lunes, 30 de noviembre de 2009

Inexacta






"La Guía es definitiva. La Realidad es frecuentemente inexacta."






Suicidio de la hija de un emigrante


 

" Me gustaría hacer referencia a un asunto. En el número de octubre, informaba del suicidio de la hija de un emigrante: ‘Empapó un algodón en cloroformo, se lo llevó a la cara y se acostó en la cama. Así murió. Antes de morir escribió una nota: “Me apresto a emprender un largo viaje. Si el intento no sale bien, que se reúnan para celebrar mi resurrección con copas de Clicquot. Si sale bien, ruego que no me entierren hasta que esté muerta del todo, pues resulta muy desagradable despertarse en un ataúd bajo tierra. ¡No es nada chic!.” El señor N.P., lleno de arrogancia, se enfada con esa suicida “frívola” y saca la conclusión de que su acto “no es digno de la menor atención”. De buenas a primeras añade: “Me atrevería a afirmar que una persona que desea festejar su vuelta a la vida con una copa de champán en la mano, no ha sufrido mucho en esta vida, cuando la retoma de manera tan solemne, sin alterar sus costumbres y sin pensar siquiera en ellas…”.
¡Qué idea y qué razonamiento tan ridículos! Lo que más le ha fascinado es el champán. No obstante, si le hubiera gustado tanto el champán, habría seguido viviendo para beberlo, pero lo que hizo fue referirse a él antes de morir, antes de morir de verdad, sabiendo muy bien que seguramente iba a morir. No podía tener mucha confianza en sus posibilidades de volver a la vida, y además esa eventualidad no le ofrecía ningún atractivo, porque en su caso volver a la vida significaba enfrentarse a un nuevo intento de suicidio. Aquí el champán no significa nada; seguramente no tenía la menor intención de beberlo… ¿De verdad es necesario explicarlo? Mencionó el champán porque, antes de morir, deseaba permitirse una extravagancia abyecta y repugnante. Eligió el champán porque no pudo encontrar un cuadro más abyecto y repugnante que una borrachera para celebrar su “resurrección de entre los muertos”. Necesitaba escribir algo así para cubrir de barro todo lo que dejaba en el mundo, para maldecir la tierra y su propia vida, para escupir sobre ellas y dejar constancia de ese escupitajo a sus deudos, a quienes abandonaba. ¿Cómo explicar tanto rencor en una muchacha de diecisiete años? ¿Y contra quién iba dirigido ese rencor? Nadie la había ofendido, no tenía necesidad de nada; se diría que murió también sin ningún motivo. Pero es precisamente esa nota, es precisamente el hecho de que en un momento semejante estuviera tan interesada en permitirse una extravagancia tan abyecta y repugnante, es precisamente todo eso lo que lleva a pensar que su vida había sido incomparablemente más pura de lo que sugiere esa ocurrencia abominable, y que el rencor, la inmensa amargura de su ocurrencia, testimonian, por el contrario, los sufrimientos y las torturas a que estaba sometida su alma, así como la desesperación del momento postrero de su vida. Si se hubiera dado muerte llevada de cierto apático hastío, sin saber muy bien por qué, no se habría entregado a esa extravagancia. Para analizar esa disposición de espíritu es necesario adoptar una actitud más humana. En este caso, el sufrimiento es evidente, y no cabe duda de que murió de angustia espiritual, después de muchos tormentos. ¿Cómo pudo atormentarse tanto una criatura de sólo diecisiete años? Pero ésa es la terrible cuestión de nuestro tiempo. He avanzado la hipótesis de que murió de angustia (una angustia demasiado precoz) y del convencimiento de que su vida carecía de sentido… y que ambas afecciones eran consecuencia exclusiva de la depravada educación que recibió en casa de sus padres, una educación basada en un concepto erróneo del sentido supremo y los objetos de la vida, que destruyó deliberadamente en su alma cualquier fe en su inmortalidad. Todo eso no pasa de ser una hipótesis personal, pero lo cierto es que no pudo quitarse la vida con la única intención de dejar esa miserable nota y asombrar a la gente, como parece sugerir el señor N.P.
"



Fiódor Mijáilovich Dostoyevski, Diario de un escritor 




It’s Probably Me



If the night turned cold
And the stars looked down
And you hug yourself
On the cold cold ground
You wake the morning
In a stranger's coat
No-one would you see
You ask yourself, 'Who'd watch for me?'
My only friend, who could it be?
It's hard to say it
I hate to say it
But it's probably me

When your belly's empty
And the hunger's so real
And you're too proud to beg
And too dumb to steal
You search the city
For your only friend
No-one would you see
You ask yourself, Who'll Watch For Me?'
A solitary voice to speak out and set me free
I hate to say it
I hate to say it
But it's probably me

You're not the easiest person I ever got to know
And it's hard for us both to let our feelings show
Some would say
I should let you go your way
You'll only make me cry
If there's one guy, just one guy
Who'd lay down his life for you and die
It's hard to say it
I hate to say it
But it's probably me

When the world's gone crazy, and it makes no sense
And there's only one voice that comes to your defence
And the jury's out
And your eyes search the room
And one friendly face is all you need to see
If there's one guy, just one guy
Who'd lay down his life for you and die
I hate to say it
I hate to say it
But it's probably me

I hate to say it
I hate to say
But it's probably me



THRICE




"Here my voice goes to ones and zeros"



La comedia de la vida





"- Nadie me entiende
- ¿ah?
- Nadie me entiende
- Oh, yo entiendo ¿vive aquí?
- No
- ¿Se puede mover? Tengo que meter algunas cartas en el buzón."







"- He soñado que me casaba con Micke Larsson. El toca la guitarra y canta en Los Diablos Negros. Muy bonito. Muy bonito. Fantástico. (...)
-Antes de ayer yo soñé que podía volar. Iba volando por el viento así. Y vole alto y más alto. Arriba ví a papa y mama. Y me saludaron. Estaban tan felices. Y yo también. Fué muy bonito. (Muy bonito)."







"- Soy psiquiatra, llevo siéndolo 27 años. Y estoy completamente agotado. Año tras años escuchado a pacientes que no están satisfechos con sus vidas, que quieren divertirse, que quieren que les ayude con eso. Te agota, os lo aseguro. Mi vida tampoco es divertida que digamos. Las personas piden mucho. Esa es la conclusión a la que he llegado durante todos estos años. Pedir ser felices al mismo tiempo en que son egocéntricos, egoístas y avaros. Bueno, me gustaría ser sincero, me gustaría  decir que son simplemente mezquinos, la mayoría de ellos. Pasarme hora tras hora en terapia, tratando que una persona ruin sea feliz. No tiene sentido. Puedes hacerlo tu. Yo ya he acabado. Ahora solo receto pastillas. Cuanto más fuertes, mejor."



