lunes, 28 de febrero de 2011

Redes 85: Antes y después de conocer el cerebro





Entrevista de Eduard Punset con Carlos Belmonte, Instituto de Neurociencias de Alicante. Barcelona, 14 de enero de 2011.


Lo más sencillo es empeorar el cerebro
y muy difícil mejorarlo.
Carlos Belmonte




Eduard Punset: Estamos en la Llotja de Mar. Es la antigua lonja. Durante siglos se vendía pescado aquí y después fue Bolsa, antes de que nos diera cobijo para hacer nuestra entrevista a Carlos, nuestra reflexión conjunta, no tanto sobre, como hemos hecho tantas veces, sobre el pasado del cerebro y sus patologías y sus tropelías, a veces, ¿no?, como para hablar un poco del futuro. Lo que me gustaría es que habláramos un poco, que reflexionáramos sobre el impacto social de la nueva, llamémosla “neurociencia”. Yo te he oído mencionar y te he leído que uno de los espacios más afectados va a ser el de la Administración de Justicia, en el sentido de que estamos aprendiendo determinadas cosas del cerebro que nos llevan a no fiarnos en absoluto del testimonio de un testigo que en un juicio se supone que tiene que decidir en un sentido u en otro la justicia, ¿no? ¿Qué hay de esto?

Carlos Belmonte: Yo estoy de acuerdo, vamos, diría que el cambio va a ser casi dramático. Yo creo que la justicia del futuro se tiene que orientar no a castigar al que ha actuado de una determinada manera porque ha actuado de una manera que se considera mala socialmente sino a entender cuál es el problema que determina esa conducta en términos biológicos, en términos de funcionamiento cerebral, y saber si es reversible o no. Si se puede arreglar, se arregla. Si tenemos las herramientas para poder modificarla, pues se arregla y si no...

Eduard Punset: ¿Y si no?

Carlos Belmonte: Pues habrá que aislarlos pero no nos venguemos de ellos.

Eduard Punset: Fíjate, he visto hace poco una cifra que me ha alarmado: un 30% de los internos en las cárceles...

Carlos Belmonte: En las prisiones, sí.

Eduard Punset: En las prisiones, en Estados Unidos, resulta que son psicópatas en el sentido de que tienen alguna alteración... En la órbita frontal, ¿no?

Carlos Belmonte: Sí. Absolutamente. Ése es el problema y probablemente estamos afinando poco... Es decir, son personas que, por razones diversas que podemos comentar, el desarrollo de su corteza órbito-frontal en particular, del lóbulo frontal de las áreas del cerebro que se encargan de la empatía, de la valoración de nuestras conductas, de la inhibición de nuestras conductas, etcétera, están mal..., los circuitos no...

Eduard Punset: Mal gestionados.

Carlos Belmonte: Mal gestionados, no funcionan adecuadamente... o simplemente ha habido daños o se han organizado de una manera que socialmente es inaceptable, entonces esas personas van a tener una conducta patológica pero, claro, yo creo que es importante ser capaces de distinguir eso, ver que determinadas conductas son casi imposibles de controlar por la propia..., porque es el propio cerebro que funciona mal el que tiene que controlar eso y lo que falla son esos sistemas.

Eduard Punset: Mi pregunta sobre esto es la de saber si existe una tabla de salvación, ¿no?, para mucha gente que, probablemente, no tienen empatía o, mejor, no la gestionan bien porque nadie les ha enseñado nada... Entonces, aquí tenemos una falta de empatía por falta de educación. Seguramente, es mi pregunta: ¿Cabe educar a alguien en los temas de empatía y de otras emociones?

Carlos Belmonte: Yo creo... Vamos, el cerebro es muy plástico afortunadamente, es decir, tiene mucha capacidad de aprendizaje. Los períodos infantiles son críticos en ese desarrollo porque, al final, estamos hablando de formación de circuitos y conexiones que, por supuesto, tienen una plasticidad a lo largo de la vida pero limitada en el desarrollo, y sobre todo cuando cruza uno la frontera de los 22, 23 años, que es cuando se produce el recorte final de las conexiones sinápticas en el cerebro, a partir de ahí, circuitos con una base emocional profunda y que son muy primarios en nuestra..., en nuestro desarrollo del cerebro y, por lo tanto, son muy dependientes genéticamente, es decir, están muy pre-impresos...

Eduard Punset: ¿Me estás diciendo que a los 25 años, más o menos, termina la fabricación de este...?

Carlos Belmonte: Hombre, tanto como terminar no, pero en gran medida... Bueno, lo que pasa es que tampoco, como en todo, no hay que ser muy drástico. Por ejemplo, una de las cosas que se ha visto es que en la..., esa interpretación de las caras, de la empatía, aumenta con la edad, o sea que a medida que uno se va haciendo mayor, lo hace mejor. O sea que se está aprendiendo durante períodos mucho más tardíos de la vida. La edad a la que me refiero, que es la de la adolescencia, es que es un momento muy crítico en..., en realmente la conformación de lo que va a ser la estructura de la corteza órbito-frontal en el sentido amplio, cercana a las grandes..., los grandes valores de cómo se organiza. Entonces... Por eso la adolescencia es un período tan crítico, ¿no?

Eduard Punset: Una de las primeras cosas de las que me he dado cuenta al reflexionar sobre el futuro del cerebro, nuestro cerebro, es que el consumo de analgésicos de los ciudadanos aumenta a una tasa inverosímil, corrígeme si estoy equivocado, del 20% anual.

Carlos Belmonte: Efectivamente.

Eduard Punset: O sea que, si esto es cierto, resulta que, bueno, el dolor de cabeza en este caso, o de lo que sea, se ha convertido realmente en un problema social, en algo que debiéramos pararnos y pensar un poco qué hacemos con el dolor de la gente.

Carlos Belmonte: Es que ha sido siempre un problema, lo que pasa es que frente a la incapacidad de resolverlo pues las doctrinas religiosas y sociales predicaban la resignación. Y ahora yo creo que la ciencia lo que dice es que el dolor es básicamente innecesario. Una vez ha cubierto su objetivo principal que es avisar de que hay algún problema, que hay una lesión, que hay un daño, pero una vez se sabe eso, el dolor hay que eliminarlo. La actitud científica hoy día es: “eliminemos el dolor siempre que sea posible”. Lo que pasa es que lo padece un 15% de la población, es decir...

