lunes, 31 de mayo de 2010

Desmontando mitos sobre el mundo



Entrevista de Eduard Punset con Hans Rosling, médico y estadístico del Instituto Karolinska, Suecia. Barcelona, febrero de 2010.


"En una democracia, las decisiones quedan en manos del pueblo, de modo que la estadística no puede reducirse al método de contabilidad del estado."
Hans Rosling




Eduard Punset: Hans, es un privilegio tenerte con nosotros, porque creo que ahora nuestros telespectadores tendrán respuestas claras a preguntas más bien vagas.
Me encuentro a gente cada día en la calle que me dice: «Dios mío, las cosas cada día se ponen peor». En cambio, otros científicos a los que aprecio mucho, como Pinker y otros, sostienen que no, que estamos mejor, que las personas son más generosas y hay menos violencia. Mi pregunta es la siguiente: ¿estamos mejor, vamos a mejor, o estamos empeorando?

Hans Rosling: Yo trabajo en la salud pública, por eso creo que las cosas van mejor cuando las personas pueden vivir su vida y morir de ancianos en lugar de morir de niños o de jóvenes. Y también tengo en cuenta si las personas pueden elegir cuántos hijos quieren tener sin necesidad de tener muchísima descendencia. Por eso he realizado este gráfico de aquí en el que muestro... (...)
De acuerdo. Empecemos en 1950, que es aproximadamente cuando yo nací. Cada país es una burbuja. Las burbujas de aquí abajo, la India y China, son grandes porque el tamaño refleja la población de cada país. Aquí está España. El color de las burbujas representa el continente. El marrón es Europa, este color amarillento significa América (aquí tenemos Estados Unidos y Canadá), el azul oscuro es África (aquí está el sur del Sáhara). En verde, Oriente Medio; en rojo, Asia Oriental y el Sureste Asiático. El sur de Asia está en azul claro. Como puedes ver, en 1950 había dos tipos de países: abajo un grupo de países con familias numerosas (5, 6 ó 7 hijos), puesto que este eje refleja el tamaño de las unidades familiares. Luego había otro grupo de países...

Eduard Punset: Disculpa un momento, Hans, así que dices que en China, en Oriente, las familias tenían muchos hijos.

Hans Rosling: ¡Desde luego! Casi todos los que denominamos países en vías de desarrollo tenían 5, 6, 7
hijos por familia. En cambio, en lo que llamamos países industrializados, principalmente Europa, Japón y Norteamérica, se tenían dos o tres hijos.

Eduard Punset: Solamente.

Hans Rosling: Y en este eje (que es mi favorito) está la esperanza de vida: si vives 30, 50, ó 70 años. Una vida larga, una vida corta. Y puedes ver que, en los países industrializados, la gente vivía de 60 a 70 años, mientras que en los países en vías de desarrollo solamente vivían de 40 a 50 años. El mundo en el que nací tenía dos tipos de países y, a no ser que vivieras en los pocos países entre medio como éstos (países como Chile y Cuba), el mundo se dividía en países en vías de desarrollo con familias numerosas y una vida corta abajo, o países con familias pequeñas y una vida larga aquí arriba. Y, si el mundo ha mejorado, los países deberían haber subido un poco. (...)
Sí, os lo puedo mostrar, porque con este software hay una manera de hacerlo, vamos allá. Preparados... listos... ¡ya! Ahora van pasando los años: 51, 52... ¿ves cómo mejora la salud en estos países? Lentamente van subiendo...

Eduard Punset: Viven más...

Hans Rosling: Sí, aumenta la esperanza de vida... estamos ahora en 1960... ¡sigue habiendo familias grandes! La población mundial aumenta porque la gente vive más, pero sigue habiendo familias numerosas. Ahora aparece una nueva tecnología: la píldora anticonceptiva. Y la planificación familiar empieza primero en China, ¿ves como China va moviéndose hacia una familia más pequeña? Luego en países latinoamericanos como México... y Brasil, que también pasa a tener familias más pequeñas... aquí está la India... en cambio, los países verdes de aquí, en Oriente Medio, tienen familias numerosas pero ahora viven más. Y ahora en los 80 también empiezan con la planificación familiar... ¡algo está cambiando en los dormitorios del mundo!

Eduard Punset: ¿Pero qué pasa con África? En África las familias siguen siendo muy grandes...

Hans Rosling: Sí, en África sí... y mira, algunos países africanos están cayendo en el gráfico. Llegamos a los 90. Aquí puedes ver otra tendencia: ¡un descenso! Se trata de la epidemia del SIDA, la terrible epidemia del SIDA. Sin embargo, la mayoría del mundo sube hasta este cuadrante de arriba... y en el nuevo milenio, casi la mayoría de la población mundial tiene de 3 a 2 hijos por mujer y tiene una vida larga. Y lo detendré aquí, en el año actual.

Eduard Punset: Hans, mirando tus gráficos y estos movimientos, tenemos que admitir que las cosas están
mejor de lo que estaban en 1950.

Hans Rosling: Sí. ¿Qué es mejor, morir a los 40 o morir a los 70?

Eduard Punset: Es mejor morir a los 70, claro.

Hans Rosling: Sí, y decidir el número de hijos que quieres tener. ¿Puedo volver atrás ahora y marcar la
India? Marco la India en 1950 y España en 1950. ¡España en 1950 era un país problemático! 2,5 niños por mujer, y la gente vivía solamente 62 años. Así estaba España. Mira a la India de hoy, que está, más o menos, donde España estaba en 1950. La India actual tiene la misma salud media y la misma composición familiar que tenía España. Por supuesto, las diferencias dentro de la India son mucho más grandes que las que había en España en 1950. Hay cientos de millones de personas en la India que son muy, muy pobres, mientras que una parte de la población india está incluso mejor que los que tenían el mejor nivel de vida en la España de 1950. Las desigualdades son enormes... Por eso la media es la misma que España. Y España ha hecho algo muy interesante: en España mejoró primero la salud y luego empezó la planificación familiar: hubo un momento en el que España prácticamente tenía las familias más pequeñas del mundo, ¿sabes? Mucho más pequeñas. Así que el carácter, la salud y la situación familiar de los países no dejan de cambiar.

Eduard Punset: Si lo he entendido bien, este movimiento extraño de España significa que la esperanza de vida aumentó muchísimo...

Hans Rosling: ¡Desde luego que aumentó! Y podemos ver cuándo empezó a hacerlo. Fue en los años 1975- 1974. Entonces las mujeres todavía tenían unos 3 hijos cada una. ¡Luego la planificación familiar fue muy rápida! ¡En 1998 hablamos de 79 años de vida y de poco más de 1 hijo por mujer! ¡Toda Europa se quedó pasmada ante el caso de España! Pero ahora los tamaños de las familias en España han vuelto a aumentar lentamente.

Eduard Punset: ¿Pero qué es mejor, la salud o la riqueza?

Hans Rosling: Ahora voy con los dos grandes, ¿de acuerdo? Los dos grandes: Estados Unidos en 1950 y China en 1950. Y ahora pongo en marcha el programa y podemos ver cómo China llega al año 2000 y 2010... Del 2011 en adelante tenemos proyecciones, con los datos de los últimos años y una proyección de la tendencia. Si elimino el resto de países, podemos ver cómo China casi ha alcanzado a EE. UU., la China actual es como los Estados Unidos de 1983. ¡Pero esto sucede con los dos indicadores familiares! Éste es el indicador del dormitorio, si la pareja joven puede dialogar y planear el tamaño de su familia. Este otro es el indicador del baño y la cocina: si hay agua, jabón y comida en la mesa para poder vivir bien. Si ahora lo cambio y te muestro la cantidad de dólares disponibles por persona (suelo llamarlo el indicador del monedero)...
Voy a cambiar de indicador y a incorporarlo. Para ello hago clic en este software y paso a analizar el PIB per cápita. Se hace en dólares comparables. Y ahora puedes ver que la China actual ni siquiera ha alcanzado el lugar donde estaba EE. UU. en 1950.

