jueves, 26 de abril de 2012

O como mi abuela le dijo una vez a mi madre





"-David no es motivo suficiente, Peter. Si ahora volvieses con Delia, empezarías a odiarte por ello. Te convertirías en un viejo amargado.
-Puede que ya lo sea.
-No digas tonterías.
-Trato de no serlo, pero cada vez me resulta más difícil mirar el desastre que he provocado sin sentirme estúpido. 
-Te sientes responsable, eso es todo. Están tirando de ti en direcciones opuestas.
-Siempre que me marcho, me digo que debería haberme quedado. Siempre que me quedo, me digo que debería haberme marchado.
-Eso se llama ambivalencia.
-Entre otras cosas. Si ése es el término que quieres usar, no me opongo.
-O como mi abuela le dijo una vez a mi madre: "Tu padre sería un hombre maravilloso si fuese diferente."
-Ja.
-Sí, ja. Toda una epopeya de dolor y sufrimiento reducida a una sola frase."

Paul Auster, Leviatán.


Someecards






















"Faith" is a fine invention




 "Faith" is a fine invention 
When Gentlemen can see— 
But Microscopes are prudent 
In an Emergency.  

Emily Dickinson

Era inevitable que me sintiera decepcionado




"Ninguno de los dos se había propuesto engañarme; ninguno de los dos había mentido intencionadamente. En otras palabras, no había una verdad universal. Ni para ellos ni para nadie. Les había admirado a los dos durante demasiados años, y era inevitable que me sintiera decepcionado por lo que había descubierto, pero ellos no eran los únicos que me habían decepcionado. Estaba decepcionado conmigo mismo, estaba decepcionado con el mundo. Incluso los más fuertes son débiles, me dije; incluso a los más valientes les falta valor; incluso los más sabios son ignorantes"

Paul Auster, Leviatán.


martes, 24 de abril de 2012

Pavlov's dog




The Crunch











too much too little

too fat
too thin
or nobody.

laughter or
tears

haters
lovers

strangers with faces like
the backs of
thumb tacks

armies running through
streets of blood
waving winebottles
bayoneting and fucking
virgins.

an old guy in a cheap room
with a photograph of M. Monroe.

there is a loneliness in this world so great
that you can see it in the slow movement of
the hands of a clock

people so tired
mutilated
either by love or no love.

people just are not good to each other
one on one.

the rich are not good to the rich
the poor are not good to the poor.

we are afraid.

our educational system tells us
that we can all be
big-ass winners

it hasn't told us
about the gutters
or the suicides.

or the terror of one person
aching in one place
alone

untouched
unspoken to

watering a plant.

people are not good to each other.
people are not good to each other.
people are not good to each other.

I suppose they never will be.
I don't ask them to be.

but sometimes I think about
it.

the beads will swing
the clouds will cloud
and the killer will behead the child
like taking a bite out of an ice cream cone.

too much
too little

too fat
too thin
or nobody

more haters than lovers.

people are not good to each other.
perhaps if they were
our deaths would not be so sad.

meanwhile I look at young girls
stems
flowers of chance.

there must be a way.

surely there must be a way that we have not yet
though of.

who put this brain inside of me?

it cries
it demands
it says that there is a chance.

it will not say
"no."

Charles Bukowski 


I think perhaps you should entertain the possibility





"This log. I think perhaps you should entertain the possibility that it represents the penis."

Sigmund Freud in A dangerous method.


