miércoles, 26 de septiembre de 2012

A Rainier Maria Rilke






Rainer, quiero encontrarme contigo, 
quiero dormir junto a ti, adormecerme y dormir. 
Simplemente dormir. Y nada más. 
No, algo más: hundir la cabeza en tu hombro izquierdo 
y abandonar mi mano sobre tu hombro izquierdo, y nada más. 
No, algo más: aún en el sueño más profundo, saber que eres tú. 
Y más aún: oír el sonido de tu corazón. Y besarlo.

Marina Tsvietáieva


Fracaso









"Algunos entran muy tarde en el teatro de la vida, pero cuando lo hacen parece que entren sin brida y directos ya hasta el final de la obra. Ése fue mi caso. Y hoy puedo afirmarlo con toda seguridad. La representación empezó la mañana en la que mi mujer me entregó una carta que acababa de llegar de Suiza, una invitación a participar en un congreso literario sobre el fracaso.
Me encontraba en la terraza del apartamento al noreste de Barcelona, la vieja casa en la que llevábamos ya muchos años y que hemos cerrado hará tan sólo unos  meses. Mi mujer entró en la terraza con pompa nada habitual y ensayó una reverencia teatral antes de anunciarme que, a tenor de lo que decía la carta, alguien me consideraba un completo fracasado. Me sorprendió su teatro porque no solía sobreactuar jamás. ¿Quería con su histrionismo rebajar la gravedad de lo que decía? Fuera por lo que fuese, no se me olvidará el momento, porque inauguró una historia dentro de mi vida, una historia que paulatinamente iría reclamando cada vez más mi  atención en las siguientes semanas.
Leí  la carta y vi que la  gentil propuesta me llegaba desde la Universidad suiza de San Gallen. No era desde luego la clase de invitación que los escritores reciben con frecuencia y, sin embargo, pocas cosas parecen tan íntimamente vinculadas como fracaso y literatura. Tal  vez por eso, porque en realidad lo raro era que la invitación no me hubiera llegado antes, leí la carta suiza con la más absoluta flema, como si hubiera sabido desde siempre que un día la recibiría. No moví ni un solo músculo de la cara. Encajé la invitación con elegancia y sentido de la fatalidad, como si estuviera en un rincón de un gran escenario. Y me quedé sólo con una duda para las horas siguientes: ponerme la máscara de fracasado o continuar llevando mi vida normal de fracasado."

Enrique Vila-Matas, Aire de Dylan. 


A confused, gray person




  "What if the water that came out of the shower was treated with a chemical that responded to a combination of things, like your heartbeat, and your body temperature, and your brain waves, so that your skin changed color according to your mood?  If you were extremely excited your skin would turn green, and if you were angry you’d turn red, obviously, and if you felt like shiitake you’d turn brown, and if you were blue you’d turn blue.
    Everyone would know what everyone else felt, and we could be more careful with each other, because you’d never want to tell a person whose skin was purple that you’re angry at her for being late, just like you would want to pat a pink person on the back and tell him, “Congratulations!”
    Another reason it would be a good invention is that there are so many times when you know you’re feeling a lot of something, but you don’t know what the something is.  Am I frustrated? Am I actually just panicky?  And that confusion changes your mood, and it becomes your mood, and you become a confused, gray person.  But with the special water, you could look at your orange hands and think, I’m happy!  That whole time I was actually happy!  What a relief!"

Jonathan Safran Foer, Extremely Loud and Incredibly Close

We Are the Introverts




Aplazamiento





Pasado mañana, sí, sólo pasado mañana...
Pasaré el día de mañana pensando en pasado mañana,
Y así será posible; pero hoy no...
No, hoy nada; hoy no puedo.
La persistencia confusa de mi subjetividad objetiva,
El sueño de mi vida real, intercalado,
El cansancio anticipado e infinito,
Un cansancio de mundos para tomar un tranvía...
Esta especie de alma...
Sólo pasado mañana...
Hoy quiero prepararme,
Quiero prepararme para pensar mañana en el día siguiente:
Ese es el decisivo.
Tengo ya el plano trazado; pero no, hoy no trazo planos...
Mañana es el día de los planos.
Mañana me sentaré al escritorio para conquistar el mundo
pero sólo conquistaré el mundo pasado mañana...
Tengo ganas de llorar,
Tengo muchas ganas de llorar, de repente, de dentro...