Simulacro y simulaciones



El simulacro nunca es aquello que oculta la verdad-
es la verdad lo que oculta que no hay verdad alguna.
El simulacro es cierto.
Eclesiastés


Podemos tomar como la alegoría más adecuada de la simulación el cuento de Borges donde los cartógrafos del Imperio dibujan un mapa que acaba cubriendo exáctamente el territorio: pero donde, con el declinar del Imperio, este mapa se vuelve raído y acaba arruinándose, unas pocas tiras aún discernibles en los desiertos - la belleza metafísica de esta abstracción arruinada, dando testimonio del orgullo imperial y pudriéndose como un cadáver, volviendo a la sustancia de la tierra, tal y como un doble que envejece acaba siendo confundido con la cosa real). La fábula habría llegado entonces como un círculo completo a nosotros, y ahora no tiene nada excepto el encanto discreto de un simulacro de segundo órden.
La abstracción hoy no es ya la del mapa, el doble, el espejo o el concepto. La simulación no es ya la de un territorio, una existencia referencial o una sustancia. Se trata de la generación de modelos de algo real que no tiene origen ni realidad: un “hiperreal”. El territorio ya no precede al mapa, ni lo sobrevive. De aquí en adelante, es el mapa el que precede al territorio, es el mapa el que engendra el territorio; y si reviviéramos la fábula hoy, serían las tiras de territorio las que lentamente se pudren a lo largo del mapa. Es lo real y no el mapa, cuyos escasos vestigios subsisten aquí y allí: en los desiertos que no son ya más del Imperio, sino nuestros. El desierto de lo real en sí mismo.
De hecho, incluso invertida, la fábula es inútil. Quizá sólo queda la alegoría del Imperio. Puesto que es con el mismo imperialismo con el que los simuladores de hoy en día intentan que todo lo real coincida con los modelos de simulación. Pero ya no es cuestión que se decida entre mapas y territorio. Algo ha desaparecido: la diferencia soberana entre ellos que era el encanto de la abstracción. Ya que es la diferencia lo que forma la poesía del mapa y el encanto del territorio, la magia del concepto y el encanto de lo real. […]. Lo real se produce a partir de unidades miniaturizadas, de matrices, bancos de memoria y modelos de comandos ? y con estos puede reproducirse un número indefinido de veces. Ya no tiene que ser racional, puesto que ya no se mide respecto a algún ideal o instancia negativa. No es más que práctico, operacional.
[…]
Del mismo órden que la imposibilidad de redescubrir un nivel absoluto de lo real, es la imposibilidad de representar una ilusión. La ilusión ya no es posible, dado que lo real tampoco es ya posible. Es el problema político completo de la parodia, de la hipersimulación o de la simulación ofensiva, el que se plantea aquí.
Por ejemplo: sería interesante ver si el aparato represivo no reaccionaría más violentamente ante una toma de rehenes simulada que ante una real. Al fin y al cabo, la real sólo cambia el órden de las cosas, el derecho a la propiedad, mientras que la simulada interfiere con el mismo principio de realidad. La transgresión y la violencia son menos dañinos, puesto que sólo desafían la distribución de lo real. La simulación es infinitamente más dañina, puesto que siempre está sugiriendo que la ley y el órden en sí mismos podían realmente no ser más que una simulación.
Pero la dificultad es proporcional al riesgo. ¿Cómo fingir una ruptura y ponerla a prueba? Simula un robo en unos grandes almacenes: ¿cómo convences a los guardias de seguridad de que era un robo simulado? No hay diferencia “objetiva”: los mismos gestos y los mismos signos existen que en un robo real; de hecho, los signos no inclinan hacia ninguno de los dos lados. En lo que al órden establecido concierne, siempre pertenecerán al órden de lo real.
Organiza una toma falsa de rehenes. Asegúrate de que tus armas no pueden causar daño alguno, y toma a rehenes de tu mayor confianza de modo que ninguna vida esté en peligro (de otro modo te arriesgas a cometer un delito). Pide una recompensa, y arréglalo de modo que la operación pueda llegar a grear la mayor conmoción posible - en resumen, permanece cerca de la “verdad”, para probar la reacción del aparato a una simulación perfecta. Pero aun así no tendrás éxito: la red de signos artificiales serán irremediablemente mezclados con elementos de lo real (un oficial de policía realmente disparará al tenerte a tiro; un cliente del banco se desmayará y morirá de un ataque al corazón; realmente te pondrán recompensa) - en resumen, te encontrarás sin remedio inmediatamente en lo real, una de cuyas funciones es precisamente devorar cualquier intento de simulación, para reducirlo todo a un poco de realidad - lo cual es exáctamente todo lo que es el órden establecido, mucho antes de que las instituciones y la justicia tomen parte jueguen su papel.
En esta imposibilidad de aislar el proceso de la simulación debe verse todo el empuje de un órden que sólo puede ver y entender en términos de “un poco de realidad”, dado que no puede funcionar en ningún otro lugar. La simulación de un delito, será castigada con mayor ligereza (porque no tiene “consecuencias”), o será castigado como ofensa a lo público (por ejemplo, se hizo una operación policial “por nada”). Nunca como una simulación, puesto que precisamente como tal no hay equiparación con lo real, y por tanto tampoco represión. El reto de la simulación es irrecibible por el poder. ¿Cómo puedes castigar la simulación de virtud? Y aun así es tan seria como la simulación de un crimen. La parodia hace la obediencia y la transgresión equivalentes, y eso es el crimen más serio, dado que cancela la diferencia respecto a la que la ley está basada. El órden establecido no puede hacer nada contra ello, puesto que la ley es un simulacro de segundo órden mientras que la simulación es de tercero, más allá de lo verdadero y lo falso, más allá de las equivalencias, más allá de las distinciones racionales sobre las que funcionan el poder y lo social. Así pues, fallando en lo real, es aquí donde debemos apuntar al órden.
Por esto es por lo que el órden siempre opta por lo real. En un estado de no-certeza, siempre prefiere asumir esto. Pero esto se hace cada vez más y más difícil, puesto que es pragmáticamente imposible aislar el proceso de simulación. A través de la fuerza de la inercia de lo real que nos rodea, el inverso también es cierto (y esta misma reversibilidad forma parte del aparato de simulación y de la impotencia del poder): es decir, ahora es imposible aislar el proceso de lo real, o probar lo real.
Así, todas las tomas de rehenes y parecidos son ahora como si fueran tomas de rehenes simuladas, en el sentido de que están inscritas de antemano en los rituales de orquestación y decodificación de los medios, anticipados en su forma de presentación y consecuencias posibles. En resumen, su función es la de un grupo de símbolos dedicados exclusivamente a su recurrencia como signos, y ya no más hacia su “verdadero” objetivo en absoluto. Pero esto no los hace inofensivos. Al contrario, equivale a eventos hiperreales, deprivados de todo contenido u objetivos particulares, pero refractados indefinidamente el uno por el otro, de modo que son inverificables por un órden que sólo puede moverse en lo real y lo racional, en los fines y medios. Un órden referencial que sólo puede dominar a los propios referenciales, una forma de poder específico que sólo puede dominar un mundo específico, pero que no puede hacer nada ante la recurrencia s in fin de la simulación, sobre esa nébula sin peso que ya no obedece la ley de la gravitación de lo real — el poder en sí mismo desgajándose en este espacio y convirtiéndose en una simulación de poder, desconectado de sus objetivos, y dedicado a la simulación en masa.
