miércoles, 20 de julio de 2011

Cortez The Killer




He came dancing across the water
With his galleons and guns
Looking for the new world
In that palace in the sun.

On the shore lay Montezuma
With his coca leaves and pearls
In his halls he often wondered
With the secrets of the worlds.

And his subjects gathered 'round him
Like the leaves around a tree
In their clothes of many colors
For the angry gods to see.

And the women all were beautiful
And the men stood straight and strong
They offered life in sacrifice
So that others could go on.

Hate was just a legend
And war was never known
The people worked together
And they lifted many stones.

They carried them to the flatlands
And they died along the way
But they built up with their bare hands
What we still can't do today.

And I know she's living there
And she loves me to this day
I still can't remember when
Or how I lost my way.

He came dancing across the water
Cortez, Cortez
What a killer.


martes, 19 de julio de 2011

Why We Like What We Like



Toma de decisiones y planteo de problemas






"Judy tiene treinta y tres años y es una persona bastante enérgica. Estudió ciencias políticas y acabó entre los primeros de su promoción. Cuando era estudiante militó muy activamente en los movimientos sociales del campus, especialmente en la lucha antinuclear y contra la discriminación. ¿Cuál de las dos cosas siguientes es más probable?
a) Judy trabaja de cajera en un banco.
b) Judy trabaja de cajera en un banco y es una activa militante feminista.
Por sorprendente que parezca a algunos, la respuesta es que a es más probable que b, pues una afirmación sola siempre es más probable que la conjunción de dos afirmaciones. Sacar cara al lanzar una moneda es más probable que sacar cara al lanzar esa moneda y sacar un 6 al tirar un dado. A menos que tengamos una evidencia directa o un fundamento teórico acerca de un relato determinado, nos encontramos con que los detalles y las concreciones varían de modo inversamente proporcional a la probabilidad; cuantos más detalles concretos tengamos sobre cierto relato, menos probable es que ese relato sea cierto.
Volviendo a Judy y su empleo en el banco, puede ocurrir que desde un punto de vista psicológico, el preámbulo a la pregunta induzca al oyente a confundir la conjunción de afirmaciones b («Es cajera y es feministas con la afirmación condicional («Dado que es cajera, probablemente sea también feminista»), que parece más probable que la alternativa a, pero que, naturalmente, no es lo que dice b.
Los psicólogos Tversky y Kahneman atribuyen el atractivo de la respuesta b al modo en que la gente aborda los juicios probabilísticos en situaciones mundanas. En vez de intentar descomponer cada hecho en todos los resultados posibles y contar luego los resultados favorables, se hacen un modelo mental representativo de la situación, en este caso de alguien como Judy, y sacan sus conclusiones por comparación con dicho modelo. De este modo, para mucha gente, la respuesta b parece más representativa de alguien con los antecedentes de Judy que la respuesta a.
Muchos de los resultados sorprendentes citados en este libro son trucos psicológicos semejantes al antet, que pueden arrastrar a un anumerismo transitorio incluso a la persona más numérica. En su fascinante obra Judgement under Uncertainty («Discernimiento en la incertidumbre»), Tversky y Kahneman presentan una amplia variedad de casos parecidos de este anumerismo irracional, característico de muchas de nuestras decisiones más críticas. Plantean a una serie de personas la pregunta siguiente: Imagínese que es un general rodeado por una fuerza enemiga abrumadora que aniquilará su ejército de 600 hombres a menos que se decida por tomar una de las dos posibles vías de escape. Sus espías le dicen que si toma la primera salida salvará a 200 soldados, mientras que si se decide por la segunda hay una probabilidad de un tercio de que los 600 consigan salvarse y una probabilidad de 2/3 de que no lo consiga ninguno. ¿Qué camino elige usted?
La mayoría de la gente (tres de cada cuatro preguntados) elige el primer camino, pues de este modo es seguro que se salven 200 vidas, mientras que por el segundo camino hay una probabilidad de 2/3 de que haya más muertos.
De momento no hay nada que objetar. Pero ¿y este otro problema? Usted vuelve a ser el general que ha de decidir entre dos rutas de escape. Y le dicen que si elige la primera seguro que perderá 400 soldados, mientras que si toma la segunda hay una probabilidad de 1/3 de que ninguno muera y una probabilidad de 2/3 de que caigan todos. ¿Qué ruta elige usted?
La mayoría de la gente (cuatro de cada cinco preguntados) opta por la segunda ruta, justificando su elección en que la primera de ellas lleva a 400 muertes seguras, mientras que por la segunda hay una probabilidad de 1/3 de que todos se salven.
Las dos preguntas son idénticas, por supuesto, y el hecho de que las respuestas sean distintas depende del modo en que han sido planteadas: en términos de vidas salvadas o de vidas perdidas.
Y un ejemplo más de Tversky y Kahneman: Elija entre una ganancia segura de 30.000 dólares y una probabilidad del 80 por cien de ganar 40.000 y un 20 por cien de no ganar nada. La mayoría de la gente escogerá los 30.000 dólares, aunque la ganancia media esperada en la segunda alternativa es de 32.000 dólares (40.000 × 0,8). Pero ¿qué pasa cuando la elección se plantea entre una pérdida segura de 30.000 dólares y una probabilidad del 80 por ciento de perder 40.000 y un 20 por ciento de no perder nada? Aquí la mayoría de la gente se decantará por el riesgo de perder 40.000 dólares, para reservarse la posibilidad (20 por ciento) de no tener pérdidas, aunque la pérdida media esperada sea en este segundo caso de 32.000 dólares (40.000 × 0,8). Tversky y Kahneman concluyen que, ante la posibilidad de ganancias, las personas tienden a evitar los riesgos, mientras que prefieren correr riesgos para evitar pérdidas.
Naturalmente, no hace falta recurrir a ejemplos tan finos para subrayar que la forma en que se presenta una pregunta o una afirmación tiene un papel decisivo en la respuesta obtenida. Si se pregunta a un contribuyente qué pensaría de un aumento del 6 por ciento en los servicios públicos, probablemente lo encontraría aceptable. Pero su reacción sería probablemente muy distinta si se le planteara una subida global de 91 millones en los servicios públicos. Causa más impresión decir que uno está clasificado en el tercio central de su clase que decir que lo está en el trigésimo séptimo percentil (esto es, que es mejor que el 37 por ciento de sus compañeros)."

