jueves, 30 de diciembre de 2010

The lottery of life










Musée des beaux-arts





Acerca del dolor jamás se equivocaron
Los Antiguos Maestros. Y qué bien entendieron
Su función en el mundo. Cómo llega
Mientras alguno cena o abre la ventana
O nada más camina sin objeto.
Cómo, mientras los viejos aguardan reverentes
El milagroso Nacimiento, habrá siempre
Niños sin mayor interés en lo que ocurre,
Patinando
En el estanque helado a la orilla del bosque.

No olvidaron jamás
Que el eterno martirio ha de seguir su curso,
Irremediablemente, en sórdidos rincones,
Donde viven los perros su perra vida
Y la yegua del verdugo se rasca
Las inocentes grupas contra un árbol.

Por ejemplo, en el Icaro de Brueghel:
Con qué serenidad
Todo parece lejos del desastre.
El labrador oyó seguramente
El rumor de las aguas y el grito inconsolable.
Pero el fracaso no lo conmovió:
Brillaba el sol como brilló en el cuerpo blanco
Al hundirse en las aguas verdes.

Y la elegante y delicada nave
Debió haber visto lo inaudito:
La caída de un niño que volaba.
Pero el barco tenía un destino
Y siguió navegando en calma.






Izan badira






1999. Abenduak 12. Asteartea.

Denborak ez du beti neurri bera izaten. Izan badira asteak, izan badira hilabeteak, izan badira urteak, baina denborak askotan beste forma batzuk hartzen ditu. Preso dagoenak, esate baterako, gutunak jasotzeko orduaren arabera banatzen du eguna, astea bisiten arabera eta hilabetea vis a vis-en arabera.
Denborak ez du beti neurri bera izaten. Erretiroan Cadizera bidaia egin du gizon batek. Ceutan soldaduska bukatu zuenean itsasarte txalupa batean zeharkatu zuen. Berrogeita bost urte beranduago bidaia bera egitea otu zaio baina Afrikarako norabidean. Txartelak zulatzen gizon edadetu bat dago. Ilarara hurbildu denean konturatu da berrogeita bost urte lehenago soldaduskatik bueltan txartela zulatu zion  pertsona berak zulatu diola oraingoan ere txartela. Esaldi bera esan du, grazia bera egin. "Emakumeak eta umeak lehendabizi". Une batean, berrogeita bost urte horiek desagertu egin dira erretiratuaren buruan.
Badira bestelako denbora neurriak eta goiz batean ohetik jaiki eta bat-batean konturatzen gara egun bat ez, hamar urte igaro direla eta ez dugula, bart bezeala bizitza osoa aurretik ikusten. Gertakariek hesiak jartzen dizkiete igarotako egunei, oroitzapen latz bilakatuko diren gertakari horiek. Orduantxe konturatzen gara gure bizitzako garai jakin bat bukatu egin dela halabeharrez.

Auld Lang Syne







Auld Lang Syne es una canción patrimonial escocesa cuya letra consiste en un poema escrito en 1788 por Robert Burns, uno de los poetas escoceses más populares. Se suele utilizar en momentos solemnes, como aquéllos en que alguien se despide, se inicia o acaba un viaje largo en el tiempo, un funeral, etc. Se la ha relacionado especialmente con la celebración del Año Nuevo.
“Auld lang syne”, en escocés, literalmente significa “hace mucho tiempo”; aunque se traduce más adecuadamente como “por los viejos tiempos”. Se canta con la melodía popular tradicional (es decir, folclórica, y, por tanto, anónima) escocesa clasificada con el número 6294 en el catálogo de Roud

Historia
Robert Burns envió una copia de la canción original al Museo de la Música Escocesa, con la siguiente nota: “La canción adjunta, una antigua canción, de los viejos tiempos, nunca dada a la imprenta hasta ahora, ni siquiera ha circulado manuscrita hasta que la recogí de un anciano". Parte de la letra fue, de hecho, "recogida", más que escrita por el poeta; la balada "Old Long Syne" ("Hace mucho tiempo") impresa en 1711 por James Watson muestra en el verso inicial y en el estribillo un parecido considerable con el poema, posterior, de Burns, y es casi seguro que se derive de la misma "antigua canción". Se considera justo atribuir el resto del poema al propio Burns.
Existen ciertas dudas de que la melodía hoy utilizada sea la misma que Burns había dispuesto originalmente, pero se usa ampliamente en Escocia y en el resto del mundo.


Auld Lang Syne


Should auld acquaintance be forgot
And never brought to mind?
Should auld acquaintance be forgot
And auld lang syne?
Refrain
For auld lang syne, my dear
For auld lang syne
We'll take a cup of kindness yet
For days auld lang syne
We twa hae run about the braes
And pou'd the gowans fine meaning: pulled daisies
But we've wander'd mony a weary fitt : foot
Sin' auld lang syne. : long ago
We twa hae paidl'd in the burn
Frae morning sun till dine meaning: dinner time
But seas between us braid hae roar'd : broad
Sin' auld lang syne.
And there's a hand, my trusty feire
And gie's a hand o' thine
And we'll tak a right gude-willie waught
For auld lang syne.
And surely ye'll be your pint-stowp
And surely I'll be mine
And we'll tak a cup o'kindness yet
For auld lang syne.

Por los viejos tiempos

¿Deberían olvidarse las viejas amistades
y nunca recordárselas?
¿Deberían olvidarse las viejas amistades
y los viejos tiempos?
Por los viejos tiempos, amigo mío,
por los viejos tiempos:
tomaremos una copa de cordialidad
por los viejos tiempos.
Los dos hemos correteado por las laderas
y recogido las hermosas margaritas,
pero hemos errado mucho con los pies doloridos
desde los viejos tiempos.
Por los viejos tiempos, amigo mío,
por los viejos tiempos:
tomaremos una copa de cordialidad
por los viejos tiempos.
Los dos hemos vadeado la corriente
desde el mediodía hasta la cena,
pero anchos mares han rugido entre nosotros
desde los viejos tiempos.
Por los viejos tiempos, amigo mío,
por los viejos tiempos:
tomaremos una copa de cordialidad
por los viejos tiempos.
Y he aquí una mano, mi fiel amigo,
y danos una de tus manos,
y ¡echemos un cordial trago de cerveza
por los viejos tiempos!
Por los viejos tiempos, amigo mío,
por los viejos tiempos:
tomaremos una copa de cordialidad
por los viejos tiempos.
Y seguro que tú pagarás tu caña.
Y seguro que yo pagaré la mía...
Y, aun así... ¡echaremos ese trago de cordialidad
por los viejos tiempos!


Via: Wikipedia

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Supervivencia, Indagación y Refinamiento








"Ford y Trillian estaban sentados en un rincón hablando de la vida y de los problemas que suscita; y Arthur se llevó a la cama el ejemplar de Ford de la Guía del autoestopista galáctico. Pensó que, como iba a vivir por allí, sería mejor aprender al respecto.
Se topó con un artículo que decía:
"La historia de todas las civilizaciones importantes de la Galaxia tiende a pasar por tres etapas diferentes y reconocibles, las de Supervivencia, Indagación y Refinamiento, también conocidas por las fases del Cómo, del Por qué y del Dónde.
Por ejemplo, la primera fase se caracteriza por la pregunta: ¿Cómo podemos comer?; la segunda, por la pregunta: ¿Por qué comemos? y la tercera, por la pregunta: ¿Dónde vamos a almorzar?"
No siguió adelante porque el intercomunicador de la nave se puso en funcionamiento.
-¡Hola, terrícola! ¿Tienes hambre, muchacho? -dijo la voz de Zaphod.
-Pues..., bueno, sí. Me apetece picar un poco -dijo Arthur.
-De acuerdo, chico, aguanta firme -le dijo Zaphod-. Tomaremos un bocado en el restaurante del Fin del Mundo."