La única arma del poder, su única estrategia contra esta derrota, es reinyectar realidad y referencialidad en todos lados, para intentar convencernos de la realidad de lo social, de la gravedad de la economía y las finalidades de la producción. Para ese propósito prefiere el discurso de la crisis, pero también - ¿por qué no? - el discurso del deseo. “¡Toma tus deseos como realidad!” podría entenderse como el slogan definitivo del poder, puesto que en un mundo no-referencial incluso la confusión del principio de realidad con el principio de deseo es menos dañino que la hiperrealidad contagiosa. Uno permanece entre principios, ahí el poder siempre tiene razón.
La hiperrealidad y la simulación disuaden todo principio y todo objetivo; vuelven contra el poder esta disuasión que ha sido tan bien utilizada por largo tiempo. Pues fue el capital el primero en alimentarse a través de su historia de la destrucción de toda referencia, todo objetivo humano, lo que quebró toda distinción ideal entre verdadero y falso, bueno y malo, para establecer una ley radical de equivalencia e intercambio, la ley de hierro de su poder. Fue el primero en practicar disuasión, abstracción, desconexión, desterritorialización, etc; y si fue el capital el que fomentó el concepto de la realidad, fue también el primero en liquidarlo en el exterminio de cada valor de uso, cada equivalencia real de producción y riqueza, en la omnipotencia de la manipulación. Ahora es esta misma lógica la que hoy se endurece aun más contra él. Y cuando intenta luchar contra esta catastrófica espiral secretando un último brillo de realidad, en el que pueda encontrarse un último brillo de poder, sólo multiplica los signos y acelera el juego de la simulación.
Al estar históricamente amenazado por lo real, el poder arriesgó la disuasión y la simulación, desintegrando toda contradicción a través de la producción de signos equivalentes. Cuando es amenazado hoy por la propia simulación (la amenaza de desaparecer en el juego de signos), el poder arriesga lo real, arriesga crisis, juega con la remanufacturación de las bases artificiales, sociales, económicas, políticas. Esta es una cuestión de vida o muerte para él, pero es tarde.
De ahí la histeria característica de nuestro tiempo: la histeria de la producción y reproducción de lo real. La otra producción, aquella de bienes y comodidades, aquella belle epoque de la economía política, ya no tiene sentido por sí misma, y no lo ha tenido ya por un tiempo. Lo que la sociedad busca a través de la producción y sobreproducción, es la restauración de lo real que se le escapa. Por esto es por lo que la producción “material” contemporánea es en sí misma hiperreal. Conserva todas sus características y todo su discurso de la producción tradicional, pero no es más que su refracción a una escala más baja (así que los hiperrealistas atan a una impresionante semejanza una realidad donde ha escapado todo encanto, todo significado, toda la profundidad y la energía de la representación). Así, el hiperrealismo de la simulación se expresa en todas partes por la impresionante semejanza de lo real a sí mismo.
El poder también por algún tiempo ya no produce más que signos de su propia semejanza. Y al mismo tiempo, otra figura de poder entra en juego: la demanda colectiva por signos de poder - una unión sagrada que se forma alrededor de la desaparición del poder. Todo el mundo pertenece a él más o menos con miedo ante el colapso de lo político. Y al final, el juego del poder no resulta ser más que la obsesión crítica con el poder - una obsesión con su muerte, con su supervivencia, cuanto mayor más desaparece; cuando ha desaparecido por completo, lógicamente estaremos bajo el completo hechizo del poder -, un recuerdo cautivador anunciado ya en todas partes manifestándose en un lugar particular, y al mismo tiempo la compulsión para librarse de él (nadie lo quiere ya, todos lo descargan sobre otros), y el aprensivo lamento sobre su pérdida. Melancolía para sociedades sin poder: esto ya alzó al fascismo, esa sobredosis de un referencial poderoso en una sociedad que no puede acabar su lamento.
Pero estamos aún en el mismo barco: ninguna de nuestras sociedades sabe cómo manejar su lamento por lo real, por el poder, por lo social, que se implica en esta ruptura. Y es a través de una revitalización artificial de todo esto por lo que intentamos escapar a ello. Inevitablemente esto acabará en el socialismo. A través de un giro de los eventos y una ironía que ya no pertenece a la historia, es a través de la muerte de lo social que el socialismo emergerá - tal y como es a través de la muerte de Dios que las religiones emergen -. Un retorcido camino, un evento perverso y reverso ininteligible a la lógica de la razón. Tal y como lo es el hecho de que el poder tan sólo está presente para ocultar que no hay ninguno. Una simulación que puede continuar indefinidamente, puesto que - no como el “verdadero” poder que es o fue una estructura, una estrategia, una relación de fuerza, un interés - ahora no es más que el objeto de una demanda social, y por tanto sujeta a la ley de la oferta y la demanda, en lugar de a la violencia y la muerte. Complétamente destripada de su dimensión política, es dependiente como cualquier otro bien manufacturado, de la producción y el consumo de las masas. Su brillo ha desaparecido - sólo la ficción de un universo político se salva.
Del mismo modo con el trabajo, el brillo de su producción y su violencia no existen ya. Todo el mundo produce aún, y más y más, pero el trabajo sutilmente se ha convertido en otra cosa: una necesidad (como Marx idealmente lo vio, pero no en el mismo sentido), el objeto de la demanda social, como el ocio, al que es equivalente en el cómputo general de las opciones de vida. Una demanda igualmente proporcional exáctamente a la pérdida de base del proceso del trabajo. El mismo cambio en la fortuna como en el poder: el objetivo del escenario en que se representa el trabajo es ocultar el hecho de que el trabajo-real, la producción-real, han desaparecido. Y por ello también lo ha hecho la huelga-real, que ya no es detener el trabajo, sino su polo alternativo en la ascensión ritual del calendario social. Es como si todos hubieran “ocupado” su lugar de trabajo, tras declarar la huelga, y hubieran seguido produciendo,… como es costumbre en trabajos conducidos por uno mismo, en exáctamente los mismos términos que antes, declarándose a sí mismos (y estando virtualmente) en un estado de huelga permanente.
No es esto un sueño de ciencia ficción: en todas partes es una cuestión de duplicar el proceso del trabajo — y de un doble para el proceso de la huelga, que se incorpora como crisis en la producción –. Así que no hay ya más huelgas o trabajo sino ambos a la vez, quiere decir algo totalmente distinto: una brujería del trabajo, un escenodrama (para no decir melodrama) de la producción, una dramaturgia colectiva ante el vacío escenario de lo social.
No es ya más una cuestión de la ideología del trabajo - de la ética tradicional que oculta el proceso “real” de trabajo y el proceso “objetivo” de explotación - sino del escenario de trabajo. Del mismo modo, no es ya una cuestión de la ideología del poder, sino del escenario del poder. Las ideologías clásicamente corresponden a la traición de la realidad a través de los signos; la simulación corresponde al cortocircuito de la realidad y su reduplicación a través de signos. Siempre es el objetivo del análisis ideológico la restauración del proceso objetivo; siempre es un falso problema intentar restaurar la realidad detrás del simulacro.
Por esto es en última instancia por lo que el poder siempre está apoyado por los discursos y los discursos sobre ideología, pues todos estos discursos acerca de la verdad, incluso y especialmente si tienen un carácter revolucionario, para contrarrestar las caídas mortales de la simulación.