John Allen Paulos, El hombre anumérico.



Siempre apararece alguien que no te esperas para nada




"El desoconocido del Prospect Cementery es alguien que en contraremos once veces a lo largo del libro de Joyce, pero que hace su primera y misteriosa aparición en el sexto capítulo. Los comentaristas de Ulysses no se han puesto nunca de acuerdo sobre su identidad.
¿Quién será ese larguirucho de ahí con el impermeable? Me gustaría saber quién es. Daría cualquier cosa por averiguarlo. Siempre apararece alguien que no te esperas para nada."

Enrique Vila-Matas, Dublinesca.


Wanderers



No decía palabras





"No decía palabras,
acercaba tan sólo un cuerpo interrogante,
porque ignoraba que el deseo es una pregunta
cuya respuesta no existe,
una hoja cuya rama no existe,
un mundo cuyo cielo no existe."

Luis Cernuda


Un hombre sin atributos consta de atributos sin hombre







"Ulrich era un hombre  pasional, pero por pasión no hay que entender las pasiones por separado. Debía de haberse dado algo que le empujaba siempre hacia ellas, y eso era quizá la pasión; pero en un estado de excitación y de acciones excitadas, su conducta era al mismo tiempo apasionada e indiferente. Había hecho toda la clase de experiencias y sabía que estaba dispuesto a lanzarse  a todo lo que no tenía por qué importarle, con tal que estimulase su deseo de actividad. Sin exagerar mucho podía decir que, en su vida, todo se había desarrollado como si las cosas estuvieran más relacionadas entre sí que en contacto con él. A la "a" le había seguido siempre la "b", ya se tratara de lucha o de amor. Así tenía que creer que sus atributos personales se pertenecían más a sí mismos que a él; cada uno, si examinaba detenidamente, tenía tan poco que ver con su persona, como con otras que a su vez las poseían.
Sin duda los atributos determinan al hombre y lo componen, incluso no siendo él idéntico a ellos; el mismo hombre se considera extraño a sí mismo tanto en estado de reposo como en estado de actividad. Si Ulrich hubiera tenido que dar una definición de sí mismo se hubiera visto en apuros, pues, igual que muchas otras personas, sólo se había sometido a examen en determinadas materias y en relación a ellas. Su conciencia no había sufrido daño, ni se había viciado o vanagloriado, y no conocía la necesidad de reparaciones, ni de ese aceite llamado examen de conciencia. ¿Era un hombre fuerte? No lo sabía; en este punto su opinión, probablemente era equivocada. Pero es cierto que había sido siempre un hombre que había confiado en sus propias fuerzas. (...)
Esta inseguridad significa para Ulrich el fondo de sus problemas personales. En otros tiempos se podía ser una persona con mejor conciencia que hoy. Los hombres se asemejaban a cañas en la mies. Dios, el granizo, los incendios, la peste, les atacaban probablemente con más violencia que ahora, pero como conjunto, en lo que respecta a ciudad y campo; lo que quedaba a cada caña de movilidad personal era algo claro y caía bajo su responsabilidad. Actualmente, la responsabilidad tiene su punto de gravedad, no ya en el hombre, sino en la concatenación de las cosas. ¿No es cierto que las experiencias se han independizado del hombre? Han pasado al teatro, a los libros, a los informes de excavaciones y a viajes de investigación, a las comunidades religiosas que cultivan ciertas vivencias a costa de otros, como en un experimento social; y si las experiencias no se encuentran precisamente en el trabajo, están suspendidas en el aire; ¿quién puede asegurar hoy día que su enojo e enojo de sí mismo cuando intervienen tantos en él que lo comprenden mejor que él? Ha surgido un mundo de atributos sin hombre, de experiencias sin uno que las viva, como si el hombre ideal no pudiera vivir privadamente, como si el peso de la responsabilidad personal se disolviera en un sistema de fórmulas de posibles significados. Probablemente, la descomposición de las relaciones antropocéntricas, que durante tanto tiempo han considerado al hombre como centro del universo, pero que desde hace siglos están desapareciendo, ha llegado; finalmente, al propio yo, pues la creencia de que los más importante en la vivencia es que uno la viva y en la acción que uno la haga comienza a parecer, a la mayor parte de los hombres, una ingenuidad. No cabe duda de que hay todavía personas que viven su vida personal; dicen: -"Ayer estuvimos en casa de fulano o de mengano", o bien: -"Hoy vamos a hacer esto o aquello", y comienzan a gozar en eso, aunque no tenga todavía contenido ni significado. Aman todo lo que tocan sus dedos, y son personas privadas tan exclusivamente como es posible serlo; el mundo se hace privado en cuanto se toma contacto con ellas, y brilla como un arco iris. Quizá son muy felices, pero esa clase de personas les parecen absurdas a las otras, aunque todavía no se haya conseguido saber por qué. Tras estas consideraciones, Ulrich tuvo que confesar, sonriendo, que, a pesar de todo, él era todo un carácter, aun sin tenerlo."

Robert Musil, El hombre sin atributos.


jueves, 14 de julio de 2011

To be nowhere





"Each time he took a walk, he felt as though he were leaving himself behind, and by giving himself up to the movement of the streets, by reducing himself to a seeing eye, he was able to escape the obligation to think, and this, more than anything else, brought him a measure of peace, a salutary emptiness within…By wandering aimlessly, all places became equal and it no longer mattered where he was. On his best walks he was able to feel that he was nowhere. And this, finally was all he ever asked of things: to be nowhere." 

Paul Auster, City of Glass.


Te regalaré un abismo




Te regalaré un abismo, dijo ella,
pero de tan sutil manera que sólo lo percibirás
cuando hayan pasado muchos años
y estés lejos de México y de mí.
Cuando más lo necesites lo descubrirás,
y ese no será
el final feliz,
pero sí un instante de vacío y de felicidad
Y tal vez entonces te acuerdes de mí,
aunque no mucho.