Eduard Punset: Oye, o sea, vamos a ver, Carlos, cuando me duele una muela, lo primero, supongo, es que la supuesta inflamación en la muela es transmitida como una señal de alarma al cerebro...

Carlos Belmonte: Efectivamente.

Eduard Punset: Y dice: “Eduardo, atención, tienes dolor, haz algo.” Y lo que tú me estás diciendo es que antes lo que decíamos es: “Lo siento, resígnate. No lo toques. Hasta es bueno para la otra vida.” Y ahora, en cambio, podemos combatir ese dolor y debemos combatirlo. ¿Cómo?

Carlos Belmonte: Bien, efectivamente, podemos y debemos, porque tú lo has dicho, una vez se ha cubierto ese objetivo de alarma, el dolor sostenido, el dolor crónico acaba convirtiéndose en un problema per se, es decir, llega un momento en que la causa original deja de tener importancia y el problema es el dolor. Y hoy día el dolor más grave es lo que se llama el “dolor neuropático”, que es el dolor que se deriva de un mal funcionamiento del sistema de dolor en el sistema nervioso. Entonces, eso, es el gravísimo problema, el peor resuelto de los temas de dolor porque es verdad que hoy día tratamos de manera satisfactoria un gran número de dolores. Tú has dicho: “te duele la muela, Eduardo”, pero te tomas una aspirina o un analgésico inmediatamente. Yo diría que el 70% de los dolores, y todos los dolores triviales, se quitan con fármacos que actúan fundamentalmente a nivel más periférico, tipo los antiinflamatorios, todos los antiinflamatorios no esteroideos, que son los más frecuentes, y luego algunos con una acción central pero que no son opiáceos.

Eduard Punset: Pero tengo un amigo médico que me dice que en realidad podríamos utilizar en mucha mayor medida la morfina...

Carlos Belmonte: Cierto.

Eduard Punset: Y que el único peligro que tiene la morfina, no sé si eso es cierto, es que en un momento dado te puede provocar un corte en la respiración. ¿Es verdad eso o...?

Carlos Belmonte: Sí. Es decir, el problema de la morfina dada de manera crónica... Primero, es diferente cuando se toma para tratar el dolor que cuando se toma como una droga de abuso o de recreo. Y entonces los dos problemas son la tolerancia, es decir, cada vez hay que dar más para obtener el efecto y se llega a producir... y luego empieza, a partir de unas determinadas concentraciones, a tener efectos secundarios, incluyendo que deprime la respiración, reduce mucho la actividad gastrointestinal, es decir, tiene problemas pero, por razones casi más culturales que médicas, los médicos hemos tenido una cierta resistencia a utilizar la morfina. Y sigue... Y la OMS ha advertido de la falta de uso de morfina en cierto tipo de dolores, sobre todo dolores terminales, dolores crónicos muy intensos, dolores cancerosos, que no se está dando ni en las concentraciones ni en las dosis adecuadas, quiero decir, ni con la rapidez adecuada.

Eduard Punset: No sin antes recordar que, realmente, hay gran parte del dolor que es innecesario porque podríamos aliviarlo, podríamos suprimirlo e incluso los médicos tienen una cierta reticencia heredada a...

Carlos Belmonte: Es cultural. Es que insisto, nuestra tradición de la manera de resolver un problema que era irresoluble, es decir, eso de alguna manera, te dignifica el dolor. Lo has comentado tú, la posición judeocristiana ha sido esa. Entonces, el sufrimiento, de alguna manera, nos sirve para trascender. Desde un punto de vista científico no estamos en absoluto de acuerdo con esa aproximación.

Eduard Punset: Y una cosa que es..., que también me fascina y que hace todo esto posible es ver que frente a incitaciones o móviles externos, la gente reacciona igual o de forma muy parecida o sea que es muy curioso ver, constatar, la similitud en el cerebro de la gente a pesar de lo distintos que suelen ser, o sea, las decisiones son muy similares cuando lo que la provoca es una cosa y no otra.

Carlos Belmonte: Claro porque es que en muchas de nuestras respuestas, sobre todo ésas que todo el mundo responde igual es que, al final, si uno lo analiza, estamos respondiendo a las presiones evolutivas... Es decir, somos animales que están respondiendo a las dos grandes direcciones de supervivencia y reproducción, que es lo que guía al final a todas las especies. Entonces, en determinadas situaciones, cuanto más se acercan a eso, más homogéneas son las respuestas. Y además más resonancia hay entre los miembros del grupo, ¿no?, porque se están manejando los mismos elementos. Cuanto más primarios...

Eduard Punset: Evolutivos...

Carlos Belmonte: Claro, y cuanto más primarios, más elemental es la reacción frente a la amenaza, el peligro, el miedo, todas esas sensaciones o emociones muy primarias dan lugar a respuestas bastante estereotipadas dentro de todo.

Eduard Punset: Muy bien. O sea, hemos visto que el inconsciente se las trae, que tiene una fuerza vamos, que puede protagonizar procesos cognitivos de una complejidad que ni habíamos soñado, ¿no?, y eso da cauce al neuromarketing y la neuroeconomía y todo lo que quieras. Déjame preguntarte otra cosa y estoy viendo la máquina... ¿Qué o cuáles son las conexiones entre... o las interacciones entre el cerebro y las máquinas?

Carlos Belmonte: Es un nuevo campo, uno de los grandes caminos que se le abren a la neurociencia desde muchos puntos de vista. Entender el cerebro implica encontrar los circuitos que sustentan nuestros procesos más complejos: cognitivos, emocionales, sensitivos, de todo tipo. Y para poder entender cómo cien mil millones de neuronas, que se conectan entre sí casi mil veces unas con otras, están interaccionando en niveles de milisegundos, sólo se puede comprender en términos cuantitativos utilizando ordenadores, es decir, hay que pensar que el futuro probablemente de la investigación del cerebro, a medida que vayamos profundizando en identificar los circuitos y en ver cómo funcionan sus diferentes elementos, la manera de modelizarlos va a tener que ser a través de máquinas, de ordenadores...

Eduard Punset: Con prótesis y...

