sábado, 26 de junio de 2010

More






"Horrifying.  More horrifying."



viernes, 25 de junio de 2010

Smell








"Scientists have discovered a few big cats in captivity have an 'obsession' for a well-known men's cologne.
A study conducted at the Wildlife Conservation Society's Bronx Zoo indicated that among a number of perfumes and colognes tested, Calvin Klein's "Obsession for Men" was the top choice of interest to the two cheetahs at the zoo.
Other fragrances were tested with some other big cats at the zoo.

SOUNDBITE: Pat Thomas, General Curator, Wildlife Conservation Society's Bronx Zoo: “Some would encourage this really powerful cheek rubbing behavior where these big cats would literally wrap their paws around a tree and just vigorously rub up and down. Sometimes they would start drooling , their eyes would half close, it was almost like they were going into a trance. And they would spend minutes rubbing up and down an object that we would sprayed with certain perfumes or colognes. We knew that cats would respond to various perfumes and colognes because it’s sort of ‘in zoo lore.’ We’ve know about that for years."
Smell is an important sense for all cat species, and investigating scents is common, especially those in an artificial setting which lacks the variety of new and old scents found in a natural environment.
SOUNDBITE: Pat Thomas, General Curator, Wildlife Conservation Society's Bronx Zoo: “Big cats engage in cheek rubbing behavior to either deposit scent, or pick up scents from other cats, there’s very likely a territorial component to that, enabling them to mark territories, and there’s some evidence that they’re also picking up reproductive cues from members of the opposite sex.”
WCS researchers conducted testing at zoos with tigers, and later with cheetahs.
Man-made and natural scents are used as 'olfactory enrichment' tools at the zoo. The scents are sprayed inside animals’ enclosures to keep the animals active and engaged, both for their mental and physical well-being and for the viewing public’s benefit.

SOUNDBITE: Pat Thomas, General Curator, Wildlife Conservation Society's Bronx Zoo: “But it can also be used to aid in field research. You can apply scents to camera traps, to induce the target animals you’re looking to photograph close to cameras, so you can get an idea of the species that are in the habitat you’re studying.“
In the wild, WCS says its researchers deployed Obsession for Men and other fragrances at camera traps in Guatamala. They say it has enabled them to get more precise estimates of jaguar populations in one of the most important jaguar refuges in the Americas: the Maya Biosphere Reserve.

SOUNDBITE: Pat Thomas, General Curator, Wildlife Conservation Society's Bronx Zoo: "Perfume companies closely guard their ingredients and formulas. So, we don't know really what's in a given perfume."
The knowledge about wild animals' interest in scent has also been used in setting up ‘hair traps’ where scientists can collect hair follicles from some species of wild cats for DNA research. When the animals rub tree bark, for example, they leave behind hair, which scientists can use to extract DNA from the hair follicles to identify diversity in the animal’s population.
Loss of habitat due to human agriculture and development and illegal killings has caused several wild cat species to become endangered. Thomas is mindful that some people could mis-use this knowledge about scents, but he pointed out that “Obsession for Men” was NOT the best performing fragrance in the field, and declined to reveal which perfumes or colognes were the best lures for all cats in the wild.
In fact, a similar experiment conducted in the wild found that big cats did not express much interest in the scents offered." (Via)


Mentes privilegiadas







El síndrome del sabio o síndrome del savant, también conocido como savantismo, es un diagnóstico médico no reconocido, pero el investigador Darold Treffert lo define como un estado patológico según el cual algunas personas con desordenes mentales como el autismo, pese a sus discapacidades físicas, mentales o motrices, poseen una sorprendente habilidad o habilidades mentales específicas. Estos individuos son denominados savants (sabios), término francés utilizado para designar a los virtuosos de las artes. Treffert afirma que esta situación puede ser genética, pero que también puede ser adquirida. Se ha demostrado que las capacidades de algunos savants han sido accionadas por una lesión cerebral, antes estaban presentes pero no se ponían de manifiesto. Este síndrome fue descrito por primera vez en 1978 en artículo de la revista Psychology Today.
Según Treffert, la mitad de personas con el síndrome del sabio son autistas, mientras que la otra mitad tiene otra incapacidad relacionada con el desarrollo, retraso mental, lesión cerebral o enfermedad mental. Él afirma que “… no todas las personas autistas padecen el síndrome del sabio al igual que no todas las personas con el síndrome del sabio tienen desorden autístico”. Otros investigadores indican que los rasgos y las habilidades autísticos del sabio pueden estar ligados.
Aunque aún es más raro que la condición del savant en sí misma, algunos savants no tienen ninguna anormalidad evidente con excepción de sus capacidades únicas. En la actualidad, existen aproximadamente 50 personas en el mundo que han sido diagnosticadas con este síndrome. (Wikipedia)




Capítulo uno: Maestros de la memoria
Capítulo dos: Efecto Einstein



Ariane




HARIAK

Gurasoen hariak,
halabeharren hariak,
norbere gorputzaren hariak,
lagun minen hariak,
behaztopatzeko modu luzeak,
hariak.

Lotzen zaituzten hariak,
maitasun luzeak bezalako hariak.
Titerearen modukoak
batzuetan atezuan,
besteetan lasaieran,
edo korapilatzen.