Douglas Adams, Guía del autoestopista galáctico.




martes, 28 de diciembre de 2010

Redes 78: El cerebro no busca la verdad sino sobrevivir



Entrevista de Eduard Punset con Cordelia Fine, psicóloga y escritora de la Macquarie University, Australia. Puebla, México, 8 de noviembre de 2009.


"Tu cerebro te enseña un mundo ampliamente coloreado por la vanidad."






Eduard Punset: Es divertido, en tu libro y en tus investigaciones, Cordelia, nos hablas de la fragilidad del cerebro. Nos dices que tengamos cuidado porque no es un artilugio del que podamos fiarnos. Pero, por otro lado, no tenemos otra alternativa que la de confiar en el cerebro. ¿Qué le dirías a la gente?

Cordelia Fine: Creo que una de las razones por las que he escrito este libro es porque la investigación sobre nuestro inconsciente es fascinante; los experimentos demuestran que existen distintas maneras de influir en el comportamiento de la gente, sin que ésta sea consciente de nada: cualquiera lo negaría si el experimentador le preguntara sobre ello más tarde. Los artículos generales sobre el tema son cómicos; no suele ocurrir lo mismo con la mayoría de los estudios académicos, que suelen ser bastante áridos; en general no provocan risa. Yo quería aportar esa información al gran público que, evidentemente, no tiene acceso a ella. El lento flujo de la conciencia no tiene que ocuparse de todos esos procesos mentales que se dan sin que seamos conscientes. Y ha de ser así, pues no podríamos recopilar toda la información necesaria si nos basáramos únicamente en la parte consciente y reflexiva de nuestras mentes. Toda esa vida mental subyacente a la conciencia opera de una forma no necesariamente precisa, pero lo bastante eficiente como para construir todo tipo de prejuicios de los que no nos damos cuenta. La investigación demuestra a menudo que la gente consciente de que puede haber algún sesgo es más imparcial, y es que la motivación y la capacidad de control de algunos de estos prejuicios pueden ser de gran ayuda.

Eduard Punset: De acuerdo, lo que dices es: “Cuidado, porque la parte del comportamiento que se rige por el subconsciente es tan grande que deberíamos saber abordarla ya que no hay ningún instrumento consciente, de momento al menos, que pueda interferir con este comportamiento o cambiarlo”. Vale, eso es cierto pero, ¿por qué la conciencia debería tener más razón que la inconsciencia?

Cordelia Fine: Bueno, algunos creen que ciertas decisiones son más acertadas si se toman de forma intuitiva y otros piensan que deben ser más deliberadas para ser acertadas...

Eduard Punset: ¿Qué decisiones serían mejores si fueran fruto de la intuición?

Cordelia Fine: Bueno, creo que me resulta más fácil decir cuáles probablemente no sean las más acertadas si resultan de la intuición. Hay distintas situaciones en las que es más que factible que la información recibida no sea imparcial o que se llegue a juicios sesgados. Por ejemplo, al conocer a otras personas, todos acabamos asociándolas a algún grupo social. Si tenemos una percepción concreta de estas personas, si la mente activa un estereotipo concreto, es muy probable que las percibamos a través de ese prisma estereotipado y que tengamos una percepción sesgada de su comportamiento, sus habilidades, etc.

Eduard Punset: Si somos conscientes de nuestra vulnerabilidad o de la vulnerabilidad que nos impone el cerebro, ¿qué podemos hacer? Si es que se puede hacer algo...

Cordelia Fine: Bueno, a menudo sabemos de personas que son conscientes de que los prejuicios pueden interferir con sus juicios de valor; en estos casos suele desaparecer el sesgo. Por ejemplo, la gente tiende a estar de mejor humor cuando hace bueno. Hay un experimento clásico sobre el humor y el tiempo meteorológico, en concreto con los que acostumbran a ir a correr. Si se les pregunta sobre su grado de satisfacción, los que salen a correr los días lluviosos suelen tener una visión de su vida más negativa que aquellos que corren los días de sol. Es un estado emocional que empaña la presunta visión objetiva de la propia vida. Sin embargo, en otra parte del experimento se preguntó a la gente: “Eh, ¿qué tal el tiempo ahí?”, donde quiera que se hiciera el experimento, y en esa ocasión el aspecto meteorológico no condicionó el estado de ánimo. La razón es que si se advierte a la persona del efecto del tiempo, se le da a entender que podría ser un factor de parcialidad y, por eso, dicho factor desaparece. No siempre funciona tan bien como en este caso pero a veces sí. Por ejemplo, se hizo un experimento con la voz de un famoso para ver si a la gente le gustaba el producto anunciado por el famoso en cuestión. Descubrieron que si la persona reconocía la voz del personaje célebre, el anuncio era menos eficaz que si no la reconocían. Se supone que es porque hay algún tipo de elemento supresor del sesgo. Pensaban: “Vale, se trata de un famoso...”; no eran necesariamente conscientes de ello... Creo que la investigación tiene que ir en esa dirección tan interesante y ver cómo llevamos a cabo esa supresión del sesgo de la que quizás ni somos conscientes. Porque pienso que cuando no somos conscientes en absoluto de que podrían interferir con nuestros juicios de valor estamos en una situación muy vulnerable.

Eduard Punset: Gracias a tus investigaciones y las de otros colegas, hoy sabemos que el cerebro enturbia nuestras opiniones a través de una vanidad exacerbada, nuestra propia vanidad, por ejemplo, o activa la intolerancia, o si eres una persona emotiva, exacerba tus emociones... Y quería preguntarte: ¿podemos hacer algo al respecto?, ¿quizás ser conscientes de esas posibilidades?, ¿qué le aconsejarías a la gente?

Cordelia Fine: Bueno, es difícil, porque escribí el libro pensando que sería más objetiva al acabarlo que al empezar. No sé si es verdad o no, de hecho, escribir el libro me sumió en un estado de confusión. Recuerdo que participaba en una obra teatral de grupo con mis hijos, se trataba de un grupo muy diverso. Había una señora sudafricana de pelo rubio que estaba hablando con una señora india y le dijo: “¿Podrías quitar esos juguetes de en medio?”. Yo pensé que le estaba hablando con un tono muy autoritario, no lo vi adecuado y me pareció que quizás era racista al considerar que la otra persona no merecía el mismo respeto que ella. Me dije: “Se está dejando llevar por sus prejuicios inconscientes”. Después, pensé que quizás era yo, que quizás era yo quien tenía el estereotipo porque los sudafricanos blancos han sido racistas y que esto estaba afectando mi percepción de cómo se había dirigido la sudafricana a la señora india. No sabía qué pensar, no sabía quién tenía prejuicios, si era ella, si era yo. Creo que el problema es que lo que llamamos “realismo ingenuo”, lo que percibimos como realidad absoluta y objetiva es muy difícil de superar, francamente. Cuando presentas los resultados de esas investigaciones a los estudiantes y les pides que utilicen esta información para predecir si se hubieran comportado igual en una situación parecida, no son capaces de aplicarlo a sí mismos. La gente siempre tiene prejuicios interesados sobre sí mismos y cuando les preguntas sobre otros te dicen: “Ah, sí, creo que es verdad que la gente hace eso”. ¿”Y tú lo harías?, bueno, yo no pero otros lo hacen”.

