lunes, 27 de febrero de 2012

The only sucess I care about



Be Glad Your Nose is on Your Face



















Be glad your nose is on your face,
not pasted on some other place,
for if it were where it is not,
you might dislike your nose a lot.

Imagine if your precious nose
were sandwiched in between your toes,
that clearly would not be a treat,
for you'd be forced to smell your feet.

Your nose would be a source of dread
were it attached atop your head,
it soon would drive you to despair,
forever tickled by your hair.

Within your ear, your nose would be
an absolute catastrophe,
for when you were obliged to sneeze,
your brain would rattle from the breeze.

Your nose, instead, through thick and thin,
remains between your eyes and chin,
not pasted on some other place--
be glad your nose is on your face!

Jack Prelutsky 


Dull Day


"I'm  drinking, I'm  drinking, I'm drinking 
I'm  drinking, I'm drunk
Dull day, Dull day, Dull day..."




Voz que soledad sonando



Voz que soledad sonando
por todo el ámbito asola,
de tan triste, de tan sola,
todo lo que va tocando.
Así es mi voz cuando digo
-de tan solo, de tan triste-
mi lamento, que persiste
bajo el cielo y sobre el trigo.
-¿Qué es eso que va volando?
-Sólo soledad sonando.


Ángel González, Áspero mundo



Salomon said




"Salomon said: There is no new thing upon the earth. So that as Plato had an imagination, that all knowledge was but remembrance; so Salomon given his sentence, that all novelty is but oblivion."

Francis Bacon, The Essays


Todo va a dormir




Comienza a haber medianoche, a haber sosiego
en cada parte de las cosas superpuestas,
los varios pisos que acumulan vida.
Han acallado el piano del tercero...
Ya no oigo los pasos del segundo...
En el entresuelo la radio está en silencio...

Todo va a dormir.

Me quedo a solas conmigo y con el universo entero.
No quiero asomarme a la ventana:
Si mirara, ¡cuántas estrellas!
¡Qué grandes silencios mayores en lo alto!
¡Qué anticiudadano cielo!
Prefiero, recluido
en el deseo de no ser recluso,
escuchar, anhelante, los ruidos de la calle...
un automóvil -¡demasiado deprisa!-.
Los dobles pasos, dialogando, me hablan…
El ruido del portal que cierran bruscamente duele …

Todo va a dormir...

Sólo yo velo, somnoliento, escuchando,
esperando,
algo antes de dormir...
Algo.

Fernando Pessoa


No sé hacia qué lado volverme




"No sé hacia qué lado volverme, soy todo lo que no puede hallar salida."
Friedrich Nietzsche, El Anticristo


Un matiz diferente del espectro del sufrimiento humano




"Mi esposa a menudo está triste porque su tristeza no es una tristeza triste, y dolida porque su dolor no es un dolor aplastante. Le pesa que su pesar no sea un pesar agudo, y cuando le explico que su pesar acerca de los defectos de su pesar puede ser un matiz diferente del espectro del sufrimiento humano, eso no la consuela. Oh, a veces me asalta la idea de dejarla. Puedo concebir una vida sin ella y los niños, puedo arreglarme sin la compañía de mis amigos, pero no soporto la idea de abandonar mis prados y mis jardines. No podría separarme de las puertas del porche, las que yo reparé y pinté, no puedo divorciarme de la sinuosa pared de ladrillos que levanté entre la puerta lateral y el rosal; y así, aunque mis cadenas están hechas de césped y pintura doméstica, me sujetarán hasta el día de mi muerte."

John Cheever, Geometría del Amor

El triple idiota



















The Triple Fool

            I am two fools, I know,
For loving, and for saying so
            In whining poetry;
But where’s that wiseman, that would not be I,
            If she should not deny?
Then as th’earth’s inward narrow crooked lanes
Do purge sea water’s fretful salt away,
            I thought, if I could draw my pains
Through rhyme’s vexation, I should them allay.
Grief brought to numbers cannot be so fierce,
For, he tames it, that fetters it in verse.