Jugar








"Me pareció que enseñar francés sería el método más eficaz para aprender japonés. Dejé un anuncio en el tablón del supermercado: «Clases particulares de francés, precio interesante».
Aquella misma noche, sonó el teléfono. Quedamos para el día siguiente, en un café de Omote-Sando. No entendí su nombre, él tampoco el mío. Después de colgar, me di cuenta de que no sabía cómo lo reconocería, él tampoco a mí. Y como no se me había ocurrido pedirle su número, ya no tenía remedio. «Quizás vuelva a llamarme para aclararlo», pensé.
No volvió a llamarme. La voz me había parecido joven. Tampoco era un dato muy significativo. En 1989, no eran precisamente jóvenes lo que faltaba en Tokio. Y menos en un café de Omote-Sando, el 26 de enero, hacia las tres de la tarde.
 Yo no era, ni mucho menos, la única extranjera. Él, sin embargo, se dirigió sin dudarlo hacia mí.
—¿Es usted la profesora de francés?
—¿Cómo lo sabe?
Se encogió de hombros. Tomó asiento, muy envarado, y permaneció callado. Comprendí que la profesora era yo y que me correspondía a mí ocuparme de él. Le hice algunas preguntas y me entere de que tenía veinte años, que se llamaba Rinri y que estudiaba francés en la universidad. Él se enteró de que yo tenía veintiún años, que me llamaba Amélie y que estudiaba japonés. No entendió cuál era mi nacionalidad. Ya estaba acostumbrada.
 —A partir de ahora, queda prohibido hablar en inglés entre nosotros —dije.
Conversé en francés con el fin de averiguar su nivel: resultó ser desesperante. Lo más grave era su pronunciación: si no hubiera sabido que Rinri me estaba hablando en francés, podría haberlo confundido con un pésimo principiante de chino. Su vocabulario era desalentador, su sintaxis reproducía defectuosamente la del inglés, que parecía tomar como absurda referencia. No obstante, estaba cursando tercero de francés en la universidad. Eso me confirmó el fracaso absoluto de la enseñanza de idiomas en Japón. Llevado a esos extremos, aquello ya no podía calificarse de insularidad.
 El joven debía de ser consciente de la situación, ya que no tardó en excusarse y, a continuación, en callarse. No podía admitir aquel fracaso, así que intenté que hablara de nuevo. En vano. Mantenía la boca cerrada como si quisiera esconder unos dientes poco agraciados. Estábamos en un callejón sin salida.
Entonces me puse a hablar en japonés. No lo había practicado desde los cinco años, y los seis días que llevaba en el país del Sol Naciente, después de una ausencia de dieciséis años, no habían sido ni mucho menos suficientes para reactivar mis recuerdos de infancia de esa lengua. Así pues, le solté un galimatías pueril sin pies ni cabeza. Trataba de un agente de policía, de un perro y de cerezos en flor.
El chico me escuchó con asombro y, finalmente, se puso a reír. Me preguntó si había aprendido japonés con un niño de cinco años.
—Sí —respondí—. Y el niño era yo.
Y le conté mi trayectoria. Se la conté lentamente, en francés; gracias a una particular emoción, sentí que me comprendía.
Había logrado desacomplejarlo.
En un francés peor que malo, me dijo que conocía la región en la que había nacido y en la que habían transcurrido mis cinco primeros años: Kansai.
 Él era de Tokio, ciudad en la que su padre dirigía una importante escuela de joyería. Agotado, se detuvo y acabó su café de un sorbo. Aquellas explicaciones parecían haberle costado el mismo esfuerzo que si hubiera tenido que cruzar un río en plena crecida a través de un vado con piedras separadas cinco metros unas de otras. Me divertía verle resoplar después de aquella hazaña.
Hay que reconocer que el francés es un idioma perverso. No me habría gustado estar en la piel de mi alumno. Aprender a hablar mi idioma debía de resultar tan difícil como aprender a escribir el suyo.
 Le pregunté qué cosas le gustaban. Reflexionó durante un largo rato. Me habría gustado saber si su reflexión era de carácter existencial o lingüístico. Después de tanta búsqueda, su respuesta me sumergió en un estado de perplejidad:
—Jugar.
Imposible determinar si el obstáculo era de índole léxica o filosófica. Insistí: -Jugar a qué. Se encogió de hombros.
—Jugar.
Su actitud parecía guardar relación bien con una forma admirable de desapego, bien con la pereza frente al aprendizaje de mi colosal idioma.
En ambos casos, me pareció que el chico había logrado salir airoso del apuro y abundé en la misma dirección. Declaré que tenía razón, que la vida era un juego: quienes creían que jugar se limitaba a la futilidad no habían entendido nada, etc.
Él me escuchaba como si le estuviera contando las cosas más extrañas. La ventaja de las conversaciones con extranjeros es que siempre podemos atribuir la expresión más o menos consternada de nuestro interlocutor a la diferencia cultural."

 Amélie Nothomb, Ni de Eva ni de Adán.

viernes, 13 de abril de 2012

Una flecha atraviesa el universo




Una flecha atraviesa el universo.
No importa quien la haya lanzado.
Traspasa igualmente lo fluido y lo sólido
lo visible y lo invisible.
Tratar de calcular adónde va
sería como imaginar que hay un muro en la nada.

Flecha desde lo anónimo a lo anónimo,
desde un abismo que no es un origen
hacia otro abismo que no es un destino,
movimiento que no parece un movimiento
sino un éxtasis que se renueva a cada instante.

Yo la encuentro en tu mano
o tú en mi pensamiento.
Puedo verla entrando en una nube,
cortando en dos un pájaro,
saliendo de las flores y las lluvias,
hendiendo una ceguera,
traspasando a los muertos.

Tal vez su ejemplar anonimato
nos convoca a nuestro propio anonimato,
para poder también librarnos
de nuestro comienzo y nuestro fin.

para Laura


Roberto Juarroz,
Duodécima poesía vertical.