Green onions



El solitario, el errante, el apátrida


 


 " Qué viejo había sido ya de joven! ¡Cómo la conciencia de no tener un hogar en ningún sitio había logrado paralizarlo y asfixiarlo interiormente! ¡Qué hermoso era pertenecer a alguien en el odio o en la impaciencia, en el amor o en la melancolía! Un triste entusiasmo se apoderaba de Joseph siempre que desde alguna ventana abierta sentía que el mágico calor de un hogar se reflejaba en él, el solitario, el errante, el apátrida, de pie en medio de la calle fría. "

Robert Walser,El ayudante 


Tú con la palabra que yo dije...






Tú con la palabra que yo dije,
tú con tu silencio,
tú contigo misma
en el mundo su-
                                 bi-
                                        da,

tú mi amor:

perdida, extra-
viada, una
y ora vez
regresada en el dolor: es

                                                   tarde.

Ayúdame,
                      ayúdate,
                                         ayuda.

El camino de horas anduvo lo que dije.
El camino de horas anduvo lo que callé.
Anduvo y anduviste,
por lo infinito anduviste,
hacia delante y hacia atrás,
hacia ninguna parte, hacia la palabra, hacia allí.

Deja.
Un nombre se te abre,
otro:
            quédate.


Paul Celan


De "La rosa de nadie" 1963
Versión de José Luis Reina Palazón

 




Incordios administrativos






“La mención de los incordios administrativos ("the law's delay, the insolence of office") entre los motivos que justifican el suicidio, me parece la cosa más profunda que haya dicho Hamlet.”

E. M. Cioran.




El idiota




Tercera parte

Uno



"A cada momento oímos quejas de que no tenemos hombres prácticos; de que sí tenemos, pongamos por ejemplo, muchos políticos y también muchos generales; de que hoy día se pueden encontrar cuantos directores de empresa se busquen, pero no hombres prácticos. Al menos el mundo se queja de que no los hay. Es más, se dice que no hay personal competente en algunas lineas férreas; al parecer, es de todo punto imposible crear un cuerpo administrativo más o menos aceptable en una compañía naviera. Se oye hablar de choques de trenes o del hundimiento de un puente en una línea férrea recién inaugurada; se lee que otro tren casi de vio obligado a invernar en una ventisquero; debía llegar a su destino en unas cuantas horas y permaneció enterrado en la nieve cinco días. En otro lugar, según cuentan, hay centenares y centenares de toneladas de mercancías que se echan a perder durante dos o tres meses antes de ser despachadas; y en otro sitio(aunque cuesta trabajo creerlo) un administrador, o sea,, un inspector cualquiera, ha “administrado” un puñetazo en la nariz al empleado de un comerciante que insistía en que diese salida a su mercancía; individuo que luego trató de disculpar su acción “administrativa” diciendo que había estado “un poco acalorado”. Hay, por lo visto, tantos cargos en la administración pública que hasta da grima pensar en ellos: todo el mundo es funcionario, ha sido funcionario o se propone ser funcionario. ¿Entonces por qué con tantos materiales no es posible formar una administración como Dios manda para una compañía naviera?


A ello se da a veces un explicación sumamente sencilla; tan sencilla que es difícil creer en ella. Es cierto -se dice- que aquí en Rusia todo el mundo es o ha sido funcionario, cosa que dura ya doscientos años según el modelo alemán más puro y que se trasmite de abuelos a nietos; pero lo que ocurre es que nuestros funcionarios son los más imprácticos del mundo. Las cosas han llegado al extremo de que hasta hace poco tiempo una mente abstracta y una falta de sentido practico han sido consideradas por los funcionarios mismos como las virtudes y recomendaciones más preciadas. Pero de hecho, no es de los funcionarios de quienes queríamos hablar, sino de los hombres prácticos. Y en cuanto a eso no hay duda alguna: la timidez y la carencia absoluta de iniciativa personal se han considerado entre nosotros desde tiempo atrás como el distintivo principal y más certero de un hombre práctico; y los son todavía. ¿Pero por qué acusarnos únicamente a nosotros mismos, suponiendo que en ello se vea motivo de acusación? En todas partes, por todo el universo y desde el principio de los siglos, la falta de originalidad ha sido considerada como la característica principal y la mejor recomendación del hombre de negocios, del hombre sensato y práctico; al menos el 99% de los hombres (como mínimo) han sido siempre de esa opinión, y sólo un 1% ha visto y ve todavía las cosas de otro modo.


Los inventores y los genios han sido siempre considerados como imbéciles al comienzo ( y muy a menudo al final) de sus carreras respectivas; ésta es una perogrullada ya bien conocida de todos. Si, por ejemplo, durante varias décadas todo el mundo ha depositado su dinero en una caja de ahorros municipal y en ella se han invertido millones al 4%, es evidente que cuando esa caja de ahorros deja de existir y todo el mundo tiene que apelar a su propia iniciativa, la mayor parte de esos millones se perderá irremisiblemente en especulaciones bursátiles y entre las manos de estafadores; y, por supuesto, de acuerdo con las exigencias de la moralidad y el decoro. Sí, señor, moralidad. Porque si hasta ahora una desconfianza moral y una decorosa falta de originalidad han sido entre nosotros, según el criterio general, las cualidades inequívocas del hombre sensato y respetable, sería demasiado indecoroso, por no decir que impúdico, cambiar las cosas así tan de repente. ¿Qué madre, por ejemplo, que ame tiernamente a su criatura no se asustaría y caería enferma de temor al ver a su hijo o a su hija salirse, siquiera una sólo una pulgada, del sendero trillado? “¡No, más vale que viva feliz y cómodo, aunque sea sin originalidad!”, será lo que piensa toda madre cuando mece a su rorro. Y también nuestras niñeras, desde tiempo inmemorial, duermen a sus criaturas repitiendo y canturreando “¡Vestido de oro, llegarás a general!” O sea que hasta para nuestras niñeras el grado de general es estimado en Rusia como el colmo de la fortuna y, por lo tanto, ha sido siempre el ideal más extendido de lo que en nuestro país se considera como una deleitosa y apacible felicidad. Y, hablando el planta, ¿quién que hubiera aprobado medianamente sus exámenes y servido en la administración durante treinta cinco no habría podido por fin llegar a general y acumular una suma de consideración en la caja de ahorros?. De este modo, casi sin esfuerzo, un ruso alcanza el nivel de hombre sensato y práctico. A decir verdad, en nuestro país el único hombre que no puede llegar a general es el hombre original o, dicho de otro modo, el hombre insatisfecho. Quizá haya en ello un error, pero en términos generales parece ser así, y nuestra sociedad tiene absoluta razón en definir de ese modo su ideal del hombre práctico.