            But when I have done so,
Some man, his art and voice to show,
            Doth set and sing my pain,
And, by delighting many, frees again
            Grief, which verse did restrain.
To love and grief tribute of verse belongs,
But not of such as pleases when ‘tis read,
            Both are increased by such songs:
For both their triumphs so are published,
And I, which was two fools, do so grow three;
Who are a little wise, the best fools be.



John Donne 


El triple idiota

            Soy dos idiotas, lo sé,
por estar enamorado y por decirlo
            en poemas quejosos;
¿pero dónde estaría ese sabio, aquel que no soy,
            si ella no me rechazara?
Así, como los estrechos senderos internos de la tierra,
que se liberan de la fastidiosa sal del agua,
            yo pensé en conducir mis penas
hacia la dificultad de las rimas, y así aplacarlas.
La pena puesta en sílabas no puede ser tan feroz,
porque la domestica quien la encadena en versos.

            Pero cuando yo lo hice,
cierto hombre, para mostrar su arte y su voz,
            preparó y cantó mis penas
y, deleitando a muchos, volvió a liberar
            el dolor que el verso había contenido.
Si bien el tributo de los versos pertenece al amor
y a la pena, no complacen tanto cuando son leídos,
            como cuando son potenciados por dichas canciones:
así los triunfos de éstas y de aquél son difundidos,
y yo, que era dos tontos, ahora llego a ser tres;
quienes son un poquito sabios, son los mejores tontos.

Versión de Tom Maver


If I could do it all again




El dolor más intenso no era la infelicidad










"Tras este breve cuento que encontré estúpido y que Morante me confesó que le había explicado el loco más loco de su residencia, el microensayo derivó hacia un relato de Svevo que Morante veía relacionado con el cuento del pueblo incapaz de tender a la felicidad. El relato de Svevo, una amarga fábula con el mito de Fausto de fondo, ya lo conocía yo. Es la historia de un anciano - un viejo salvaje podríamos llamarlo- que está a punto de acostarse junto a su vieja esposa, que ya duerme y ronca. Mientras se desviste, piensa que es medianoche, la hora en la que podría presentársele Mefistófeles y proponerle el antiguo pacto, y piensa que estaría dispuesto a hacerlo y a cederle su alma, de no ser porque no se le ocurre qué pedirle a cambio: la juventud no, que es insensata y cruel, si bien la vejez es intolerable; tampoco la inmortalidad, porque la vida es insoportable, aunque tal conclusión no mitigue la angustia de la muerte. El anciano, entonces, se da cuenta de que no tiene nada que pedir al diablo y  se imagina el embarazo del pobre Mefistófeles, representante de una empresa que no tiene nada atractivo que ofrecer. Al imaginarse al pobre Diablo rascándose la cabeza en el infierno, estalla en una carcajada, a la vez que entra en la cama, donde su mujer, medio desvelada por la risa, le murmura entre sueños: "Feliz tú que  a esta hora de la noche tienes ganas de reír."
En este relato de Svevo, al igual que en el cuento del pueblo donde nevaba por primera vez, veía Morante la conclusión de que el dolor más intenso no era la infelicidad, sino la incapacidad de tender hacia la felicidad. Aquella carcajada del anciano, que en realidad ocultaba con ironía la desesperación de quien ya nada espera, era para Morante la última playa. "¿La última playa?", pregunté. Había empezado a resultarme exasperante conversar con él. "La última playa alcanzada por el nihilismo de Occidente", me contestó."


Enrique Vila-Matas, Doctor Pasavento.

viernes, 24 de febrero de 2012

Yo hacia mi casa




"A la hora de las copas, yo
lo desearía pero tú no
me preguntarás nada, y creeré,
ya ves, que tu desprecio
protege los residuos del amor.
Fingiré un poco más, diré frases brillantes
más ridículas que nunca
y a media tarde nos separaremos;
hacia la vida tú, yo hacia mi casa."


Pere Rovira

La Gent Normal



Contra-orden





Esto es un poema.