Eta horrela bizi hariekin,
hariak egokitzen,
hariei kasu egiten,
harien kontra tiraka,
harien gatibu.

Eman dezagun berrogei urtez horrela...
eta bat batean
ohartu ezetz,
eguzkiaren edo ilargiaren 
errainuak bezalakoak direla,
hariak,
eta ez zaituztela lotzen,
azkenean,
ez duzula haririk.





jueves, 24 de junio de 2010

Jacques Lacan






"El yo es siempre una instancia inauténtica. Opera a fin de ocultar una perturbadora desunión"

"Zuei dagokizue lacaniarrak izatea, nahi izanez gero. Niri dagokidanez, freudiarra naiz."

"Pienso donde no soy, luego soy donde no pienso"

"La verdad tiene estructura de ficción"

Jacques Lacan.






Jacques Lacan, Reinventar el psicoanálisis. 
Partes I, II, III, IV, V, VI, VII
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Grandes pensadores, Jacques Lacan
Partes I, II, III, IV, V, VI, VII
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What were you trying to do?






Escena de
Girl, Interrupted (Inoncencia interrumpida).



Una vida por día de vida





MUERTE DE A.D


y ahí estar ahí aún ahí
apretado a mi vieja tabla picada en negro como de viruela
durante días y noches molidos ciegamente
de estar ahí de no huir y huir y estar ahí
inclinado a confesar un tiempo que agoniza
haber sido lo que fue hecho lo que hizo
de mí de mi amigo muerto en el día de ayer con el ojo brillante
con los dientes largos jadeando en su barba
devorando la vida de los santos una vida por día de vida
reviviendo de noche sus negros pecados
muerto ayer mientras que yo vivía
y estar allí bebiendo por encima de la tormenta
la culpa del tiempo irremisible
aferrado a la vieja madera testigo de partidas
testigo de regresos


Samuel Beckett




Hasta que llegue el peor






En la primera juventud nos vemos colocados ante el destino que va a abrírsenos, como los niños delante del telón de un teatro, con la espera alegre e impaciente de las cosas que van a pasar en el escenario. Es una dicha que nada podamos saber de antemano. Para aquel que sabe lo que ha de pasar en realidad, los niños son inocentes condenados, no a muerte, sino a la vida, y que, sin embargo, no conocen aún el contenido de su sentencia. Pero no por eso desea menos cada cual una edad avanzada para sí, es decir, un estado que pudiera expresarse de este modo: «El día de hoy es malo, y cada día será más malo, hasta que llegue el peor.»

Arthur Schopenhauer, El amor las mujeres y la muerte (Pdf)



Nuevas nociones






"7 de enero. Como por arte de magia (porque ni las circunstancias exteriores ni las interiores, hoy  más favorables que hace un año, me lo impedían) me he pasado todo el día libre, que es un domingo, sin escribir. Han nacido en mí, consoladoramente, nuevas nociones sobre lo desgraciado que soy."

Franz Kafka, Diarios (1910-1923).




miércoles, 23 de junio de 2010

Apego/ Atxikimendua







"La teoría del apego afirma que el apego afectivo de aves y mamíferos es un proceso del desarrollo psicológico del animal, incluyendo el humano, que se desarrolló como una tendencia de adaptación para mantener proximidad a la figura del progenitor.1 El origen de la teoría del apego puede rastrearse a la publicación de dos artículos de 1958, uno de John Bowlby"the Nature of the Child's Tie to his Mother", que presenta el concepto del "apego", y el de Harry Harlow"The Nature of Love", basado en sus experimentos en que los macacos prefieren el apego afectivo a la comida." (Seguir leyendo en Wikipedia)


"Un colaborador de mi blog recordó a sus lectores un experimento cruel; se arrancó de su madre a una mona recién nacida para que compartiera sus primeras semanas de vida entre un robot –parecido a una mona de verdad de la que podía extraerse leche– y otro robot similar, pero con piel suave de lanilla que abrigaba del frío. La cría sólo dejaba a este último el tiempo justo para alimentarse con el otro robot y volver a buscar enseguida el contacto de la lanilla que parecía envolver no sólo su cuerpo, sino su vida y sus sueños. Como dijo el inteligente comunicador del blog, “es preferible el amor al alimento”.
¿Por qué no entienden esto nuestra pareja, nuestra empresa o el Gobierno? ¿Tan difícil es constatar que la vieja sentencia del fundador de la psicología moderna William James sigue vigente? Desde la infancia andamos buscando a lo largo de toda la vida el reconocimiento y el amor del resto del mundo. No obstante, nos han metido con sangre y fuego que sólo vale la pena competir por el interés y el dinero."

Eduardo Punset





For Anne





With Annie gone,
Whose eyes to campare
With the morning sun?