Roberto Bolaño


Mi hermanito de la luna



Rima LXVI






¿De dónde vengo?... El más horrible y áspero
de los senderos busca;
las huellas de unos pies ensangrentados
sobre la roca dura;
los despojos de un alma hecha jirones
en las zarzas agudas,
te dirán el camino
que conduce a mi cuna.
¿Adónde voy? El más sombrío y triste
de los páramos cruza,
valle de eternas nieves y de eternas
melancólicas brumas;
en donde esté una piedra solitaria
sin inscripción alguna,
donde habite el olvido,
allí estará mi tumba.

Gustavo Adolfo Bécquer


The Human Ego





Una máquina de coser y un paraguas






"Bello como el encuentro fortuito, sobre una mesa de disección, de una máquina de coser y un paraguas."



Periódicamente, es necesario



Periódicamente,
es necesario pasar lista a las cosas,
comprobar otra vez su presencia.
Hay que saber
si todavía están allí los árboles,
si los pájaros y las flores
continúan su torneo inverosímil,
si las claridades escondidas
siguen suministrando la raíz de la luz,
si los vecinos del hombre
se acuerdan aún del hombre,
si dios ha cedido
su espacio a un reemplazante,
si tu nombre es tu nombre
o es ya el mío,
si el hombre completó su aprendizaje
de verse desde afuera.

Y al pasar lista
es preciso evitar un engaño:
ninguna cosa puede nombrar a otra.
Nada debe reemplazar a lo ausente.

Roberto Juarroz
Duodécima Poesía Vertical



Nacimiento




"10 de diciembre. Tengo que ir a visitar  a mi hermana y a su niño. Anteayer, cuando mi madre regresó a la una de la noche de casa de mi hermana con la noticia del nacimiento del niño, mi padre recorrió toda la casa en camisón, abrió todas las habitaciones, nos despertó a mí, a la criada y a mis hermanas, y nos anunció el nacimiento como si el niño no sólo hubiese nacido, sino llevado ya una vida honorable y tenido un adecuado entierro."

Franz Kafka, Diarios (1910-1923)


sábado, 9 de julio de 2011

Dios mío, Dios mío, ¿a quién asisto? ¿Cuántos soy?






"Todo se me evapora. Mi vida entera, mis recuerdos, mi imaginación y lo que contiene, mi personalidad, todo se me evapora. Continuamente siento que he sido otro, que he sentido otro, que he pensado otro. Aquello a lo que asisto es un espectáculo con otro escenario. Y aquello a lo que asisto soy yo.

Encuentro a veces, en la confusión vacía de mis gavetas literarias, papeles escritos por mí hace diez años, hace quince años, hace quizá más años. Y muchos de ellos me parecen de un extraño; me desreconozco en ellos. Hubo quien los escribió, y fui yo. Los sentí yo, pero fue como en otra vida, de la que hubiese despertado como de un sueño ajeno.

Es frecuente que encuentre cosas escritas por mí cuando todavía era muy joven, fragmentos de los diecisiete años, fragmentos de los veinte años. Y algunos tienen un poder de expresión que no recuerdo poder haber tenido en aquel tiempo de mi vida. Hay en ciertas frases, en varios períodos, de cosas escritas a pocos pasos de mi adolescencia, que me parecen producto de tal cual soy ahora, educado por años y por cosas. Reconozco que no soy el mismo que era. Y, habiendo sentido que me encuentro hoy en un progreso grande de lo que he sido, pregunto dónde está el progreso si entonces era el mismo que soy ahora.

Hay en esto un misterio que me desvirtúa y me oprime.

Hace unos días sufrí una impresión espantosa con un breve escrito de mi pasado. Recuerdo perfectamente que mi escrúpulo, por lo menos relativo, por el lenguaje data de hace pocos años. Encontré en una gaveta un escrito mío, mucho más antiguo, en que ese mismo escrúpulo estaba fuertemente acentuado. No me comprendí en el pasado positivamente. ¿Cómo he avanzado hacia lo que ya era? ¿Cómo me he conocido hoy lo que me desconocí ayer? Y todo se me confunde en un laberinto donde, conmigo, me extravío de mí.

Devaneo con el pensamiento, y estoy seguro de que esto que escribo ya lo he escrito. Lo recuerdo. Y pregunto al que en mí presume de ser si no habrá en el platonismo de las sensaciones otra anamnesis más inclinada, otro recuerdo de una vida anterior que apenas sea de esta vida...

Dios mío, Dios mío, ¿a quién asisto? ¿Cuántos soy? ¿Quién es yo? ¿Qué es este intervalo que hay entre mí y mí?"

Fernando Pessoa, Libro del desasosiego.


The Sick Rose




Estás enferma, ¡oh rosa!
El gusano invisible,
que vuela, por la noche,
en el aullar del viento,
tu lecho descubrió
de alegría escarlata,
y su amor sombrío y secreto
consume tu vida.

 William Blake




O Rose, thou art sick! 
The invisible worm 
That flies in the night, 
In the howling storm,
Has found out thy bed 
Of crimson joy: 
And his dark secret love 
Does thy life destroy.


Probabilidades











"Un hombre que viajaba mucho estaba preocupado por la posibilidad de que hubiera una bomba en su avión. Calculó la probabilidad de que fuera así y, aunque ésta era baja, no lo era lo suficiente para dejarlo tranquilo. Desde entonces lleva siempre una bomba en la maleta. Según él, la probabilidad de que haya dos bombas a bordo es infinitesimal."


"El siguiente resultado, bien conocido en probabilidad, es una buena ilustración de la sorprendente probabilidad de las coincidencias. Como el año tiene 366 días (incluimos el 29 de febrero), tendríamos que reunir 367 personas para estar seguros de que por lo menos dos personas del grupo han nacido el mismo día. ¿Por qué?
Ahora bien, ¿qué pasa si nos contentamos con tener una certeza de sólo el 50 %? ¿Cuántas personas habrá de tener el grupo para que la probabilidad de que por lo menos dos de ellas hayan nacido el mismo día sea una mitad? A primera vista uno diría que 183, la mitad de 366. La respuesta sorprendente es que sólo hacen falta veintitrés. En otras palabras, exactamente la mitad de las veces que se reúnen veintitrés personas elegidas al azar, dos o más de ellas han nacido el mismo día."