Aquí está permitido
fijar carteles,
tirar escombros, hacer aguas
y escribir frases como:

Marica el que lo lea,
Amo a Irma,
Muera el…(silencio),
Arena gratis,
Asesinos,
etcétera.

Esto es un poema.
Mantén sucia la estrofa.
Escupe dentro.

Responsable la tarde que no acaba,
el tedio de este día,
la indeformable estolidez del tiempo.

Ángel González



Qué diantre es la antimateria








"Estando con unos amigos en casa de Antonio y en plena sobremesa me preguntaron si yo sabía qué era la antimateria. «Sí, claro: la materia formada por antipartículas», contesté. «¿Y qué son las antipartículas?», prosiguió mi contertulio. «Partículas como las que conocemos, pero con carga opuesta. Por ejemplo, un antiprotón es un protón con carga negativa...» Me detuve al darme cuenta de que en realidad no tenía ni idea de qué diantre era la antimateria...
Por suerte, en el grupo había un físico. Le preguntamos. Tras el típico «No es mi campo» que suelen responder los investigadores que pasan años confinados estudiando un detalle minúsculo de su ya fragmentada disciplina (la mayoría), logramos arrancar la siguiente explicación: «La antimateria es como la materia ordinaria, pero con partículas de carga contraria. Como el positrón, que es un electrón con carga positiva». Y se quedó tan ancho. «Pero ¿¿qué es??, ¿de dónde salen esas partículas?», insistimos. «Ya os he dicho que no era mi campo...»
Alguien sacó un iPhone y leyó la entrada de Wikipedia : «La antimateria se compone de antipartículas, de la misma manera que la materia de partículas. Por ejemplo, un antielectrón (electrón con carga positiva) y un antiprotón (protón con carga negativa) podrían formar un átomo de antihidrógeno...».
 Desesperado, al llegar a casa envié un mail a Gonzalo Merino, físico de partículas que trabaja con el CERN, preguntándole cuándo podíamos charlar por Skype. Fue una de las conversaciones más estimulantes intelectualmente que recuerdo.
Pere: Gonzalo, ¿qué es la antimateria?
Gonzalo: Es la materia hecha de antipartículas...
P: ¡Espera! Ya sé, como el antiprotón y el antielectrón. Pero ¿qué es un antiprotón?, ¿de dónde sale? Yo quiero entenderlo a un nivel fundamental.
G: Pues entonces debemos remontarnos a 1928 y hablar de Paul Dirac. De hecho, es una historia muy bonita. Paul Dirac era un genio, el típico físico teórico que se pone a hacer cálculos y con sus ecuaciones predice la existencia de algo que nadie ha visto antes.
P: ¿La antimateria?
G: Sí, en aquel momento sólo fue una predicción matemática. Su existencia real se observó años después.
P: ¿Como la búsqueda del bosón de Higgs con el LHC, que estáis seguros de su existencia a pesar de no haberlo visto todavía?
G: Exacto, pero lo de Dirac fue mucho más notorio...
P: ¿Cómo «descubrió» la antimateria?
G: Uff... es difícil de explicar. A ver... A principios del siglo XX había varias revoluciones en marcha en el mundo de la física. En 1905 Einstein presentó su teoría de la relatividad especial, que daba lugar a la famosa E = mc2 de las camisetas, según la cual la materia y la energía eran intercambiables. La otra gran revolución era la cuántica de Heisenberg, Bohr y compañía... que describía el comportamiento de las partículas subatómicas. Ambas funcionaban muy bien, pero eran teorías separadas.