Carlos Belmonte: Bueno, registrando actividad dentro del cerebro. Eso, por una parte, pero luego hay otra parte que es absolutamente fundamental que es que en última instancia el cerebro es una máquina que funciona con impulsos eléctricos que se pueden registrar y es posible conectarlos con una máquina exterior y yo, personalmente, creo que la interacción entre el cerebro manejando máquinas, es decir, sustituyendo o aumentando sus capacidades, conectándose con máquinas que pueden ser desde mecánicas hasta otros, ordenadores, pues tiene unas posibilidades brutales y ya las está empezando a tener, es decir, se están empezando a hacer... Registrando cincuenta neuronas en la corteza cerebral de un mono se consigue que maneje un brazo artificial con la misma destreza con la que manejaría su propio brazo.

Eduard Punset: ¿Yo podría, podría, un día, eh, dentro de cien años, saber lo que estás pensando ahora en este momento?

Carlos Belmonte: Hombre, a mí, soy muy poco, muy poco partidario de hacer profecías en ciencia...

Eduard Punset: Sí, pero...

Carlos Belmonte: Bueno, porque uno se equivoca pero, en principio, considerando que..., estar pensando, lo que para mí quiere decir es que una serie de circuitos en mi cerebro están funcionando. Si tenemos la capacidad de registrar esa actividad y procesarla por un sistema coherente como sería un ordenador, por supuesto que se podría, digamos, hacer el equivalente a mi pensamiento porque luego ya la experiencia subjetiva es algo que es imposible de transmitir pero si yo consigo reproducir en una máquina exactamente lo mismo y las respuesta son las mimas pues es el nivel de análisis al que puede llegar la ciencia en esto y en otras tantas cosas.

Eduard Punset: Estaba pensando que qué sería de los políticos y de la política si hubiera esta facilidad de...

Carlos Belmonte: Bueno, ya sabes que uno de los grandes temas, hablabas antes de la justicia y de la influencia en la justicia, es la utilización de recursos mecánicos o... para ver si un sujeto miente o no miente y es un tema que está muy candente, ¿no? Ha habido algunos registros utilizando imagen cerebral en los que se puede detectar que una persona miente fundamentalmente presentándole, viendo que cuando se le presentan detalles de una situación que sólo él puede conocer, pues se iluminan determinadas áreas cerebrales lo cual quiere decir..., se puede saber que eso lo sabía aunque él niegue que lo sabía, por ejemplo. Hay una gran discusión de hasta dónde se puede llegar con el uso de este tipo de técnicas. Evidentemente, hoy en día, no podemos darles una fiabilidad. Lo que pasa es que nos vamos acercando asintóticamente a la realidad, quiero decir, que se utilizan como pruebas más o menos sólidas los detectores de mentiras cuya posibilidad de acierto es de un 50%, y bueno, la imagen cerebral probablemente ya con todas las limitaciones que tiene todavía, pues se acerca más a detectar con mayor precisión determinado tipo de cosas. No si miente o no miente pero si vio o no vio una situación, por ejemplo, cosas así.

Eduard Punset: Es fascinante, ¿no?, ver cómo se ha avanzado en el conocimiento del cerebro...

Carlos Belmonte: Es espectacular, realmente, es espectacular.

Eduard Punset: No hay otro campo igual, realmente.

Carlos Belmonte: Yo creo que no. Yo creo que en este momento, sinceramente, es el gran desafío y el gran avance y yo creo que va a ser el gran cambio de la sociedad del siglo XXI, sin duda.



La lenta máquina del desamor





La lenta máquina del desamor,
los engranajes del reflujo,
los cuerpos que abandonan las almohadas,
las sábanas, los besos,
y de pie ante el espejo interrogándose
cada uno a sí mismo,
ya no mirándose entre ellos,
ya no desnudos para el otro,
ya no te amo,
mi amor.

Julio Cortázar





Gernika







"En 1940, con París ocupada por los nazis, un oficial alemán que contemplaba una foto del Guernica, le preguntó a Picasso si era él el que había hecho eso.
La respuesta del pintor fue:
-No, han sido ustedes."




Convencido






"Estaba convencido de que yo (y sólo yo) engañaba al mundo."

Franz Kafka, Diarios.



Left and right












The sunset limited









"The sun don't shine up the same dog's ass ever day.
Belief ain't like unbelief. If you a believer then you got to come finally to the well of belief itself and then you don't have to look no further. There ain't no further. But the unbeliever has got a problem. He has set out to unravel the world, but everthing he can point to that ain't true leaves two new things layin there.
I think for the most part people are good to start with. I think evil is somethin you bring on your own self. Mostly from wantin what you ain't supposed to have.
Even God gives up at some point. There's no ministry in hell.
Everything you do closes a door somewhere ahead of you.
I want the dead to be dead. Forever. And I want to be one of them. Except that of course you can't be one of them. You can't be one of the dead because what has no existence can have no community. No community. My heart warms just thinking about it. Silence. Blackness. Aloneness. Peace. And all of it only a heartbeat away.
If people saw the world for what it truly is. Saw their lives for what they truly are. Without dreams or illusions. I don't believe they could offer the first reason why they should not elect to die as soon as possible.

Cormac McCarthy, The sunset limited




"-What  is it that you beleive in?
-I beleive in the Sunset Limited."

Babies









La gente me provoca confusión.


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"La gente me provoca confusión.
Eso me pasa por dos razones principales.
La primera razón principal es que la gente habla mucho sin utilizar ninguna palabra. Siobhan dice que si uno arquea una ceja puede querer decir montones de cosas distintas. Puede significar «quiero tener relaciones sexuales contigo» y también puede querer decir «creo que lo que acabas de decir es una estupidez».
Siobhan también dice que si cierras la boca y expeles aire con fuerza por la nariz puede significar que estás relajado, o que estás aburrido o que estás enfadado, y todo depende de cuánto aire te salga por la nariz y con qué rapidez y de qué forma tenga tu boca cuando lo hagas y de cómo estés sentado y de lo que hayas dicho justo antes y de cientos de otras cosas que son demasiado complicadas para entenderlas en sólo unos segundos.
La segunda razón principal es que la gente con frecuencia utiliza metáforas. He aquí ejemplos de metáforas

Se murió de risa
Era la niña de sus ojos
Tenían un cadáver en el armario
Pasamos un día de mil demonios
Tiene la cabeza llena de pájaros