"La conclusión paradójica es que sería muy improbable que los casos improbables no ocurrieran. Si no se concreta con precisión cuál es el acontecimiento a predecir, puede ocurrir un suceso de tipo genérico de muchísimas maneras distintas.
En el próximo capítulo hablaremos de los curanderos y de los tele-evangelistas, pero ahora viene a cuento observar que sus predicciones suelen ser lo suficientemente vagas como para que la probabilidad de que se produzca un hecho del tipo predicho sea muy alta. Son las predicciones concretas las que raramente se hacen realidad. Que un político de fama nacional vaya a someterse a una operación de cambio de sexo, como predecía recientemente una revista de astrología y parapsicología, es considerablemente más probable que el hecho de que este político sea precisamente Koch, el alcalde de Nueva York. Que algún telespectador sane de su dolor de estómago porque un predicador televisivo atraiga los síntomas es considerablemente más probable que el hecho de que esto le ocurra a un espectador determinado. Análogamente, las políticas de seguros de amplia cobertura, que compensan cualquier accidente, suelen ser a la larga más baratas que los seguros para una enfermedad o un accidente concretos."

"Dos extraños, procedentes de puntos opuestos de los Estados Unidos, se sientan juntos en un viaje de negocios a Milwaukee y descubren que la mujer de uno de ellos estuvo en un campo de tenis que dirigía un conocido del otro. Esta clase de coincidencias es sorprendentemente corriente. Si suponemos que cada uno de los aproximadamente 200 millones de adultos que viven en los Estados Unidos conoce a unas 1.500 personas, las cuales están razonablemente dispersas por todo el país, entonces la probabilidad de que cada dos tengan un conocido en común es del uno por ciento, y la de que estén unidos por una cadena con dos intermediarios es mayor que el noventa y nueve por ciento.

Podemos entonces estar prácticamente seguros, si aceptamos estas suposiciones, de que dos personas escogidas al azar, como los extraños del viaje de negocios, estarán unidos por una cadena de dos intermediarios como mucho. Que durante su conversación pasen lista de las 1.500 personas que conoce cada uno (así como de los conocidos de éstas), y así sean conscientes de la relación y de los dos intermediarios, es ya un asunto más dudoso.
Las suposiciones en que basamos la deducción anterior se pueden relajar un tanto. Quizás el adulto medio conozca menos de 1.500 personas o, lo que es más probable, la mayoría de la gente que conoce vive cerca y no está dispersa por todo el país. Incluso en este caso, menos favorable, es inesperadamente alta la probabilidad de que dos personas escogidas al azar estén unidas por una cadena de como mucho dos intermediarios.
El psicólogo Stanley Milgrim emprendió un enfoque más empírico del problema de los encuentros fortuitos. Tomó un grupo de personas escogidas al azar, dio un documento a cada miembro del grupo y le asignó un «individuo destinatario» al que tenía que transmitir el documento. Las instrucciones eran que cada persona tenía que mandar el documento a aquel de sus conocidos que más probablemente conociera al destinatario, instruyéndole para que hiciera lo mismo, hasta que el documento llegara a su destino. Milgrim encontró que el número de intermediarios iba de dos a diez, siendo cinco el número más frecuente. Aunque menos espectacular que el argumento probabilístico anterior, el resultado de Milgrim es más impresionante. Aporta bastante a la explicación de cómo las informaciones confidenciales, los rumores y los chistes corren tan rápidamente entre cierta población.

"¿Y qué? Como la gente sólo suele prestar atención a los vencedores y a los casos extremos, ya sea en deportes, artes o ciencias, siempre hay una tendencia a denigrar a las figuras de hoy en día, tanto deportivas como artísticas o científicas, comparándolas con los casos extraordinarios. Una consecuencia de ello es que las noticias internacionales acostumbran a ser peores que las nacionales, que a su vez son peores que las estatales, las cuales son, por la misma regla, peores que las locales, que en última instancia son peores que las del entorno particular de cada uno. Los supervivientes locales de la tragedia acaban invariablemente diciendo en televisión algo así como: «No puedo entenderlo. Nunca había ocurrido nada parecido por aquí»."

John Allen Paulos, El hombre anumérico.


Hegel's Holiday




"I thought that Hegel would have been very sensitive to this object which has two opposing functions: at the same time not to admit any water (repelling it) and to admit it (containing it). He would have been delighted, I think, or amused (as on a vacation) and I call the painting Hegel's Holiday." 


It was a false dilemma





"Was I to go on leaning on my umbrella and get drenched or was I to stop and take shelter under my open umbrella? It was a false dilemma, as so many dilemmas are..." 

Samuel Beckett, Molloy


The street Tom Waits grew up on






Mentiras






Hemos de procurar no mentir mucho.
Sé que a veces mentimos para no hacer un muerto,
para no hacer un hijo o evitar una guerra.

De pequeña mentía con mentiras de azúcar,
decía a las amigas: "Tengo cuarto de baño"
—mi casa era pobre, con el retrete fuera—.
"Mi padre es ingeniero" y era sólo fumista,
pero yo le veía ingeniero ingenioso

Me costó la costumbre de arrancar la mentira,
me tejí un vestido de verdad que me cubre,
a veces voy desnuda.

Desde entonces me quedo sin hablar muchos días.

 Gloria Fuertes



La pregunta triste
















¡Oh mi yo! ¡Oh vida! De sus preguntas que vuelven,
del interminable desfile de los desleales, de las
ciudades llenas de necios,
de mí mismo, que me reprocho siempre (pues
¿quién más necio que yo, ni más desleal?),
de los ojos que en vano ansían la luz, de los objetos
despreciables, de la lucha siempre renovada,
de los malos resultados de todo, de las multitudes
afanosas y sórdidas que me rodean,
de los años vacíos e inútiles de los demás, yo
entrelazado con los otros.

