Afuera parece como si multitudes de caballos se acercaran
a la ventana que tengo a mi espalda.
Julio Cortázar

EL ESTADO DEL CAJÓN





El 28 de noviembre de 1961

¿Existe algo más vacío
que el cajón donde
uno solía guardar el opio?
¡Cómo se parece a una margarita amarilla
cegada, convertida en una margarita común
mi precioso cajón de la cocina!
Cómo se parece a una nariz sin agujeros
mi desnudo cajón de madera!
¡Cómo se parece a una cesta sin huevos!
¡A un estanque sin su tortuga!
Mi mano ha explorado
mi cajón como una rata
en un experimento de laberintos.
¡Lector, puedo decir con seguridad
que no existe un cajón más vacío
en toda la cristiandad!

Leonard Norman Cohen

Borges




"¿De qué otra forma se puede amenazar que no sea de muerte? lo interesante, lo original, sería que alguien lo amenace a uno con la inmortalidad."

"El infierno y el paraíso me parecen desproporcionados. Los actos de los hombres no merecen tanto."

"Repudio todo pensamiento sistemático porque todo sistema conduce necesariamente a la trampa."

"Como ser humano soy una especie de antología de contradicciones, de gaffes, de errores, pero tengo sentido ético. Esto no quiere decir que yo obre mejor que otros, sino simplemente que trato de obrar bien y no espero castigo ni recompensa. Que soy, digamos, insignificante, es decir, indigno de dos cosas; el cielo y el infierno me quedan muy grandes. "

"Estoy solo y no hay nadie en el espejo."

"No podría definirme como ateo, porque declararme ateo correspone a una certidumbre que no poseo."

"Lejos un trino. El ruiseñor no sabe que te consuela."

"Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo."

"Me duele una mujer en todo el cuerpo."


Jorge Luis Borges




corazón, qué oquedad



y dentro cuánta suciedad

Samuel Beckett








Dicotomía incruenta



Siempre llega mi mano
más tarde que otra mano que se mezcla a la mía
y forman una mano.
Cuando voy a sentarme
advierto que mi cuerpo
se sienta en otro cuerpo que acaba de sentarse
adonde yo me siento.
Y en el preciso instante
de entrar en una casa,
descubro que ya estaba
antes de haber llegado.

Por eso es muy posible que no asista a mi entierro,
y que mientras me rieguen de lugares comunes,
ya me encuentre en la tumba,
vestido de esqueleto,

bostezando los tópicos y los llantos fingidos.


Oliverio Girondo




Homer Simpson




¡Bart, con 10.000$ seremos millonarios! Podremos comprar todo tipo de cosas útiles, como… ¡Amor!”
Solo porque no me importe no significa que no entienda.”
Normalmente no rezo, pero si estás ahí, por favor, sálvame Superman.”

“Quizá, solo por una vez, alguien me llame ‘Señor’ sin añadir “Está usted montando una escena”.
Marge, no desalientes al niño. Es importante aprender a escaquearse en la vida. Eso nos separa de los animales. Excepto de la comadreja.”

Doughnuts. ¿Hay algo que no puedan hacer?”

“¿Cuándo voy a aprender? La solución a todos los problemas de la vida no está en el fondo de una botella. ¡Está en la TV!”

“¡No soy un mal tipo! Trabajo duro y quiero a mis hijos. Entonces, ¿Por qué tengo que pasarme medio domingo escuchando cómo voy a ir al infierno?”
Oh, la gente puede venir con estadísticas para probar cualquier cosa. El 14% de la gente sabe eso.”

“¡Televisión! Maestro, madre, amante secreta.”

“Siempre me he pregntado si existía diós. Ahora se que si… y soy yo.”

“ Toda la vida he tenido un sueño: conseguir todos mis objetivos.”

“Creo que Smithers me escogió por mi capacidad de motivación. Todos dicen que tienen que trabajar mucho más cuando yo estoy cerca.”

“Querido Señor: Los dioses han sido buenos conmigo. por primera vez en mi vida todo es perfecto tal y como está. Así que éste es el trato: Tu congelas todo tal y como está y yo no te pediré nada más. Si te parece bien, por favor no me des ninguna señal. Eso es, trato hecho.”

“Si algo es dificil y duro de hacer, estonces no merece la pena hacerlo.”
No estoy en condiciones de conducir… ¡Espera! No debería escucharme, ¡Estoy borracho!”