La palabra metáfora significa llevar algo de un sitio a otro, y viene de las palabras griegas μετα (que significa de un sitio a otro) y φερειν (que significa llevar), y es cuando uno describe algo usando una palabra que no es literalmente lo que describe. Es decir, que la palabra metáfora es una metáfora.
Yo creo que debería llamarse mentira porque no hay días de mil demonios y la gente no tiene cadáveres en los armarios. Cuando trato de formarme una imagen en mi cabeza de una de estas frases me siento perdido porque una niña en los ojos de alguien no tiene nada que ver con que algo le guste mucho y te olvidas de lo que la persona decía.
Mi nombre es una metáfora. Significa «que lleva a Cristo» y viene de las palabras griegas χριστος; (que significa Jesucristo) y φερειν, y fue el nombre que le pusieron a san Cristóbal porque cruzó un río llevando a Jesucristo.
Eso te hace pensar en cómo se llamaría Cristóbal antes de cruzar el río con Jesucristo a cuestas. Pero no se llamaba de ninguna manera porque ésa es una historia apócrifa, lo cual significa que es, también, una mentira.
Madre solía decir que Christopher era un nombre bonito, porque es una historia sobre ser amable y servicial, pero yo no quiero que mi nombre se refiera a una historia sobre ser amable y servicial. Yo quiero que mi nombre se refiera a mí."

Mark Haddon, El curioso incidente del perro a medianoche (doc)



jueves, 24 de febrero de 2011

Una red de mirada





Una red de mirada
mantiene unido al mundo
no lo deja caerse.
Y aunque yo no sepa qué pasa con los ciegos,
mis ojos van a apoyarse en una espalda
que puede ser de dios.
Sin embargo,
ellos buscan otra red, otro hilo,
que anda cerrando ojos con un traje prestado
y descuelga una lluvia ya sin suelo ni cielo.
Mis ojos buscan eso
que nos hace sacarnos los zapatos
para ver si hay algo más sosteniéndonos debajo
o inventar un pájaro
para averiguar si existe el aire
o crear un mundo
para saber si hay dios
o ponernos el sombrero
para comprobar que existimos.

Roberto Juarroz
Poesía Vertical



miércoles, 23 de febrero de 2011

En mi cuarto






"En mi cuarto, el mundo está más allá de mi comprensión;
Pero cuando camino veo que consiste en tres o cuatro colinas y una nube."

Wallace Stevens,  poema: De la superficie de las cosas.



martes, 22 de febrero de 2011

El curioso incidente del perro





"- ¿Hay algún otro aspecto hacia el cual quiera usted llamar mi atención?
- El curioso incidente del perro durante la noche.
- El perro no hizo nada durante la noche.
- Ese era el curioso incidente -subrayó Sherlock Holmes."

A. Conan Doyle, Silver Blaze.



Lotus Flower








Quién soy










"Una técnica utilizada por algunos coordinadores de grupos de terapia o de crecimiento personal es el ejercicio del "Quién soy": los miembros escriben siete respuestas distintas a la pregunta "¿Quién soy?", cada una en una tarjeta distinta, y las ordenan según su importancia. Luego se les pide que tomen una tarjeta por vez, comenzando por la menos importante, y mediten sobre cómo sería desprenderse de cada respuesta (es decir, dejar de identificarse con ella) hasta llegar a sus cualidades esenciales.

Schopenhauer apuntaló su identidad a través de un método análogo que describe en "Sobre mí":

Cuando, por momentos, me sentía desdichado era porque me veía como otro distinto del que era y luego deploraba el sufrimiento y la aflicción que ese otro padecía. Me veía, por ejemplo, como un ayudante docente que no se convierte en profesor y no tiene a nadie presente en sus clases; o me veía como alguien a quien el filisteo desacredita o sobre de quien el chismoso difunde habladurías, o como un enamorado que no es correspondido por la mujer de sus amores, o como el paciente cuya enfermedad lo recluye en su casa, o como otras personas que padecían similares infortunios. No he sido ninguna de ellas: todo eso es la tela  de que está hecho el ropaje que llevé durante un corto tiempo y que luego deseché a cambio de otro.
Pero entonces, ¿quien soy? Soy el hombre que escribió El mundo como voluntad y representación, que aportó para el gran problema de la existencia la solución que acaso torne obsoletas todas las soluciones anteriores... Ése es el hombre que soy, y difícilmente algo podría perturbarlo en los pocos años que aún  le quedan por respirar."

Irving D. Yalom, Un año con Schopenhauer


La ballena y el tiesto de petunias










"Otra cosa que se olvidó fue el hecho de que, contra toda probabilidad, se había creado una ballena a varios Kilómetros por encima de la superficie de un planeta extraño.
Y como, naturalmente, ésa no es una situación sostenible para una ballena, la pobre criatura inocente tuvo muy poco tiempo para acostumbrarse a su identidad de ballena antes de perderla para siempre.
Esta es una relación completa de sus pensamientos desde el instante en que comenzó su vida hasta el momento en que terminó.
«¡Ah...! ¿Qué pasa? -pensó.
»Hmm, discúlpeme, ¿quién soy yo?
»¿Hola?» ¿Por qué estoy aquí? ¿Cuál es el objeto de mi vida?
»¿Qué quiere decir quién soy yo?
»Tranquila, cálmate ya... ¡Oh, qué sensación tan interesante! ¿Verdad? Es una especie de... bostezante, hormigueante sensación en mi... mi.... bueno, creo que será mejor empezar a poner nombre a las cosas si quiero abrirme paso en lo que, por mor de lo que llamaré un argumento, denominaré mundo, así que diremos en mi estómago.
»Bien. ¡Oooh, esto marcha muy bien! Pero ¿qué es ese ruido grandísimo y silbante que me pasa por lo que de pronto voy a llamar la cabeza? Quizá lo pueda llamar... ¡viento! ¿Es un buen nombre? Servirá..., tal vez encuentre otro mejor más adelante, cuando averigüe para qué sirve. Debe ser algo muy importante, porque desde luego parece haber muchísimo. ¡Eh! ¿Qué es eso? Eso..., llamémoslo cola; sí, cola. ¡Eh! Puedo sacudirla muy bien, ¿verdad? ¡Vaya! Uy! ¡Qué magnífica sensación! No parece servir de mucho, pero ya descubriré más tarde lo que es. ¿Ya me he hecho alguna idea coherente de las cosas?
»No.
»No importa porque, oye, es tan emocionante tener tanto que descubrir, tanto que esperar, que casi me aturde la impaciencia.
»¿O el viento?
»¿Verdad que ahora hay muchísimo?
»¡Y de qué manera! ¡Eh! ¿Qué es eso que viene tan de prisa hacia mí? Muy deprisa. Tan grande, tan plano y redondo que necesita un gran nombre sonoro, como... sueno... ruedo... ¡suelo! ¡Eso es! Ese sí que es un buen nombre: ¡suelo!
»Me pregunto si se mostrará amistoso conmigo.» 
Y el resto, tras un súbito golpe húmedo, fue silencio.
Curiosamente, lo único que pasó por la mente del tiesto de petunias mientras caía fue:
«¡Oh, no! Otra vez, no». Mucha gente ha imaginado que si supiéramos exactamente lo que pensó el tiesto de petunias, conoceríamos mucho más de la naturaleza del universo de lo que sabemos ahora."