Eduard Punset: Entonces, en realidad, las razones verdaderas de nuestro comportamiento siguen siendo desconocidas. Tú das muchísimos ejemplos en tu libro. ¿Cuáles, por ejemplo?

Cordelia Fine: Bueno, creo que lo que es fascinante es que los psicólogos están empezando a demostrar que algunas de las principales decisiones que tomamos a lo largo de la vida - como con quién nos vamos a casar, qué tipo de trabajo vamos a desempeñar o dónde vamos a vivir- obviamente, van a ser una mezcla muy compleja de factores que nos influyen. Por ejemplo, la gente tiene un favoritismo inconsciente por aquello que les recuerda a sí mismos, es una especie de amor propio inconsciente que nos atrae hacia lo que se parece a nosotros mismos.

Eduard Punset: ¿Deberíamos intentar ser más racionales, más conscientes?, ¿deberíamos prestar más atención a las cosas?, ¿podemos hacer algo con ese lado inconsciente de nuestra personalidad?

Cordelia Fine: Cuando pensamos en lo que nos rodea y nos influye, lo que pasa por nuestra cabeza y cómo nos comportamos, hay que pensar si toda la responsabilidad de controlarlo está aquí dentro, o si también tenemos que tener en cuenta lo que nos rodea.
Hace unas semanas leí un nuevo estudio en el que se mostraban fotos a bebés de dieciocho meses donde se veía un objeto, como por ejemplo una tetera. Después, al fondo de la foto, en un segundo plano, había otra imagen: de alguien solo, de una muñeca, de dos personas mirándose o de dos personas de espaldas. Y, tras enseñarles las fotos, analizaban los efectos que se producían en el bebé: la autora del experimento se paseaba entre los niños y dejaba caer unos palitos al suelo para ver cuántos niños la ayudarían a recogerlos. Por el mero hecho de mirar la fotografía de dos personas frente a frente, en una actitud interpersonal cooperativa y comunicativa, aumentaban las posibilidades de que el niño ayudara a recoger los palitos.
Así que si pensamos en la educación de los niños, evidentemente el papel de los padres es intentar hacer que lo que hay aquí sea bueno pero también tenemos que pensar en el entorno en el que vive la gente y en cómo podemos ayudarles a que lo que hay dentro sea mejor teniendo en cuenta lo que hay fuera.

Eduard Punset: O sea que, fíjense bien lo que estamos descubriendo, nos pasamos la vida a veces pensando en las ideas que debiéramos sugerir sino inculcar a los niños o a los jóvenes, en los sistemas educativos, sin darnos cuenta de la importancia que tiene, bueno, pues un hecho pasajero que se da en el entorno en el que vives. Es increíble pensar en ese contraste: todos tus pensamientos intentan ver cómo puedes desarrollar ciertas habilidades de tus hijos y, por otro lado, en descubrir cómo el entorno puede ser tan eficaz o poderoso como tu propia mente.

Cordelia Fine: Por supuesto como padre o madre, tienes un cierto poder sobre el entorno en el que se encuentra tu hijo, pero disminuye a medida que se hacen mayores.



domingo, 26 de diciembre de 2010

Ideologia del inodoro




"Es fácil decir que no hay ideología, pero vas al baño, y te sientas encima de la ideología."


Modelo francés
Modelo alemán
Modelo anglosajón




"En un viejo chiste de la extinta República Democrática Alemana, un obrero alemán consigue un trabajo en Siberia; consciente de que todo el correo es leído por los censores, le dice a sus amigos:
´Establezcamos un código: si reciben una carta mía escrita con tinta azul, lo que digo es verdad; y si esta escrita con tinta roja, es falso.´
Un mes después, sus amigos reciben la primera carta:
Todo aquí es maravilloso, las tiendas están llenas, la comida es abundante, los apartamentos son grandes y muy cálidos, los cines muestran películas de occidente, hay muchas chicas guapas dispuestas para un affair -La única cosa que no se puede conseguir aquí es tinta roja.
Uno comienza estando de acuerdo en que tenemos todas las libertades que deseamos. Entonces uno simplemente agrega que la única cosa que extrañamos es la “tinta roja”: Nos “sentimos libres” porque nos falta el idioma para articular nuestra no-libertad.

Slavoj Zizek, Bienvenidos al desierto de lo real


























La silla de Gauguin





"Creo que Gauguin pensaba que el artista debe buscar el símbolo, el mito, agrandar las cosas de la vida hasta el mito, mientras que van Gogh pensaba que hay que saber deducir el mito de las cosas más pedestres de la vida.
Por mi parte, pienso que estaba jodidamente en lo cierto.
Pues la realidad es terriblemente superior a cualquier historia, a cualquier fábula, a cualquier divinidad, a cualquier super-realidad.
Basta con tener el genio de saber interpretarla."

Antonin Artaud, Van Gogh: el suicidado de la sociedad



La recta atención y la recta concentración








Hace muchos años tenía una charla de cinco minutos en la radio después de las noticias, una vez por semana. A veces comentaba lo que iba a decir con el director de Esade, en Barcelona, donde daba clases sobre relaciones económicas internacionales. En una ocasión llegaba de un viaje a EE.UU. con el tiempo justo para soltar mi discurso a los oyentes del mediodía. «Lee este texto de Platón e improvisas el comentario», me sugirió el director de entonces.
No he olvidado nunca el texto y se lo recomiendo a mis lectores. Platón comentaba que estaba dispuesto a ayudar a sus amigos «conocedores de mi interés por la cosa pública», decía él, a cambiar de régimen. Lo hizo un par de veces hasta que, desengañado por los resultados de las reformas alentadas por sus amigos, decidió renunciar en el futuro a impulsar cualquier tipo de cambio «hasta que los filósofos fueran políticos o, cosa mucho más improbable, que los políticos fueran filósofos». 
Después de leer la carta de Platón, escrita unos cuatrocientos años antes de Cristo, y de mi pausa calculada aunque, obviamente, demasiado larga, iba a soltar mi pequeño comentario al texto cuando el jefe del cubículo desde el que emitíamos dio por terminada la comunicación, sin que me diera tiempo a aclarar que aquello no era de Punset, sino de Platón, siglos atrás.
«No se preocupe, Punset, las cosas cambiarán.» O: «Siento lo que está ocurriendo, pero en algún momento del futuro sucederá algo nuevo». Éste era el sentido de las misivas recibidas, pero lo más sorprendente no era eso, sino que su número se multiplicó por diez sin que nadie notara que ¡aquello no lo decía yo, sino Platón, hace más de dos mil cuatrocientos años!
Algo muy parecido me ha ocurrido leyendo un texto de Buda en mi ordenador sobre la felicidad y la infelicidad. Un poquito antes de Platón, Buda estaba diciendo algo muy parecido a lo que mis amigos científicos de las universidades de Harvard, Columbia y Standford están descubriendo ahora, gracias a experimentos complejos y resonancias magnéticas alambicadas.
¿Qué decía Buda, quinientos años antes de Cristo, sobre la felicidad? Pues que se podía salir de la infelicidad renunciando a muchos deseos de orden sexual y de otro tipo. ¿Y qué dicen ahora mis amigos científicos? Pues que es preciso rediseñar una nueva tabla de compromisos: no se puede, cuando se tiene una vivienda, pretender una segunda; enseñar idiomas a los hijos y, por lo tanto, enviarlos a estudiar al extranjero; enrolarlos en la escuela más cara y famosa; tener varios, demasiado seguidos; compaginar la carrera con un segundo trabajo. O para ser más precisos, los expertos están sugiriendo que en la tabla de compromisos se puede incluir cualquiera de estos objetivos, pero difícilmente todos a la vez. 
¿Qué otras pautas sugería Buda para ser feliz? La noble verdad del camino que lleva al cese del sufrimiento –para utilizar sus palabras– incluía «el recto esfuerzo». Los mejores psicólogos, uno de ellos de origen húngaro, con un nombre imposible de pronunciar y que en la actualidad enseña en California, hablan de «sumergirse en el flujo». Es preciso no sólo esforzarse mucho en algo, sino dejarse embriagar por ello, ya sea un gran amor, un deporte, una profesión o trabajar las tardes de los domingos. Todo menos pasarlos, aburrido, viendo la televisión.
«¡Eduard, por Dios, algo dirán de nuevo tus amigos neurólogos y psicólogos que no hubiera dicho Buda quinientos años antes de Cristo!» Pues no. Existe un consenso generalizado de que sin concentración no es posible educar. ¿Saben cuáles son las dos recetas más importantes según Buda? La recta atención y la recta concentración.