Evolution




jueves, 16 de julio de 2009

El extranjero



"Era verdad. Cuando mamá estaba en casa pasaba el tiempo en silencio, siguiéndome con la mirada. Durante los primeros días que estuvo en el asilo lloraba a menudo. Pero era por la fuerza de la costumbre. Al cabo de unos meses habría llorado si se la hubiera retirado del asilo. Siempre por la fuerza de la costumbre. Un poco por eso en el último año casi no fui a verla. Y también porque me quitaba el domingo, sin contar el esfuerzo de ir hasta el autobús, tomar los billetes y hacer dos horas de camino."
"Yo estaba un poco perdido entre el cielo azul y blanco y la monotonía de aquellos colores, negro viscoso del alquitrán abierto, negro opaco de las ropas, negro lustroso del coche. Todo eso, el sol, el olor del cuero y del estiércol del coche, el del barniz y el del incienso, y la fatiga de una noche de insomnio, me turbaba la mirada y las ideas."
"María vino a buscarme por la tarde y me preguntó si quería casarme con ella. Dije que me era indiferente y que podríamos hacerlo si lo quería. Entonces quiso saber si la amaba. Contesté como ya lo había hecho otra vez: que no significaba nada, pero que sin duda no la amaba: “¿Por qué, entonces, casarte conmigo?”. Le expliqué que no tenía ninguna importancia y que si lo deseaba podíamos casarnos. [...]
Tras otro momento de silencio murmuró que yo era extraño, que sin duda me amaba por eso mismo, pero que quizá un día le repugnaría por las mismas razones. Como callara sin tener nada que agregar, me tomó sonriente del brazo y declaró que quería casarse conmigo. Respondí que lo haríamos cuando quisiera. Le hablé entonces de la proposición del patrón, y María me contestó que le gustaría conocer París. Le dije que había vivido allí en otro tiempo y me preguntó como era. Le dije: “Es sucio. Hay palomas y patios oscuros. La gente tiene la piel blanca”.
"Le acompañé hasta la cabañuela, y mientras trepaba por la escalera de madera quedé delante del primer peldaño, con la cabeza resonante de sol, desanimado ante el esfuerzo que era necesario hacer para subir al piso de madera y hablar otra vez con las mujeres. Pero el calor era tal que me resultaba penoso también permanecer inmóvil bajo la enceguecedora lluvia que caía del cielo. Quedar aquí o partir, lo mismo daba. Al cabo de un momento volví a la playa y me puse a caminar.
Persistía el mismo resplandor rojo. Sobre la arena el mar jadeaba con la respiración rápida y ahogada de las olas pequeñas. Caminaba lentamente hacia las rocas y sentía que la frente se me hinchaba bajo el sol. Todo aquel calor pesaba sobre mí y se oponía a mi avance. [...] Las mandíbulas se me crispaban ante cada espada de luz surgida de la arena, de la conchilla blanqueada o de un fragmento de vidrio. Caminé largo tiempo. Veía desde lejos la pequeña masa oscura de la roca rodeada de un halo deslumbrante por la luz y el polvo del mar. Pensaba en el fresco manantial que nacía tras la roca.
Pensé que me bastaba dar media vuelta y todo quedaría concluido. Pero toda una playa vibrante de sol apretábase detrás de mí. Di algunos pasos hacia el manantial. El árabe no se movió. A pesar de todo, estaba todavía bastante lejos. Parecía reírse, quizá por el efecto de las sombras sobre el rostro. Esperé. El ardor del sol me llegaba hasta las mejillas y sentí las gotas de sudor amontonárseme en las cejas. Era el mismo sol debía en que había enterrado a mamá y, como entonces, sobre todo me dolían la frente y todas las venas juntas bajo la piel. Impelido por este ardor que no podía soportar más, hice un movimiento hacia adelante. Sabía que era estúpido, que no iba a librarme del sol desplazándome un paso. Pero di un paso, un solo paso hacia adelante. Y esta vez, sin levantarse, el árabe sacó el cuchillo y me lo mostró bajo el sol. La luz se inyectó en el acero y era como una larga hoja centelleante que me alcanzara en la frente. En el mismo instante el sudor amontonado en las cejas corrió de golpe sobre mis párpados y los recubrió con un velo tibio y espeso. Tenía los ojos ciegos detrás de esta cortina de lágrimas y de sal. No sentía más que los címbalos del sol sobre la frente e, indiscutiblemente, la refulgente lámina surgida del cuchillo, siempre delante de mí. La espalda