Not that I did compare,
But I do compare,
Now that she's gone


Leonard Cohen
Poems 1956-1968




Todos somos Jacob von Guten sería la frase eslogan que me niego a decir





"Aquí se aprende muy poco, falta personal docente y nosotros, los muchachos del Instituto Benjamenta, jamás llegaremos a nada; es decir, que el día de mañana seremos todos gente muy modesta y subordinada. La enseñanza que nos imparten consiste básicamente en inculcarnos paciencia y obediencia, dos cualidades que prometen escaso o ningún éxito. Éxitos interiores, eso sí. Pero ¿qué ventaja se obtiene de ellos? ¿A quién dan de comer las conquistas interiores? A mí me encantaría ser rico, pasear en berlina y malgastar dinero. Una vez comenté esto con mi condiscípulo Kraus, pero él se limitó a encogerse de hombros despectivamente, sin concederme una sola palabra. Kraus tiene principios, va bien sujeto a su silla, montado sobre la satisfacción, y es éste un rocín al que los amantes del galope prefieren no subirse. Desde que estoy aquí, en el Instituto Benjamenta, he conseguido volverme un enigma para mí mismo. También me he visto contagiado por un extraño sentimiento de satisfacción, desconocido hasta ahora. Soy bastante obediente; no tanto como Kraus, que es un maestro en ejecutar celosamente cualquier tipo de órdenes. Hay un punto en el que nosotros, los alumnos (Kraus, Schacht, Schilinski, Fuchs, Peter el larguirucho, yo, etc.), nos parecemos todos: el de nuestra pobreza y dependencia absolutas. Somos humildes, humildes hasta la indignidad total."

Robert Walser, Jakob Von Guten (Pdf)



Epic Newspaper Fail








Holden Caulfield





"Alguien se había dejado una revista en el banco de al lado, así que me puse a ojearla a ver si con eso dejaba de pensar en el señor Antolini y en muchas otras cosas. Pero el artículo que empecé a leer me deprimió aún más. Hablaba de hormonas. Te decía cómo tenías que tener la cara y los ojos y todo lo demás cuando las hormonas te funcionaban bien, y yo no respondía para nada a la descripción. Era igualito, en cambio, al tipo que según el artículo tenía unas hormonas horribles, así que de pronto empecé a preocuparme por las dichosas hormonas. Luego me puse a leer otro artículo sobre cómo descubrir si tienes cáncer. Decía que si te sale una pupa en los labios y tarda mucho en curarse es probablemente señal de que lo tienes. Precisamente hacía dos semanas que tenía una calentura que no se secaba, así que inmediatamente me imaginé que tenía cáncer. Aquella revistita era como para levantarle la moral a cualquiera. Dejé de leer y salí a dar un paseo. Estaba seguro de que me quedaban como dos meses de vida. De verdad. Completamente seguro de ello. Y la idea no me produjo precisamente una alegría desbordante.
Parecía como si fuera a empezar a llover de un momento a otro, pero aun así me fui a dar un paseo. Iría a desayunar. No tenía mucha hambre, pero pensé que tenía que comer algo que tuviera unas cuantas vitaminas. Así que crucé la Quinta Avenida y eché a andar hacia donde están los restaurantes baratos porque no quería gastar mucho dinero.
Mientras caminaba pasé junto a dos tíos que descargaban de un camión un enorme árbol de Navidad. Uno le gritaba al otro: «¡Cuidado! ¡Que se cae el muy hijoputa! ¡Agárralo bien!» 
¡Vaya manera de hablar de un árbol de Navidad! Como, a pesar de todo, tenía gracia, solté la carcajada. No pude hacer nada peor porque en el momento en que me eché a reír me entraron unas ganas horribles de vomitar. De verdad. Hasta devolví un poco, pero luego se me pasó. No entiendo por qué fue. No había comido nada que hubiera podido sentarme mal y además tengo un estómago bastante fuerte. Pero, como les decía, se me pasó y decidí tomar algo. Entré en un bar con pinta de barato y pedí un café y un par de donuts, pero no pude con ellos. Cuando uno está muy deprimido le resulta dificilísimo tragar. Pero por suerte el camarero era un tipo muy amable y se los volvió a llevar sin cobrármelos ni nada. Me tomé el café bebido y luego volví a la Quinta Avenida.
Era lunes, faltaban muy pocos días para Navidad y todas las tiendas estaban abiertas. Daba gusto pasear por allí. Había un ambiente muy navideño con todos esos Santa Claus tan cochambrosos que te encontrabas en todas las esquinas y las mujeres del Ejército de Salvación, esas que no se pintan ni nada, todos tocando campanillas. (...)
Pero, como les decía, me recorrí toda la Quinta Avenida sin corbata ni nada. De pronto empezó a pasarme una cosa horrible. Cada vez que iba a cruzar una calle y bajaba el bordillo de la acera, me entraba la sensación de que no iba a llegar al otro lado. Me parecía que iba a hundirme, a hundirme, y que nadie volvería a verme jamás. ¡Jo! ¡No me asusté poco! No se imaginan. Empecé a sudar como un condenado hasta que se me empapó toda la camisa y la ropa interior y todo.
Luego me pasó otra cosa. Cuando llegaba al final de cada manzana me ponía a hablar con mi hermano muerto y le decía: «Allie, no me dejes desaparecer., No dejes que desaparezca. Por favor, Allie.» Y cuando acababa de cruzar la calle, le daba las gracias. Cuando llegaba a la esquina siguiente, volvía a hacer lo mismo. Pero seguí andando. Creo que tenía miedo de detenerme, pero si quieren que les diga la verdad, no me acuerdo muy bien. Sé que no paré hasta que llegué a la calle sesenta y tantos, pasado el Zoo y todo. Allí me senté en un banco. Apenas podía respirar y sudaba como un loco. Me pasé sin moverme como una hora, y al final decidí irme de Nueva. York. Decidí no volver jamás a casa ni a ningún otro colegio. Decidí despedirme de Phoebe, decirle adiós, devolverle el dinero que me había prestado, y marcharme al Oeste haciendo autostop. Iría al túnel Holland, pararía un coche, y luego a otro, y a otro, y a otro, y en pocos días llegaría a un lugar donde haría sol y mucho calor y nadie me conocería. Buscaría un empleo. Pensé que encontraría trabajo en una gasolinera poniendo a los coches aceite y gasolina. Pero la verdad es que no me importaba qué clase de trabajo fuera con tal de que nadie me conociera y yo no conociera a nadie. Lo que haría sería hacerme pasar por sordomudo y así no tendría que hablar. Si querían decirme algo, tendrían que escribirlo en un papelito y enseñármelo. Al final se hartarían y ya no tendría que hablar el resto de mi vida. Pensarían que era un pobre hombre y me dejarían en paz. Yo les llenaría los depósitos de gasolina, ellos me pagarían, y con el dinero me construiría una cabaña en algún sitio y pasaría allí el resto de mi vida. La levantaría cerca del bosque, pero no entre los árboles, porque quería ver el sol todo el tiempo. Me haría la comida, y luego, si me daba la gana de casarme, conocería a una chica guapísima que sería también sordomuda y nos casaríamos. Vendría a vivir a la cabaña conmigo y si quería decirme algo tendría que escribirlo como todo el mundo. Si llegábamos a tener hijos, los esconderíamos en alguna parte. Compraríamos un montón de libros y les enseñaríamos a leer y escribir nosotros solos.
Pensando en todo aquello me puse contentísimo. De verdad. Sabía que eso de hacerme pasar por sordomudo era imposible, pero aun así, me gustaba imaginármelo. Lo que sí decidí con toda seguridad fue lo de irme al Oeste."