No, no quieran saber nada más, es secreto, no lo digo.
Sólo pasado mañana...
Cuando era niño el circo de domingo me divertía toda la semana.
Hoy sólo me divierte el circo de domingo de toda la semana de mi infancia...
Pasado mañana seré otro,
mi vida triunfará
todas mis cualidades reales de inteligente, leído y práctico
Serán convocadas por un edicto...
Pero por un edicto de mañana...
Hoy quiero dormir, redactaré mañana...
Por hoy ¿Cuál es el espectáculo que me repetiría la infancia?
Para comprar igualmente mañana los boletos
Que pasado mañana es cuando está bien el espectáculo...
Antes, no...
Pasado mañana tendré la pose pública que mañana estudiaré.
Pasado mañana seré finalmente lo que hoy no pude nunca ser.
Sólo pasado mañana...
Tengo sueño como el frío de un perro vagabundo.
Tengo mucho sueño.

Mañana te diré las palabras, o pasado mañana...
Sí, tal vez pasado mañana...

El porvenir...
Sí, el porvenir...

Álvaro de Campos

sábado, 22 de septiembre de 2012

Ese montón de espejos rotos





"Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos."
  Jorge Luis Borges

Heavy boots





"In bed that night I invented a special drain that would be underneath every pillow in New York, and would connect to the reservoir. Whenever people cried themselves to sleep, the tears would all go to the same place, and in the morning the weatherman could report if the water level of the Reservoir of Tears had gone up or down, and you could know if New York is in heavy boots. And when something really terrible happened -like a nuclear bomb, or at least a biological weapons attack- an extremely loud siren would go off, telling everyone to get to Central Park to put sandbags around the reservoir."

Jonathan Safran Foer, Extremely loud & incredibly close.

Life is not governed by will or intention





“Life is not governed by will or intention. Life is a question of nerves, and fibres, and slowly built-up cells in which thought hides itself and passion has its dreams. You may fancy yourself safe, and think yourself strong. But a chance tone of colour in a room or a morning sky, a particular perfume that you had once loved and that brings sublte memories with it, a line from a piece of music that you had ceased to play--I tell you Dorian, that it is on things like these that our lives depend.”

Oscar Wilde, The Picture of Dorian Gray

Without the idea of suicide




jueves, 20 de septiembre de 2012

Sostiene Pereira







"Sostiene Pereira que le conoció un día de verano. Una magnífica jornada veraniega, soleada y aireada, y Lisboa resplandecía. Parece que Pereira se hallaba en la redacción, sin saber qué hacer, el director estaba de vacaciones, él se encontraba en el aprieto de organizar la página cultural, porque el Lisboa contaba ya con una página cultural, y se la habían encomendado a él. Y él, Pereira, reflexionaba sobre la muerte. En aquel hermoso día de verano, con aquella brisa atlántica que acariciaba las copas de los árboles y un sol resplandeciente, y con una ciudad que refulgía, que literalmente refulgía bajo su ventana, y un azul, un azul nunca visto, sostiene Pereira, de una nitidez que casi hería los ojos, él se puso a pensar en la muerte.

¿Por qué? Eso, a Pereira, le resulta imposible decido. Sería porque su padre, cuando él era pequeño, tenía una agencia de pompas fúnebres que se llamaba Pereira La Dolorosa, sería porque su mujer había muerto de tisis unos años antes, sería porque él estaba gordo, sufría del corazón y tenía la presión alta, y el médico le había dicho que de seguir así no duraría mucho, pero el hecho es que Pereira se puso a pensar en la muerte, sostiene. Y por casualidad, por pura casualidad, se puso a hojear una revista. Era una revista literaria pero que tenía una sección de filosofía. Una revista de vanguardia quizá, de eso Pereira no está seguro, pero que contaba con muchos colaboradores católicos. Y Pereira era católico, o al menos en aquel momento se sentía católico, un buen católico, pero en una cosa no conseguía creer, en la resurrección de la carne. En el alma, sí, claro, porque estaba seguro de poseer un alma, pero toda su carne, aquella chicha que circundaba su alma, pues bien, eso no, eso no volvería a renacer, y además ¿para qué?, se preguntaba Pereira. Todo aquel sebo que le acompañaba cotidianamente, el sudor, el jadeo al subir las escaleras, ¿para qué iban a renacer? No, no quería nada de aquello en la otra vida, para toda la eternidad, Pereira, y no quería creer en la resurrección de la carne. Así que se puso a hojear aquella revista, con indolencia, porque se estaba aburriendo, sostiene, y encontró un artículo que decía: «La siguiente reflexión acerca de la muerte procede de una tesina leída el mes pasado en la Universidad de Lisboa. Su autor es Francesco Monteiro Rossi, que se ha licenciado en filosofía con las más altas calificaciones; se trata únicamente de un fragmento de su ensayo, aunque quizá colabore nuevamente en el futuro con nosotros.»