La pregunta, ¡oh mi yo!, la pregunta triste
vuelve: ¿qué de bueno hay en medio de estas
cosas, oh mi yo, oh vida?
Respuesta: Que estás aquí, que existe la vida y la identidad,
que prosigue el poderoso drama y que
tú puedes contribuir con un verso.

Walt Whitman


I Believe to My Soul




One-a these days an' it won't be lo-oong
You gonna look for me, n' I'll be gone

Now you know I believe baby, now
(I believe, yes I believe)
Oh, alright baby, now
(I believe, yes I believe)
I want ya to know baby, now
I believe to my soul, yeah
Well, you're tryin' to make a fool of me, alright
(I believe it)
Yes I do, baby
(I believe it)

You're goin' 'round here with yo' head so hard
I think I'm gonna have-ta use my rod

You know, I believe oh baby, now
(I believe, yes I believe)
Well, well, well, well, well
(I believe, yes I believe)
I want ya to know today, baby
I believe to my soul, yeah
Whoa, tryin' to make a fool of me, alright
(I believe it, I believe it)

What are you doin' girl?
(I believe it, I believe it)

Last night you were dreamin', an' I heard you say
'Oh Johnny!', when you know my name is Ray




lunes, 4 de julio de 2011

X., que ha fracasado en todo





"X., que ha fracasado en todo, se lamenta de no haber tenido un destino. -Todo lo contrario, le digo. La serie de  tus fracasos es tan notable que parece un designio providencial."


E. M. Cioran, Ese maldito yo.


Insomnio





Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres (según las últimas estadísticas).
A veces en la noche yo me revuelvo y me incorporo 
en este nicho en el que hace 45 años que me pudro, 

y paso largas horas oyendo gemir al huracán, o ladrar los perros, 
o fluir blandamente la luz de la luna. 

Y paso largas horas gimiendo como el huracán, 
ladrando como un perro enfurecido, 
fluyendo como la leche de la ubre caliente de una gran vaca amarilla. 

Y paso largas horas preguntándole a Dios, 
preguntándole por qué se pudre lentamente mi alma, 

por qué se pudren más de un millón de cadáveres en esta ciudad de Madrid, 

por qué mil millones de cadáveres se pudren lentamente en el mundo. 

Dime, ¿qué huerto quieres abonar con nuestra podredumbre? 

¿Temes que se te sequen los grandes rosales del día, 

las tristes azucenas letales de tus noches?

Dámaso Alonso


I just don´t understand




J.D. Salinger, The Catcher in the Rye.


domingo, 3 de julio de 2011

Hasta nunca



Al irnos no sabemos jamás que nos marchamos
y bromeamos al cerrar la puerta.
El destino, siguiéndonos, detrás, echa el cerrojo
y ya no hablamos más.

Emily Dickinson






"En un cuento mínimo, en un cuento muy breve de Ray Bradbury titulado Hasta nunca suena un golpe suave en la puerta de una cocina que da a un jardín. Cuando la señora O´Brian abre, se encuentra con su mejor inquilino, el señor Ramírez, acompañado de dos policías. Después de treinta meses de estancia allí, su mejor inquilino ha sido descubierto y, por no tener papeles legales, va a ser devuelto al otro lado de la frontera. El señor Ramírez está allí para despedirse de la señora O´Brian. “Adiós, señora, se ha portado usted bien conmigo. Adiós, señora. Hasta nunca”, le dice. Cuando ella se queda sola y entra en su casa y sus hijos le reclaman la comida, se queda de pronto muy pensativa. “¿Qué te pasa, mamá?”, le preguntan. “Que me acabo de dar cuenta de que no veré nunca más al señor Ramírez”, les dice.

Así termina éste en apariencia sencillo cuento mínimo. Siempre que me encuentro con ese cuento de Bradbury (que está en Ficción Súbita, Anagrama 1989) no puedo dejar de pensar en un joven mexicano que pasó hace treinta años por Barcelona y del que apenas recuerdo algo de él, salvo que narraba muy bien cómo su padre en Tijuana calentaba previamente con las manos las cervezas excesivamente frías que a veces le servían. Sólo me acuerdo de esto y de que, en una de las dos noches que con amigos comunes nos vimos, jugamos al billar en el bar Velódromo nada menos que con Eric Clapton, de paso por la ciudad. Pero no recuerdo casi nada más de él, tampoco mucho de Clapton, la verdad. Físicamente, ya no tengo ni idea de cómo era ese mexicano, salvo que llevaba bigote y era bajo y hablaba de literatura. Nunca, por otra parte, supe su nombre. Si le recuerdo todavía hoy es sobre todo porque, al despedirnos, en la puerta del bar Velódromo, nos dijo algo a los amigos que me quedó grabado para siempre y que el reencuentro con el breve relato de Bradbury me hace siempre volver a recordar. “Adiós, amigos. Me voy a Tijuana y allí me quiero perder. ¿Se dan cuenta de que ya no nos volveremos a ver nunca más?”, nos dijo. Y se perdió en la noche para siempre.

Nunca hasta aquel día se me había ocurrido pensar que a veces uno se despide de alguien y no sabe –o lo sabe demasiado bien- que no volverá a ver a esa persona nunca más en la vida. Es triste a veces, y es raro. Todos tenemos algo de esa señora O´Brian, que se queda estupefacta en su casa americana cuando descubre que no volverá a ver al señor Ramírez. En cierta ocasión dediqué un libro a una amiga que se llamaba Carmen, y le escribí para bromear: “Para Carmen, que fue a su casa y no volvió”. Y así fue. Me despedí de ella esa noche y no volví a verla en mi vida. Fue a su casa y ya no volvió, y ya no la podré volver a ver nunca más. Todos hemos pasado por experiencias parecidas. Es triste a veces, y es raro. En El hacedor escribe Borges: “Hay una línea de Verlaine que no volveré a recordar. Hay una calle próxima que está vedada a mis pasos. Hay un espejo que me ha visto por última vez…”

Cada día nos despedimos de alguien a quien no veremos nunca más. “¡Hasta nunca, señora O´Brian!”, que decía el señor Ramírez. Como siempre estamos peligrosamente despidiéndonos, hay días en los que me despido de todo el mundo y, cuando de pronto me quedo solo, decido retardar mi regreso a casa para evitar que me ocurra lo de la amiga que no volvió. Voy entonces a bares extraños y hablo con desconocidos y desconocidas y de todos luego me despido diciéndoles: “¡Hasta nunca, señora O´Brian, hasta nunca!”. Son simples precauciones que tomo para evitar que el vacío de cualquier desaparición, por ínfimo que sea, se agrande en cualquier momento, en cualquier noche de éstas."