J. D. Salinger, El guardián entre el centeno (pdf).


martes, 22 de junio de 2010

Rita y Doris






"-Nunca había sido capaz de enamorarme, no había encontrado a la mujer perfecta; siempre había algo malo. Y entonces conocí a Doris, una mujer maravillosa, con una gran personalidad. Pero por alguna razón, no me atraía sexualmente, no me preguntes por qué. Luego conocí a Rita, un animal, indecente, problemática. Me encantaba irme a la cama con ella, pero después siempre deseaba volver con Doris. Entonces, pensé, si pudiera poner el cerebro de Doris en el cuerpo de Rita sería maravilloso. Y pensé, ¿por qué no?. Así que preparé la operación y todo fue perfectamente, cambié las personalidades e hice a Rita una mujer ardiente, dulce, sexy, maravillosa, madura... Y me enamoré de Doris."

Woody Allen, Recuerdos.



Foucault







Filosofía aquí y ahora, Foucault.
Partes I, II, III, IV, V, VI



Son aquellas pequeñas cosas






"Zein garrantzizkoa den garrantzirik ez duena"
Bernardo Atxaga



Jerigóndor






-Es usted listísimo explicando palabras, señor -dijo Alicia-. ¿Tendría la amabilidad de explicarme el significado del poema titulado Jerigóndor?
-Oigámoslo -dijo Humpty Dumpty-. Yo pue-do explicar todos los poemas que se han inventado... y muchos de los que no se han inventado aún.
Esto parecía muy prometedor, así que Alicia recitó la primera estrofa.

Cocillaba el día, y las tovas agilimosas
giroscopaban y barrenaban en el larde;
Todos debirables estaban los burgovos,
y silbramaban las alecas rastas.

-Es suficiente para empezar -interrumpió Humpty Dumpty-: hay ahí bastantes palabras difíciles. "Cocillaba el día" significa que eran las cuatro de la tarde: la hora de empezar a cocer los alimentos para la cena.
-Eso encaja muy bien -dijo Alicia-; ¿y "agilimosas"?
-Bueno, "agilimosas" significa "ágiles y limosas"."Ágil" es lo mismo que "activo". Como ves es como una maleta: hay dos significados metidos dentro de una palabra
-Ya comprendo -comentó Alicia pensativa-; ¿y qué son las "tovas"?...
-Bueno pues las "tovas" son un poco parecidas a los tejones, un poco parecidas a los lagartos... y un poco parecidas a los sacacorchos.
-Deben de ser unos bichos rarísimos.
-Lo son -dijo Humpty Dumpty-; y hacen las madrigueras debajo de los relojes de sol... y se alimentan de queso.
- ¿Y qué es "giroscopar" y "barrenar"?
-"Giroscopar" es dar vueltas como un giróscopo. "Barrenar" es hacer agujeros  como una barrena.
-Y "el larde" es la glorieta en el centro de la cual están los relojes, ¿no? -preguntó Alicia sorprendida de su propio ingenio.
-Claro que sí. Y sabrás que se llama "larde" porque hay un largo trecho delante, y un largo trecho detrás.
-Y otro largo trecho desde cada lado -añadió Alicia.
-Exactamente. En cuanto a "debirables", significa "débiles y miserables" (ahí tienes otra maleta). Y el "burgovo" es un pájaro flaco y de pinta desaliñada, con las plumas erizadas a todo su alrededor..., algo así como un estropajo viviente.
-¿Y las "alecas rastas"? -dijo Alicia-. Siento causarle tantas molestias.
-Pues una "rasta" es una especie de cerco verde; pero las "alecas" no estoy muy seguro. Creo que es una contracción de "alejadas de casa"... y significa que se han extraviado"
-¿Y qué quiere decir "silbramaban"?
-Bueno "silbramaban" es algo entre silbar y bramar, con una especie de estornudo en medio; pero ya lo oirás, seguramente, en aquel bosque de allá; y en cuanto lo hayas oído una vez, te darás más que por satisfecha.