Lo que Paul Dirac intentaba hacer era unirlas matemáticamente; crear una mecánica cuántica relativista. En concreto, lo que pretendía era poder describir el electrón, lo más sencillo que uno se podía imaginar. Entonces... al combinar las ecuaciones de la relatividad y la cuántica le apareció la «ecuación de Dirac», cuyo resultado describía el electrón. Pero había algo curioso: la ecuación de Dirac tenía dos soluciones matemáticas, una negativa (que era el electrón de toda la vida) y otra idéntica, totalmente simétrica, pero con carga positiva. Concluyó que si sus ecuaciones eran ciertas, en algún sitio debía de existir una partícula idéntica al electrón pero con carga positiva.
P: ¡Uau!... ¿y más tarde se descubrió?
G: Sí, sí... cuatro o cinco años después de que Dirac lo predijera, se observaron experimentalmente los positrones (electrones positivos) en los rayos cósmicos.
P: ...
G: ¡Claro! Y luego se buscaron el resto de antipartículas... Dirac lo hizo para el electrón, pero si las matemáticas establecían que la naturaleza debía respetar esa simetría, para un protón también debía de existir un antiprotón. Y así para toda la materia. Es un postulado.
P: Pero, a ver... yo tengo ante mí un ordenador hecho de átomos, que están constituidos de protones, de quarks, de electrones... ¿aquí hay antipartículas también?
G: No, no... todo lo que nos rodea es materia, no antimateria. Imagino que tú querrías saber dónde están las antipartículas, ¿no?
P: Qué perspicaces sois los científicos...
G: Entonces... Estoooo.... ¡¡¡big bang!!!
P: ¿¿¿Big bang???
G: ¡Sí!, big bang.
P: Háblame del big bang...
G: Bien. Tal y como lo conocemos ahora, toooooodo empezó hace 13.700 millones de años, en una concentración de temperatura y densidad infinita. Al principio todo era energía concentrada en un punto. Luego, cuando el universo empezó a expandirse, se fue enfriando, y por E = mc2 cierta energía comenzó a transformarse en materia. Pero, claro, según lo que he comentado de Dirac, en teoría se formaron tanto partículas como antipartículas. Pero, y esto es muy importante, otra cosa que sabemos es que cuando una partícula se encuentra con su antipartícula, ambas se anihilan y transforman en energía.
P: ¿Y?
G: Vale. Si en el big bang todo hubiera sido absolutamente simétrico, la energía habría generado partículas y antipartículas por igual, que luego se habrían destruido formando más energía hasta llegar a cierto equilibrio térmico, en el que ni nosotros ni nada existiría. Entonces, el hecho de que tengas delante un ordenador hecho sólo de materia nos dice que en el origen del universo hubo algún tipo de asimetría entre materia y antimateria. Es decir, las leyes de la naturaleza contienen alguna asimetría que favoreció a la materia frente a la antimateria. Lo que sabemos ahora es que... a ver que no me equivoque en ningún cero... por cada mil millones de antipartículas se formaron mil millones más una partículas. Estos miles de millones se aniquilaron entre ellos, y las partículas «sueltas» de materia, las desapareadas, son las que empezaron a formar átomos, galaxias, tu ordenador y el mundo tal y como lo conocemos.
P: ¿Y esto sabéis seguro que fue así?