Eduard Punset: ...en 1950. Si analizamos el...

Hans Rosling: Dinero.

Eduard Punset: La renta per cápita.

Hans Rosling: Sí, hay menos dinero. Y si retrocedo en la historia, veo que Estados Unidos estaba ahí en
1900, ¿ves? ¡Pero China mejoró la salud primero! Y luego empezó a enriquecerse. Y hay muchísimos países hoy en día que se las ingenian para mejorar primero la salud y luego la riqueza, mientras que, en Europa Occidental y Norteamérica, el motor del desarrollo fue la industrialización y la economía de mercado. Y, después de eso, la tecnología y el estado del bienestar. Por lo tanto, la secuencia en la que progresa un país ha cambiado, porque ahora hay vacunas y antibióticos... y existen todos los libros de texto, existe un acervo de conocimientos. Así pues, un país puede desarrollar su capacidad humana y luego experimentar un crecimiento económico muy rápido. Por eso China está creciendo más rápido de lo que jamás lo hizo ningún país de la Europa Occidental o Norteamérica, porque primero ha logrado contar con una población saludable y bien formada. Luego han podido impulsar la competitividad económica y el crecimiento. Mientras que nosotros, en Europa, tuvimos que inventar las cosas y descubrir el remedio contra la tuberculosis, necesitamos a Pasteur y sus vacunas... tuvimos que proceder así con el crecimiento económico, pero ahora estas herramientas están disponibles... por eso, no resulta sorprendente que estos países nos estén alcanzando.

Eduard Punset: Es fácil utilizar tus cifras para distribuir el mundo, dividirlo entre los pueblos que están
creciendo rápidamente y los que no... ¿pero cómo se dividirían según la cultura o los derechos humanos?

Hans Rosling: Verás, Japón tiene unos derechos humanos relativamente buenos, la religión mayoritaria es el budismo... pero, en cambio, mira Camboya: ahora está un poco mejor, pero ahí se perpetró la matanza más terrible del Oriente moderno. ¡Pol Pot y sus jemeres rojos salían del budismo! Luego hay crímenes terribles que se han cometido en países islámicos otrora pacíficos. Con una buena fe y pacíficos. Al cristianismo también pueden imputársele muchos crímenes... como la Inquisición y lo que sucedió en Alemania durante el Holocausto... claro que también hemos visto el caso opuesto, los misioneros... creo que todas las religiones y principales culturas tienen una cara terrible y una cara buenísima. Realmente me parece que dividir el mundo en grandes religiones no explica nada...

Eduard Punset: No conduce a ningún lado.

Hans Rosling: ¡No! No nos lleva a ningún lugar, porque puede haber familias de 2 hijos en países de credo musulmán, y puede haber un poco de todo en países católicos o en países budistas. Puede haber buenos derechos para las mujeres en todas las religiones y malos derechos para las mujeres en todas las religiones. Cada uno de estos objetivos es una meta en sí misma: hay que luchar en pro de la democracia, de la libertad de prensa y de los derechos de las mujeres... requiere tiempo y no se consigue de un modo automático. Nada de esto nos viene dado de un modo automático.

Eduard Punset: Hans, así pues, realmente, lo que sugieres es probablemente algo que las personas de a pie ya han empezado a notar... que, en la vida cotidiana, la política, por ejemplo, o la religión son menos importantes de lo que parece.

Hans Rosling: Es que se puede... cómo decirlo... tomar todas las cosas buenas de una cultura y dejar las
malas... ¿No es esto lo que nos gustaría?
En Suecia, por ejemplo, podemos estar orgullosos. Tenemos un gobierno conservador (de derechas). ¿Pero sabes lo que hacen los ministros suecos? Cuando llega el día del Orgullo Gay, ¡el Partido Conservador se pone en la primera fila del desfile! ¡Esto nos sorprendió muchísimo! Y ha cambiado completamente, hace diez años habría sido impensable. Otro ejemplo: en China solía haber mucha opresión a las mujeres...
Sin embargo, tras el período comunista, ahora las mujeres tienen más igualdad en China, en muchos aspectos, que en la India. Eso sí que ha cambiado en China.

Eduard Punset: ¿Te puedes imaginar, por ejemplo, que los países del mundo árabe renuncien a la poligamia?

Hans Rosling: Sí.

Eduard Punset: Pero es parte de su cultura...

Hans Rosling: Muchos ya lo han hecho. Las cosas cambian... lo más importante es entender que, en un país como Egipto, las mujeres tenían una media de 6 hijos hace tan sólo una generación (35 años) mientras que hoy en día tienen de 2 a 3 hijos por mujer. En Egipto la mortalidad infantil era del 20% cuando yo iba a la universidad, ¡hoy en día es del 4%!
Las mujeres solían casarse muy jóvenes; ahora la edad del matrimonio ha aumentado... ¡los cambios son enormes! Déjame que te cuente otro caso en mi país, Suecia. En 1919, el Parlamento decidió prohibir los preservativos. No se permitía importar o vender preservativos en Suecia. Podías ir a la cárcel...

Eduard Punset: ¡¿En 1910?!

Hans Rosling: En 1910. Mi abuela tenía un marido alcohólico, lo cual es un gran problema en Suecia. No quería tener más hijos. Escuchó que alguien iba a dar una charla informativa sobre preservativos, así que acudió a escucharla, y en menos de cinco segundos ya la habían arrestado. Esto sucedió a finales de la década de 1910. En 1936 se volvieron a permitir los preservativos en Suecia. En 1958 se permitió venderlos en público: recuerdo perfectamente ese día... El año pasado, las dos últimas obispas que se incorporaron a la Iglesia sueca eran lesbianas, casadas con personas de su mismo sexo. ¡Tal es el cambio acaecido en Suecia! ¡En un solo siglo! Y no te hablo de la historia remota, te hablo de algo que me contó mi abuela... no obstante, seguimos teniendo valores suecos muy fuertes. Por tanto, puedes abandonar una
parte de la cultura y conservar otra.

Eduard Punset: Vayamos ahora a la distribución urbana y rural de los pueblos, de las civilizaciones. ¿Cuál será el desarrollo futuro, si nos lo puedes recordar, y cuáles serán las repercusiones de ello?

Hans Rosling: Hoy en día, la mitad de la población mundial (que ahora es de un poco más de 6.000 millones de personas) vive en las zonas rurales: 3.000 millones viven en el campo y 3.000 millones en la ciudad. Pero en la próxima parte de mi vida habrá 5.000 millones en las ciudades y 3.000 en las zonas rurales. Todo el aumento de población se producirá en las ciudades. Lo bueno de la urbanización, desde mi punto de vista, es que hace descender la mortalidad infantil.
Además, la planificación familiar está más aceptada, las parejas jóvenes pueden decidir por sí mismos en las ciudades, pueden elegir tener un par de niños solamente e invertir en ellos. En cambio, en las zonas rurales, las suegras siguen teniendo mucho poder sobre sus hijos, sus nueras y demás. Por otro lado, aparece la delincuencia. Y las drogodependencias... y el alcoholismo. Todos estos países, conforme suben en el gráfico, ¡cambian una problemática por otra! ¿Sabes que hoy en día la causa de muerte más habitual entre las mujeres jóvenes de la India y de China es el suicidio?
Sí, el suicidio. Entre las mujeres de 15 a 25 años de las zonas rurales de China e India, la causa más común de mortalidad es el suicidio, porque sus familias las tienen oprimidas, no les permiten casarse con quien quieren, ni les dejan seguir en la escuela... tampoco les permiten aceptar según qué trabajos. Porque las familias tienen ideas conservadoras sobre con quién deben casarse y qué tienen que hacer.
Siempre digo que el progreso para un país es un proceso feo. No es posible pasar de los pueblos rurales tradicionales a una vida agradable y bonita en las ciudades. Algunos países tienen que atravesar terribles guerras civiles, como ese período nefasto en España. Otros países, como Suecia, tienen más suerte y acumulan 200 años de paz. Algunos tienen problemas medioambientales muy importantes, otros tienen más suerte... todos los países tienen que encontrar su propio camino. ¡Mira esta imagen! ¡Ya no podemos hablar de países industrializados y países en vías de desarrollo! Hay países en todos los niveles... Aquí está Portugal, aquí está Argentina... ahí México, ahí China... Aquí Egipto, ahí Indonesia... India... Senegal... Uganda...