Douglas Adams, Guía del autoestopista galáctico.


Vuelo sin orillas




Abandoné las sombras,
las espesas paredes,
los ruidos familiares,
la amistad de los libros,
el tabaco, las plumas,
los secos cielorrasos;
para salir volando,
desesperadamente.

Abajo: en la penumbra,
las amargas cornisas,
las calles desoladas,
los faroles sonámbulos,
las muertas chimeneas
los rumores cansados,
desesperadamente.

Ya todo era silencio,
simuladas catástrofes,
grandes charcos de sombra,
aguaceros, relámpagos,
vagabundos islotes
de inestable riberas;
pero seguí volando,
desesperadamente.

Un resplandor desnudo,
una luz calcinante
se interpuso en mi ruta,
me fascinó de muerte,
pero logré evadirme
de su letal influjo,
para seguir volando,
desesperadamente.

Todavía el destino
de mundos fenecidos,
desorientó mi vuelo
--de sideral constancia--
con sus vanas parábolas
y sus aureolas falsas;
pero seguí volando,
desesperadamente.

Me oprimía lo fluido,
la limpidez maciza,
el vacío escarchado,
la inaudible distancia,
la oquedad insonora,
el reposo asfixiante;
pero seguía volando,
desesperadamente.

Ya no existía nada,
la nada estaba ausente;
ni oscuridad, ni lumbre,
--ni unas manos celestes--
ni vida, ni destino,
ni misterio, ni muerte;
pero seguía volando,
desesperadamente.


Oliverio Girondo




It's A Man's Man's World




"This is a man's world
But it wouldn't be nothing, nothing without a woman or a girl"







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Redes 83: Las decisiones son inconscientes




Entrevista de Eduard Punset con John Dylan Haynes, neurocientífico del, Bernstein Center for Computational Neuroscience, en Berlín (Alemania). Berlín, 6 de diciembre de 2010.





John Dylan Haynes: ¡Oh! Quieres que cuente un experimento.

Eduard Punset: Sí.

John Dylan Haynes: De acuerdo. Realizamos un experimento con un escáner cerebral en el que las personas debían tomar decisiones muy sencillas. Podían decidir si pulsaban un botón a la izquierda u otro a la derecha. En este caso, sientes que eres totalmente libre de elegir de hacer una cosa u otra, no hay nada que te obligue a elegir una opción o la otra. Registramos la actividad cerebral de las personas y descubrimos que podíamos predecir su decisión, si iban a pulsar el botón de la izquierda o de la derecha, siete segundos antes de que la hubieran tomado. Es decir, no siete segundos antes de que pulsaran el botón, sino siete segundos antes, incluso de que pensaran que habían decidido cuál iban a escoger.

Eduard Punset: Así, ¿de qué está hecha una decisión? Es decir, ¿es una composición o un cuadro teatral que cubre lo que en realidad te pasa por dentro?

John Dylan Haynes: La decisión se puede dividir en dos. Hay dos aspectos que forman una decisión. Por un lado, el proceso cerebral: algo que ocurre en el cerebro y que te lleva a elegir una cosa u otra y, por el otro, que conscientemente sabes qué quieres hacer: “Ahora tomo una decisión”. Pero parece que, antes de eso, se produce un procesamiento inconsciente en el cerebro. En el cerebro sucede algo que prepara tu decisión, que te conduce hasta ella e influye en la manera en la que tu mente consciente elige.

Eduard Punset: Entonces me dices, corrígeme, que el cerebro inicia este proceso diez segundos antes de que tomes la decisión. Y lo segundo que me cuentas acerca del experimento es que un poco antes, quizás siete o cinco segundos antes, el cerebro ha elegido qué botón vas a pulsar.

Eduard Punset: Así que, John, ¿podemos descartar el libre albedrío, que interesa tanto a la gente, o, como dices en algún sitio, éste se hace inverosímil?

John Dylan Haynes: Bueno, creo que la ciencia, a estas alturas, no puede descartar el libre albedrío por completo. Aún existe la posibilidad de que el libre albedrío exista, pero lo hacemos muy inverosímil. ¿Y por qué es inverosímil? Tenemos la impresión, en estas situaciones de toma de decisiones sencillas, de que podemos cambiar el futuro del mundo, de que podemos empezar algo ahora que marcará una diferencia en la manera en la que el mundo continúa. Y esto queda descartado si podemos demostrar que el cerebro predice qué ocurrirá en el futuro incluso antes de que la persona haya tomado una decisión. Pero la gente entiende el libre albedrío de maneras distintas. Cuando dicen libre albedrío se refieren a otra cosa. No quieren decir que puedo intervenir y cambiar el futuro del mundo. Quieren decir, por ejemplo, que es libre porque no recibe ninguna influencia de lo que sucede fuera de mi cuerpo. Es otro significado del libre albedrío. Es algo que no descartamos. Lo que sí descartamos es una idea muy simple
acerca del libre albedrío como una intuición que todos tenemos de que podemos empezar a cambiar el mundo independientemente de la historia del cerebro, de la historia del universo, y cambiar la manera en la que el mundo va a continuar. Y eso es erróneo.

Eduard Punset: Es fascinante, ¿no? Porque, en realidad, lo que sugieres es que todos los conceptos y los
descubrimientos acerca de la plasticidad cerebral, por ejemplo, tu capacidad de influir, de cambiar tu cerebro y, por lo tanto, de cambiar el mundo son algo dudosos.