Enrique Vila-Matas 


Así suena τ



"Preciosa esta composición musical con τ como protagonista. Pero… ¿Qué es τ? Para quien no haya oído todavía hablar de tau, simplemente simplemente remitirle al artículo del Cuaderno de Ciencias de Maikelnai: ¿Es el número pi incorrecto? Donde se explica que τ = 2π, es decir 6,2831… y está considerada por algunos como una «alternativa mejor» a la circular constante." Post de Microsiervos.



viernes, 1 de julio de 2011

Pavoroso misterio de haber





A veces medito,
a veces medito, y medito más hondo, y aún más hondo
y todo el misterio de las cosas aparece para mí como aceite en la superficie,
y todo el universo es un mar de caras y de ojos cerrados hacia mí.
Cada cosa —un farol en la esquina, una piedra, un árbol—
es un ojo que me observa desde un abismo incomprensible,
y desfilan en mi corazón los dioses todos, y las ideas de los dioses.

¡Ah, que haya cosas!
¡Ah, que haya seres!
¡Ah, que haya forma de haber seres,
de haber haber,
de haber cómo haber haber,
de haber...!
¡Ah, que exista el fenómeno abstracto —existir,
haber conciencia y realidad—,
lo que quiera que esto sea...!
¿Cómo puedo expresar el horror que todo esto me causa?
¿Cómo puedo decir cómo es esto para que se sienta?
¿Cuál es el alma de que haya ser?

Ah, el pavoroso misterio de que exista la más pequeña cosa.
Por qué el pavoroso misterio de haber cualquier cosa
Por qué el pavoroso misterio de haber...

Fernando Pessoa


Herman Melville





Towards the end he sailed into an extraordinary
mildness,
And anchored in his home and reached his wife
And rode within the harbour of her hand,
And went across each morning to an office
As though his occupation were another island.

Goodness existed: that was the new knowledge
His terror had to blow itself quite out
To let him see it; but it was the gale had blown him
Paste the Cape Harn of sensible success
Which cries: 'This rock is Eden. Shipwreck here.'
But deafened him with thunder and confused with
lightning:
--The maniac hero hunting like a jewel
The rare ambiguous monster that had maimed his sex,
The unexplained survivor breaking off the nightmare--
All that was intricate and false; the truth was simple.

Evil is unspectacular and always human,
And shares our bed and eats at our own table,
And we are introduced to Goodness every day.
Even in drawing-rooms among a crowd of faults;
he has a name like Billy and is almost perfect
But wears a stammer like decoration:
And every time they meet the same thing has to happen;
It is the Evil that is helpless like a lover
And has to pick a quarrel and succeeds,
And both are openly destroyed before our eyes.

For now he was awake and knew
No one is ever spared except in dreams;
But there was something else the nightmare had distorted--
Even the punishment was human and a form of love:
The howling storm had been his father's presence
And all the time he had been carried on his father's breast.

Who now had set him gently down and left him.
He stood upon the narrow balcony and listened:
And all the stars above him sang as in his childhood
'All, all is vanity,' but it was not the same;
For now the words descended like the calm of mountains--
--Nathaniel had been shy because his love was selfish--
But now he cried in exultation and surrender
'The Godhead is broken like bread. We are the pieces.'

And sat down at his desk and wrote a story.




Al final casi, navegando, entró a una calma singular y
 ancló en su casa y alcanzó a su
esposa
y bogó en la ensenada de sus manos
y cada mañana cruzaba a la oficina como si fuera 
otra isla su trabajo.
Existía el Bien: esto era su nueva ciencia
su terror tuvo que alejarse totalmente
para que se diera cuenta; mas fue lanzado
por el
viento
allende el Cabo de Hornos del éxito
razonable
que aúlla: “Esta roca es el edén. Aquí
naufraga”.

Pero que lo ensordeció con truenos y lo
aturdió con
relámpagos:
—el héroe lunático cazando, como a una
joya,
al raro monstruo ambiguo que mutiló su
sexo,
odio por odio hasta vaciarse en grito,
sobreviviente imposible arrebatado al
delirio—
todo eso era falso y complicado; la verdad
era
simple.

Nada espectacular el Mal, y siempre humano, 
comparte nuestra cama y come en nuestra
mesa,
y nos presenta al Bien todos los días,
hasta en las estancias rodeadas de yerros;
tiene un nombre (como “Billy”) y es casi perfecto
 aunque porta como un adorno su
tartamudez:
y cada vez que se topan tiene que pasar lo mismo; 
es el Mal el que es desvalido como
un amante
y busca pleito hasta encontrarlo
y ambos son destruidos abiertamente ante
nosotros.
Pues ahora se había despertado y ya sabía
que nadie se salva mientras no sea en
sueños;
pero había algo más que había sido
trastocado por
la pesadilla—

incluso el castigo era humano y era una
forma de
amor:
la quejosa tormenta había sido la presencia
de
su padre
y había sido llevado siempre en el pecho de
su padre.
Que con delicadeza lo había descendido
ahora para
abandonarlo.
Se puso de pie sobre el balcón angosto y
escuchó
y todas las estrellas arriba cantaron como en
su
infancia
“Todo, todo es vanidad”, pero ya no era lo mismo;
 porque ahora las palabras cayeron
como el sosiego
de las montañas
—Natanaél fue tímido por ser su amor egoísta— 
pero ahora gritó, transportado y
vencido,
“La divinidad se ha roto como un pan.
Nosotros somos los pedazos.”

Y se sentó en su escritorio y escribió una historia.

 W.H. Auden


El hombre anumérico.