Eduard Punset: O sea que la distinción que hacemos tan a menudo entre países industrializados, ricos, por una parte, y países no industrializados, países en vías de desarrollo, por otra, no es lo que sale del gráfico...

Hans Rosling: Incluso podemos replantearnos lo de los países industrializados. Cuando enciendo el ordenador o miro las cosas que tengo en casa, ¡la mayoría están hechas en China! Esto es algo que los países post-industrializados tienen dificultades en aceptar, ¡porque toda la economía seguirá cambiando! Y diría que los países que menos saben cómo va a ser su futuro son los países que están ahí arriba. ¿Qué sabemos, en Suecia y España, de lo que nos deparan los próximos 20 ó 40 años?

Eduard Punset: Nada.

Hans Rosling: ¡Solamente nos planteamos los próximos tres años! Esto no sucede con los académicos y los políticos en Asia...

Eduard Punset: Nosotros no tenemos ningún ejemplo ante nosotros.

Hans Rosling: ¡No! Nadie ha vivido ahí antes. Solamente hay un país más rico que Suecia, y es Luxemburgo. Es el único.

Eduard Punset: Podíamos mirar a Luxemburgo, entonces.

Hans Rosling: Sí, podríamos fijarnos en Luxemburgo. Pero en realidad nadie ha estado ahí antes, así que el tipo de sociedad que nos espera es algo que desconocemos. Lo que sí sabemos es que los otros países nos alcanzarán. ¡Por supuesto, también tenemos que decir que muchos de estos países de aquí no se están moviendo! No es toda África, gran parte de África sí se mueve. Y parece que la antigua división (aquélla que situaba a los países industrializados aquí y a los países en vías de desarrollo allá) dará lugar a una división entre países de buen desarrollo aquí y países estancados allá. Pero recordemos que afecta solamente a una parte de África, no a toda África.

Eduard Punset: Una cosa que me parece importantísima y nueva y en la que no pensamos es que los países que están arriba de todo en este gráfico son países que no tienen a nadie delante, bueno, tienen a Luxemburgo delante. Y entonces, ¿qué les ocurre a estos países? Que son incapaces de ver más allá de sus ojos, porque justamente no tienen a nadie delante. Todos los demás se están quejando todo el rato o están disfrutando por haber conseguido algo que los demás que tienen delante ya habían conseguido. Esto coincide con una cosa que... con algo que estamos descubriendo ahora, que es que, individualmente, somos incapaces de predecir. ¡Somos muy malos haciendo predicciones!

Hans Rosling: Pero lo peor es que somos incapaces de imaginar. Mis padres tenían una referencia: se imaginaban una casa nueva con agua caliente. Y un televisor y un pequeño jardín. Podían imaginarse una vida nueva y trabajaban duro para conseguirla, para que sus hijos pudieran ir a la escuela. ¡Nosotros no imaginamos nada! El debate político se limita a los próximos tres años, esto es lo curioso. En cambio, si hablas con los dirigentes políticos y las familias en la India y China... ¡hacen planes para los próximos 25 años! Hablan de sus hijos y sus nietos... de cómo debería ser su país... saben adónde van. Las buenas personas en los países más pobres son héroes, y deberíamos apoyar a los buenos dirigentes que encontremos en Ghana, o en Liberia, o en Tanzania... saben adónde quieren ir. ¡Juntos podremos trazar un futuro común para el mundo!





Transcripción de la entrevista (Pdf)


domingo, 30 de mayo de 2010

Beginning over again











viernes, 28 de mayo de 2010

Capítulo 5. Do you believe in magic (segunda parte)




RITUALES, SUPERSTICIONES Y OTRAS RAZONES QUE INDUCEN A COMPRAR
Pero ¿qué tienen que ve los rituales con las cosas que pensamos a la hora de comprar? Mucho. Ante todo, las marcas y los productos asociados con rituales o supersticiones son mucho más “pegajosos que aquellas que no. En un mundo inestable de cambios acelerados, todos buscamos estabilidad y familiaridad, y los rituales asociados con los productos nos dan la ilusión de tranquilidad y pertinencia. ¿Acaso no infunde sensación de seguridad pertenecer, por ejemplo, a la comunidad Apple o a la de Netflix, sabiendo que hay millones de personas conectadas a sus iPods todas las mañanas durante su recorrido en tren, o que, al igual que usted, alquilan toda una lista de películas nuevas cada viernes?
Los rituales nos ayudan a diferenciar las marcas unas de otras en un mundo cada vez más estandarizado, higienizado y homogéneo (¿cuántos de los centros comerciales que conoce tienen exactamente las mismas tiendas? Le aseguro que más de la cuenta). Y cuando hallamos un ritual o una marca que nos agrada, nos sentimos muy tranquilos al contar con una mezcla especial de café que saborear todas la mañanas, un champú emblemático con su aroma familiar o una marca predilecta de deportivas que compramos año tras año. Hasta me atrevería a decir que hay algo tan atrayente en esta sensación de estabilidad que muchos consumidores sienten una fidelidad casi religiosa hacia sus marcas y productos predilectos.
En efecto comprar un producto a veces es más un comportamiento ritualizado que una decisión consciente. Tomemos el caso de las cremas para el rostro. ¿Funcionan en realidad esas pociones de farmacia que eliminan las arrugas de la frente, las líneas de la sonrisa y las patas de gallo y que tanto atraen a las mujeres (y cada vez a más hombres)? Muchas consumidoras a quienes he observado a lo largo de los años admiten que las cremas contra las arrugas no sirven para nada. Sin embargo, cada tres meses acuden a la farmacia local para buscar el último bálsamo milagroso, el de la fórmula secreta más reciente, más sensual y más rimbombante. Es un patrón tan previsible como el de las estaciones. Al cabo de unas pocas semanas, se miran desconsoladas en el espejo, concluyen que no les sirvió de nada y salen en busca de la siguiente fórmula mágica. ¿Por qué? Sencillamente, porque es un ritual que siempre han practicado, como lo hicieron sus madres y sus abuelas antes que ellas.
Después de todo, la mayoría de nosotros somos criaturas de costumbres. Piense en la forma de manejar los teléfonos móviles. Cuando nos acostumbramos a las teclas de navegación Nokia, ¿acaso no nos resistimos a cambiar de marca y pasarnos a Sony Ericsson, por ejemplo? ¿quién querría aprender otro sistema completamente diferente? Los consumidores que poseen el iPod de Apple sin duda están acostumbrados a su navegación ritualizada; la mayoría de los usuarios del iPod podrían pasar el dedo por las teclas de Música, Artistas y hacer sonar su pista favorita con los ojos cerrados. ¿Para qué invitar a la confusión con la compra de un reproductor mp3 fabricado por Phillips o un Zune de Microsoft? Aunque lo sepa o no, no querrá meterse con la región de su cerebro encargada de la memoria implícita, la cual encierra todo aquello que usted sabe hacer sin pensar, desde montar en bicicleta hasta aparcar en línea, atarse los cordones o comprar un libro sin ningún esfuerzo en Amazon.
También hay rituales por todas partes relacionados con la comida: desde el inevitable ritual de partir el hueso de la suerte después de la cena de Acción de Gracias, hasta la forma de comer una galleta Oreo. En este último caso hay dos rituales distintos: algunas personas prefieren abrir la galleta por la mitad, chupar la crema blanca del centro y después comer las dos tapas; otras prefieren mojar la galleta entera en un vaso de leche fría. Nabisco, la compañía fabricante de las Oreo, consciente del gran número de personas que disfrutan del ritual de mojar las Oreo en la leche, estableció hace poco una alianza con los productores de la popular campaña Got milk? (¿Tiene leche?). “Las oreo no son simplemente galletas, son un ritual -confirma Mike Faherty, director principal de negocios de la categoría-. Mojar las galletas Oreo en leche es parte del tejido social estadounidense.”