John Dylan Haynes: Bueno, yo diría que, por supuesto, el cerebro puede cambiarse a sí mismo. Y cuando creemos que estamos cambiando algo de nosotros mismos, por ejemplo, cuando intentamos dejar de fumar o intentamos hacer más deporte, o algo así, hablamos entonces de un cerebro que se está reprogramando. Pero no es solo nuestra consciencia la que toma decisiones para cambiar las cosas, sino el cerebro como un todo. Y eso no implica solo la consciencia.

Eduard Punset: Probablemente eso explicaría por qué muchas personas dicen: “Bueno, haré ejercicio media hora cada mañana” y han decidido más o menos conscientemente hacerlo, pero cuando...

John Dylan Haynes: Pero no funciona.

Eduard Punset: No. Porque el cerebro no lo ha aceptado.

John Dylan Haynes: Puedes ver cómo la fuerza limitada de la consciencia se hará evidente en estas situaciones en las que debemos vencer fuertes tendencias a hacer algo distinto. Por ejemplo, cuando estamos tumbados en la cama. Estamos en la cama y vemos que necesitamos una fuerte voluntad consciente para levantarnos por la mañana. O, por ejemplo, queremos resistir la tentación de comer algo porque tenemos sobrepeso. O creemos que deberíamos hacer más deporte. En cualquiera de estos casos, es como si la consciencia no tenga apenas fuerza contra estos impulsos inconscientes que tenemos de comer, de ser perezosos, de quedarnos en la cama, etcétera. Y esa es una manera sencilla de ver cuántas decisiones son tomadas por la actividad cerebral inconsciente.

Eduard Punset: Escucha, John. Estoy seguro que una gran parte de nuestro público está pensando: “¿Cuáles son las implicaciones de esta consciencia?” Es decir, ¿somos conscientes de una decisión o no?

John Dylan Haynes: Bueno, tradicionalmente, el papel de la consciencia en el procesamiento cerebral y en el procesamiento de la manera en la que pensamos se ha sobrevalorado.

Eduard Punset: Sobrevalorado.

John Dylan Haynes: Creemos, es una especie de tradición filosófica, que siempre pensamos claramente acerca de las cosas, que las analizamos racionalmente, que somos conscientes de todas las decisiones que tomamos, mientras que las ciencias del cerebro y la psicología modernas dirían: “No, hay muchas cosas que ocurren en el cerebro y en nuestro inconsciente que no experimentamos conscientemente.” Se produce un gran procesamiento en segundo plano. Siempre lo comparo con mi secretaria. Cuando tomo la decisión de gastar dinero, por ejemplo, mi secretaria prepara esta decisión en mi lugar. Desconozco todos los procesos que realiza para prepararla, pero al final obtengo un producto y la mayoría de las veces sigo lo que me dice.

John Dylan Haynes: Y sucede algo similar con el cerebro. El cerebro procesa previamente todas las opciones inconscientemente y al final, cuando te decides, es cuando interviene la mente consciente. Nadie niega la existencia de las decisiones conscientes, de las decisiones relacionadas con la consciencia, pero la investigación muestra que el tiempo en el que la decisión llega a la consciencia puede no ser el tiempo en el que se realiza la mayor parte del trabajo para determinar qué opción vamos a tomar.

Eduard Punset: John, hay algo en lo que siempre pienso. Pasas la mayor parte del tiempo observando patrones, mirando qué cambios se producen en el cerebro en patrones mentales concretos, ¿no?

John Dylan Haynes: Cada pensamiento que tienes (como pensar que resuelves un cálculo complejo, sobre algo que ocurrirá, un recuerdo, sobre una pieza musical o una obra de arte que has visto o escuchado)... Cada uno de estos pensamientos está codificado con un patrón específico de actividad cerebral. Y eso significa que cada vez que tienes ese pensamiento produces un patrón específico de actividad en el cerebro.

Eduard Punset: Y lo puedes ver con...

John Dylan Haynes: Con un escáner cerebral. Colocas a alguien en un escáner cerebral, ese alguien tiene este pensamiento y tú puedes medir el patrón de actividad cerebral que acompaña este pensamiento. Luego tiene otro pensamiento distinto y el patrón de actividad cerebral cambia. Ves un patrón distinto de actividad cerebral. Pero cuando le haces tener el primer pensamiento de nuevo, ves el mismo patrón de actividad cerebral que habías visto al principio. Es decir, los patrones de actividad cerebral son firmas. Del mismo modo que se puede usar una huella digital para identificar a un individuo...

Eduard Punset: Increíble.

John Dylan Haynes: ...se puede usar este patrón especial de actividad cerebral para identificar un pensamiento que alguien tenga. Pero para ello necesitas técnicas estadísticas muy desarrolladas, debes poder analizar los patrones de un modo muy sofisticado, lo que se lleva a cabo en un campo científico denominado reconocimiento de patrones o aprendizaje automático. Es un software parecido al que se utiliza para reconocer caras o huellas digitales, y se puede aplicar también a los patrones de actividad cerebral. Permitimos que el ordenador lleve a cabo el reconocimiento de patrones; dado que nuestros cerebros son muy buenos reconociendo patrones, somos realmente buenos, pero los patrones de actividad cerebral son demasiado complejos para que lo hagamos con los ojos, así que hacemos que un ordenador resuelva este problema.

Eduard Punset: ¿Qué hemos añadido al conocimiento de los detectores de mentiras, por ejemplo? Por tu
investigación, deduzco que ahora sabemos más para interpretar la detección de mentiras, de una manera más científica de como solíamos hacerlo.

John Dylan Haynes: Todos conocemos los antiguos detectores de mentiras por las películas, se llaman polígrafos. Miden el ritmo cardíaco, los conductos dérmicos, es decir, básicamente miden cuánto sudas. En definitiva, miden tu nivel de excitación, de nerviosismo. Así que, cuando alguien te hace preguntas, el polígrafo te puede decir tu nivel de nerviosismo al responderlas. El problema del polígrafo o del antiguo detector de mentiras es que se puede manipular porque, por un lado, puedes estar nervioso, por ejemplo, por la situación experimental. Piensas: “Me están haciendo una prueba y si me equivoco, quizás tenga que ir a la cárcel diez años”.

Eduard Punset: Ya veo.