viernes, 24 de diciembre de 2010

Adagio, BWV 974




Episodio







"El episodio es un concepto importante de la Poética de Aristóteles. A Aristóteles no le gustan los episodios. De todos los acontecimientos, según él, los peores son los acontecimientos episódicos. El episodio no es ni una consecuencia indispensable de lo que antecedía ni la causa de lo que seguiría; se halla fuera  de ese encadenamiento causal de acontecimientos que es una historia. Es una simple casualidad estéril que puede ser suprimida sin que una historia pierda su ligazón comprensible, y no es capaz de dejar una huella duradera en la vida de los personajes. Van ustedes en metro a un encuentro con la mujer de su vida y, un momento antes de la parada en que han de bajar, una joven desconocida, en la que no se había fijado (ya que iban a encontrarse con la mujer de su vida y no se fijaban en nada más) sufre una indisposición repentina, se desmaya y se va a caer al suelo. Como están a su lado, la sujetan y la tienen entre sus brazos unos segundos hasta que ella abre los ojos. La sientan en un sitio que alguien deja libre para ella y, como en ese momento el tren comienza a frenar, se separan de ella casi con impaciencia para bajar y correr tras la mujer de si vida. En ese mismo momento la joven a la que poco antes tenían entre los brazos ya está olvidada. Esta historia es un típico episodio. La vida está repleta de episodios como un colchón lo está de lana, pero el poeta (según Aristóteles) no es un tapicero y debe eliminar todos los rellenos de la historia, aunque la vida real no se componga precisamente más que de rellenos como éste. 
Su encuentro con Bettina fue para Goethe un episodio insignificante; no sólo ocupó cuantitativamente un espacio minúsculo del tiempo de su vida, sino que Goethe intentó por todos los medios que nunca desempeñase el papel de una causa y la mantuvo cuidadosamente fuera de su biografía. Pero es precisamente aquí donde comprobamos la relatividad del concepto episodio, una relatividad que Aristóteles no advirtió: nadie puede garantizar que un acontecimiento completamente episódico no lleve almacenado dentro de sí una fuerza que haga que en determinado momento, de forma inesperada, se convierta, pese a todo, en la causa de otros acontecimientos. Cuando digo en determinado momento, puede ser incluso después de la muerte, como sucedió precisamente en el caso del triunfo de Bettina, que se convirtió en una historia de la vida de Goethe cuando Goethe ya no vivía.
Podemos por lo tanto completar la definición que Aristóteles hace del episodio y decir: ningún episodio está a priori condenado a seguir siendo para siempre episodio, porque cualquier acontecimiento, aun el más insignificante, esconde dentro de sí la posibilidad de llegar a ser antes o después la causa de otros acontecimientos y  convertirse así en una historia o una aventura. Los episodios son como minas. La mayoría nunca explota, pero precisamente el menos llamativo de ellos se convierte un buen día en una historia que resulta funesta. Va por la calle una mujer que desde lejos le mira con una mirada que le parecerá un tanto alocada. Cuando se le acerca, aminora el paso, se detiene y dice: "¿Es usted? ¡Llevo ya tanto tiempo buscándolo!" y le echa los brazos a cuello. Es aquella joven que cayó desmayada en sus brazos cuando iba usted a encontrarse con la mujer de su vida con la mientras tanto se casó y tuvo un hijo. Pero la joven que de pronto le encontró en la calle ha decidido enamorarse de su salvador y considerar aquel encuentro casual como una orden del destino. Le llamará cinco veces al día por teléfono, le escribirá cartas, visitará a su esposa y le explicará que lo ama desde hace tanto tiempo que tiene derecho a que sea suyo, hasta el punto de que la mujer de su vida perderá la paciencia, se pondrá tan furiosa que decidirá acostarse con el barrendero y después se marchará de casa con niño y todo. Usted, para escapar de la joven enamorada, que mientras tanto ha trasladado a su piso el contenido de sus armarios, se irá a vivir al otro lado del mar, donde morirá en la desesperación y la miseria. Si nuestras vidas fueran infinitas como la vida de los dioses antiguos, el concepto de episodio perdería sentido, porque en lo infinito cualquier acontecimiento, aun el más insignificante, encontraría su consecuencia y se desarrollaría hasta formar una historia.
La mujer que toca el laúd, con la que bailó cuando tenía veintisiete años, no había sido para Rubens más que un episodio, un archiepisodio, un episodio total hasta el momento en que, quince años más tarde, se la encontró por casualidad en un parque romano. Entonces el episodio olvidado se convirtió de pronto en una pequeña historia, pero aquella historia siguió siendo en relación con la vida de Rubens una historia completamente episódica. No tenía la menor esperanza de transformarse en parte de lo que podríamos denominar su biografía.
Biografía: cadena de acontecimientos que consideramos importantes para nuestra vida. Pero ¿qué es importante y qué no lo es? En vista de que no lo sabemos (y de que ni siquiera se nos ocurre plantearnos una pregunta tan estúpidamente sencilla) aceptamos como importante lo que consideran importante los demás, por ejemplo el empresario que nos obliga a rellenar unos formularios: fecha de nacimiento, profesión de lo padres, estudios, cambios de empleo y lugar de residencia (en mi antigua patria añadían: perteneciente al partido comunista), bodas, divorcios, nacimiento de los hijos, enfermedades graves, éxitos, fracasos. Es terrible pero es así: hemos aprendido a ver nuestra propia vida según la visión que de ella nos dan los formularios burocráticos o policiales."

Milan Kundera, La imnortalidad.


jueves, 23 de diciembre de 2010

Cerebro y humor



Una jaula





"Una jaula fue en busca de un pájaro"

Franz Kafka
Consideraciones acerca del pecado.



De un centavo









"EL 12 de diciembre de 1770, le comentaba a Ljungberg: "No existe una persona con quien yo pueda mantener relaciones, no tengo siquiera un perro a quien tutear. Por suerte, aun así, mi conciencia está tranquila. De lo contrario, ya habría ido a buscar el descanso que Hamlet temía a causa de los sueños que en él adivinaba. En lo que a mí concierne, no son los sueños los que me re­tienen, a pesar de la opinión de Hamlet, y considero que es un consuelo, con respecto a la angustiante condición humana, que una medida de pólvora cueste sólo unos centa­vos. Es espantoso vivir cuando no se quiere vivir, pero mucho más terrible sería ser in­mortal cuando se quiere morir. De modo que toda esta agobiante carga está colgada de mí con un hilo que podría cortar con un cortaplumas de un centavo."