G: Sí, sí... esto fijo, fijo (risas). La prueba experimental viene del fondo de radiación de microondas. Este fondo son los fotones (paquetes de energía pura sin masa) que nos llegan del otro extremo del universo y que se originaron durante la aniquilación de la sopa de partículas y antipartículas. Hoy en día, por cada partícula de materia que vemos en las galaxias, o donde sea, podemos contar mil millones de fotones de energía del fondo de radiación de microondas.
P: Qué te iba a decir... por lo tanto, en principio ahora no queda nada de antimateria.
G: Bueno, la que los físicos creamos.
P: Explícate.
G: Es lo que se hace en el CERN, o en otros laboratorios de partículas. Hoy en día, si juntas suficiente energía en un punto puedes crear materia por la E = mc2.
P: ¡Y antimateria!
G: Claro, en cada colisión del CERN siempre se forman partículas y antipartículas. Las antipartículas se destruyen enseguida cuando chocan con las paredes del detector, pero nos da tiempo de registrarlas para estudiarlas.
P: En Ángeles y demonios iban guardando la antimateria en una cajita para luego crear una bomba.
G: Ya, pero eso es imposible. Confinar antimateria es algo tremendamente complicado, porque se aniquila inmediatamente al encontrarse con cualquier átomo de materia. Se puede conseguir con campos magnéticos, haciendo que no toque nada, pero es dificilísimo. Hay experimentos en el CERN que generan antielectrones y antiprotones, los enfrían hasta prácticamente frenarlos, los mantienen aislados de la materia, y llegan a construir átomos de antihidrógeno.
P: ¿Eso se ha logrado?
G: Sí, se han creado antiátomos de hidrógeno. Con ellos intentan averiguar cosas muy curiosas. Por ejemplo, ¿cómo les afecta la gravedad?, ¿caen hacia arriba o hacia abajo?, ¿existe la gravedad negativa? A priori se deberían comportar igual... pero todavía no hay ninguna comprobación experimental.
P: Alucinante...
G: Sí, son experimentos pequeños pero muy cachondos. El LHC roba toda la atención del CERN, pero hay un montón de grupos pequeños haciendo investigaciones muy fundamentales que podrían generar grandes sorpresas. ¡Imagínate si contrariamente a lo esperado resulta que un antiátomo de hidrógeno sube por la gravedad en lugar de caer!
P: Fantástico. Entonces tener para una bomba de antimateria queda descartado, ¿no?
G: Totalmente. Porque aun suponiendo que se pudiera confinar, si el CERN se hubiera dedicado a guardar antimateria durante sus cincuenta años de historia, como máximo habría generado unos pocos nanogramos. Para fabricar la bomba de Ángeles y demonios se necesitaría como mínimo un gramo. Tardaríamos mil millones de años en reunir esa cantidad. No tiene ningún sentido.
P: Oye, y lo de la PET (tomografía de emisión de positrones)?
G: Exacto. En la vida real también hay antipartículas, y el caso más típico es la PET que encontramos en los hospitales, que utiliza antipartículas para diagnosticar el cáncer.
P: ¿Cómo se generan?
G: Con radiactividad. Hay elementos que son radiactivos por naturaleza y se desintegran siguiendo una reacción nuclear. La PET es eso; te inyectan una sustancia radiactiva que al desintegrarse emite un positrón. Ese positrón inmediatamente encuentra un electrón de tu cuerpo y se aniquila generando energía, fotones. Lo que detecta el aparato son esos fotones, y con ellos genera una imagen del interior de tu cuerpo.
P: Qué grande es la antimateria... Gonzalo, eres un crack."