Sin embargo, hemos divagado en demasía. Lo que pretendíamos era sólo facilitar algunas aclaraciones acerca de la familia Yepachin, ya de nosotros conocida. Estas gentes, o al menos los miembros más reflexivos de esta familia, padecían constantemente de un atributo común a casi todos ellos, diametralmente contrario a las virtudes a que venimos refiriéndonos hasta aquí. Sin comprender claramente por qué (ya que es difícil comprenderlo), sospechaban a veces que las cosas no sucedían en su familia como sucedían en otras. En otras familias reinaba una calma chicha, en la suya todo se volvían tormentas; otras gentes seguían la vía trazada, ellos se descarrilaban a cada instante. Otros son siempre moralmente tímidos; ellos no.(...)"


F.M. Dostoyevski, El idiota. (pdf)




sábado, 28 de noviembre de 2009

El cuerpo humano al límite



El Cerebro







El cuerpo humano al límite +:  

 







viernes, 27 de noviembre de 2009

Evolución: El sexo




"EL SEXO ES UN CAMPO DE BATALLA"


"Hace quinientos millones de años los tiburones inventaron lo que ahora llamariamos sexo"

Samuel H. Gruber



“El alce utiliza su cornamenta para luchar con otro alce para lograr la oportunidad de copular con determinadas hembras, por eso la selección sexual propicio la evolución de dos tipos de características, las características desarrolladas para luchar contra otros miembros de tu propio sexo y aquellas que sirven para “atraer” a los del miembros del sexo opuesto. (…)
Algunas formas de selección sexual pueden provocar la extinción de ciertas especies porque las características que prefieren las hembras son tan elaboradas que impiden el normal desarrollo de la vida cotidiana de los machos.
Tenemos el caso del alce irlandés, el pasado lejano del gamo europeo.
A las hembras les gustaban las grandes cornamentas y así con el paso del tiempo los machos con grandes cornamentas eran elegidos con preferencia a los machos con cornamentas más pequeñas. Con el paso de las generaciones las cornamentas aumentaron de tamaño, finalmente las cornamentas se hicieron tan grandes que llegaron al limite de lo que el animal podía sostener sobre su cabeza y sobrevivir en su entorno. Mucha gente cree que el alce irlandés se extinguió porque su cornamenta era demasiado grande.”





Evolución: 1- La comunicación
Evolución: 2- La vista
Evolución: 3- El vuelo
Evolución: 4- El sexo
Evolución: 5- El sistema digestivo
Evolución: 6- La mandibula
Evolución: 7- La forma
Evolución: 8- Los tamaños
Evolución: 9-  La piel
Evolución: 10- La velocidad
Evolución: 11- El veneno



Our Place In The Cosmos



" Somewhere,
somethig incredible
is waiting to be known"
Carl Sagan




"The Symphony of Science is a musical project by John Boswell designed to deliver scientific knowledge and philosophy in musical form. Here you can watch music videos, download songs, read lyrics and find links relating to the messages conveyed by the music. "



Our Place In The Cosmos

With every century
our eyes on the universe have been opened anew
we are witness
to the very brink of time and space

[robert jastrow]
we must ask ourselves
we who are so proud of our accomplishments
what is our place in the cosmic perspective of life?

[carl sagan]
the exploration of the cosmos
is a voyage of self discovery
as long as there have been humans
we have searched for our place in the cosmos

[richard dawkins]
are there things about the universe
that will be forever beyond our grasp?
are there things about the universe that are
ungraspable?

[sagan]
one of the great revelations of space exploration
is the image of the earth, finite and lonely
bearing the entire human species
through the oceans of space and time

[dawkins]
matter flows from place to place
and momentarily comes together to be you
some people find that thought disturbing
i find the reality thrilling

[sagan]
as the ancient mythmakers knew
we're children equally of the earth and the sky
in our tenure on this planet, we've accumulated
dangerous evolutionary baggage

we've also acquired compassion for others,
love for our children,
and a great soaring passionate intelligence
the clear tools for our continued survival

[michio kaku]
we could be in the middle
of an inter-galactic conversation
and we wouldn't even know

[sagan]
we've begun at last
to wonder about our origins
star stuff contemplating the stars
tracing that long path

our obligation to survive and flourish
is owed not just to ourselves
but also to that cosmos
ancient and vast, from which we spring




La Corporación







"Hay un chiste un poco viejo que dice que dos economistas están mirando un montón de formulas en una pizarra y uno le dice al otro, sabes? creo que este modelo funciona mucho mejor si excluimos a la gente...A los economistas, sobre todo a los economistas de derechas les gusta decir que hay un modelo de comportamiento racional egoísta que define la vida humana y el deseo humano, pero por supuesto, lo que no admiten en ese modelo, son las excepciones, o lo que ellos denominan interés egoísta lógico, excepciones que se producen continuamente. [...]…ésta es la clave para que la economía sea mas humana, y no tanto basada en los beneficios"


Mark Kingwell, Filósofo 




 


Kirmen Uribe



Kukua

Apirilaren hasieran entzun zuen aurrena kukua.
Urduri zebilelako beharbada,
kaosa ordenatzeko joera horrengatik beharbada,
kukuak zein notatan kantatzen zuen jakin nahi izan zuen.

Hurrengo arratsaldean, hantxe egon zen basoan zain,
diapasoia eskuan, kukuak noiz kantatuko.
Diapasoiak ez zioen gezurrik.
Si-sol ziren kukuaren notak.

Aurkikuntzak bazterrak astindu zituen.
Mundu guztiak frogatu nahi zuen benetan
nota horietan kantatzen ote zuen kukuak.
Baina neurketak ez zetozen bat.
Bakoitzak bere egia zuen.
Fa-re zirela zioen batek, Mi-do besteak.
Ez ziren ados jartzen.

Bitartean, kukuak kantari jarraitzen zuen basoan:
ez si-sol, ez fa-re, mi-do ezta ere.
Mila urte lehenago bezala,
kukuak kuku, kuku kantatzen zuen.






Lagun bat (Haur kanta)


Bada gorroto dudan lagun bat
(...)
“ez, ez, ez, hobeto ez”, esaten dit,


Bada gorroto dudan lagun bat.
Lagun horren izena Lotsa da.
"Ez, ez, ez, inola ez" esaten diot gauero
"bihar ez dizut kasurik egingo bada".


Kirmen Uribe




jueves, 26 de noviembre de 2009

Badoa eta badoa, giza aberea










Makurka ta poliki
arrastaka bidean
bizkarrezurra oker
zerbitzuko lanean
zerbitzuko lanean
bururik altxa gabe
munduan zehar doa
giza aberea.

Xabier Lete



Es maravilloso el no









"Es maravilloso el no porque es un centro vacío, pero siempre fructífero. A un espíritu que dice no con truenos y relámpagos, el mismo diablo no puede forzarle a que diga sí. Porque todos los hombres que dicen sí, mienten; en cuanto a los hombres que dicen no, bueno, se encuentran en la feliz condición de juiciosos viajeros por Europa. Cruzan las fronteras de la eternidad sin nada más que una maleta, es decir, el Ego. Mientras que, en cambio, toda esa gentuza que dice sí viaja con montones de equipaje y, malditos ellos, nunca pasarán por las puertas de la aduana."