John Dylan Haynes: Por supuesto, es algo realmente difícil. Te pones nervioso solo por la pregunta. Y otra cuestión es que las personas pueden manipular su nerviosismo. Por ejemplo, si flexionas los dedos de los pies o piensas en cosas que alteran, puedes aumentar tu nivel de nerviosismo y, por lo tanto, hacer que parezca que estás nervioso. Así, el polígrafo, el detector de mentiras clásico, es muy poco fiable. La solución es: “No trabajemos la mentira con medidas periféricas o indirectas de la mentira; vayamos directamente al órgano que produce la mentira”, y ese órgano es el cerebro.

Eduard Punset: Es el cerebro.

John Dylan Haynes: Vayamos al cerebro y veamos cómo el cerebro produce esta mentira, y luego busquemos patrones de actividad cerebral que se producen cuando alguien miente.

Eduard Punset: Ya veo.

John Dylan Haynes: Y entonces enseñamos a un ordenador a reconocer los patrones de la actividad cerebral para ver si ese patrón de actividad cerebral tiene el mismo aspecto que cuando alguien miente o cuando cuenta la verdad. Actualmente esto se encuentra en un nivel experimental. Hasta ahora no tenemos pruebas de que lo podamos hacer en una situación real, ya que, cuando lo hacemos en un laboratorio, se trata de una situación relajada, son estudiantes. Les pagamos, dicen la verdad o no sobre cosas que no les importan, que no les preocupan. En una situación real, cuando vas a una comisaría o a un tribunal, si quisieras utilizar un detector de mentiras con resonancia magnética, primero deberías probar que esta máquina funciona en este caso. Tienes una población distinta... No son estudiantes. Frecuentemente se trata de sociópatas, personas con trastornos mentales... Y no se trata de si ganan veinte euros o no, sino de si van a la cárcel veinte años. Como puedes ver, el panorama es muy diferente, y todavía debemos investigar mucho para descubrir si esta dirección prometedora va a funcionar y si algún día vamos a ser capaces de construir un detector de mentiras con resonancia magnética.

Eduard Punset: A veces, pienso que el futuro será eso. Leer la mente será muy importante, no solo en las
comisarías, sino en la vida de pareja o en el trabajo... ¿Crees que nos dirigimos hacia una sociedad en la que leer la mente será más fácil?

John Dylan Haynes: En primer lugar, creo que hay mucha fascinación. Todos estamos fascinados con leer la mente. Nos encanta la idea; en las películas lo ves a menudo. Si miras la película Matrix, hay una persona que puede, en teoría, leer las mentes porque es una simulación en un ordenador. En Origen puedes establecer un vínculo con la mente de otra persona mediante un dispositivo artificial. O en Días extraños, donde tienen una gorra que puedes ponerte para registrar tus pensamientos y luego reproducirlos de nuevo. Así que la gente tiene esta fascinación inmensa y, al mismo tiempo, tiene miedo, por supuesto.

Eduard Punset: Sí, tiene mucho miedo...

John Dylan Haynes: Porque me gustaría saber lo que los demás piensan pero no quiero que nadie sepa lo que yo pienso. Me gusta mi privacidad, ¿no?

Eduard Punset: Sí.

John Dylan Haynes: Y esto implica un dilema ético. Por un lado, veremos cómo cada vez se usan más estas tecnologías, especialmente con pacientes, porque estas tecnologías se pueden usar también para ayudar a los pacientes paralizados, cuando no pueden moverse ni comunicarse. O podrían ser de ayuda en los descubrimientos del trabajo de Adrian Owen y Steve Lauryes, para descubrir si los pacientes en coma aún tienen actividad mental... Así que hay usos clínicos. Pero existen también otros usos en los que necesitamos un debate ético, debemos pensar: “¿Queremos esto o no?”, “¿Queremos usar un detector de mentiras si también se le puede dar un mal uso?”, “¿Queremos mejorar nuestra seguridad, por ejemplo, instalando detectores de mentiras con resonancia magnética en los aeropuertos dentro de cien años?”

Eduard Punset: ¿Sí?

John Dylan Haynes: ¿Es lo que queremos? Necesitamos un debate ético acerca del uso de estas técnicas. Creo que va a ser importante en casos en los que, por ejemplo, la gente pueda jugar. Ahora hay una primera generación de juegos en los que controlas algo con tu fuerza mental sin utilizar las manos. Todavía debe mejorar, pero este va a ser un dominio en el que la gente va a ver cómo esta tecnología gana terreno. Verán también cómo esta tecnología será comercializada por empresas que prometen que pueden detectar mentiras, aunque creo que todavía no está totalmente claro, desde una perspectiva científica, que eso sea posible. Así que habrá una serie de aplicaciones que veremos en los próximos diez años. Y debemos estar preparados, además de tener una buena idea acerca de lo que queremos hacer y lo que no queremos hacer como sociedad.

Eduard Punset: Voy a plantearte una pregunta muy seria. En Facebook tenemos un club de fans. Creo que son unas cuatrocientas mil personas del mundo hispanohablante que son fans de Redes, nuestro programa de ciencia. Y acaban de hacer una camiseta que querría mostrarte. ¿Ves? Es una camiseta en la que se lee: “Ninguna de tus neuronas sabe quién eres, ni le importa”. (Ríe.) Y mi pregunta es: “¿Es cierto? ¿No lo es?” La persona que inventó esta frase ¿estaba muy alejada de la verdad? ¿O tu investigación ha llegado a una conclusión cercana a este razonamiento?

John Dylan Haynes: Es absolutamente cierta. Y es absolutamente cierta porque tu mente no es algo que tenga que ver únicamente con neuronas individuales, sino con todo el cerebro. Es una propiedad de todo el cerebro. Necesitas el sistema entero. La neurona individual, evidentemente, no sabe nada de lo que hacen las demás o sabe muy poco. Pero tu mente, tus capacidades mentales son algo realizado por todo el cerebro, no solo por neuronas individuales.

Eduard Punset: Así que estas no saben quién eres, en realidad.

John Dylan Haynes: No saben quién somos. Según nuestros conocimientos científicos actuales, podrías formular una pregunta a una neurona y esta no sabría a qué cerebro pertenece.

Eduard Punset: Y no le importa mucho.

John Dylan Haynes: Y no le importa.


lunes, 21 de febrero de 2011

The first ten million years






"The first ten million years were the worst," said Marvin, "and the second ten million years, they were the worst too. The third ten million years I didn't enjoy at all... After that I went into a bit of a decline."




jueves, 17 de febrero de 2011

Impossible waterfall






miércoles, 16 de febrero de 2011

Esto es un círculo









Dice la leyenda







"Dice la leyenda que existen personas capaces de usar Internet sólo para fines decididos de antemano y durante el tiempo que tenían pensado."