Desde hace poco, en el Reino Unido se ha producido una explosión de popularidad de una marca irlandesa de sidra llamada Magners. ¿Por qué? La compañía no cambió su receta; no contrató a una celebridad para que hablara del producto; no lanzó ninguna extensión nueva y extraña del producto, como por ejemplo el chocolate Magners. Entonces, ¿cuál es el secreto de su éxito repentino? Hace años la mayoría de los bares del condado de Tippary, en Irlanda, carecía de frigoríficos, de tal manera que los consumidores pedían la Magners con hielo. Resulta que, al enfriar la sidra, se corta un poco el dulce y se mejora el sabor. Los camareros, desde entonces, adoptaron la costumbre de servir la Magners de una botella grande a los vasos sobre gran cantidad de hielo, y así nació un ritual. Esto no solo mejoró el sabor, sino que también redefinió la imagen de la marca en la mente de los consumidores. Con el tiempo,el ritual se convirtió en parte tan integral de la marca que la gente comenzó a referirse a ella con el nombre de “Magners con hielo”.

Otras marcas comestibles han fabricado rituales simplemente a partir de su disponibilidad estacional. Tomemos el ejemplo de Mallomar, una galleta cubierta de una capa de chocolate amargo que tiende a derretirse en climas cálidos. Para evitar el deterioro por el calor, Nabisco suspende la producción de Mallomar en los países del hemisferio norte todos los años entre abril y septiembre. Pero tan pronto como las temperaturas bajan, los adictos a Mallomar comienzan a esperar ansiosamente a que reaparezcan en los estantes de los supermercados, de la misma manera como algunos amantes de la naturaleza esperan a las golondrinas de Capistrano. “Al parecer, la sede central de Nabisco en Nueva Jersey no ha oído hablar de las maravillas de los frigoríficos y del control de la temperatura”, concluye secamente un artículo que sugiere que la compañía ha fabricado ese ritual al limitar la disponibilidad de las galletas.Y al igual que sucede con las Oreo, hay varios métodos aceptados para comer una Mallomar: morder la parte esponjosa primero y dejar el chocolate para lo último, invertir todo el proceso, o comer toda la galleta al mismo tiempo.

Incluso hay algunos restaurantes que tienen rituales en los que seguramente nadie ha pensado. En las franquicias de Subway, los emparedados se disponen siempre en el mismo orden, de tal manera que los clientes saben exactamente cómo dar las instrucciones al dependiente a la hora de montar un bocadillo. Cold Stone Creamery, la popular cadena de heladerías, tiene un ritual interesante: sus empleados regalan a los clientes una canción y un pequeño baile al servir el helado. 


Y hablando de rituales asociados con la comida, ¿come usted su Big Mac con las dos manos o con una? ¿Engulle las patatas fritas antes de la hamburguesa, después o alternando una cosa con la otra? (¿Y acaso su olor no hace que sea lo primero que pida?) ¿Piensa alguna vez en esos rituales cuando está en medio de uno de ellos? (…)
Desde numerosos puntos de vista, la obsesión por una marca tiene mucho en común con los rituales y los comportamientos supersticiosos: ambos se relacionan con actos habituales y repetidos con poca o ninguna base lógica, y ambos emanan de la necesidad de sentirse en control en un mundo abrumador y complejo.
Como descendientes de sociedades de cazadores-recolectores, todos estamos programados para acumular, pero hay que reconocer que, por estos días, el hábito de coleccionar ha alcanzado niveles extremos. En un artículo de The New York Times aparecido en 1981 bajo el título “living with collections”, se decía que cerca del 30% de los estadounidenses tienden a acaparar -y esta cifra continúa creciendo gracias a los mercados de segunda mano de Internet. En 1995, el mismo año en que eBay inauguró su sitio virtual, las ventas de la industria de objetos de colección alcanzaron la cifra de 8.200 millones de dólares. Actualmente hay 49 millones de usuarios -muchos de ellos coleccionistas- registrados en eBay.
En épocas pasadas, coleccionar era un privilegio exclusivo de los ricos, pero, en la actualidad, personas de todos los niveles de ingresos acumulan de todo, desde muñecas Barbie hasta los juguetes de Happy Meal, botellas de Coca-cola, latas de sopa Campbell, zapatillas de tenis y carteles de salas de conciertos. Por citar un ejemplo extremo, en la actualidad hay en circulación en Asia y el resto del mundo más de dos mil productos diferentes de Hello Kitty, entre ellos pasta Hello Kitty, condones Hello Kitty, aros para el ombligo Hello Kitty e incrustaciones para los dientes Hello Kitty, las cuales (hablando de marcas) dejan una impresión de Hello Kitty en todos los bocados. En Eva Air, la segunda aerolínea más grande de Taipei, si su tarjeta de embarque es de Hello Kitty, no tarda en llegar a donde uno está sentado una auxiliar de vuelo vestida con un delantal de Hello Kitty y cintas de Hello Kitty en el cabello, con una bandeja de bocadillos en forma de Hello Kitty y artículos de Hello Kitty a la venta exentos de impuestos.

Por lo general, los casos más extremos de obsesión por las marcas se presentan en la adolescencia o quizá antes. Los estudios han demostrado que los niños que tienen dificultades sociales en la escuela tienen mayor probabilidad de interesarse por coleccionar. Coleccionar algo -bien sea monedas, sellos, hojas, cromos de Pokemon o muñecas de moda- brinda al niño una sensación de dominio, integridad y control y, al mismo tiempo, eleva su amor propio, su posición en el grupo y puede llegar a compensarlo por sus primeros años de dificultades sociales.
El hecho es que hay algo en el acto de coleccionar, caso parecido a un ritual, que nos hace sentir seguros y confiados. Cuando estamos bajo el efecto del estrés o cuando la vida parece incierta y fuera de control, buscamos consuelo en los productos y objetos familiares. Deseamos patrones sólidos y constantes en nuestra vida y nuestras marcas. Por consiguiente, aunque nuestro cerebro racional nos diga que es completamente absurdo e ilógico tener 547 imanes de nevera Hello Kitty, los compramos de todos modos porque el ritual de coleccionar nos ayuda a sentir que tenemos un poco más de control en nuestra vida. (...)

Martin Lindstrom, Buyology.


16: Moments




"Todo cabe en lo breve. Pequeño es el niño y encierra al hombre; estrecho es el cerebro y cobija el pensamiento; no es el ojo más que un punto y abarca leguas."



And blah, blah, blah.