Georg Christoph Lichtenberg, Aforismos



Lessness











"El texto francés Sans se titula en inglés Lessness, vocablo creado por Beckett, al igual que su equivalente alemán Losigkeit.
La palabra Lessness (tan insondable como el Ungrud de Boehme) me hechizó de tal manera que una noche le dije a Beckett que no me acostaría sin haberle encontrado un equivalente honorable en francés... Habíamos estado examinando todas las formas posibles sugeridas por sans y moindre. Ninguna nos había parecido acercarse al inagotable Lessness, mezcla de privación y de infinito, vacuidad sinónimo de apoteosis. Nos separamos aquella noche decepcionados. Yo continué en casa dándole vueltas al probre sans. Justo cuando me disponía a capitular se me ocurrió buscar en dirección del término latino sine. Al día siguiente escribía a Beckett que sinéité me parecía la palabra buscada. Me respondió que también el había pensado en ella, quizás en el mismo momento que yo. Sin embargo, debimos reconocer que nuestro hallazgo no era tal. Decidimos abandonar la búsqueda, concluyendo que no había sustantivo en francés capaz de expresar la ausencia de sí mismo, la ausencia en estado puro, y que había que resignarse a la miseria metafísica de una preposición."

E. M. Cioran, Ejercicios de admiración y otros textos.


Sin. Sans. Lesness

Ruinas refugio cierto por fin hacia el cual de tan lejos tras tanta falsedad. Lejanos sin fin tierra cielo confundidos sin un ruido nada móvil. Rostro gris azul claro cuerpo pequeño corazón latiendo solo en pie. Apagado abierto cuatro lados a contracorriente refugio cierto sin salida.

Ruinas esparcidas confundidas a la arena gris ceniza refugio cierto. Cubo todo luz blancor raso rostros sin trazo ningún recuerdo. Nunca fuera más que aire gris sin tiempo quimera luz que pasa. Gris ceniza cielo reflejo de la tierra reflejo del cielo. Nunca fuera más que este sueño incambiable la hora que pasa.

Maldecirá de Dios como en tiempo bendito cara al cielo abierto tormenta pasajera. Cuerpo pequeño rostro gris rasgos grieta y pequeños huecos dos azul claro. Rostros sin trazo blancor raso ojo sereno por fin ningún recuerdo.

Quimera luz nunca fuera más que aire gris sin tiempo ni un ruido. Rostros sin trazo casi tocando blancor raso ningún recuerdo. Cuerpo pequeño soldado gris ceniza corazón latiendo frente a la lejanía. Lloverá sobre él como en tiempo bendito azul la nube pasajera. Cubo refugio cierto por fin cuatro lados sin ruido a contracorriente.

Cielo gris sin nube ni un ruido nada móvil tierra arena gris ceniza. Cuerpo pequeño mismo gris que la tierra el cielo las ruinas solo en pie. Gris ceniza alrededor tierra cielo confundidos lejanos sin fin. Se moverá en la arena se moverá en el cielo en el aire la arena. Jamás si no en el sueño hermoso no tener más de un tiempo que hacer. Cuerpo pequeño bloque pequeño corazón latiendo ceniza solo en pie. Tierra cielo confundidos infinito sin relieve cuerpo pequeño solo en pie. En la arena sin impulso otro paso hacia la lejanía él dará. Silencio ni un aliento mismo gris en todo tierra cielo cuerpo ruinas.

Negro lento con ruina refugio cierto cuatro lados sin ruido a contracorriente. Piernas un solo bloque brazos junto a los flancos pequeño cuerpo frente a la lejanía. Jamás si no en el sueño desvanecido dejó de pasar la hora larga breve. Solo en pie pequeño cuerpo gris liso nada que supere algunos huecos. Un paso en las ruinas las arenas sobre el dorso, hacia la lejanía ¿1 dará. Nunca si no sueño días y noches hechos de sueños otras noches días mejores. Revivirá el tiempo de un paso renacerá el día y la noche sobre él la lejanía.

En cuatro a contracorriente refugio cierto sin salida. Ruinas esparcidas.

Cuerpo pequeño bloque pequeño partes invadidas culo un solo bloque raya gris invadida. Refugio cierto por fin sin salida esparcido cuatro lados sin ruido a contra Corriente Lejanía sin fin tierra cielo confundidos nada móvil ni un aliento. Rostros blancos sin trazo ojo sereno cabeza su razón ningún recuerdo. Ruinas esparcidas gris ceniza alrededor refugio cierto por fin sin salida.

Gris ceniza cuerpo pequeño solo en pie corazón latiendo frente a la lejanía. Muy bello muy nuevo como en tiempo bendito reinará la desgracia. Tierra arena mismo gris que el aire el cielo el cuerpo las ruinas arena fina gris ceniza. Luz refugio blancor raso rostros sin trazo ningún recuerdo. Infinito sin relieve cuerpo pequeño solo en pie mismo gris en todo tierra cielo cuerpo ruinas. Frente al blanco sereno casi tocando ojo sereno por fin ningún recuerdo. Un paso más uno sólo solo del todo en la arena sin impulso él dará.

Apagado abierto refugio cierto sin salida hacia el cual de tan lejos tras tanta falsedad. Jamás si no silencio como en la imaginación estas risas de loca estos gritos. Cabeza por el ojo sereno todo blancor sereno luz ningún recuerdo. Quimera la aurora que disipa las quimeras y la llamada morena.

Sobre el dorso él irá cara al cielo renacido sobre él las ruinas las arenas lejanías. Aire gris sin tiempo tierra cielo confundidos mismo gris que las ruinas lejanías sin fin. Renacerá el día y la noche sobre él lejanías aire corazón relatirá. Refugio cierto por fin minas esparcidas mismo gris que la arena.

Frente al ojo sereno casi tocando sereno todo blancor ningún recuerdo. Jamás si no imaginado azul llamado en poesía celeste si no en imaginación loca - Pequeño vacío gran luz cubo todo blancor rostros sin trazo ningún recuerdo. Nunca fuera más que aire gris sin tiempo nada móvil ni un aliento. Corazón latiendo solo en pie cuerpo pequeño rostro gris rasgos invadidos dos azul claro. Luz blancor casi tocando cabeza por el ojo sereno toda su razón ningún recuerdo.


Gris ceniza cielo reflejo de la tierra reflejo del cielo. Aire gris sin tiempo tierra cielo confundidos mismo gris que las ruinas lejanía sin fin. En la arena sin impulso otro paso hacia la lejanía él dará. Renacerá el día y la noche sobre él la lejanía el aire corazón relatirá.

Quimera luz nunca fuera más que aire gris tiempo ningún ruido. Lejanía sin fin tierra cielo confundidos nada móvil ni un aliento. Lloverá sobre él como en tiempo bendito azul nube pasajera. Cielo gris ni una nube sin ruido nada móvil tierra arena gris ceniza.