Herman Melville, (En una carta a su amigo Hawthorne).





Directamente proporcional





“Maybe all one can do is hope to end up with the right regrets.” 
Arthur Miller








Bartleby, el escribiente







"Mis primitivas tareas de escribano de transferencias y buscador de títulos, y redactor de documentos recónditos de toda clase aumentaron considerablemente con el nombramiento de agregado a la Suprema Corte. Ahora había mucho trabajo, para el que no bastaban mis escribientes: requerí un nuevo empleado. En contestación a mi aviso, un joven inmóvil apareció una mañana en mi oficina; la puerta estaba abierta, pues era verano. Reveo esa figura: ¡pálidamente pulcra, lamentablemente decente, incurablemente desolada! Era Bartleby."

"En esta actitud estaba cuando le dije lo que debía hacer, esto es, examinar un breve escrito conmigo. Imaginen mi sorpresa, mi consternación, cuando sin moverse de su ángulo, Bartleby, con una voz singularmente suave y firme, replicó:
-Preferiría no hacerlo.

Me quedé un rato en silencio perfecto, ordenando mis atónitas facultades. Primero, se me ocurrió que mis oídos me engañaban o que Bartleby no había entendido mis palabras. Repetí la orden con la mayor claridad posible; pero con claridad se repitió la respuesta:

-Preferiría no hacerlo.
-Preferiría no hacerlo -repetí como un eco, poniéndome de pie, excitadísimo y cruzando el cuarto a grandes pasos-. ¿Qué quiere decir con eso? Está loco. Necesito que me ayude a confrontar esta página: tómela -y se la alcancé.
-Preferiría no hacerlo -dijo.

Lo miré con atención. Su rostro estaba tranquilo; sus ojos grises, vagamente serenos. Ni un rasgo denotaba agitación. Si hubiera habido en su actitud la menor incomodidad, enojo, impaciencia o impertinencia, en otras palabras si hubiera habido en él cualquier manifestación normalmente humana, yo lo hubiera despedido en forma violenta. Pero, dadas las circunstancias, hubiera sido como poner en la calle a mi pálido busto en yeso de Cicerón.

Me quedé mirándolo un rato largo mientras él seguía escribiendo y luego volví a mi escritorio. Esto es rarísimo, pensé. ¿Qué hacer? Mis asuntos eran urgentes. Resolví olvidar aquello, reservándolo para algún momento libre en el futuro. Llamé del otro cuarto a Nippers y pronto examinamos el escrito.

Pocos días después, Bartleby concluyó cuatro documentos extensos, copias cuadruplicadas de testimonios, dados ante mí durante una semana en la cancillería de la Corte. Era necesario examinarlos. El pleito era importante y una gran precisión era indispensable. Teniendo todo listo llamé a Turkey, Nippers y Ginger Nut, que estaban en el otro cuarto, pensando poner en manos de mis cuatro amanuenses las cuatro copias mientras yo leyera el original. Turkey, Nippers y Ginger Nut estaban sentados en fila, cada uno con su documento en la mano, cuando le dije a Bartleby que se uniera al interesante grupo.
-¡Bartleby!, pronto, estoy esperando.

Oí el arrastre de su silla sobre el piso desnudo, y el hombre no tardó en aparecer a la entrada de su ermita.

-¿En qué puedo ser útil? -dijo apaciblemente.
-Las copias, las copias -dije con apuro-. Vamos a examinarlas. Tome -y le alargué la cuarta copia.
-Preferiría no hacerlo -dijo, y dócilmente desapareció detrás de su biombo.

Por algunos momentos me convertí en una estatua de sal, a la cabeza de mi columna de amanuenses sentados. Vuelto en mí, avancé hacia el biombo a indagar el motivo de esa extraordinaria conducta.-¿Por qué rehúsa?
-Preferiría no hacerlo.

Con cualquier otro hombre, me hubiera precipitado en un arranque de ira, desdeñando explicaciones, y lo hubiera arrojado ignominiosamente de mi vista. Pero había algo en Bartleby que no sólo me desarmaba singularmente, sino que de manera maravillosa me conmovía y desconcertaba. Me puse a razonar con él.
 -Son sus propias copias las que estamos por confrontar. Esto le ahorrará trabajo, pues un examen bastará para sus cuatro copias. Es la costumbre. Todos los copistas están obligados a examinar su copia. ¿No es así?
¿No quiere hablar? ¡Conteste!
-Prefiero no hacerlo -replicó melodiosamente. Me pareció que mientras me dirigía a él, consideraba con cuidado cada aserto mío; que comprendía por entero el significado; que no podía contradecir la irresistible conclusión; pero que al mismo tiempo alguna suprema consideración lo inducía a contestar de ese modo.
-¿Está resuelto, entonces, a no acceder a mi solicitud, solicitud hecha de acuerdo con la costumbre y el sentido común?

Brevemente me dio a entender que en ese punto mi juicio era exacto. Sí: su decisión era irrevocable.

 No es raro que el hombre a quien contradicen de una manera insólita e irrazonable, bruscamente descrea de su convicción más elemental. Empieza a vislumbrar vagamente que, por extraordinario que parezca, toda la justicia y toda la razón están del otro lado; si hay testigos imparciales, se vuelve a ellos para que de algún modo lo refuercen.
-Turkey -dije-, ¿qué piensa de esto? ¿Tengo razón?
-Con todo respeto, señor -dijo Turkey en su tono más suave-, creo que la tiene.
-Nippers. ¿Qué piensa de esto?
-Yo lo echaría a puntapiés de la oficina.

El sagaz lector habrá percibido que siendo mañana, la contestación de Turkey estaba concebida en términos tranquilos y corteses y la de Nippers era malhumorada. O para repetir una frase anterior, diremos que el malhumor de Nippers estaba de guardia y el de Turkey estaba franco.
-Ginger Nut -dije, ávido de obtener en mi favor el sufragio más mínimo-, ¿qué piensas de esto?-Creo, señor, que está un poco chiflado -replicó Ginger Nut con una mueca burlona.
-Está oyendo lo que opinan -le dije, volviéndome al biombo-. Salga y cumpla con su deber.

No condescendió a contestar. Tuve un momento de molesta perplejidad. Pero las tareas urgían. Y otra vez decidí postergar el estudio de este problema a futuros ocios. Con un poco de incomodidad llegamos a examinar los papeles sin Bartleby, aunque a cada página, Turkey, deferentemente, daba su opinión de que este procedimiento no era correcto; mientras Nippers, retorciéndose en su silla con una nerviosidad dispéptica, trituraba entre sus dientes apretados, intermitentes maldiciones silbadas contra el idiota testarudo de detrás del biombo. En cuanto a él (Nippers), ésta era la primera y última vez que haría sin remuneración el trabajo de otro.

Mientras tanto, Bartleby seguía en su ermita, ajeno a todo lo que no fuera su propia tarea.