Lewis Carroll, A través del espejo y lo que Alicia encontró allí.



Dying Is an Art...







Rima LVI




Hoy como ayer, mañana como hoy,
¡y siempre igual!
Un cielo gris, un horizonte eterno
y andar... andar.

Moviéndose a compás, como una estúpida
máquina, el corazón.
La torpe inteligencia del cerebro,
dormida en un rincón.

El alma, que ambiciona un paraíso,
buscándole sin fe,
fatiga sin objeto, ola que rueda
ignorando por qué.

Voz que, incesante, con el mismo tono,
canta el mismo cantar,
gota de agua monótona que cae
y cae, sin cesar.

Así van deslizándose los días,
unos de otros en pos;
hoy lo mismo que ayer...; y todos ellos,
sin gozo ni dolor.

¡Ay, a veces me acuerdo suspirando
del antiguo sufrir!
Amargo es el dolor, ¡pero siquiera
padecer es vivir!

Gustavo Adolfo Bécquer




Lo ideal




"Lo ideal sería poder repetirse como... Bach"
E. M. Cioran, Ese maldito yo.


Y a veces cuanto más real, más inverosímil







"-¡No, no los ferrocarriles, señor mío! -protestó Lebedev, que empezaba a desbarrar y sentía al mismo tiempo un deleite infinito-. Los ferrocarriles no serán los únicos en envenenar "los manantiales de la vida", sino que el conjunto de todo eso es lo maldito; el espíritu entero de los últimos siglos, científico y práctico, es quizá, en efecto, lo que sea maldito.
-¿Seguramente maldito, o sólo "quizá"? En este caso es importante saberlo -preguntó Yevgeni Pavlovich.
-¡Maldito, maldito, seguramente maldito! - replicó Lebedev con vehemencia.
-No se enfurezca, Lebedev. Está usted mucho mejor por la mañana -observó Ptitsyn sonriendo.
-¡Pero mucho más franco cuando llega la noche! -replicó acalorado Lebedev, volviéndose hacia él-. Más sincero, más preciso, más honrado, más respetable. Y aun cuando de ese modo me expongo a los ataques de usted, no me importa un comino. Les reto a todos ustedes, a todos los ateos; ¿cómo van ustedes a salvar al mundo y dónde van a encontrar la vía adecuada para hacerlo, ustedes todos, los hombres de ciencia, los de la industria, los de las asociaciones cooperativas, los del salario justo y todo lo demás? ¿cómo van a hacerlo? ¿Con el crédito? ¿Qué es el crédito? ¿Adónde les llevará a ustedes el crédito?
-¡Vaya, vaya! ¡Pues sí que hace usted preguntas! -opinó Yevgeni Pavlovich.
-A mi parecer, el que no se interese por tales cuestiones no es más que un holgazán aristocrático.
-Eso llevará al menos a la solidaridad universal y al equilibrio de los intereses -observó Ptitsyn.
-¡Y eso es todo! ¡Eso es todo! ¿sin aceptar ninguna base moral, salvo la satisfacción del egoísmo personal y de la necesidad material? ¡La paz universal, la felicidad universal... por necesidad! ¿Puedo preguntarle, señor mío,si es así como debo interpretar lo que usted dice?
-Pero la necesidad universal de vivir, comer y beber, y la convicción absoluta de que tales necesidades no pueden ser satisfechas sin la asociación universal y la solidaridad de intereses es, a mi modo de ver, una idea lo bastante sólida para servir de fundamento al "manantial de la vida" en los siglos venideros de la humanidad -alegó Ganya, esta vez seriamente.
-La necesidad de comer y beber no es más que el instinto de conservación...
-¿Pero por qué no habría de ser bastante el instinto de conservación? Al fin y al cabo, el instinto de conservación es la ley normal de la humanidad...
-¿Quién le ha dicho a usted eso? -gritó de pronto Yevgeni Pavlovich-. Cierto que es una ley, pero no es ni más ni menos normal que la ley de la destrucción, y quizá de la autodestrucción. ¿Es que únicamente la autoconservación es la ley normal de la humanidad? (...)
-¿Los ferrocarriles? -gritó Kolya.
-No de las vías de comunicación, mi joven e impetuoso señorito, sino de la tendencia entera de la que los ferrocarriles pueden servir, por así decirlo, de expresión artística. ¡Van de prisa, rugen rechinan, y todo ello, según dicen, en pro de la felicidad humana! "La gente se está volviendo demasiado ruidosa y comercial; hay demasiada poca calma espiritual", ha dicho cierto pensador apartado del mundo. Y otro pensador que está siempre de la ceca a la meca le responde triunfalmente: "Puede ser, pero el ruido de los vagones que traen pan a la humanidad hambrienta vale quizá másque la calma espiritual"; y se aleja de él muy pagado de sí mismo. ¡Pero yo, el abominable Lebedev, no creo en esos vagones que traen pan a la humanidad! Porque los vagones que traen pan a toda la humanidad sin fundamento moral para hacerlo pueden excluír fríamente a una parte considerable de la humanidad, lo que ya ha ocurrido...