ardiente me roía las cejas y me penetraba en los ojos doloridos. Entonces todo vaciló. El mar cargó un soplo espeso y ardiente. Me pareció que el cielo se abría en toda su extensión para dejar que lloviera fuego. Todo mi ser se distendió y crispé la mano sobre el revólver. El gatillo cedió, toqué el vientre pulido de la culata y allí, con el ruido seco y ensordecedor, todo comenzó. Sacudí el sudor y el sol. Comprendí que había destruido el equilibrio del día, el silencio excepcional de una playa en la que había sido feliz. Entonces, tire aún cuatro veces sobre un cuerpo inerte en el que las balas se hundían sin que se notara. Y era como cuatro breves golpes que daba en la puerta de la desgracia"
"El Presidente tosió un poco, y con voz muy baja me preguntó si no tenía nada que agregar. Me levanté, y como tenía deseos de hablar, dije, un poco al azar por otra parte, que no había tenido intención de matar al árabe. El Presidente contestó que era una afirmación, que hasta aquí no había comprendido bien mi sistema de defensa y que, antes de oír a mi abogado, le complacería que precisara los motivos que habían inspirado mi acto. Mezclando un poco las palabras y dándome cuenta del ridículo, dije rápidamente que había sido a causa del sol. En la sala hubo risas. "
"El abogado se encogió de hombros e inmediatamente después le concedieron la palabra. Pero declaró que era tarde, que tenía para varias horas y que pedía la suspensión de la audiencia hasta la tarde. El Tribunal consintió.
Por la tarde los grandes ventiladores seguían agitando la espesa atmósfera de la sala y los pequeños abanicos multicolores de los jurados se movían todos en el mismo sentido. Me pareció que el alegato del abogado no debía terminar jamás. Sin embargo, en un momento dado, escuché que decía: "Es cierto que yo maté." Luego continuó en el misa ó tono, diciendo "yo" cada vez que hablaba de mí. Yo estaba muy asombrado. Me incliné hacia un gendarme y le pregunté por qué. Me dijo que me callara y después de un momento agregó: "Todos los abogados hacen eso." Pensé que era apartarme un poco más del asunto, reducirme a cero y, en cierto sentido, sustituirme. Pero creo que estaba ya muy lejos de la sala de audiencias. Por otra parte, el abogado me pareció ridículo. Alegó muy rápidamente la provocación y luego también habló de mi alma. Pero me pareció que tenía mucho menos talento que el Procurador. "También yo", dijo, "me he acercado a esta alma, pero, al contrario del eminente representante del Ministerio Público, he encontrado algo, y puedo decir que he leído en ella como en un libro abierto". Había leído que yo era un hombre honrado, trabajador asiduo, incansable, fiel a la casa que me empleaba, querido por todos y compasivo con las desgracias ajenas. Para él yo era un hijo modelo que había sostenido a su madre tanto tiempo como había podido. Finalmente había esperado que una casa de retiro daría a la anciana las comodidades que mis medios no me permitían procurarle. "Me asombra, señores", agregó, "que se haya hecho tanto ruido alrededor del asilo. Pues, en fin, si fuera necesario dar una prueba de la utilidad y de la grandeza de estas instituciones, habría que decir que es el Estado mismo quien las subvenciona". Pero no habló del entierro, y advertí que faltaba en su alegato. Como consecuencia de todas estas largas frases, de todos estos días y horas interminables durante los cuales se había hablado de mi alma, tuve la impresión de que todo se volvía un agua incolora en la que encontraba el vértigo."
"Existía una desproporción ridícula entre el fallo que la había creado y su desarrollo imperturbable a partir del momento en que el fallo había sido pronunciado. El hecho de haber sido leída la sentencia a las veinte en lugar de a las diecisiete, el hecho de que hubiera podido ser otra, de que había sido dictada por hombres que cambian la ropa interior, de que había sido dada en nombre de una noción tan imprecisa como la del pueblo francés (o alemán o chino), me parecía que todo quitaba mucha seriedad a la decisión. Empero, me veía obligado a reconocer que, a partir del momento en que había sido dictada, sus efectos se volvían tan reales y tan serios como la presencia del muro contra el que aplastaba mi cuerpo en toda su extensión."