Pequeño vacío gran luz cubo todo blancor rostros sin trazo ningún recuerdo. Infinito sin relieve cuerpo pequeño solo en pie mismo gris todo tierra cielo cuerpo ruinas. Ruinas es- das confundidas con la arena gris ceniza refugio cierto. Cubo refugio cierto por fin cuatro lados sin ruido a contracorriente. Nunca fuera más que este inmutable sueño la hora que pasa. Nunca fuera más que este aire gris sin tiempo quimera luz que pasa.

En cuatro a contracorriente refugio cierto sin salida ruinas esparcidas. Revivirá el tiempo de un paso renacerá el día y la noche sobre él la lejanía. Frente al blanco sereno casi tocando ojo sereno por fin ningún recuerdo. Rostro gris dos azul claro cuerpo pequeño corazón latiendo solo en pie. Sobre el dorso él irá cara al cielo renacido sobre él las ruinas las arenas lejanía. Tierra arena mismo gris que aire cielo cuerpo las ruinas fin arena gris ceniza. Rostros sin trazo casi tocando blancor raso ningún recuerdo.

Corazón latiendo solo en pie cuerpo pequeño rostro gris rasgos invadidos dos azul claro. Solo en pie cuerpo pequeño gris liso nada pie supere algunos huecos. Jamás si no en el sueño días y noches hechas de sueños otras noches días mejores. Se moverá en la arena se moverá en le cielo en le aire la arena. Un paso en las ruinas las arenas sobre el dorso hacia la lejanía él dará. Jamás si no silencio corno en la imaginación esas risas de loca esos gritos.

Refugio cierto por fin Tuinas esparcidas mismo gris que la arena. Nunca fuera si no aire gris sin tiempo nada móvil ni un aliento. Rostros blancos sin trazo ojo sereno cabeza su razón ningún recuerdo. Jamás si no en el sueño desvanecido pasara la hora larga breve. Cubo todo luz blancor raso rostros sin trazo ningún recuerdo.

Apagado abierto refugio cierto sin salida hacia el cual de tan lejos tras tanta falsedad. Cabeza por el ojo sereno todo blancor luz serena ningún recuerdo. Muy bello muy nuevo como en tiempo bendito reinará la desgracia. Gris ceniza alrededor tierra cielo confundidos lejanía sin fin. Ruinas esparcidas gris ceniza alrededor refugio cierto por fin sin salida. Jamás si no en el sueño hermoso no tener más de un tiempo que hacer. Cuerpo pequeño rostro gris rasgos grieta y pequeños huecos dos azul claro.

Ruinas refugio cierto por fin hacia el cual de tan lejos por tanto falso. Jamás si no imaginado azul llamado en poesía celeste si no en imaginación loca. Luz blancor casi tocando cabeza por eL ojo sereno toda su razón ningún recuerdo.

Negro lento con ruina refugio cierto cuatro lados sin ruido a contracorriente. Tierra cielo confundidos infinito sin relieve cuerpo pequeño solo en pie. Un paso más uno sólo solo del todo en la arena sin impulso él dará. Gris ceniza cuerpo pequeño solo en pie corazón 1 atiendo frente a la lejanía. Luz refugio blancor raso rostros sin trazo ningún recuerdo. Lejanía sin fin tierra cielo confundidos sin un ruido nada móvil.

Piernas un solo bloque brazos junto a los flancos cuerpo pequeño frente a la lejanía- Refugio cierto por fin sin salida esparcido cuatro lados sin ruido a contracorriente. Rostros sin trazo blancor raso ojo sereno por fin ningún recuerdo. Maldecirá de Dios como en tiempo bendito cara al cielo abierto tormenta pasajera. Frente al ojo sereno casi tocando sereno todo blancor ningún recuerdo.

Cuerpo pequeño bloque pequeño corazón latiendo gris ceniza solo en pie. Cuerpo pequeño soldado gris ceniza corazón latiendo frente a la lejanía. Cuerpo pequeño bloque pequeño partes invadidas culo un solo bloque raya gris invadida. Quimera la aurora que disipa las quimeras y la llamada morena.

Samuel Beckett
Traducción: Féliz de Azúa


1 Estos son errores intencionales del autor en la escritura del artículo gramatical el. A lo largo de estas páginas se presentan variados errores intencionales de este tipo. Nota del editor digital.

Nota del traductor
Pocos textos hay en Beckett tan difíciles, pero al mismo tiempo tan interesantes, como Sin. Muchos especialistas lo consideran la pieza clave, la más rigurosa, la más exacta de la producción del irlandés.
Las dificultades de traducción obedecen esencialmente a la rítmica singular del texto francés. He procurado, en lo posible, mantener unas ciertas insistencias de acentuación, un cierto escanciamiento silábico que simule el original. Otro tipo de dificultad surge (y ésta en el otro texto, El despoblador, es fundamental) de la recurrencia de los actos narrativos: todo es en un momento y «vuelve a ser» en otro, de manera que el texto se encuentra acribillado de palabras con prefijo re. Pocas hay (o muchas, pero insuficientes) en castellano, de modo que he tenido que añadir algunos cuya fealdad me es muy grata, como reinicia, relate o reabre. No era cuestión de sustituir coeur rebattra por “corazón volverá a latir” en un lugar en el que una sílaba de más es como cinco columnas en un pórtico. (Via)


miércoles, 22 de diciembre de 2010

Holiday break







El último, que apague la luz

No hay regreso




No hay regreso
pero existen algunos movimientos 
que se parecen al regreso
como el relámpago a la luz

Es como si fueran 
formas físicas del recuerdo,
un rostro que vuelve a formarse entre las manos,
un paisaje hundido que se reinstala en la retina,
tratar de medir de nuevo la distancia que nos separa de la tierra,
volver a comprobar que los pájaros nos siguen vigilando.

No hay regreso
sin embargo,
todo es una invertida expectativa
que crece hacia atrás.


Roberto Juarroz,
Poesía vertical.



Síndrome del coronel tapioca






Hace treinta y dos años desaparecí en la frontera entre Sudán y Etiopía. En realidad fueron mi redactor jefe, Paco Cercadillo, y mis compañeros del diario Pueblo los que me dieron como tal; pues yo sabía perfectamente dónde estaba: con la guerrilla eritrea. Alguien contó que había habido un combate sangriento en Tessenei y que me habían picado el billete. Así que encargaron a Vicente Talón, entonces corresponsal en El Cairo, que fuese a buscar mi fiambre y a escribir la necrológica. No hizo falta, porque aparecí en Jartum, hecho cisco pero con seis rollos fotográficos en la mochila; y el redactor jefe, tras darme la bronca, publicó una de esas fotos en primera: dos guerrilleros posando como cazadores, un pie sobre la cabeza del etíope al que acababan de cargarse.

Lo interesante de aquello no es el episodio, sino cómo transcurrió mi búsqueda. La naturalidad profesional con que mis compañeros encararon el asunto. Conservo los télex cruzados entre Madrid y El Cairo, y en todos se asume mi desaparición como algo normal: un percance propio del oficio de reportero y del lugar peligroso donde me tocaba currar. En las tres semanas que fui presunto cadáver, nadie se echó las manos a la cabeza, ni fue a dar la brasa al ministerio de Asuntos Exteriores, ni salió en la tele reclamando la intervención del Gobierno, ni pidió que fuera la Legión a rescatar mis cachos. Ni compañeros, ni parientes. Ni siquiera se publicó la noticia. Mi situación, la que fuese, era propia del oficio y de la vida. Asunto de mi periódico y mío. Nadie me había obligado a ir allí.