-¿Esos vagones de usted pueden excluir fríamente?... -interrumpió alguien.
-Eso ha ocurrido ya -repitió Lebedev sin dignarse a hacer caso a la pregunta-. Ya hemos tenido a Malthus, el amigo de la humanidad. Pero un amigo de la humanidad cuyos principios morales son vacilantes es un destructor de la humanidad, un antropófago, sin contar su vanidad; porque si se hiere la vanidad de uno de estos innumerables amigos de la humanidad, no tendrá empacho en pegar fuego a los cuatro costados del universo por mezquina venganza, como, por otra parte y hablando sinceramente, haría cualquiera de nosotros, como lo haría yo mismo, el más vil de todos, porque yo sería el primero en traer leña y echar a correr. ¡Pero no se trata de eso!.
-Pero, vamos a ver, ¿de qué se trata entonces?
-¡Nos está aburriendo!
-De lo que se trata es de una anécdota de hace mucho tiempo; porque me veo en la necesidad de contarles a ustedes una anecdota de los siglos pasados. En nuestro tiempo, en nuestra patria, que espero, señores, amen tanto como yo, porque por mi parte estoy dispuesto hasta a derramar por ella mi última gota de sangre...
-¡Adelante con el cuento! ¡Adelante!
-En nuestra patria, como en Europa, azotaban a la humanidad épocas de hambre general y espantosa, que según los cálculos y según mi propio recuerdo, ocurren sólo una vez cada cuarto de siglo, o, dicho de otro modo, cada veinticuatro años. No garantizo que ésa sea la cifra exacta, pero no ocurren relativamente muy a menudo.
-¿Relativamente a qué?
-Relativamente al diglo XII y a los que le preceden y le siguien inmediatamente. Porque entonces, como declaran y aseguran autores, el hambre general que afectaba a toda la humanidad ocurría cada dos o, cuando más, cada tres años, por lo que en tales condiciones los hombres recurrían incluso al canibalismo, aunque lo mantuvieran en secreto. Uno de esos parásitos, cercano a la vejez, declaró espontaneamente y sin ser forzado a ello que durante su larga y miserable vida había matado y comido por sí mismo y en el más profundo secreto a sesenta monjes y a varios niños seglares -unos seis, pero no más, o sea, muy pocos en comparación con el número de religiosos que había consumido-. En cuanto a seglares adultos, por lo visto, parecía no haberlos utilizado nunca para ese fin.
-¡Eso es imposible! -gritó el presidente mismo, el general, casi con voz indignada-. Yo señores, hablo y discuto con él a menudo, y siempre sobre cosas como ésa, pero lo más frecuente es que saque a colación esos absurdos que hacen daño a los oídos, y en los que no hay ni pizca de verdad.
-¡General! Recuerde usted el sitio de Kars. Y ustedes, caballeros, sepan que mi anécdota es la pura verdad. Por lo que a mí me toca, diré que casi toda realidad, aunque responda a leyes inmutables, es casi siempre increíble e inverosímil. Y a veces cuanto más real, más inverosímil."

F.M. Dostoyevski, El idiota. (pdf) 



viernes, 18 de junio de 2010

El corcho y el ancla






Carl Jung







"Quien ha experimentado profundamente en sí mismo este desdoblamiento es más capaz de lograr una mejor comprensión para estos procesos anímicos inconscientes e impedir aquel típico peligro de desorbitación que amenaza al psicólogo. Al que no conoce por propia experiencia la influencia nefasta de los Arquetipos le será difícil sustraerse de tal influencia negativa cuando la confronte en la práctica con su experiencia. Sobrevalorará o subestimará todo esto, porque posee sólo una noción intelectual, pero no una norma empírica. Aquí comienzan los peligrosos extravíos, el primero de los cuales es el intento de usurpación intelectual. Tiene por objetivo secreto sustraerse a la influencia arquetípica y en beneficio de la auténtica experiencia de un mundo conceptual aparentemente asegurado de modo artificial, pero meramente bidimensional, que aspira a ocultar la realidad de la vida con las llamadas ideas claras. La desviación hacia lo abstracto despoja a la experiencia de su sustancia y le presta el mero nombre, que a partir de entonces suplanta a la realidad. Nadie está obligado a un concepto y tal es precisamente la conveniencia buscada que promete protección frente a la experiencia. Pero el espíritu no vive de los conceptos, sino de los hechos. Las meras palabras no sirven para nada, lo único que se logra es repetir este proceso hasta el infinito."