"Al principio de la detención lo más duro fue que tenía pensamientos de hombre libre. Por ejemplo, sentía deseos de estar en una playa y bajar hacia el mar. Al imaginar el ruido de las primeras olas bajo las plantas de los pies, la entrada del cuerpo en el agua y el alivio que encontraba, sentía de golpe cuánto se habían estrechado los muros de la prisión. Pero esto duró algunos meses. Después no tuve sino pensamientos de presidiario. Esperaba el paseo cotidiano que daba por el patio o la visita del abogado. Disponía muy bien el resto del tiempo. Pensé a menudo entonces que si me hubiesen hecho vivir en el tronco de un árbol seco, sin otra ocupación que la de mirar la flor del cielo sobre la cabeza, me habría acostumbrado poco a poco. Hubiera esperado el paso de los pájaros y el encuentro de las nubes como esperaba aquí las curiosas corbatas de mi abogado y como, en otro mundo, esperaba pacientemente el sábado para estrechar el cuerpo de María."
"Por ejemplo, el alegato del Procurador me fatigó muy pronto. Sólo me llamaron la atención o despertaron mi interés fragmentos, gestos o tiradas enteras, pero separadas del conjunto.
Si he comprendido bien, el fondo de su pensamiento es que yo había premeditado el crimen. Por lo menos, trató de demostrarlo. Como él mismo decía: "Lo probaré, señores, y lo probaré doblemente. Bajo la deslumbrante claridad de los hechos, en primer término, y en seguida, en la oscura iluminación que me proporcionará la psicología de esta alma criminal." Resumió los hechos a partir de la muerte de mamá. Recordó mi insensibilidad, mi ignorancia sobre la edad de mamá, el baño del día siguiente con una mujer, el cine, Fernandel, y, por fin, el retorno con María.
Necesité tiempo para comprenderle en ese momento porque decía "su amante" y para mí ella era María. Después se refirió a la historia de Raimundo. Me pareció que su manera de ver los hechos no carecía de claridad. Lo que decía era plausible. De acuerdo con Raimundo yo había escrito la carta que debía atraer a la amante y entregarla a los malos tratos de un hombre de "dudosa moralidad." Yo había provocado en la playa a los adversarios de Raimundo. Éste había resultado herido. Yo le había pedido el revólver. Había vuelto sólo para utilizarlo. Había abatido al árabe, tal como lo tenía proyectado. Había disparado una vez. Había esperado. Y "para estar seguro de que el trabajo estaba bien hecho", había disparado aún cuatro balas, serenamente, con el blanco asegurado, de una manera, en cierto modo, premeditada.
"Y bien, señores", dijo el Abogado General: "Acabo de reconstruir delante de ustedes el hilo de acontecimientos que condujo a este hombre a matar con pleno conocimiento de causa. Insisto en esto", dijo, "pues no se trata de un asesinato común, de un acto irreflexivo que ustedes podrían considerar atenuado por las circunstancias. Este hombre, señores, este hombre es inteligente. Ustedes le han oído, ¿no es cierto? Sabe contestar. Conoce el valor de las palabras. Y no es posible decir que ha actuado sin darse cuenta de lo que hacía".
Yo escuchaba y oía que se me juzgaba inteligente. Pero no comprendía bien cómo las cualidades de un hombre común podían convertirse en cargos aplastantes contra un culpable."
"Tomaba siempre la peor posibilidad: la apelación era rechazada. "Y bien, tendré que morir." Antes que otros, es evidente. Pero todo el mundo sabe que la vida no vale la pena de ser vivida. En el fondo, no ignoraba que morir a los treinta años o a los setenta importa poco, pues, naturalmente, en ambos casos, otros hombres y otras mujeres vivían y así durante miles de años. En suma, nada podía ser más claro. Era siempre yo quien moriría, ahora o dentro de veinte años. En este punto, me molestaba un poco en el razonamiento el salto terrible que sentía dentro de mí pensando en veinte años de vida por venir. Pero lo reprimía imaginando cómo serían mis pensamientos dentro de veinte años, cuando a pesar de todo llegase el momento. Desde que uno debe morir, es evidente que no importa cómo ni cuándo. Por consiguiente (y lo difícil era no perder de vista todo lo que éste "por consiguiente" representaba en el razonar), por consiguiente, debía aceptar el rechazo de la apelación."