Mucho ha cambiado el paisaje. Ahora, cuando a un reportero, turista o voluntario de algo se le hunde la canoa, lo secuestran, le arreglan los papeles o se lo zampan los cocodrilos, enseguida salen la familia, los amigos y los colegas en el telediario, asegurando que Fulano o Mengana no iban a eso y pidiendo que intervengan las autoridades de aquí y de allá –de sirios y troyanos, oí decir el otro día–. Eso tiene su puntito, la verdad. Nadie viaja a sitios raros para que lo hagan filetes o lo pongan cara a la Meca, pero allí es más fácil que salga tu número. Ahora y siempre. Si vas, sabes a dónde vas. Salvo que seas idiota. Pero en los últimos tiempos se olvida esa regla básica. Hemos adquirido un hábito peligroso: creer que el mundo es lo que dicen los folletos de viajes; que uno puede moverse seguro por él, que tiene derecho a ello, y que Gobiernos e instituciones deben garantizárselo, o resolver la peripecia cuando el coronel Tapioca se rompe los cuernos. Que suele ocurrir.

Esa irreal percepción del viaje, las emociones y la aventura, alcanza extremos ridículos. Si un turista se ahoga en el golfo de Tonkín porque el junco que alquiló por cinco dólares tenía carcoma, a la familia le falta tiempo para pedir responsabilidades a las autoridades de allí –imagínense cómo se agobian éstas– y exigir, de paso, que el Gobierno español mande una fragata de la Armada a rescatar el cadáver. Todo eso, claro, mientras en el mismo sitio se hunde, cada quince días, un ferry con mil quinientos chinos a bordo. Que busquen a mi Paco en la Amazonia, dicen los deudos. O que nos indemnicen los watusi. Lo mismo pasa con voluntarios, cooperantes y turistas solidarios o sin solidarizar, que a menudo circulan alegremente, pisando todos los charcos, por lugares donde la gente se frota los derechos humanos en la punta del cimbel y una vida vale menos que un paquete de Marlboro. Donde llamas presunto asesino a alguien y tapas la cara de un menor en una foto, y la gente que mata adúlteras a pedradas o frecuenta a prostitutas de doce años se rula de risa. Donde quien maneja el machete no es el indígena simpático que sale en el National Geographic, ni el pobrecillo de la patera, ni te reciben con bonitas danzas tribales. Donde lo que hay es hambre, fusiles AK-47 oxidados pero que disparan, y televisión por satélite que cría una enorme mala leche al mostrar el escaparate inalcanzable del estúpido Occidente. Atizando el rencor, justificadísimo, de quienes antes eran más ingenuos y ahora tienen la certeza desesperada de saberse lejos de todo esto.

Y claro. Cuando el pavo de la cámara de vídeo y la sonrisa bobalicona se deja caer por allí, a veces lo destripan, lo secuestran o le rompen el ojete. Lo normal de toda la vida, pero ahora con teléfono móvil e Internet. Y aquí la gente, indignada, dice qué falta de consideración y qué salvajes. Encima que mi Vanessa iba a ayudar, a conocer su cultura y a dejar divisas. Y sin comprender nada, invocando allí nuestro código occidental de absurdos derechos a la propiedad privada, la libertad y la vida, exigimos responsabilidades a Bin Laden y gestiones diplomáticas a Moratinos. Olvidando que el mundo es un lugar peligroso, lleno de hijos de puta casuales o deliberados. Donde, además, las guerras matan, los aviones se caen, los barcos se hunden, los volcanes revientan, los leones comen carne, y cada Titanic, por barato e insumergible que lo venda la agencia de viajes, tiene su iceberg particular esperando en la proa.



I´ve been thinking







martes, 21 de diciembre de 2010

Redes 77: Crear hoy las escuelas de mañana



Entrevista de Eduard Punset con Richard Gerver, educador y asesor en sistemas educativos. Madrid, 16 de octubre de 2010.


Los niños de hoy son probablemente
la generación más sofisticada que jamás haya existido.
Richard Gerver




Eduard Punset: Richard, nos has convencido de que los niños de hoy en día no se parecen a los que fuimos nosotros, y que el mayor reto de la educación es asumir este cambio de la sociedad, ¿no? ¿En qué sentido son distintos?

Richard Gerver: Creo que al nacer somos esencialmente iguales, siempre hemos nacido igual. Pero las condiciones y el entorno donde crecen ahora han cambiado y, por eso, los niños cambian como personas a medida que van madurando. Y me parece que la diferencia más importante radica en que, como los medios de comunicación tienen un alcance increíble en la actualidad, gracias a Internet, a la televisión, a las conexiones vía satélite... están expuestos a problemas y oportunidades para entender y conocer y aprender y experimentar cosas que, cuando nosotros éramos niños, no estaban ahí. Nosotros crecimos y nos criamos en comunidades pequeñas. Aprendimos mucho de nuestros padres, de nuestros profesores y de las personas que vivían en la misma comunidad que nosotros...

Eduard Punset: ...y de los libros.

Richard Gerver: Exacto, ¡y de los libros! Teníamos experiencias bastante limitadas, y además nos costaba bastante tiempo irlas forjando. En cambio, a los niños de hoy se los bombardea con experiencias, conocimiento e información. Creo que saben más cosas, pero que no necesariamente son más sabios. No se han vuelto más sabios, pero sí están expuestos a más cosas y eso ha cambiado su perspectiva del mundo.

Eduard Punset: ¿Y qué hace que una experiencia sea una fuente de aprendizaje? Es decir, ¿crees que hoy en día los niños tienen que ser más resistentes o más interactivos o... qué es lo que hace que los niños actuales puedan ser más listos?

Richard Gerver: Creo que la clave está en el término empoderamiento. Creo que los jóvenes de hoy se sienten cada vez más desconectados de la sociedad. Y creo que esto sucede porque la cultura y el mundo han cambiado muchísimo en una sola generación. El mundo siempre ha ido cambiando, pero últimamente ha cambiado exponencialmente, a una velocidad sin parangón. Esto ha abierto una brecha generacional realmente grande entre la juventud de hoy y los ciudadanos adultos. Me parece que de ahí viene este alejamiento cada vez mayor, y creo que los jóvenes tienen mucho que decir sobre lo que quieren del mundo y lo que creen que el mundo debería ser, pero también creo que no están seguros de cuál es su lugar, ni están seguros de cómo pueden influir positivamente en la sociedad que les rodea. Y me parece que nosotros, como generación adulta, sentimos lo mismo: nos sentimos amenazados por lo que saben los jóvenes y por cómo viven la vida, tal vez más que antes. Lo que deberíamos hacer (y es el mayor reto que tenemos por delante) es cerrar esta brecha, y asegurarnos de potenciar las capacidades de nuestros hijos para que sientan que pueden ocupar un lugar positivo y constructivo en el mundo y que pueden volverse ciudadanos activos para desarrollar el futuro.

Eduard Punset: Es curioso... ¿sabes? He estudiado mucho desde una perspectiva científica las dimensiones de la felicidad... Y, en lo referente a la felicidad, hay algo que hemos aprendido, y es que no
importa tanto la felicidad en sí misma, sino que decimos que la felicidad se encuentra en la sala de espera de la felicidad. Y, en tus libros, mencionas algo muy parecido sobre la educación: dices que, en la educación, lo que importa no es la meta del viaje, sino lo que se hace durante el recorrido. ¿Nos lo puedes explicar?