Pere Estupinya, El ladrón de cerebros

jueves, 23 de febrero de 2012

A Sure Moment







A Sure Moment from Lawrence Bourke on Vimeo.

Richard Cory

















Whenever Richard Cory went down town,
We people on the pavement looked at him:
He was a gentleman from sole to crown,
Clean-favoured and imperially slim.

And he was always quietly arrayed,
And he was always human when he talked;
But still he fluttered pulses when he said,
"Good Morning!" and he glittered when he walked.

And he was rich, yes, richer than a king,
And admirably schooled in every grace:
In fine -- we thought that he was everything
To make us wish that we were in his place.

So on we worked and waited for the light,
And went without the meat and cursed the bread,
And Richard Cory, one calm summer night,
Went home and put a bullet in his head.

Edwin Arlington Robinson 



Switching Clothes Series















































Prevención y control







No obstante, ¿por qué íbamos a querer controlar nuestras experiencias futuras? Si lo pensamos bien, es tan absurdo como preguntar por qué queremos controlar la tele y los coches. Aunque permitan que introduzca una salvedad.  Tenemos un enorme lóbulo frontal para poder mirar al futuro, contemplamos el futuro para poder hacer predicciones sobre él, hacemos predicciones sobre él para poder controlarlo, pero ¿para qué queremos controlarlo? ¿Por qué no dejamos que el futuro se desarrolle tal como será y que la experiencia lo haga de igual forma? ¿Por qué no estar aquí ahora y allí más tarde? Existen dos respuestas a esta pregunta, una de ellas es sorprendentemente correcta y la otra sorprendentemente incorrecta.
La respuesta sorprendentemente correcta es que a las personas les parece gratificante ejercer control, no sólo por el futuro que eso les asegura, sino por el ejercicio en sí. Ser efectivo -cambiar cosas, influir en los sucesos, hacer que las cosas ocurran- es una de las necesidades fundamentales con las que el cerebro humano está dotado desde el nacimiento, y gran parte de nuestro comportamiento, de la infancia en adelante, no es más que la expresión de esa afición al control. Antes de que nuestros culetes entren en contacto con el primer pañal, ya sentimos un deseo punzante de mamar, dormir, hacer caca y provocar los acontecimientos. Nos lleva un tiempo hacer realidad este último deseo sólo por que nos lleva un rato adivinar que tenemos dedos, pero en cuanto lo descubrimos... ¡Cuidado, mundo, que allá vamos! Los bebés chillan de placer cuando derriban una pila de bloques de construcción, cuando le dan a una pelota o cuando aplastan un pastel con la frente. ¿Por qué? Porque lo han hecho, por eso. "Mira, mamá, mi mano ha hecho que ocurra eso. La habitación está distinta porque yo estaba allí. Pensé en bloques que caían, y, ¡pam!, se han caído. ¡Qué guay! ¡Qué gusto que da hacerlo!"

El hecho es que los seres humanos llegan al mundo con pasión por el control, salen del mundo de la misma forma, y las investigaciones sugieren que si pierden su capacidad de controlar las cosas en cualquier momento entre su llegada y su partida, se sienten infelices, indefensos, desesperados y deprimidos. Y en ocasiones hasta acaban muriéndose. En un estudio, los investigadores regalaron a los ancianos de un asilo local una planta de interior. Dijeron a la mitad de residentes que debían ocuparse del mantenimiento y riego de la planta (grupo de control elevado), y a los demás, que algún miembro del personal se encargaría de esos cuidados (grupo de control bajo). Pasados seis meses, el 30 por ciento de los residentes de control bajo había muerto, comparado con sólo el 15 por ciento de los residentes del grupo de control alto. Un estudio realizado a continuación confirmó la importancia del control percibido para el bienestar de los residentes de un asilo de ancianos, aunque la investigación tuvo un inesperado y desafortunado final. Los investigadores programaron visitas frecuentes de estudiantes voluntarios a los ancianos del asilo. A los residentes del grupo de control alto se les permitía controlar la frecuencia y la duración de la visita de los estudiantes (Por favor, hazme una visita de una hora el martes que viene), pero no a los internos del grupo de control bajo (Le haré una visita de una hora el martes que viene). Después de dos meses, los residentes del grupo de control alto se sentían más felices, más sanos, más activos y tomaban menos medicamentos que los del grupo de control bajo. En ese momento, los investigadores pusieron fin al estudio y cortaron las visitas de los estudiantes. Pasados varios meses, les disgustó saber que un número desproporcionado de los ancianos que habían formado parte del grupo de control alto habían muerto. La causa de esta tragedia se clarifica sólo vista en retrospectiva. Los residentes que habían tenido el control, y que se habían beneficiado de forma significativa de éste mientras lo poseían, se quedaron sin previo aviso sin él un vez finalizado el estudio. Por lo visto, disponer del control puede tener consecuencias positivas en la salud y el bienestar, pero su pérdida puede ser peor que el hecho de no haberlo tenido nunca.