Pasaron algunos días, en los que el amanuense tuvo que hacer otro largo trabajo. Su conducta extraordinaria me hizo vigilarlo estrechamente. Observé que jamás iba a almorzar; en realidad, que jamás iba a ninguna parte. Jamás, que yo supiera, había estado ausente de la oficina. Era un centinela perpetuo en su rincón. Noté que a las once de la mañana, Ginger Nut solía avanzar hasta la apertura del biombo, como atraído por una señal silenciosa, invisible para mí. Luego salía de la oficina, haciendo sonar unas monedas, y reaparecía con un puñado de bizcochos de jengibre, que entregaba en la ermita, recibiendo dos de ellos como jornal.

Vive de bizcochos de jengibre, pensé; no toma nunca lo que se llama un almuerzo; debe ser vegetariano; pero no, pues no toma ni legumbres, no come más que bizcochos de jengibre. Medité sobre los probables efectos de un exclusivo régimen de bizcochos de jengibre. Se llaman así, porque el jengibre es uno de sus principales componentes, y su principal sabor. Ahora bien, ¿qué es el jengibre? Una cosa cálida y picante. ¿Era Bartleby cálido y picante? Nada de eso; el jengibre, entonces, no ejercía efecto alguno sobre Bartleby. Probablemente, él prefería que no lo ejerciera.

Nada exaspera más a una persona seria que una resistencia pasiva. Si el individuo resistido no es inhumano, y el individuo resistente es inofensivo en su pasividad, el primero, en sus mejores momentos, caritativamente procurará que su imaginación interprete lo que su entendimiento no puede resolver(....)"


Herman Melville, Bartleby, el escribiente. (Cuento completo Pdf)


E. M. Cioran





“Llevar un nombre es reivindicar un modo exacto de hundimiento”

"Lo suficientemente ingenuo como para ponerme a buscar la Verdad, en el pasado me interesé —inútilmente— por bastantes disciplinas. Comenzaba a afianzarme en el escepticismo cuando tuve la idea de consultar, como último recurso, la Poesía: ¿quién sabe?, me dije, quizá me sea útil, quizás esconda bajo su arbitrariedad alguna revelación definitiva. Recurso ilusorio: ella me hizo perder hasta mis incertidumbres..."

"La búsqueda del signo en detrimento de la cosa significada; el lenguaje considerado como un fin en sí mismo, como rival de la «realidad»; la manía verbal, incluso en los filósofos; la necesidad de renovarse a nivel de las apariencias.;... características de una civilización en la que la sintaxis prevalece sobre lo absoluto y el gramático sobre el sabio."

"Apenas adolescente, la perspectiva de la muerte me horrorizaba; para huir de ella corría al burdel o invocaba a los ángeles. Pero con la edad nos acostumbramos a nuestros propios terrores, no hacemos nada por quitárnoslos de encima, nos aburguesamos en el Abismo. –Y, si hubo un tiempo en que envidiaba a esos monjes de Egipto que cavaban sus tumbas para llorar sobre ellas, si cavara ahora yo la mía, sería para no arrojar más que colillas."

"Con frecuencia me he retirado a ese desván que es el Cielo, con frecuencia he cedido a la necesidad de asfixiarme en Dios."

"La fuente de nuestros actos reside en una propensión inconsciente a considerarnos el centro, la razón y el resultado del tiempo. Nuestros reflejos y nuestro orgullo transforman en planeta la parcela de carne y de conciencia que somos. Si tuviéramos el justo sentido de nuestra posición en el mundo, si comparar fuera inseparable de vivir, la revelación de nuestra ínfima presencia nos aplastaría."

"Cambiamos de remedios, al no encontrar ninguno eficaz ni válido, porque no tenemos fe ni en el apaciguamiento que buscamos ni en los placeres que perseguimos."

"París: insectos comprimidos en una caja. Ser un insecto célebre. Toda gloria es ridícula; quien a ella aspira ha de tener en verdad el gusto de la decadencia."

"¡Qué horror tengo a la carne! Una suma infinita de caídas, el modo como se realiza nuestra decadencia cotidiana. Si hubiera un dios, nos habría dispensado de la carga que entraña almacenar podredumbre, arrastrar un cuerpo."

"He leído demasiado… La lectura ha devorado mi pensamiento. Cuando leo, tengo la impresión de hacer algo, de justificarme ante la sociedad, de tener un empleo, de escapar a la vergüenza de ser un ocioso… un hombre inútil e inutilizable."

"Los pesimistas no tienen razón: vista desde lejos, la vida nada tiene de trágica, sólo lo es de cerca, observada en detalle. La vista de conjunto la vuelve inútil y cómica. Y eso es aplicable a nuestra experiencia íntima."

"Desde hace años, mi único propósito se reduce a esto: no agitarme más. Vivir sin agitación y casi sin acto. Para Heráclito el mundo estaba “eternamente vivo”. Mi designio: existir al margen de ese “fuego eternamente vivo”. Fuera de esa ebullición cósmica. El imperativo de enfriarse."

"Solo la ansiedad, utopía negra, nos suministra precisiones sobre el futuro".

"Cuando se sabe lo que las palabras valen, lo asombroso es intentar enunciar algo y conseguirlo. Hace falta, eso sí, una desfachatez sobrenatural."

"Hemos saboreado todos el mal de Occidente. Sabemos demasiado del arte, del amor, de la religión, de la guerra, para creer aún en algo; hemos perdido además tantos siglos en ello... La época de la perfección en la plenitud está terminada. ¿La materia de los poemas? Extenuada. ¿Amar? Hasta la chusma repudia el «sentimiento». ¿La piedad? Visitad las catedrales: ya no se arrodillan en ellas más que los ineptos. ¿Quién desea aún combatir? El héroe está superado; únicamente la carnicería impersonal sigue de moda. Somos fantoches clarividentes, ya sólo capaces de hacer muecas ante lo irremediable."

"Si Noé hubiera poseído el don de adivinar el futuro, habría sin duda naufragado."

"Sin poseer la facultad de exagerar nuestros males, nos sería imposible soportarlos. Atribuyéndoles proporciones inusitadas, nos consideramos condenados escogidos, elegidos al revés, halagados y estimulados por la fatalidad.
Afortunadamente, en cada uno de nosotros existe un fanfarrón de lo Incurable."

“Me gustaría ser libre, inimaginablemente libre. Libre como un ser abortado.”

“Existe en la estupidez una gravedad que, mejor orientada, podría multiplicar la suma de obras maestras.”

“La mención de los incordios administrativos ("the law's delay, the insolence of office") entre los motivos que justifican el suicidio, me parece la cosa más profunda que haya dicho Hamlet.”

“Modelos de estilo: el juramento, el telegrama y el epitafio.”

“Después de Benjamin Constant, nadie ha vuelto a encontrar el tono de la decepción.”

“Si Nietzsche, Proust, Baudelaire o Rimbaud sobreviven a las fluctuaciones de la moda, se lo deben a la gratuidad de su crueldad, a su cirugía demoníaca, a la generosidad de su hiel. Lo que permite durar a una obra, lo que le impide envejecer, es su ferocidad. ¿Afirmación gratuita? Considérese el prestigio del Evangelio, libro agresivo, libro venenoso entre todos.”