"Entonces tuve un momento de extraordinaria lucidez, en el cual abarqué con la mirada el camino seguido hasta allí. Pensé: ahora posees la clave de la mitología y tienes posibilidad de abrir entonces todas las puertas que dan a la psiquis humana inconsciente. Pero entonces alguien susurró en mí: «¿Por qué abrir todas las puertas?». Surgió entonces la cuestión de qué era lo que yo había logrado hasta entonces. Había explicado los mitos de los pueblos primitivos, había escrito un libro sobre los héroes, sobre el mito en el que desde siempre vive el hombre. «Pero, ¿en qué mito vive el hombre de hoy?». «En el mito cristiano, podría decirse». «¿Vives tú en él?», me preguntaba. Si debo ser sincero, no. No es el mito en el que yo vivo. «¿Entonces ya no tenemos mito?». «No, al parecer ya no tenemos mito». «¿Pero cuál es, pues, tu mito, el mito en que tú vives?». Entonces me sentí a disgusto y dejé de pensar. Había llegado al límite."


Carl Gustav Jung, Recuerdos, sueños, pensamientos.


"We need more psychology, we need more understanding of human nature because the only real danger that exists is man himself. He is the great danger, and we are pitifully unaware of it. We know nothing of man far too little."






Face to face with Carl Jung. Parts I, II, III and IV.

Documentary about Carl Jung. Part I and II.


Welcome






Frank Sinatra's home in the 1960's.




La luna es la luna y basta








"Un día, escuché a una mujer contarle a su marido que la luna no es lo que pensamos: "No es un satélite natural de la tierra, sino un inmenso planetoide hueco, diseñado por alguna civilización técnicamente muy avanzada, y colocado en órbita alrededor de la tierra hace muchos siglos." Anoté cuidadosamente todo esto y también lo que le dijo el marido, que tenía cara de idiota  (y también esto lo anoté, me refiero a lo de la cara de imbécil): "La luna es la luna y basta."
Bonita frase la del idiota, algunas veces la digo, me gusta decirla:
-La luna es la luna y basta.
Nadie sabe por qué digo eso, nadie sabe que procede de mis escuchas de autobús. La vida en el 24 forma parte de mi archivo más íntimo. Hasta el día de hoy siempre tuve la impresión de que todo lo que ocurría en esa línea me concernía directamente."

Enrique Vila-Matas, Exploradores del abismo.



Al día siguiente no murió nadie







"Al día siguiente no murió nadie. El hecho por absolutamente contrario a las normas de la vida causo en los espíritus una perturbación enorme, efecto a todas luces justificado, basta recordar que no existe noticia en los cuarenta volúmenes de la historia universal, ni siquiera un caso para muestra, de que haya ocurrido un fenómeno semejante, que pasara un día completo con todas sus prodigas veinticuatro horas contadas entre diurnas y nocturnas, matutinas y vespertinas, sin que se produjera un solo fallecimiento por enfermedad, una caída mortal, un suicidio conducido hasta el final, nada de nada, como la palabra nada..."

José Saramago, Las intermitencias de la muerte. (Pdf)




Zirkuluak borobilean




Atzera edo aurrera
ezker edo eskuin
gora edo behera
egiten zuten
denek

herentzian hartutako
herentzian utziko zuten
bulkadak
jarritako tranpan

den denek
atzera edo aurrera
ezker edo eskuin
gora edo behera

Norabide bat bestea
baino 
nahiago izateagatik
zatitzen zuten
berdina zena

diagonala zein bertikala hartu
atzera edo aurrera egin
eskuma zein ezkerretara jo

herentzian hartutako
herentzian utziko zuten lekuan
geratzen ziren beti

zirkuluak egiten
ezinbestekotzat zituzten
betiko zirkuluak

Konturatu zen batek
esan zidan
    - haizea mugitu
    hori da egiten dugun dena
    egin gabe
    ezin utzi daitekeen
putzara


Liese


jueves, 17 de junio de 2010

How your money works




"Al perro que tiene dinero se le llama señor perro."
Proverbio árabe



How Your Money Works from MUSCLEBEAVER on Vimeo.

miércoles, 16 de junio de 2010

So derivative







Echoes




Overhead the albatross hangs motionless upon the air
And deep beneath the rolling waves
In labyrinths of coral caves
The echo of a distant tide
Comes willowing across the sand
And everything is green and submarine.

And no-one called us to the land
And no-one knows the wheres or whys
But something stirs and something tries
And starts to climb towards the light

Strangers passing in the street
By chance two separate glances meet
And I am you and what I see is me
And do I take you by the hand
And lead you through the land
And help me understand the best I can

And no-one calls us to move on
And no-one forces down our eyes
And no-one speaks and no-one tries
And no-one flies around the sun

Cloudless everyday you fall upon my waking eyes
inviting and inciting me to rise
And through the window in the wall
Come streaming in on sunlight wings
A million bright ambassadors of morning

And no-one sings me lullabies
And no-one makes me close my eyes
And so I throw the windows wide
And call to you across the sky





El señor de las moscas




"Un gemido tenue salido de la oscuridad les heló la sangre y les arrojó a los unos en brazos de los otros. Entonces el gemido aumentó, remoto y espectral, hasta convertirse en un balbuceo incomprensible. Percival Wemys Madison, de La Vicaría, en Hartcourt St. Anthony, tumbado en la espesa hierba, vivía unos momentos que ni el conjuro de su nombre y dirección podía aliviar."