Nuestro deseo de control es tan intenso, y la sensación de controlar es tan gratificante, que las personas suelen actuar como si pudieran controlar lo incontrolable. Por ejemplo, las personas apuestan más dinero en juegos de azar cuando sus contrincantes parecen más incompetentes que competentes, como si creyeran que pueden controlar el reparto aleatorio de cartas en una mesa y así sacar partido del adversario más débil. Las personas sienten más certeza de poder ganar la lotería si pueden controlar el número de su boleto, y sienten más seguridad de que van a ganar a los dados si pueden lanzarlos. Las personas apuestan más dinero en unos dados que todavía no se hayan lanzado, que en unos que ya han lanzando, pero cuyo resultado es desconocido, y apostarán incluso más si se les permite a ellas, y no a otro, decidir el número que contará como ganador. En cada uno de esos ejemplos, las personas se comportan de una forma que sería tremendamente absurda si creyeran que no tienen control sobre un hecho incontrolable. Sin embargo, si en su fuero interno creyeran que pueden ejercer control -aunque fuera sólo un ápice-, su comportamiento sería del todo razonable. En nuestro fuero interno, eso es exactamente lo que creemos todos. ¿Por qué no resulta entretenido ver la grabación del partido de fútbol de anoche aunque no sepamos quién a ganado? Porque el hecho de que el partido ya se haya jugado descarta la posibilidad de que los ánimos que damos a nuestro equipo penetren de alguna forma en la tele, viajen a través del cable, encuentren el camino hasta el estadio e influyan en la trayectoria de la pelota mientras se proyecta hacia la portería. Quizá lo más raro de esa ilusión de control no es que ocurra, sino que aporta muchos de los beneficios psicológicos del verdadero control. En realidad, el grupo de personas inmunes a esa ilusión son diagnosticadas como depresivas, y tienden a valorar con precisión el grado de control que tienen sobre los acontecimientos en la mayoría de las situaciones. Esos y otros descubrimientos han llevado a algunos investigadores a la conclusión de que esa sensación de control -ya sea real o ilusoria- es una fuente de salud mental. Así que, si la pregunta es "¿Por qué íbamos a querer controlar nuestro futuro?", la respuesta sorprendentemente correcta es: porque sienta bien hacerlo, y punto. La consecuencia es gratificante, el encargarnos de algo nos hace felices. El acto de tripular nuestro propio barco por el río de la vida es una fuente de placer, al margen del puerto al que uno se dirija.
Ahora bien, a estas alturas quizá crea dos cosas. En primer lugar, seguramente cree que si oye una vez más la expresión "el río de la vida", le saldrá un sarpullido. He dicho. En segundo lugar, seguramente cree que el acto de tripular un barco metafórico por el manido río es una fuente de placer y bienestar, para lo que el destino del barco importa mucho, muchísimo más. Jugar a los capitanes intrépidos es un placer por sí mismo, pero la verdadera razón por la que todos queremos tripular nuestro barco es que lo podemos llevar a un puerto paradisiaco como Hanalei en lugar de Nueva Jersey. La naturaleza de un lugar determina cómo nos sentiremos al llegar allí, y nuestra inigualable capacidad humana para pensar en el futuro a largo plazo nos permite escoger los mejores destinos y evitar los peores. Somos los chimpancés que aprendieron a esperar porque así tenemos la posibilidad de decidir entre los diversos destinos que pueden acontecernos y escoger el mejor. Otros animales deben experimentar un acontecimiento para poder saber qué placeres y sufrimientos conlleva, pero el poder de prever nos permite imaginar lo que todavía no ha ocurrido y, en consecuencia, ahorrarnos las lecciones más duras de la experiencia. No necesitamos acercar la mano  y tocar la brasa para saber que nos dolerá hacerlo, y no necesitamos experimentar el abandono, el desprecio, el desahucio, la degradación, la enfermedad o el divorcio para saber que todos ellos son fines indeseables que debemos evitar a toda costa. Queremos - y, de hecho, deberíamos querer- controlar el rumbo de nuestro barco porque algunos futuros pueden ser mejores que otros, e incluso somos capaces de diferenciarlos desde aquí mismo.
Esa idea es tan evidente que parece baladí mencionarla, pero voy a mencionarla de todas formas. De hecho, voy a pasarme el resto del libro mencionándola, porque seguramente hace falta más que un par de menciones para convencerle de que lo que parece una idea evidente es, en realidad, la respuesta sorprendentemente incorrecta. Insistimos en tripular nuestro barco porque creemos que tenemos una idea bastante clara de nuestro destino, pero la verdad es que gran parte de nuestra labor de capitanes es inútil, no porque el barco no vaya a responde y tampoco por que no podamos encontrar nuestro destino, sino porque el futuro es esencialemente distinto a lo que parece a través de nuestro "previsionómetro". Al igual que experimentamos ilusiones visuales (¿verdad que es curioso que una línea parezca más larga aunque no lo sea?) e ilusiones en retrospectiva (¿Verdad que es curioso que no recuerde haber sacado la basura aunque lo haya hecho?), también podemos experimentar ilusiones en previsión, y las tres clases de ilusión se explican gracias a los mismos principios básicos de psicología humana."