Burnt Norton (No. 1 of 'Four Quartets')









I

Time present and time past
Are both perhaps present in time future,
And time future contained in time past.
If all time is eternally present
All time is unredeemable.
What might have been is an abstraction
Remaining a perpetual possibility
Only in a world of speculation.
What might have been and what has been
Point to one end, which is always present.
Footfalls echo in the memory
Down the passage which we did not take
Towards the door we never opened
Into the rose-garden. My words echo
Thus, in your mind.
But to what purpose
Disturbing the dust on a bowl of rose-leaves
I do not know.
Other echoes
Inhabit the garden. Shall we follow?
Quick, said the bird, find them, find them,
Round the corner. Through the first gate,
Into our first world, shall we follow
The deception of the thrush? Into our first world.
There they were, dignified, invisible,
Moving without pressure, over the dead leaves,
In the autumn heat, through the vibrant air,
And the bird called, in response to
The unheard music hidden in the shrubbery,
And the unseen eyebeam crossed, for the roses
Had the look of flowers that are looked at.
There they were as our guests, accepted and accepting.
So we moved, and they, in a formal pattern,
Along the empty alley, into the box circle,
To look down into the drained pool.
Dry the pool, dry concrete, brown edged,
And the pool was filled with water out of sunlight,
And the lotos rose, quietly, quietly,
The surface glittered out of heart of light,
And they were behind us, reflected in the pool.
Then a cloud passed, and the pool was empty.
Go, said the bird, for the leaves were full of children,
Hidden excitedly, containing laughter.
Go, go, go, said the bird: human kind
Cannot bear very much reality.
Time past and time future
What might have been and what has been
Point to one end, which is always present.



II

Garlic and sapphires in the mud
Clot the bedded axle-tree.
The trilling wire in the blood
Sings below inveterate scars
Appeasing long forgotten wars.
The dance along the artery
The circulation of the lymph
Are figured in the drift of stars
Ascend to summer in the tree
We move above the moving tree
In light upon the figured leaf
And hear upon the sodden floor
Below, the boarhound and the boar
Pursue their pattern as before
But reconciled among the stars.

At the still point of the turning world. Neither flesh nor fleshless;
Neither from nor towards; at the still point, there the dance is,
But neither arrest nor movement. And do not call it fixity,
Where past and future are gathered. Neither movement from nor towards,
Neither ascent nor decline. Except for the point, the still point,
There would be no dance, and there is only the dance.
I can only say, there we have been: but I cannot say where.
And I cannot say, how long, for that is to place it in time.
The inner freedom from the practical desire,
The release from action and suffering, release from the inner
And the outer compulsion, yet surrounded
By a grace of sense, a white light still and moving,
Erhebung without motion, concentration
Without elimination, both a new world
And the old made explicit, understood
In the completion of its partial ecstasy,
The resolution of its partial horror.
Yet the enchainment of past and future
Woven in the weakness of the changing body,
Protects mankind from heaven and damnation
Which flesh cannot endure.
Time past and time future
Allow but a little consciousness.
To be conscious is not to be in time
But only in time can the moment in the rose-garden,
The moment in the arbour where the rain beat,
The moment in the draughty church at smokefall
Be remembered; involved with past and future.
Only through time time is conquered.



III

Here is a place of disaffection
Time before and time after
In a dim light: neither daylight
Investing form with lucid stillness
Turning shadow into transient beauty
With slow rotation suggesting permanence
Nor darkness to purify the soul
Emptying the sensual with deprivation
Cleansing affection from the temporal.
Neither plenitude nor vacancy. Only a flicker
Over the strained time-ridden faces
Distracted from distraction by distraction
Filled with fancies and empty of meaning
Tumid apathy with no concentration
Men and bits of paper, whirled by the cold wind
That blows before and after time,
Wind in and out of unwholesome lungs
Time before and time after.
Eructation of unhealthy souls
Into the faded air, the torpid
Driven on the wind that sweeps the gloomy hills of London,
Hampstead and Clerkenwell, Campden and Putney,
Highgate, Primrose and Ludgate. Not here
Not here the darkness, in this twittering world.

Descend lower, descend only
Into the world of perpetual solitude,
World not world, but that which is not world,
Internal darkness, deprivation
And destitution of all property,
Desiccation of the world of sense,
Evacuation of the world of fancy,
Inoperancy of the world of spirit;
This is the one way, and the other
Is the same, not in movement
But abstention from movement; while the world moves
In appetency, on its metalled ways
Of time past and time future.



IV

Time and the bell have buried the day,
The black cloud carries the sun away.
Will the sunflower turn to us, will the clematis
Stray down, bend to us; tendril and spray
Clutch and cling?

Chill
Fingers of yew be curled
Down on us? After the kingfisher's wing
Has answered light to light, and is silent, the light is still
At the still point of the turning world.



V

Words move, music moves
Only in time; but that which is only living
Can only die. Words, after speech, reach
Into the silence. Only by the form, the pattern,
Can words or music reach
The stillness, as a Chinese jar still
Moves perpetually in its stillness.
Not the stillness of the violin, while the note lasts,
Not that only, but the co-existence,
Or say that the end precedes the beginning,
And the end and the beginning were always there
Before the beginning and after the end.
And all is always now. Words strain,
Crack and sometimes break, under the burden,
Under the tension, slip, slide, perish,
Decay with imprecision, will not stay in place,
Will not stay still. Shrieking voices
Scolding, mocking, or merely chattering,
Always assail them. The Word in the desert
Is most attacked by voices of temptation,
The crying shadow in the funeral dance,
The loud lament of the disconsolate chimera.

The detail of the pattern is movement,
As in the figure of the ten stairs.
Desire itself is movement
Not in itself desirable;
Love is itself unmoving,
Only the cause and end of movement,
Timeless, and undesiring
Except in the aspect of time
Caught in the form of limitation
Between un-being and being.
Sudden in a shaft of sunlight
Even while the dust moves
There rises the hidden laughter
Of children in the foliage
Quick now, here, now, always—
Ridiculous the waste sad time
Stretching before and after.


T.S. Eliot