"Silas Botwin: [while arguing whether or not to mercy-kill Bubby] Yeah, sure. Death is no big deal. Because life is just... blah, blah, blah.
Andy Botwin: Look, Silas. Life is just blah, blah, blah. You hope for Blah, and sometimes you find it, but mostly it's blah. And waiting for blah. And hoping you were right about the blahs you made. And then, just when you think you've got the whole blah damn thing figured out, and you're surrounded by the ones you blah, death shows up. And blah, blah, blah.
Silas Botwin: [sighs] Alright. Let's do this.
Shane Botwin: [to Andy] That was good.
Andy Botwin: I have my moments."





jueves, 27 de mayo de 2010

Society Gates



I am  just one man
Cos I can run but I can’t hide
And I must justify
The way I live my life
Until the day I die
I live within these gates
I cannot go against
So I must see it through
There’s nothing left to do

I am  just one man


Troncos de soledad





"Troncos de soledad
barrancos de tristeza
donde rompo a llorar"

Miguel Hernández





miércoles, 26 de mayo de 2010

Capítulo 5. Do you believe in magic? (primera parte)




RITUALES, SUPERSTICIONES Y OTRAS RAZONES QUE INDUCEN A COMPRAR 

"Imaginemos que estamos en un bar frente a la playa de Acapulco disfrutando de la suave brisa del mar. Llegan dos cervezas Coronita heladas con sus respectivas rodajas de limón. Exprimimos los limones y después tapamos con ellos el cuello de las botellas, las cuales volteamos hasta que las burbujas , adquieren esa apariencia característica. Finalmente bebemos un sorbo. ¡Salud!.

Primero permítame fastidiarlo con una pregunta de selección múltiple. ¿Tiene alguna idea de dónde salió el ritual de la Coronita y el limón que acabamos de realizar? a) Beber una cerveza con una rodaja de limón es sencillamente la forma en que las culturas latinas mezclan la Coronita para realzar el sabor de la cerveza; b) El ritual se deriva de un hábito de los antiguos habitantes de Mesoamérica cuyo propósito era combatir los gérmenes, puesto qe la acidez del limón destruye cualquier bacteria que pueda haber formado colonias sobre la botella durante su embalaje y transporte; c) Se dice que el ritual de la Coronita son limón se remonta a 1981 cuando, como resultado de una apuesta con un amigo, una camarero de un restaurante anónimo introdujo una rodaja de limón en el cuello de una Coronita para ver si lograba que otros clientes hicieran lo mismo.
Si elijió ésta última opción, acertó. En efecto, se dice que este simple ritual, que ni siquiera tiene treinta años y que nació del capricho de un camarero durante una noche de poca actividad, ha ayudado a Coronita a superar en ventas a Heineken en Estados Unidos.
Ahora cambiemos de escenario vayamos a un oscuro garito irlandés con un nombre como Donellyś o McClanahanś. Tréboles por todas partes, una barra llena de hombres entrados en años, un camarero que ha oído todas las historias más de una vez. Nos sentamos en la barra y pedimos “dos Guiness, por favor”. Primero el camarero llena dos tercios de vaso. Entonces esperamos (y esperamos) hasta que se asienta la espuma. Finalmente, cuando ha transcurrido el tiempo exacto, el camarero termina de llenar el vaso. Esto tarda un par de minutos, pero a ninguno de los dos nos molesta esperar porque el hecho es que el ritual de verter lentamente la cerveza es parte del placer de beber una Guiness. Pero apuesto a que no sabía que este ritual no nació por accidente. En la cultura acelerada de principios de los años noventa, Guiness se enfrentaba a unas grandes pérdidas en los bares de las Islas Británicas. ¿Por qué? Los clientes no deseaban esperar diez minutos hasta que se asentara la espuma. Entonces la compañía decidió convertir ese tropiezo en virtud. Lanzaron campañas publicitarias con mensajes como “las cosas buenas son para quien sabe esperar” y “se necesitan 119,53 segundos para servir el vaso perfecto”, e incluso emitieron anuncios en los que enseñaban la manera “correcta” de servir una Guiness. Al poco tiempo había nacido un ritual. Y gracias a la sagacidad publicitaria de la compañía, el arte de servir la cerveza se convirtió en parte de la experiencia de beberla. “No queremos que cualquiera vierta el liquido en un vaso”, dijo alguna vez el maestro cervecero de Guiness, Fergal Murray.



En todos mis años asesorando a las empresas desarrollar y fortalecer sus marcas, hay una cosa que he visto una y otra vez: los rituales nos ayudan a forjar conexiones emocionales con las marcas y sus productos. Hacen que los artículos o servicios que compramos sean memorables. Sin embargo, antes de explicar por qué, vale la pena considerar hasta qué punto los rituales y supersticiones gobiernan nuestra vida.