"En ese preciso momento entró el capellán. Cuando lo vi, sentí un ligero estremecimiento. (...)
(...) levantó la cabeza bruscamente y me miró de frente: "¿Por qué", me dijo, "rehúsa usted mis visitas?" Contesté que no creía en Dios. Quiso saber si estaba bien seguro y le dije que yo mismo no tenía para qué preguntármelo; me parecía una cuestión sin importancia. (...)
Volvió la mirada y, siempre sin cambiar de posición, me preguntó si no hablaba así por exceso de desesperación. Le expliqué que no estaba desesperado. Simplemente tenía miedo, era bien natural. "Entonces Dios le ayudará." Hizo notar. "Todos cuantos he conocido en su caso han vuelto a Él." Reconocí que estaban en su derecho. Probaba también que tenían tiempo para hacerlo. En cuanto a mí no quería que me ayudaran y precisamente no tenía tiempo para interesarme en lo que no me interesaba.
(...) Ante estas palabras se levantó y me miró directamente a los ojos. Es un juego que conozco bien. Me divertía a menudo haciéndolo con Manuel o Celeste y, generalmente, eran ellos quienes apartaban la mirada. También el capellán conocía bien el juego; lo comprendí en seguida. Su mirada no vaciló. Y su voz tampoco vaciló cuando me dijo: "¿No tiene usted, pues, esperanza alguna y vive pensando que va a morir por entero?" "Sí", le respondí.
(...) El capellán me miró con cierta tristeza. Yo estaba ahora completamente pegado a la muralla y el día me corría sobre la frente. Dijo algunas palabras que no oí y me preguntó rápidamente si le permitía besarme. "No", contesté. Se volvió, caminó hacia la pared y la palpó lentamente con la mano. "¿Ama usted esta tierra hasta ese punto?", murmuró. No respondí nada.
Quedó vuelto bastante tiempo. Su presencia me pesaba y me molestaba. Iba a decirle que se marchara, que me dejara, cuando gritó de golpe en una especie de estallido, volviéndose hacia mí: "¡No, no puedo creerle! ¡Estoy seguro de que ha llegado usted a desear otra vida!" Le contesté que naturalmente era así, pero no tenía más importancia que desear ser rico, nadar muy rápido, o tener una boca mejor hecha. Era del mismo orden. Me interrumpió y quiso saber cómo veía yo esa otra vida. Entonces, le grité: "¡Una vida en la que pudiera recordar ésta!", e inmediatamente le dije que era suficiente. Quería aún hablarme de Dios, pero me adelanté hacia él y traté de explicarle por última vez que me quedaba poco tiempo. No quería perderlo con Dios. Ensayó cambiar de tema preguntándome por qué le llamaba "señor" y no "padre". Esto me irritó y le contesté que no era mi padre: que él estaba con los otros. "No, hijo mío", dijo poniéndome la mano sobre el hombro. "Estoy con usted. Pero no puede darse cuenta porque tiene el corazón ciego. Rogaré por usted."
Entonces, no sé por qué, algo se rompió dentro de mí. Me puse a gritar a voz en cuello y le insulté y le dije que no rogara y que más le valía arder que desaparecer. Le había tomado por el cuello de la sotana. Vaciaba sobre él todo el fondo de mi corazón con impulsos en que se mezclaban el gozo y la cólera. Parecía estar tan seguro, ¿no es cierto? Sin embargo, ninguna de sus certezas valía lo que un cabello de mujer. Ni siquiera estaba seguro de estar vivo, puesto que vivía como un muerto. Me parecía tener las manos vacías. Pero estaba seguro de mí, seguro de todo, más seguro que él, seguro de mi vida y de esta muerte que iba a llegar. Sí, no tenía más que esto. Pero, por lo menos, poseía esta verdad, tanto como ella me poseía a mí. Yo había tenido razón, tenía todavía razón, tenía siempre razón. Había vivido de tal manera y hubiera podido vivir de tal otra. Había hecho esto y no había hecho aquello. No había hecho tal cosa en tanto que había hecho esta otra. ¿Y después? Era como si durante toda la vida hubiese esperado este minuto... y esta brevísima alba en la que quedaría justificado. Nada, nada tenía importancia, y yo sabía bien por qué. También él sabía por qué. Desde lo hondo de mi porvenir, durante toda esta vida absurda que había llevado, subía hacia mí un soplo oscuro a través de los años que aún no habían llegado, y este soplo igualaba a su paso todo lo que me proponían entonces, en los años no más reales que los que estaba viviendo. ¡Qué me importaban la muerte de los otros, el amor de una madre! ¡Qué me importaban su Dios, las vidas que uno elige, los destinos que uno escoge, desde que un único destino debía de escogerme a mí y conmigo a millares de privilegiados que, como él, se decían hermanos míos! (...) Me ahogaba gritando todo esto. Pero ya me quitaban al capellán de entre las manos y los guardianes me amenazaban. Sin embargo, él los calmó y me miró en silencio. Tenía los ojos llenos de lágrimas. Se volvió y desapareció.
Como si esa tremenda cólera me hubiese purgado del mal, vaciado de esperanza, delante de esta noche cargada de presagios y de estrellas me abría por primera vez a la tierna indiferencia del mundo. Al encontrarlo tan semejante a mí, tan fraternal, en fin, comprendía que había sido feliz y que lo era todavía. Para que todo sea consumado, para que me sienta menos solo, me quedaba esperar que el día de mi ejecución haya muchos espectadores y que me reciban con gritos de odio."
Albert Camus, El extranjero ( pdf)