Sangre, montañas y hamburguesas 

En una columna sobre anumerismo en Scientific American, el informático Douglas Hofstadter cita el caso de la Ideal Toy Company, que en el envoltorio del cubo de Rubik afirmaba que el cubo admitía más de tres mil millones de configuraciones distintas. Si uno lo calcula, obtiene que las configuraciones posibles son más de 4 × 1019, un 4 seguido de 19 ceros. La frase del envoltorio es cierta, las configuraciones posibles son, en efecto, más de tres mil millones. La subestimación que supone esa cifra es, sin embargo, un síntoma de un omnipresente anumerismo que encaja muy mal en una sociedad tecnológicamente avanzada. Es como si en la entrada del Lincoln Túnel hubiera un rótulo anunciando: Nueva York, más de 6 habitantes; o como si McDonald se vanagloriara de haber vendido más de 120 hamburguesas.
El número de 4 × 1019 no es lo que se dice frecuente, pero sí lo son cifras como diez mil, un millón o un billón. Para poder establecer comparaciones rápidamente, deberíamos disponer de ejemplos de conjuntos que constarán de un millón de elementos, de mil millones, etc. Por ejemplo, saber que un millón de segundos sólo duran aproximadamente once días y medio, mientras que para que pasen mil millones de segundos hay que esperar casi 32 años, nos permite formarnos una idea más clara de la magnitud relativa de dichos números. ¿Y los billones? La edad del homo sapiens moderno es probablemente menor que 10 billones de segundos, y la total desaparición de la variante Neanderthal del primitivo homo sapiens ocurrió hace sólo un billón de segundos. La agricultura apareció hace unos 300 mil millones de segundos (diez mil años), la escritura hace unos 150 mil millones de segundos, y tenemos música rock desde hace tan sólo unos mil millones de segundos. (...)
En general estos cálculos son muy fáciles y a menudo resultan sugerentes. Por ejemplo: ¿Cuál es el volumen total de la sangre humana existente en el mundo? El macho adulto medio tiene unos cinco litros de sangre, la hembra adulta un poco menos, y los niños bastante menos. Así, si calculamos que en promedio cada uno de los 5 mil millones de habitantes de la tierra tiene unos cuatro litros de sangre, llegamos a que hay unos 20 mil millones (2 × 1010) de litros de sangre humana. Como en cada metro cúbico caben 1.000 litros, hay aproximadamente 2 × 107 metros cúbicos de sangre. La raíz cúbica de 2 × 107 es 270. Por tanto, ¡toda la sangre del mundo cabría en un cubo de unos 270 metros de largo, un poco más de un dieciseisavo de kilómetro cúbico!
El área del Central Park de Nueva York es de hectáreas, esto es unos 3,34 kilómetros cuadrados. Si lo rodeáramos con una pared, toda la sangre del mundo sólo alcanzaría para llenarlo hasta una altura de unos seis metros. El Mar Muerto, situado en la frontera entre Israel y Jordania, tiene una superficie de unos 1.000 kilómetros cuadrados. Si vertiéramos toda la sangre del mundo en el Mar Muerto, sus aguas sólo subirían dos centímetros. Estas cifras resultan del todo sorprendentes, incluso fuera de su contexto: ¡no hay tanta sangre en el mundo! Si comparamos su volumen con el de toda la hierba, todas las hojas o todas las algas del mundo, queda clarísima la posición marginal del hombre entre las demás formas de vida, por lo menos en lo que a volumen se refiere. (...)
Y para terminar daremos otro ejemplo de cálculo terrenal que suele usar un asesor científico del MIT para eliminar aspirantes en las entrevistas de selección de personal: pregunta cuánto se tardaría en hacer desaparecer una montaña aislada, como el Fujiyama japonés por ejemplo, transportándola con camiones. Supóngase que, durante todo el día, llega un camión cada 15 minutos, es cargado instantáneamente de tierra y piedras, y se va sin interrumpir al siguiente camión. Daremos la respuesta más adelante, anticipando que el resultado es un tanto sorprendente.