Los rituales y supersticiones se definen como actos totalmente racionales nacidos de la idea de que podemos manipular de alguna manera el futuro si adoptamos determinados comportamientos, aunque no haya ninguna relación causal discernible entre el comportamiento en cuestión y su resultado.
Pero si esas ideas son tan irracionales, ¿a qué se debe que la mayoría de nosotros actuemos de manera supersticiosa todos los días, sin siquiera pensar en ello?.
Como todos sabemos, el mundo está lleno de tribulaciones: desastres naturales, guerras, hambre, torturas, calentamiento global... Estos apenas son algunos de los problemas que nos saltan a la cara cada vez que encendemos el televisor, abrimos el periódico o nos conectamos a Internet. Aceptémoslo: nuestro mundo cambia a un ritmo asombrosamente acelerado. La tecnología avanza a unas velocidades jamás imaginables, el poder económico global sufre cambios sísmicos de la noche a la mañana y, qué demonios, hasta cambiamos con más celeridad que antes (una análisis realizado en 2007 a los peatones de 34 ciudades del mundo demostró que el peatón promedio anda casi a 4,5 kilómetros por hora, aproximadamente un ritmo 10% mayor que hace diez años). En Dinamarca, mi país de origen, los hombres y las mujeres hasta hablan un 20% más rápido que hace diez años.
Esos cambios acelerados han traído consigo mayor incertidumbre. Cuanto más imprevisible se torna el mundo, más nos esforzamos por ejercer algo de control sobre nuestra vida, y cuanto mayores son nuestra ansiedad y nuestra incertidumbre, mayor es nuestra tendencia a adoptar rituales y comportamientos supersticiosos para poder seguir adelante. “La sensación de poseer poderes especiales ayuda a sobrellevar las situaciones amenazadoras, a mitigar los miedos de todos los días y a alejar la desesperación mental”, escribe Benedict Carey, reportero de The New York Times.
La ciencia ha demostrado una relación entre la superstición y los rituales y la necesidad de control en un mundo turbulento. Esto escribe el doctor Bruce Hood profesor de psicología experimental de la universidad de Bristol, Inglaterra: “Cuando eliminamos la sensación de tener el control, tanto los humanos como los animales desarrollamos tensión emocional. Durante la guerra del Golfo en 1991 hubo un aumento de las ideas supersticiosas en las zonas contra las que se lanzaron los misiles Scud”. (…)
Posteriormente Hood demostró su argumento en un discurso pronunciado en Norwich durante el festival de la Asociación Británica de Ciencias. Delante de un auditorio lleno de científicos, Hood mostró un suéter azul y ofreció diez libras esterlinas a cualquier persona que quisiera ponérselo. Muchas manos se alzaron en el salón. Después, Hood le dijo a los presentes que el suéter había pertenecido a Fred West, un asesino en serie quién, al parecer, había asesinado brutalmente a doce mujeres jóvenes y también a su esposa. Prácticamente todos bajaron las manos, salvo unos cuantos. Y cuando, finalmente, los pocos voluntarios restantes se probaron el suéter, Hood observo que los demás miembros del auditorio se apartaban de ellos. Hood después confesó que la prenda no había pertenecido a Fred West, pero eso no tenía importancia. La simple noción de que el suéter había pertenecido al asesino fue suficiente para que los científicos evitaran el contacto. Era “como si el mal, una postura moral definida por la cultura, se hubiera manifestado físicamente dentro de la prenda”, dijo Hood. Racionalmente o no, les atribuimos poderes semejantes a objetos tales como las monedas de la suerte, las alianzas matrimoniales, etc.
¿Acaso las supersticiones y los rituales resultan nocivas para nuestro ser? Es interesante señalar que algunos rituales han demostrado ser benéficos para nuestro bienestar mental y físico. Según un estudio publicado en el Journal of family Psychology, “en las familias que tenían rutinas establecidas, los hijos sufrían menos enfermedades respiratorias, gozaban de mejor salud en general y tenían un mejor desempeño en la escuela primaria”. El artículo añadía que los rituales ejercen un mayor efecto sobre la salud emocional y que en las familias con rituales sólidos, “los adolescentes mostraban un mejor sentido de ser, las parejas manifestaron gozar de matrimonios más felices y los hijos una mayor interacción con los abuelos”.
Un estudio de 2007, realizado en veintiséis países de todo el mundo por el gigante global de la publicidad BBDO Worldwide, demostró que la mayoría de los seres humanos realizamos una serie común de rituales previsibles desde el momento en que nos levantamos por la mañana hasta el instante en que posamos la cabeza en la almohada por la noche. El primero de estos rituales consiste en lo que la compañía denominó “preparación para la batalla”, cuando salimos del capullo del sueño y nos preparamos para enfrentar el día. Prepararse para la batalla incluye todo tipo de acciones, desde lavarse los dientes hasta tomar una ducha, leer los mensajes de correo electrónico, afeitarse, leer los titulares del periódico -todo aquello que nos ayude a sentir control sobre lo que el día pueda traer.
Un segundo ritual es el denominado “festejo”, el cual implica compartir las comidas con otros. Puede ser una cena con un grupo de amigos en un conocido restaurante de sushi o un desayuno en familia. Cualquiera que sea el ritual, el acto social de reunirse para comer es importante; “nos junta con nuestra tribu” y nos sirve para transformarnos de seres solitarios a miembros de un grupo.
El tercero de la lista es “la preparación para salir” y no necesita explicación. Abarca una serie de agradables rituales con las cuales satisfacemos nuestros caprichos y nos transformamos, después del día de trabajo, en personas más atractivas y seguras. (…)
Un último ritual diario es el denominado “protegerse del futuro”. Son las cosas que hacemos antes de ir a dormir: apagar los ordenadores y las luces, bajar la calefacción, programar la alarma antirrobo, verificar que los niños y las mascotas estén bien, cerrar puertas y ventanas, y dejar las maletas y los maletines al lado de la puerta para no olvidarlos por la mañana. Este último ritual del día nos ayuda a sentirnos seguros antes de la llegada del día siguiente y del inicio de una nueva ronda de rituales.
Dichos rituales están completamente relacionados con la necesidad del tener el control, o por lo menos la ilusión de tenerlo, y todos los realizamos de una manera o de otra todos los días. Sin embargo, muchos de nosotros efectuamos también otros rituales menos productivos afianzados en la superstición o en unas creencias irracionales, y la mayoría ni siquiera nos damos cuenta. Solo por divertirnos, recorramos una semana imaginaria.
Amanece un lunes con el cielo nublado y lluvias torrenciales (como siempre, usted puso su despertador diez minutos antes de la hora de levantarse). Al llegar al trabajo, hace lo posible para no pasar por debajo de la escalera de alguien que hace unos trabajos en el vestíbulo. A la hora del almuerzo, va hasta la fuente del parque cercano. Busca entre los bolsillos o en su bolso una moneda, pide un deseo -por favor, que obtenga un ascenso- y lanza la moneda. Regresa a la oficina sintiendo que fue algo tonto, pero tranquilizador.
El martes el sol brilla otra vez y decide caminar hasta su trabajo. Mientras se abre paso por la acera llena de peatones, le viene a la memoria el recuero distante de un dicho que oyó en su infancia: en martes, ni te cases ni te embarques ni de tu casa te apartes. Esa tarde, el deseo que pidió en la fuente se hace realidad y obtiene un ascenso como esperaba. Sabe que lo merece porque trabaja mucho, pero no puede evitar atribuirle parte del éxito a la moneda que lanzó en la fuente.
El miércoles se encuentra con una amiga en un restaurante chino la saluda con un beso en ambas mejillas, un ritual europeo que adoptó después de unas vacaciones en Francia. Después de la comida abre su galleta de la fortuna. La próxima vez que compré lotería jugará con los números que aparecen en él. (El 30 de marzo del 2007, 110 personas jugaron los mismos números que encontraron en una galleta de la fortuna -22,28, 32, 33, 39, 40- y ganaron el segundo premio del Poweball, equivalente a cantidades que oscilaron entre 100.000 y 500.000 dólares, con un coste total para la asociación de loterías cercano a los 19 millones de dólares.)
El viernes, por esas cosas de la vida, es el día 13 del mes. Al reparar en la fecha, le invade un pequeño escalofrío. Lee rápidamente su horóscopo, pero allí no ve nada malo. Puesto que se acerca la Navidad, compra un árbol, lo decora con luces, ornamentos y cintas y deja la estrella para el final, y por último pone las ramas de muérdago en todos los dinteles, aunque, realmente, no piensa que alguien le acorralará debajo de una de esas ramas para robarle un beso.

El sábado asiste a una boda. Llueve -mala suerte para la novia o el novio (¿o acaso buena suerte? Una o la otra). Durante el banquete, se une al tropel de gente que lanza arroz a los recién casados y bebe champán a su salud y la de su matrimonio. ¿Realmente cree que chocar la copa de cava les asegurará una larga vida de buena salud y felicidad conyugal? Claro que no, pero el punto es que la mayoría de los rituales y conductas supersticiosas y están tan arraigadas en la cultura y la vida cotidiana que muchas veces ni siquiera pensamos por qué incurrimos en ellos.
Tomemos el ejemplo del miedo al número 13. A principios de 2007, en respuesta a un sinnúmero de quejas de los clientes, Brussels Airlines modificó a regañadientes su logotipo para agregar un punto más a los trece que tenía. Si usted desea sentarse en la fila 13 en un vuelo de Air France, KLM, Iberia (o, para el caso, continental), tendrá mala suerte porque, sencillamente no existe. Durante un viernes 13 del año pasado, el número de accidentes automovilísticos se disparó hasta un 51% en Londres y aumento un 32% en Alemania -muy probablemente debido a la mayor ansiedad de los conductores por la fecha de mala suerte. Después de que dos vuelos 191 sufrieran sendos accidentes, tanto Delta como American retiraron permanentemente ese número de vuelo.
En las culturas asiáticas, el número de peor suerte es el cuatro, puesto que, en mandarín, la palabra para ese número se lee “si”, lo cual se parece peligrosamente al sonido shi que significa “muerte”. Por consiguiente, en los hoteles de China y también en hospedajes asiáticos en todas partes del mundo, no existen los pisas 4 ni 44. David Phillips, investigador de California, descubrió que incluso los ataques cardíacos entre los residentes estadounidenses de ascendencia china aumentaban hasta un 13% el cuarto día de cada mes.(...)
Por otra parte el 8 es un número de la suerte en las culturas asiáticas, puesto que suena parecido a la palabra china para “riqueza”. “fortuna” y “prosperidad”. Esto explica por qué se programó el inicio oficial de los Juegos Olímpicos de verano en Beijing el 08/08/08 exactamente a las 8:08:08 p.m. (…)
Pero en Japón no son los ochos el único talismán de la prosperidad. Las clásicas chocolatinas Kit Kat también son consideradas de buena suerte. Cuando Nestlé lanzó su chocolate en el Lejano Oriente, los locales reconocieron inmediatamente el parecido entre las palabras “Kit Kat” y “kitto-kattsu”, expresión que se traduce aproximadamente por “ganar sin falta”. Con el tiempo los estudiantes comenzaron a creer que si comían un Kit Kat antes de los exámenes podrían obtener mejores notas y esta es la razón primordial del éxito de Kit Kat en un mercado minorista saturado como el japonés. Nestlé llevó las cosas más allá al lanzar los Kit Kat en un embalaje azul -para evocar el cielo de la divinidad- e imprimir la frase “oraciones para dios”. Al parecer, los Kit Kat han triunfado en Asia no solo por estar considerados como de buena suerte, sino porque en el sitio virtual de Nestlé los visitantes pueden ingresar una oración que, según creen, le llegará a un poder superior. (…)"
Martin Lindstrom, Buyology.