Richard Gerver: ¡Claro! Creo que la educación siempre se ha basado en enseñarles a los niños cosas que condujeran a resultados. Siempre nos hemos centrado en el producto final. Y, por supuesto, en la mayoría de los sistemas educativos el producto final equivalía tradicionalmente a las calificaciones académicas.

Eduard Punset: ¡Eso es!

Richard Gerver: Por tanto, el sistema se ha diseñado para garantizar que todos los niños consiguieran los mismos objetivos académicos durante su trayectoria escolar, y los profesores se han obsesionado con preparar a los niños para esas metas.

Eduard Punset: ...para estas certezas.

Richard Gerver: Sí, exacto. Como consecuencia de eso, en cierto modo hemos olvidado que lo bueno de la educación está en realidad en la experiencia, en el momento, en la alegría de descubrir algo, en la satisfacción de tener una pregunta y poder buscar una respuesta, y no necesariamente en la propia respuesta. Creo que muchos niños y muchos profesores en el sistema educativo se sienten frustrados porque, por culpa de las presiones y la obsesión por los resultados, la magia del viaje se ha disipado. Me parece que éste es el motivo por el que cada vez hay más niños que abandonan los estudios enseguida que pueden, porque no ven en ellos ninguna pasión, ninguna emoción, y es a raíz de esta fijación con el destino final que ignora la alegría de lo que pasa por el camino.

Eduard Punset: He escuchado la palabra pasión repetidamente en tus conferencias, en tus libros. ¿Cómo relacionas la pasión con los profesores?

Richard Gerver: ¡Lo primero que tenemos que preguntarnos es por qué los profesores deciden ser profesores Los profesores eligen dedicarse a la docencia porque les apasiona hacer algo por los niños, por los jóvenes. Por eso se dice a menudo que la docencia es una vocación, un llamamiento, casi como el deseo de hacerse cura. Y nace de una pasión, brota del corazón, surge de la convicción de que, como persona, uno tiene la responsabilidad de hacer algo para cambiar las cosas, para tomar a los jóvenes de la mano y conducirlos a un lugar mejor. En mi experiencia, todos los jóvenes que deciden hacerse profesores lo hacen por esta pasión.
Desgraciadamente, lo que ocurre después es que el sistema está tan ordenado, tan reglamentado, tan centrado en los resultados específicos que, en cierto modo, perdemos la pasión por culpa de la presión. Y esto provoca que la pasión no se les transmita a los niños ni revierta en su experiencia de aprendizaje. En mi opinión, es vital mantener la pasión de los profesores para que puedan vivir esa vocación, ese deseo de capacitar y guiar y ayudar a los jóvenes de un modo expansivo. Si lo logramos, ¡entonces los niños también sentirán es pasión! ¡Y de veras que así debe ser! No en vano la mayoría de los que hemos consagrado nuestra vida a la educación lo hemos hecho porque nos encanta el viaje, nos encanta el descubrimiento, nos encanta investigar y descubrir cosas nuevas.

Eduard Punset: Te has convertido en una especie de gurú mundial en el tema de la educación, especialmente porque fuiste el director de una célebre escuela que se convirtió en un proyecto conocido en todo el mundo. Me refiero a Grangeton...

Richard Gerver: Grange. Sí.

Eduard Punset:Grange, el proyecto Grange. ¿Qué tenía de especial?

Richard Gerver: Bueno, siempre he creído que los niños necesitan entender por qué están aprendiendo. Y no solamente tienen que saber que aprender es importante para su futuro a largo plazo, sino que es necesario que se den cuenta de que aprender puede cambiarles (para bien) la vida ahora. Además, especialmente con los más pequeños, es importante que entiendan el contexto, ¿sabes? Si le dices a un niño de seis años: “esfuérzate mucho en la escuela porque algún día eso te ayudará a encontrar un buen trabajo”... qué quieres que te diga, ¡para la mayoría eso está demasiado lejos!
Así que para mí se trataba de asegurarme de poder decirles a los niños de seis años: «¡mira hasta qué punto estudiar puede mejorarte la vida ahora!» y también de ayudarles a estar implicados durante todo el proceso. Grangeton fue una manera de hacerlo, porque se basaba en eso... Cuando observamos a los niños que todavía no son suficientemente mayores como para ir a la escuela y miramos cómo aprenden, vemos que aprenden mediante la acción, mediante el juego, la experimentación. Por ejemplo, los niños fingen ser médicos, o enfermeras, o profesores. ¡Aprenden muchísimo de esto! Realmente conectan con el juego y les aporta mucho.

Eduard Punset: Y a veces... perdona que te interrumpa, pero a veces te he escuchado decir que es mejor, en lugar de enseñar una asignatura concreta, formular una pregunta bonita. Como la de la tortuga, por ejemplo.

Richard Gerver: ¡Exacto!

Eduard Punset: ¿Cuál era el ejemplo?

Richard Gerver: El ejemplo lo encontré cuando tuve la suerte de seguir a un niño en clase mientras trabajaba con su profesora. La profesora había decidido, en lugar de enseñar las asignaturas que tocaban esa semana, hacer algo distinto: se le ocurrió que lo que haría con los niños esa semana sería estudiar el concepto de empatía. Y es que, por supuesto, los grandes profesores parten de conceptos difíciles (como la empatía) y los traducen en algo que entiendan los niños. Pues bien, ella me contó que esa semana les había hecho a los niños una pregunta el lunes por la mañana. La pregunta era: ¿cómo crees que sería tu vida si fueras una tortuga?

Eduard Punset: Una tortuga...

Richard Gerver: Una tortuga. No sé por qué eligió la tortuga, pero se trataba de que los niños entendieran lo que se sentía al ser diferente, supongo. Luego la profesora centró el aprendizaje de toda la
semana en responder a esta pregunta. Los niños seguían teniendo que estudiar matemáticas y lenguaje y ciencia y geografía... pero lo hacían con un propósito real, que era descubrir la respuesta a esa gran pregunta.

Eduard Punset: Si la pregunta hubiera sido: «dime en qué consiste la empatía»...

Richard Gerver: ¡Buf! ¡No!¡Los niños habrían pasado de eso por completo! Habrían pensado: “¡esto será un palo!”



La Ley Sinde en 67 palabras










David Bravo hace esta Síntesis de la Ley Sinde:


La industria del copyright movió un dedo y se enviaron cartas advirtiendo de acciones legales. Cuando las cartas se ignoraron, la industria movió un dedo y se interpusieron las acciones judiciales. Cuando los jueces resolvieron en favor de denunciados y demandados, la industria movió un dedo y se recurrieron las resoluciones. Cuando volvieron a perder en los juzgados, la industria movió un dedo y desaparecieron los jueces.




En tal caso





Proust pudo casarse con una muchacha en flor
y tener hijos.
Cogidos de la mano, los llevaría al colegio
y les ayudaría después con los deberes.

En tal caso no habría siete tomos de
En busca del tiempo perdido.

(Y bueno, y qué pasa.)

Kafka pudo casarse con Felice o Milena.
Largas noches de amor,
niños en el jardín
y domingos de té y pastas en casa de su suegra.

Entonces no tendríamos Metamorfosis, Proceso ni Castillo.

(Y bueno, y qué importa.)

Pessoa pudo casarse con Ophelia Queiroz.
Lo habrían visto por las calles de Lisboa
empujando un carrito de bebé.
Podría, quizá, haber sido feliz.

En tal caso no habría heterónimos, Tabaquería
ni libro del Desasosiego.

(Y bueno, y qué más da.)


 Saiz de Marco