Frans de Waal: Moral behavior in animals



Passive aggressive roommate note





Sea Fever




I must go down to the seas again, to the lonely sea and the sky,
And all I ask is a tall ship and a star to steer her by,
And the wheel's kick and the wind's song and the white sail's shaking,
And a gray mist on the sea's face, and a grey dawn breaking.

I must go down to the seas again, for the call of the running tide
Is a wild call and a clear call that may not be denied;
And all I ask is a windy day with the white clouds flying,
And the flung spray and the blown spume, and the sea-gulls crying.

I must go down to the seas again, to the vagrant gypsy life,
To the gull's way and the whale's way, where the wind's like a whetted knife;
And all I ask is a merry yarn from a laughing fellow-rover,
And quiet sleep and a sweet dream when the long trick's over.

John Masefield 

Michael Sullivan





"Michael Sullivan: I saw then that my father's only fear was that his son would follow the same road. And that was the last time I ever held a gun. People always thought I grew up on a farm. And I guess, in a way, I did. But I lived a lifetime before that, in those six weeks on the road in the winter of 1931. When people ask me if Michael Sullivan was a good man, or if there was just no good in him at all, I always give the same answer. I just tell them... he was my father."



Aldaketarik aldaketa




"Aldatzen da mundua
Aldatzen norbera,
Aldatzen erantzuna
Aldatzen galdera

Den dena da aldatzen
Ez bada momia.
Aldatzen da azala
Aldatzen mamia

Mundu honetan dena
Sortzen da aldatzeko
Ni ere aldatzea
Ez da harritzeko"



miércoles, 11 de abril de 2012

Conversación con una piedra



Llamo a la puerta de una piedra.
-Soy yo, déjame entrar.
Quiero penetrar en tu interior,
echar un vistazo,
respirarte.

-Vete -dice la piedra-.
Estoy herméticamente cerrada.
Incluso hecha añicos,
sería añicos cerrados.
Incluso hecha polvo,
sería polvo cerrado.

Llamo a la puerta de una piedra.
-Soy yo, déjame entrar.
Vengo por mera curiosidad.
Sólo la vida permite satisfacerla.
Quisiera pasearme por tu palacio,
y luego visitar una hoja y una gota de agua.
No me queda mucho tiempo.
Mi mortalidad debería ablandarte.

-Soy de piedra –dice la piedra-
Imposible perturbar mi seriedad.
Vete,
no tengo músculos risorios.
Llamo a la puerta de una piedra.
Soy yo, déjame entrar.
Me han dicho que encierras salas enormes y vacías,
nunca vistas y bellas en vano,
mudas, donde nunca han retumbado los pasos de nadie.
Confiésalo: ni tú misma lo sabías.

-Salas enormes y vacías –dice la piedra-.
Pero no hay espacio disponible.
Bellas, quizá, pero no para el gusto
de tus limitados sentidos.
Puedes verme pero nunca catarme.
Mi superficie te da la cara,
pero mi interior te vuelve la espalda.

Llamo a la puerta de una piedra.
-Soy yo, déjame entrar.
En ti no busco refugio para la eternidad.
No soy desdichado.
Ni carezco de techo.
Mi mundo merece el regreso.
Quiero entrar y salir con las manos vacías.
La prueba de haber estado en ti
se limitará a mis palabras
en las que nadie creerá.

-No entrarás –dice la piedra-.
Te falta el sentido de la participación.
Y no existe otro sentido que pueda sustituirlo.
Incluso la vista omnividente
te resultará inútil si eres incapaz de participar.
No entrarás; ese sentido, en ti, es sólo deseo,
mero intento, vaga fantasía.

Llamo a la puerta de una piedra.
-Soy yo, déjame entrar.
No puedo esperar mil siglos
para entrar en tus paredes.

-Si no crees en mis palabras –dice la piedra-,
acude a la hoja, que te dirá lo mismo que yo,
o a la gota de agua, que te dirá lo mismo que la hoja.
Pregunta también a un cabello de tu cabeza.
Estoy a punto de reír a carcajadas,
de reír como mi naturaleza me impide reír.

Llamo a la puerta de una piedra.
-Soy yo, déjame entrar.

-No tengo puerta –dice la piedra.


Wisława Szymborska

martes, 3 de abril de 2012

No hay solución




"No hay solución porque no existe ningún problema." 

Marcel Duchamp


The Book of the Future



Grant Snider

No happy end





"There is no lonelier man in death, except the suicide, than that man who has lived many years with a good wife and then outlived her. If two people love each other there can be no happy end to it."

Ernest Hemingway, Death in the Afternoon