La disposición de los órganos





"Mi dependencia del clima me impedirá siempre admitir la autonomía de la voluntad. La meteorología decreta el color de mis pensamientos. No se puede ser más rastreramente determinista que yo, pero ¿cómo evitarlo? En cuanto olvido que poseo un cuerpo, creo en la libertad. Pero tan pronto como llama al orden y me impone sus miserias y sus caprichos, dejo inmediatamente de creer en ella. Montesquieu tenía razón: "La dicha o la desgracia dependen de la disposición de los órganos."

E. M. Cioran, Ese maldito yo (Pdf)



Do not stop the music




Zure hanketan
ikusi nuen behin nire etorkizuna.
Eta jarraitu egin nizun pausu bakoitza
noranzkorik gabeko
lilura hutsean

Bidean axiomak batzen etorri naiz
maitasun honen teorema lantzen
Huskeriak
zure hanken tenpoa baita
gu denak herrestan garamana

Zirkulu kontsentrikoetan
nabilkizu segika
nigan giltzapetu zaituen
bide borobilduan
hasiera nun zen
bukaera nun egin
aspaldi baztertuta
bueltaka nabil
balseatzen
zure inguruan
dantzatzeko konpas bat
aurkitu nuen

Musikarik gabe
zu gabe
zerri emango diot
nire zirkunferentzia.


Liese




martes, 25 de mayo de 2010

Ambigüedad





“Le expliqué al profesor que no había dejado de dar ni una sola clase, que no se trataba más que de una broma y le conté toda la historia del señor Zaturecky y Klara.
—Bien, yo le creo —dijo el profesor—, pero ¿de qué sirve que yo le crea? Toda la Facultad habla hoy de que no da sus clases y no hace nada. Ya ha discutido el caso el Comité de Empresa y ayer lo llevaron a la Junta de Gobierno.
—Pero ¿por qué no hablaron antes conmigo?
—¿De qué iban a hablar con usted? Lo tienen todo claro. Ahora lo único que están haciendo es examinar su anterior actuación en la Facultad y buscar relaciones entre su pasado y su presente.
—¿Qué pueden encontrar de malo en mi pasado? ¡Usted mismo sabe cuánto me gusta mi trabajo! ¡Nunca he descuidado mis obligaciones! Tengo la conciencia limpia.
—La vida humana es muy ambigua —dijo el profesor—: El pasado de cualquiera de nosotros puede ser perfectamente adaptado lo mismo como biografía de un hombre de Estado, amado por todos, que como biografía de un criminal. Fíjese bien en su propio caso. Nadie pone en duda que le gusta su trabajo. Pero no se le veía con demasiada frecuencia en las reuniones y, cuando alguna vez aparecía, solía quedarse callado. Nadie sabía muy bien cuáles eran sus opiniones. Yo mismo recuerdo que en varias oportunidades, cuando se trataba de cosas serias, de pronto hacía usted una broma que producía incertidumbre. Naturalmente esa incertidumbre quedaba de inmediato olvidada, pero hoy, rescatada del pasado, adquiere de pronto un sentido preciso. Recuerde también cuántas veces ha ocultado usted su presencia cuando venían distintas mujeres a buscarlo a la Facultad. O su último trabajo, del que cualquiera puede afirmar, si le da la gana, que defiende posiciones sospechosas. Claro que todas estas son cuestiones aisladas; pero basta con la luz que sobre ellas arroja su delito actual para que de pronto se unan, formando un conjunto que pone de manifiesto cuál es su carácter y su actitud.
—Pero ¿de qué delito se trata? —exclamé—: Explicaré delante de todos cómo han ocurrido las
cosas: si las personas son personas, tendrán que reírse.
—Como le parezca. Pero verá usted que, o las personas no son personas, o usted no sabía cómo eran las personas. No se van a reír. Si usted les explica todo tal como ha ocurrido, se pondrá de manifiesto que no
sólo no cumplió con sus obligaciones tal como las establecía el horario, es decir que no hizo lo que tenía que hacer, sino que además ha dado clases ilegalmente, es decir que hizo lo que no tenía que hacer. Se pondrá de manifiesto que ha ofendido a un hombre que le había pedido ayuda. Se pondrá de manifiesto que su vida privada es desordenada, que en su casa vive cierta joven sin estar dada de alta, lo cual tendrá una influencia muy perniciosa en la presidenta del Comité de Empresa. Todo este asunto será de dominio público y quién sabe qué nuevos cotilleos aparecerán; lo que es seguro es que les vendrán muy bien a todos aquellos que se sienten molestos por las ideas que usted defiende, pero que sienten vergüenza de enfrentarse con usted por ese motivo.
Yo sabía que el profesor no pretendía ni asustarme ni engañarme, pero lo consideraba un excéntrico y no quería aceptar su escepticismo. Yo mismo me había montado en aquel caballo y ahora no podía permitir que me arrancase las riendas de las manos y me llevase adonde él quisiera. Estaba dispuesto a luchar contra él.
Y el caballo no rehuía el combate. Cuando llegué a casa, me esperaba en el buzón una citación a la reunión del Comité de Vecinos.”

Milan Kundera, El libro de los amores ridículos. (pdf)