Daniel Gilbert, Tropezar con la felicidad.


miércoles, 22 de febrero de 2012

Seeks his way out to a clearing




"To all appearances, the artist acts like a mediumistic being who, from the labyrinth beyond time and space, seeks his way out to a clearing." 

Marcel Duchamp, The Creative Act.



martes, 21 de febrero de 2012

One Art

















The art of losing isn't hard to master;
so many things seem filled with the intent
to be lost that their loss is no disaster,

Lose something every day. Accept the fluster
of lost door keys, the hour badly spent.
The art of losing isn't hard to master.

Then practice losing farther, losing faster:
places, and names, and where it was you meant
to travel. None of these will bring disaster.

I lost my mother's watch. And look! my last, or
next-to-last, of three beloved houses went.
The art of losing isn't hard to master.

I lost two cities, lovely ones. And, vaster,
some realms I owned, two rivers, a continent.
I miss them, but it wasn't a disaster.

-- Even losing you (the joking voice, a gesture
I love) I shan't have lied. It's evident
the art of losing's not too hard to master
though it may look like (Write it!) a disaster.


Elizabeth Bishop


Un Arte

No es difícil dominar el arte de perder;
hay tantas cosas que parecen colmadas por el deseo
de ser perdidas que su pérdida no es un desastre.

Pierde algo cada día. Acepta la confusión
de las llaves extraviadas, de la hora desperdiciada.
No es difícil dominar el arte de perder.

Practica después perder más, y más rápido
lugares, y nombres, y tierras a las que pretendías
viajar. Ninguna de estas pérdidas será devastadora.

He perdido el reloj de mi madre. ¡Y mira!, la última, o
la penúltima de las tres casas que he armado se perdió.
No es difícil dominar el arte de perder.

He perdido dos cuidades, hermosas cuidades. Más aún,
vastos reinos que poseía, y dos ríos, y un continente.
Los añoro, pero no fue un desastre.

Incluso perdiéndote a ti (la voz risueña, un gesto que
amo) no habría mentido. Es evidente
que no es muy difícil dominar el arte de perder
aunque eso parezca (¡escríbelo!) un desastre.


All the World's a Stage




All the world's a stage,
And all the men and women merely players;
They have their exits and their entrances,
And one man in his time plays many parts,
His acts being seven ages. At first, the infant,
Mewling and puking in the nurse's arms.
Then the whining schoolboy, with his satchel
And shining morning face, creeping like snail
Unwillingly to school. And then the lover,
Sighing like furnace, with a woeful ballad
Made to his mistress' eyebrow. Then a soldier,
Full of strange oaths and bearded like the pard,
Jealous in honor, sudden and quick in quarrel,
Seeking the bubble reputation
Even in the cannon's mouth. And then the justice,
In fair round belly with good capon lined,
With eyes severe and beard of formal cut,
Full of wise saws and modern instances;
And so he plays his part. The sixth age shifts
Into the lean and slippered pantaloon,
With spectacles on nose and pouch on side;
His youthful hose, well saved, a world too wide
For his shrunk shank, and his big manly voice,
Turning again toward childish treble, pipes
And whistles in his sound. Last scene of all,
That ends this strange eventful history,
Is second childishness and mere oblivion,
Sans teeth, sans eyes, sans taste, sans everything.