"-Ahora dinos, ¿cómo te llamas?
-Percival Wemys Madison, La Vicaría, Harcourt St. Anthony, Hants, teléfono, teléfono, telé...
El pequeño, como si aquella información estuviese profundamente enraizada en las fuentes del dolor, se echó a llorar. Empezó con pucheros, después las lágrimas le saltaron a los ojos y sus labios se abrieron mostrando un negro agujero cuadrado. Pareció al principio una imagen muda del dolor, pero después dejó salir un lamento fuerte y prolongado como el de la caracola.
-¿Te quieres callar? ¡Cállate!
Pero Percival Wemys Madison no quería callar. Habían perforado un manantial que no cedía ni a la autoridad ni a la presión física. Gemido tras gemido continuó su llanto, que parecía haber clavado al niño, derecho como una estaca, al suelo.
-¡Cállate! ¡Cállate!
Los peques habían roto el silencio. Recordaban también sus propias penas y quizá sintiesen que compartían un dolor universal. Se unieron en simpatía a Percival en su llanto; dos de ellos, sollozando casi tan fuerte.
Maurice fue la salvación. Gritó:
-¡Miradme!
Fingió caerse. Se frotó el trasero y se sentó en el tronco columpio hasta conseguir caerse sobre la hierba. No era un gran payaso, pero logró que Percival y los otros se fijaran en él, suspirasen y empezaran a reírse. Al cabo de un rato reían tan cómicamente que hasta los mayores se unieron a ellos.
Jack fue el primero en hacerse oír. No tenía la caracola y, por tanto, rompía las reglas, pero a nadie le importó.
-¿Y qué hay de esa fiera?
Algo raro le ocurría a Percival. Bostezó y se tambaleó de tal modo que Jack le agarró por los brazos y le sacudió.
-¿Dónde vive la fiera?
El cuerpo de Percival se escurría inerme.
-Tiene que ser una fiera muy lista -dijo Piggy en guasa- si puede esconderse en esta isla.
-Jack ha estado por todas partes...
-¿Dónde podría vivir una fiera?
-¿Qué fiera ni que ocho cuartos? Percival masculló algo y la asamblea volvió a reír. Ralph se inclinó.
-¿Qué dice?
Jack escuchó la respuesta de Percival y después le soltó. El niño, al verse libre y rodeado de la confortable presencia de otros seres humanos, se dejó caer sobre la tupida hierba y se durmió:
Jack se aclaró la garganta y les comunicó tranquilamente:
-Dice que la fiera sale del mar.
Se desvaneció la última risa. Ralph, a quien veían como una forma negra y encorvada frente a la laguna, se volvió sin querer. Toda la asamblea siguió la dirección de su mirada; contemplaron la vasta superficie de agua y la alta mar detrás, la misteriosa extensión añil de infinitas posibilidades; escucharon en silencio los murmullos y el susurro del arrecife.
Habló Maurice, en un tono tan alto que se sobresaltaron.
-Papá me ha dicho que todavía no se conocen todos los animales que viven en el mar.
Comenzó de nuevo la polémica. Ralph ofreció la centellante caracola a Maurice, quien la recibió obedientemente. La reunión se apaciguó.
-Quiero decir que lo que nos ha dicho Jack, que uno tiene miedo porque la gente siempre tiene miedo, es verdad. Pero eso de que sólo hay cerdos en esta isla supongo que será cierto, pero nadie puede saberlo, no lo puede saber del todo. Quiero decir que no se puede estar seguro -Maurice tomó aliento-. Papá dice que hay cosas, esas cosas que echan tinta, los calamares, que miden cien tos de metros y se comen ballenas enteras.
De nuevo guardó silencio y rió alegremente.
-Yo no creo que exista esa fiera, claro que no. Como dice Piggy, la vida es una cosa científica, pero no se puede estar seguro de nada, ¿verdad? Quiero decir, no de) todo. Alguien gritó:
-¡Un calamar no puede salir del agua!
-¡Sí que puede!
-¡No puede!
Pronto se llenó la plataforma de sombras que discutían y se agitaban. Ralph, que aún permanecía sentado, temió que todo aquello fuese el comienzo de la locura. Miedo y fieras... pero no se reconocía que lo esencial era la hoguera, y cuando uno trataba de aclarar las cosas la discusión se desgarraba hacia un asunto nuevo y desagradable.
Logró ver algo blanco en la oscuridad, cerca de él. Le arrebató la caracola a Maurice y sopló con todas sus fuerzas. La asamblea, sobresaltada, quedó en silencio. Simón estaba a su lado, extendiendo las manos hacia la caracola. Sentía una arriesgada necesidad de hablar, pero hablar ante una asamblea le resultaba algo aterrador.
-Quizá -dijo con vacilación-, quizá haya una fiera. La asamblea lanzó un grito terrible y Ralph se levantó asombrado.
-¿Tú, Simón? ¿Tú crees en eso?
-No lo sé -dijo Simón. Los latidos del corazón le ahogaban-. Pero... Estalló la tormenta.
-¡Siéntate!
-¡Cállate la boca!
-¡Coge la caracola!
-¡Que te den por...!
-¡Cállate! Ralph gritó:
-¡Escuchadle! ¡Tiene la caracola!
-Lo que quiero decir es que... a lo mejor somos nosotros.
-¡Narices!"


William Golding, El señor de las moscas (pdf)