Bring on the learning revolution





Al Gore spoke at the TED Conference I spoke at four years ago and talked about the climate crisis.And I referenced that at the end of my last talk. So I want to pick up from there because I only had 18 minutes, frankly. So, as I was saying...You see, he's right. There is a major climate crisis, obviously. And I think if people don't believe it, they should get out more.
But I believe there's a second climate crisis, which is as severe, which has the same origins, and that we have to deal with with the same urgency. And I mean by this -- and you may say, by the way, "Look, I'm good. I have one climate crisis; I don't really need the second one." But this is a crisis of, not natural resources, though I believe that's true, but a crisis of human resources. I believe, fundamentally,as many speakers have said during the past few says, that we make very poor use of our talents.Very many people go through their whole liveshaving no real sense of what their talents may be,or if they have any to speak of. I meet all kinds of people who don't think they're really good at anything.
Actually, I kind of divide the world into to groups now. Jeremy Bentham, the great utilitarian philosopher, once spiked this argument. He said, "There are two types of people in this world, those who divide the world into two types and those who do not."Well, I do.  I meet all kinds of people who don't enjoy what they do. They simply go through their lives getting on with it. They get no great pleasure from what they do. They endure it, rather than enjoy it, and wait for the weekend. But I also meet people who love what they do and couldn't imagine doing anything else. If you said to them, "Don't do this anymore," they'd wonder what you were talking about. Because it isn't what they do, it's who they are, they say. But this is me, you know. It would be foolish for me to abandon this it speaks to my most authentic self.And it's not true of enough people. In fact, on the contrary, I think it's certainly a minority of people.And I think there are many possible explanations for it. And high among them is education, because education, in a way, dislocates very many peoplefrom their natural talents.
And human resources are like natural resources;they're often buried deep. You have to go looking for them. They're not just lying around on the surface. You have to created the circumstances where they show themselves. And you might imagine education would be the way that happens.But too often, it's not. Every education system in the world is being reformed at the moment. And it's not enough. Reform is no use anymore, because that's simply improving a broken model. What we need,and the word's been used many times during the course of the past few days. Is not evolution, but a revolution in education. This has to be transformedinto something else.
One of the real challenges is to innovate fundamentally in education. Innovation is hardbecause it means doing something that people don't find very easy for the most part. It means challenging what we take for granted, things that we think are obvious. The great problem for reformor transformation is the tyranny of common sense,things that people think, "Well, it can't be done any other way because that's the way it's done."
I came across a great quote recently from Abraham Lincoln, who I thought you'd be pleased to have quoted at this point. He said this in December 1862 to the second annual meeting of Congress. I ought to explain that I have no idea what was happening at the time. We don't teach American history in Britain. We suppress it. You know, this is are policy. So, no doubt, something fascinating was happening in December 1862, which the Americans among uswill be aware of.
But he said this: "The dogmas of the quiet past are inadequate to the stormy present. The occasion is piled high with difficulty, and we must rise with the occasion." I love that. Not rise to it, rise with it. "As our case is new, so we must think anew and act anew We must disenthrall ourselves and then we shall save our country." I love that word, "disenthrall." You know what it means? That there are ideas that all of us are enthralled to, which we simply take for granted as the natural order of things, the way things are. And many of our ideashave been formed, not to meet the circumstances of this century, but the cope with the circumstances of previous centuries. But our minds are still hypnotized by them. And we have to disenthrall ourselves of some of them.
Now, doing this is easier said than done. It's very hard to know, by the way, what it is you take for granted. And the reason is that you take it for granted. So let me ask you something that you may take for granted. How many of you here are over the age of 25? That's not what I think you take for granted. I'm sure you're familiar with that already.Are there any people here under the age of 25?Great. Now, those over 25, could you put your hands up if you're wearing a wristwatch? Now that's a great deal of us, isn't it? Ask a room full of teenagers the same thing. Teenagers do not wear wristwatches. I don't mean they can't or they're not allowed to, they just often choose not to. And the reason is, you see, that we were brought up in a pre-digital culture, those of us over 25. And so for us, if you want to know the time, you have to wear something to tell it.
Kids now live in a world which is digitized, and the time, for them, is everywhere. They see no reason to do this. And, by the way, you don't need to do it either; it's just that you've always done it, and you carry on doing it. My daughter never wears a watch, my daughter Kate, who's 20. She doesn't see the point. As she says, "It's a single function device." "Like, how lame is that?" And I say, "No, no, it tells the date as well." "It has multiple functions."
But you see, there are things we're enthralled to in education. Let me give you a couple of examples.One of them is the idea of linearity, that it starts here, and you go through a track, and if you do everything right, you will end up set for the rest of your life. Everybody who's spoken at TED has told us implicitly, or sometimes explicitly, a different story, that life is not linear, it's organic. We create our lives symbiotically as we explore our talents in relation to the circumstances they help to create for us. But you know, we have become obsessed with this linear narrative. And probably the pinnacle for education is getting into college. I think we are obsessed with getting people to college, certain sorts of college. I don't mean you shouldn't go to college, but not everybody needs to go, and not everybody needs to go now. Maybe they go later, not right away.
And I was up in San Fransisco a while ago doing a book signing. There was this guy buying a book, he was in his 30s. And I said, "What do you do?" And he said, "I'm a fireman." And I said, "How long have you been a fireman?" He said, "Always, I've always been a fireman." And I said, "Well, when did you decide?" He said, "As a kid." He said, "Actually, it was a problem for me at school, because at school, everybody wanted to be a fireman." He said, "But I wanted to be a fireman." And he said, "When I got to the senior year of school, my teachers didn't take it seriously. This one teacher didn't take it seriously.He said I was throwing my life away if that's all I chose to do with it, that I should go to college, I should become a professional person, that I had great potential, and I was wasting my talent to do that." And he said, "It was humiliating because he said it in front of the whole class, and I really felt dreadful. But it's what I wanted, and as soon as I left school, I applied to the fire service and I was accepted." And he said, "You know, I was thinking about that guy recently, just a few minutes ago when you were speaking, about this teacher," he said, "because six months ago, I saved his life." He said, "He was in a car wreck, and I pulled him out, gave him CPR, and I saved his wife's life as well." He said, "I think he thinks better of me now."
You know something? Human communities depend upon a diversity of talent, not a singular conception of ability. At the heart of the challenge is to reconstitute our sense of ability and of intelligence. This linearity thing is a problem.When I arrived in L.A. about nine years ago, I came across a policy statement, very well-intentioned,which said, "College begins in kindergarten." No, it doesn't.  It doesn't. If we had time, I could go into this, but we don't. Kindergarten begins in kindergarten.
A friend of mine once said, "You know, a three year-old is not half a six year-old." They're three. But as we just heard in this last session, there's such competition now to get to kindergarten, to get to the right kindergarten,that people are being interviewed for it at three.Kids sitting in front of unimpressed panels, you know, with their resumes,  flipping through and saying, "Well, this is it?" ) "You've been around for 36 months, and this is it?" "You've achieved nothing, commit. Spent the first six months breastfeeding, the way I can see it."  See, it's outrageous as a conception, but it attracts people.
The other big issue is conformity. We have built our education systems on the model of fast food. This is something Jamie Oliver talked about the other day.You know there are two models of quality assurance in catering. One is fast food, where everything is standardized. The other are things like Zagat and Michelin restaurants, where everything is not standardized, they're customized to local circumstances. And we have sold ourselves into a fast food model of education. And it's impoverishing our spirit and our energies as much as fast food is depleting our physical bodies.
I think we have to recognize a couple of things here. One is that human talent is tremendously diverse. People have very different aptitudes. I worked out recently that I was given a guitar as a kid at about the same time Eric Clapton got his first guitar. You know, it worked out for Eric, that's all I'm saying. In a way, it did not for me. I could not get this thing to work no matter how often or how hard I blew into it. It just wouldn't work.
But it's not only about that. It's about passion. Often, people are good at things they don't really care for.It's about passion, and what excites our spirit and our energy. And if you're doing the thing that you love to do, that you're good at, time takes a different course entirely. My wife's just finished writing a novel, and I think it's a great book, but she disappears for hours on end. You know this, if you're doing something you love, an hour feels like five minutes. If you're doing something that doesn't resonate with your spirit, five minutes feels like an hour. And the reason so many people are opting out of education is because it doesn't feed their spirit, it doesn't feed their energy or their passion.
So I think we have to change metaphors. We have to go from what is essentially an industrial model of education, a manufacturing model, which is based on linearity and conformity and batching people.We have to move to a model that is based more on principles of agriculture. We have to recognize that human flourishing is not a mechanical process, it's an organic process. And you cannot predict the outcome of human development; all you can do, like a farmer, is create the conditions under whichthey will begin to flourish.
So when we look at reforming education and transforming it, it isn't like cloning a system. There are great ones like KIPPs, it's a great system. There are many great models. It's about customizing to your circumstances, and personalizing education to the people you're actually teaching. And doing that, I think is the answer to the future because it's not about scaling a new solution; it's about creating a movement in education in which people develop their own solutions, but with external support based on a personalized curriculum.
Now, in this room, there are people who representextraordinary resources in business, in multimedia, in the internet. These technologies, combined with the extraordinary talents of teachers, provide an opportunity to revolution education. And I urge you to get involved in it because it's vital, not just to ourselves, but to the future of our children. but we have to change from the industrial model to an agricultural model, where each school can be flourishing tomorrow. That's where children experience life. Or at home, if that's where they choose to be educated with their families or their friends.
There's been a lot of talk about dreams over the course of this few days. And I wanted to just very quickly -- I was very struck by Natalie Merchant's songs last night, recovering old poems. I wanted to read you a quick, very short poem from W.B. Yeats, who's someone you may know. He wrote this to his love, Maud Gonne, and he was bewailing the fact that he couldn't really give her what he thought she wanted from him.
And he says, "I've got something else, but it may not be for you." He says this: "Had I the heavens embroidered cloths and wrought with gold and silver light of blue and the dim and the dark clothsof night and light and the half light, I would spread the clothes under your feet; but I, being poor, have only my dreams; I have spread my dreams under your feet; tread softly because you tread on my dreams."
And every day, everywhere, our children spread their dreams beneath our feet. And we should tread softly.