"Misterio, palabra de la que nos servimos para engañar a los demás, para hacerles creer que somos más profundos que ellos."

“Que una realidad se oculte detrás de las apariencias es, a fin de cuentas, posible; que el lenguaje pueda reproducirla, sería ridículo esperarlo. ¿Por qué, pues, adoptar una opinión en lugar de otra, recular ante lo banal o lo inconcebible, ante el deber de decir y escribir cualquier cosa? Un mínimo de cordura nos obligaría a sostener todas las tesis al mismo tiempo, en un eclecticismo de la sonrisa y de la destrucción.”

"Esa especie de malestar cuando intentamos imaginar la vida cotidiana de los grandes hombres... Sobre las dos de la tarde, ¿qué hacía Sócrates?"

"Si creemos tan ingenuamente en las ideas es porque olvidamos que han sido concebidas por mamíferos."

"Para vengarnos de quienes son más felices que nosotros, les inoculamos -a falta de otra cosa- nuestras angustias. Porque nuestros dolores, desgraciadamente, no son contagiosos."

"Una moda filosófica se impone como una moda gastronómica: se refuta igual una idea que una salsa."

"Desde que recuerdo, no he hecho más que destruir en mí el orgullo de ser hombre. Y deambulo por la periferia de la Especie como un monstruo temeroso, sin la envergadura suficiente para aullar en nombre de otra banda de monos."


Emil Mihai Cioran



miércoles, 25 de noviembre de 2009

But I can walk




 I Can´t Dance.


No, I can't dance, I can't talk.
The only thing about me is the way I walk.
No, I can't dance, I can't sing
I'm just standing here selling everything.

But I can walk.
No I can't dance.
No no no I can't dance.
No I said I can't sing.
But I can walk.



 

martes, 24 de noviembre de 2009

Un mago





“Un mago nunca llega tarde, ni pronto. Llega exactamente cuando se lo propone”

Gandalf.











Un estudiado toque de abandono





En mis tiempos de repórter Tribulete, cuando los de la vieja y extinta tribu todavía andábamos por los aeropuertos, los hoteles y la vida con una máquina de escribir portátil a cuestas, mi vieja Olivetti Lettera 32 con pegatina del diario Pueblo –todavía debe de estar en algún rincón del trastero– tenía por dentro de la funda un rótulo escrito a mano con la frase: «Cada día puede conmemorarse el centenario de alguna atrocidad». La reflexión sigue siendo válida, creo, para las atrocidades y para muchas cosas más. Hace pocos días, comentando el asunto con un viejo compañero de excursiones, parafraseó éste: «Y de alguna gilipollez». Me pareció oportuna la variante, y para confirmarlo decidí hacer un experimento. Seguro, dije, que si encendemos ahora la tele y zapeamos cinco minutos, o abrimos un periódico o una revista, damos en seguida con alguna gilipollez gorda, hermosa. Bien alimentada. Y tampoco es que la cosa rastreadora tenga mucho mérito. Por alguna singular razón que compete a los sociólogos, nunca fue tan desmesurada la cantidad de gilipolleces circulantes, acogidas con ávido entusiasmo por el personal, siempre dispuesto a apropiárselas. En ciertos ambientes y lugares, echas una gilipollez cualquiera al aire, entre la gente, y no toca el suelo.

Pero no quiero desviarme del asunto, que la página es corta y la vida, breve. Vayamos al grano. Y el grano es que abrí, en efecto, una revista al azar. O casi. Puesto a ser sincero, no la abrí exactamente al azar; pues procuré elegir una publicación –buenísima, por cierto– de arquitectura y diseño. Así que en cierto modo jugaba, vieja puta del oficio papelero como soy, con cartas marcadas. Pero lo cierto, y eso puedo jurarlo por el cetro de Ottokar –ya saben: Eih bennek, eih blavek–, es que las páginas las pasé al azar, mirando por aquí y por allá. Por supuesto, no quedé defraudado. Allí estaba la gilipollez de ese día, rutilante como ella sola. Redonda, compacta y sin poros. Triunfante a toda página y con titular gordo. Procurando, como todas las buenas gilipolleces sin complejos, no pasar inadvertida.

Lamento, como ocurre a menudo, no poder ilustrar esta página con las fotos correspondientes; pero haré lo que pueda, que para eso cobro por darle a la tecla. El caso es que el asunto –«Actualidad decó, las últimas novedades para estar al día»– iba de muebles supermegapuestos y modernos, oyes. Con diseño divino de la muerte súbita. Todo eran sillones, sillas y sofás –sofases, que se dice ahora–. Y el consejo maestro, que reclamaba mármol a gritos, ayudaba a situar la novedad en el contexto adecuado: «En tiempos de crisis no sólo hay que ser pobre, sino parecerlo». Ahora, dejando aparte las ganas naturales que a muchos de ustedes, como a mí, les habrán entrado de masacrar y colgar de una farola al ingenioso autor de la frase, échenme una mano, porfa, y procuren representarse mentalmente diversos modelos y estilos de muebles clásicos y modernos, tapizados todos ellos con telas cutres y remendadas: sacos, arpilleras, retales guarros, zurcidos bastos y costuras deshechas, con los hilos rotos. Todo lleno de desgarrones, con el detalle encantador, refinado que te vas absolutamente de vareta, colega, de que no es que el tiempo haya dejado ahí sus huellas, sino que asientos y respaldos están rotos a propósito, mostrando los muelles o el relleno interior. Como esas sillas –sitúo geográficamente la cosa– donde algunos se sientan a vender droga a la puerta de una chabola de las Barranquillas, pero en tiendas caras y aflojando una pasta horrorosa. Para que se hagan idea: una silla francesa con el asiento despanzurrado y los muelles fuera cuesta 800 mortadelos; y un sofá de madera tallada, tapizado en tela de saco guarro y con un roto en el respaldo, 6.800 del ala. Tampoco se pierdan, ojo, el texto fascinante con el que se introduce el prodigio: «Maderas decapadas y formas al desnudo para dar a tu casa un estudiado toque de abandono. ¡Entra a saco!».

Así que ya lo saben. Si quieren estar a la última en decó y asombrar a la vecina cuando pase a cotillear, entren a saco. O tomen por él. Tampoco hace falta que sean memos y se gasten la viruta; guárdenla para pagar impuestos al sheriff de Nottingham. Si lo que quieren es dar a su casa un estudiado toque de abandono, pueden apañarse solos. Por ejemplo: tapizando el tresillo, no con sacos de Nitrato de Chile, que a estas alturas de la feria serían excesivamente clásicos, sino con cartones recogidos de noche en las calles y con bolsas de plástico del Corte Inglés. Luego, una vez zurcidos con hilo bramante y cinta adhesiva –más toque de abandono, imposible–, pueden darse unos cuantos navajazos para conseguir el apresto adecuado. El toque final de refinado abandono se añade al saltar un rato encima, pateándolos bien. De paso, imaginen que le patean los huevos al diseñador. Eso ayuda mucho.


Arturo Pérez-Reverte, xlsemanal.