Los números colosales y los 400 de Forbes

El tema de los cambios de escala ha sido uno de los pilares de la literatura mundial, desde la Biblia hasta los liliputienses de Swift, y desde Paul Bunyan hasta el colosal Gargantúa de Rabelais. Siempre me ha chocado, sin embargo, la inconsistencia que han mostrado los distintos autores en su empleo de los números grandes.
Se dice que el niño Gargantúa se tomaba la leche de 17.913 vacas. De joven fue a estudiar a París montado en una yegua que abultaba como seis elefantes y llevaba colgadas del cuello las campanas de Nôtre Dame a modo de cascabeles. En el camino de vuelta a casa, fue atacado a cañonazos desde un castillo y se sacó las bombas del pelo con un rastrillo de 300 metros de longitud. Para hacerse una ensalada cortaba lechugas del tamaño de un nogal y devoraba media docena de peregrinos que se habían refugiado en la arboleda. ¿Pueden apreciar las inconsistencias internas de este cuento?
El Génesis dice que durante el Diluvio «… quedaron cubiertos todos los montes sobre la faz de la tierra…». Si se toma esto literalmente, resulta que la capa de agua sobre la tierra tendría entre 5.000 ó 6.000 metros de grosor, lo que equivale a más de 2.500 millones de kilómetros cúbicos de agua. Como según el relato bíblico del Diluvio duró 40 días con sus noches, es decir sólo 960 horas, la tasa de caída de la lluvia ha de haber sido por lo menos de cinco metros por hora, suficiente para echar a pique un avión y con mayor motivo un arca cargada con miles de animales a bordo.
Darse cuenta de inconsistencias internas como ésas es uno de los placeres menores de tener cierta cultura numérica. Lo importante, sin embargo, no es que uno esté analizando permanentemente la consistencia y la plausibilidad de los números, sino que, cuando haga falta, pueda recoger información de los puros datos numéricos, y que pueda refutar afirmaciones, basándose sólo en las cifras que las acompañan. Si la gente estuviera más capacitada para hacer estimaciones y cálculos sencillos, se sacarían (o no) muchas conclusiones obvias, y no se tendrían en consideración tantas opiniones ridículas.
Antes de volver a Rabelais, consideraremos dos alambres colgantes con la misma sección transversal. (Seguro que es la primera vez que se imprime esta frase.) Las fuerzas que actúan sobre los alambres son proporcionales a sus masas y éstas son proporcionales a sus respectivas longitudes. Como las áreas de las secciones transversales de los alambres son iguales, la tensión de cada uno, la fuerza dividida por el área de la sección transversal, varía en proporción directa a la longitud del alambre. Un alambre diez veces más largo que otro soportará una tensión diez veces mayor. Con un razonamiento análogo se demuestra que de dos puentes geométricamente semejantes, hechos del mismo material, el más débil es necesariamente el mayor.
Por la misma razón, no se puede aumentar de escala un hombre desde unos dos metros hasta diez. Al multiplicar por cinco la altura, su peso aumentará en un factor 53, mientras que su capacidad para sostener peso —dada por el área de la sección transversal de sus huesos— aumentará sólo en un factor 52. Los elefantes son grandes, a costa de tener unas patas muy gruesas, mientras que las ballenas son relativamente inmunes a este efecto por estar sumergidas en el agua.
Aunque en la mayoría de situaciones los aumentos y disminuciones de escala dan primeras aproximaciones razonablemente buenas, a menudo dan malos resultados, como lo prueban muchos ejemplos mundanos. Que el precio del pan suba un 6 por ciento no significa que los yates vayan a subir también un 6 por ciento. Si una empresa crece hasta un tamaño veinte veces mayor que el que tenía al empezar, las proporciones relativas a sus distintos departamentos no tienen por qué seguir siendo las mismas. Si la ingestión de mil gramos de cierta sustancia hace que una de cada cien ratas contraiga cáncer, no podemos concluir inmediatamente que la ingestión de sólo cien gramos hará que lo contraiga una de cada mil ratas.
En cierta ocasión escribí a una minoría importante de los 400 de Forbes, una lista de los cuatrocientos norteamericanos más ricos, pidiéndoles 25.000 dólares como subvención a un proyecto en el que estaba trabajando en aquel tiempo. La fortuna media de las personas con las que me puse en contacto era aproximadamente de unos 400 millones de dólares (4 × 108, un número de dólares verdaderamente colosal) y yo sólo pedía 1/16.000 de esta cantidad. Tenía la esperanza de que la proporcionalidad lineal valdría también en este caso, y me animaba pensando que si algún extraño me escribiera pidiendo una ayuda para un proyecto interesante y me solicitara 25 dólares, mucho más de 1/16.000 de mi propia fortuna, probablemente le contestaría afirmativamente. Pero ¡ay!, aunque recibí bastantes respuestas amables, no conseguí ni cinco.

Arquímedes y los números Prácticamente infinitos

La arquimedianidad es una propiedad fundamental de los números (llamada así por el matemático griego Arquímedes), según la cual se puede rebasar cualquier número, por grande que sea, agregando repetidas veces cualquier número menor, Por pequeño que éste sea. Aunque esta Propiedad sea en principio evidente, a veces la gente se resiste a aceptar sus consecuencias, como ese alumno mío que sostenía que el cabello humano no crece a razón de kilómetros por hora. Desgraciadamente, la agregación de los nanosegundos empleados en una operación simple de ordenador provoca largos embotellamientos en los problemas intratables, muchos de los cuales tardarían milenios en ser resueltos. No es sencillo acostumbrarse al hecho de que los tiempos y distancias minúsculos de la microfísica, y también la inmensidad de los fenómenos astronómicos, comparten las dimensiones de nuestro mundo a escala humana.
Está claro, pues, cómo la propiedad anterior llevó a Arquímedes a su famosa afirmación de que si le dieran un punto de apoyo, una palanca lo bastante larga y un lugar donde situarse, podría, él solo, levantar la tierra. La inconsciencia de la aditividad de las pequeñas cantidades es otro defecto de los anuméricos, que por lo visto no se acaban de creer que sus pequeños aerosoles de laca para el cabello puedan atacar en lo más mínimo la capa de ozono de la atmósfera, o que su automóvil particular contribuya, al problema de la lluvia ácida.
Por impresionantes que resulten las pirámides, se construyeron piedra a piedra en un tiempo mucho menor que los cinco mil o diez mil años que harían falta para transportar con camiones el Fujiyama con sus 4.000 metros de altura. Se atribuye a Arquímedes un cálculo parecido, aunque más clásico. Calculó el número de granos de arena necesarios para llenar la tierra y los cielos. Aunque no disponía de la notación exponencial, inventó algo similar, y sus cálculos fueron en esencia equivalentes a lo que sigue.
Interpretando «la tierra y los cielos», como, una esfera centrada en la tierra, empezamos por observar que el número de granos de arena que harían falta para llenarla depende tanto del radio de la esfera como del grosor de la arena. Suponiendo que quepan quince granos por pulgada lineal, cabrán 15 × 15 granos por pulgada cuadrada y 153 granos por pulgada cúbica. Como un pie son 12 pulgadas, hay 123 pulgadas en cada pie cúbico y por tanto habrá 153 × 123 granos en cada pie cúbico. Del mismo modo, habrá 153 × 123 × 5.2803 granos por milla cúbica. Teniendo ahora en cuenta la fórmula del volumen de la esfera: 4/3 × pi × el radio al cubo, veremos que el número de granos de arena necesarios para llenar una esfera de un billón de millas de radio (más o menos la estimación hecha por Arquímedes) es 4/3 × pi × 1000.000.0003 × 153 × 123 × 5.2803, que da aproximadamente 1054 granos de arena. (...)
Suponiendo que un ser humano tenga forma esférica y más o menos un metro de diámetro (piénsese en una persona en cuclillas), acabaremos con unas cuantas comparaciones biológicamente reveladoras que son más fáciles de imaginar. El tamaño de una célula es al de una persona como el de ésta al de Rhode Island. Del mismo modo, un virus es a una persona como una persona a la tierra; un átomo es a una persona como ésta a la órbita de la tierra alrededor del sol, y un protón es a una persona como una persona a la distancia a Alfa Centauro.

John Allen Paulos, El hombre anumérico.