Sostiene Pereira que al principio se puso a leer distraídamente el artículo, que no tenía título, después maquinalmente volvió hacia atrás y copió un trozo. ¿Por qué lo hizo? Eso Pereira no está en condiciones de decido. Tal vez porque aquella revista de vanguardia católica le contrariaba, tal vez porque aquel día se sentía harto de vanguardias y de catolicismos, aunque él fuera profundamente católico, o tal vez porque en aquel momento, en aquel verano refulgente sobre Lisboa, con toda aquella mole que soportaba encima, detestaba la idea de la resurrección de la carne, pero el caso es que se puso a copiar el artículo, quizá para poder tirar la revista a la papelera.

Sostiene que no lo copió todo, copió sólo algunas líneas, que son las siguientes y que puede aportar a la documentación: «La relación que caracteriza de una manera más profunda y general el sentido de nuestro ser es la que une la vida con la muerte, porque la limitación de nuestra existencia por la muerte es decisiva para la comprensión y la valoración de la vida.» Después cogió una guía telefónica y dijo para sí: Rossi, qué nombre más extraño, más de un Rossi no puede venir en la guía, sostiene que marcó un número, porque de aquel número se acuerda bien, y al otro lado oyó una voz que decía: ¿Diga? Oiga, dijo Pereira, le llamo del Lisboa. Y la voz dijo: ¿Sí? Verá, sostiene haber dicho Pereira, el Lisboa es un periódico de aquí, de Lisboa, sale desde hace unos meses, no sé si usted lo conoce, somos apolíticos e independientes, pero creemos en el alma, quiero decir que somos de tendencia católica, y quisiera hablar con el señor Monteiro Rossi. Pereira sostiene que al otro lado de la línea hubo un momento de silencio y después la voz dijo que Monteiro Rossi era él y que en realidad no es que pensara demasiado en el alma. Pereira permaneció a su vez algunos segundos en silencio, porque le parecía extraño, sostiene, que una persona que había escrito reflexiones tan profundas sobre la muerte no pensara en el alma. Pereira permaneció a su vez algunos segundos en silencio, porque le parecía extraño, sostiene, que una persona que había escrito reflexiones tan profundas sobre la muerte no pensara en el alma. Y por lo tanto pensó que había un equívoco, e inmediatamente la idea le llevó a la resurrección de la carne, que era una fijación suya, y dijo que había leído un artículo de Monteiro Rossi acerca de la muerte, y después dijo que tampoco él, Pereira, creía en la resurrección de la carne, si era eso lo que el señor Monteiro Rossi quería decir. En resumen, Pereira se hizo un lío, sostiene, y eso le irritó, le irritó principalmente consigo mismo, porque se había tomado la molestia de telefonear a un desconocido y de hablarle de de cosas tan delicadas, o mejor dicho tan íntimas, como el alma o la resurrección de la carne. Pereira se arrepintió, sostiene, y por un instante pensó en colgar el auricular, pero después, quién sabe por qué, halló fuerzas para continuar, de modo que dijo que él era el señor Pereira, que dirigía la página cultural del Lisboa y que, en efecto, por ahora el Lisboa era un periódico de la tarde, en fin, un periódico que naturalmente no podía competir con los demás periódicos de la capital, pero que estaba seguro de que tenía futuro, como se vería antes o después, y que era cierto que por ahora el Lisboa se ocupaba sobre todo de noticias propias de la prensa del corazón, pero bueno, ahora se habían decidido a publicar una página cultural que salía el sábado y la redacción no estaba completa todavía y por eso tenían necesidad de personal, de un colaborador externo que se ocupara de una sección fija.

Sostiene Pereira que el señor Monteiro Rossi farfulló enseguida que iría a la redacción aquel mismo día, dijo también que el trabajo le interesaba, que todos los trabajos le interesaban, porque, claro, le hacía verdadera falta trabajar ahora que había acabado la universidad y que nadie le mantenía, pero Pereira tuvo la' precaución de decirle que en la redacción no, que por ahora era mejor que no, que si acaso podían encontrarse fuera, en la ciudad, y que era mejor que fijaran una cita. Le dijo eso, sostiene, porque no quería invitar a una persona desconocida a aquel triste cuartucho de Rua Rodrigo da Fonseca, en el que zumbaba un ventilador asmático y donde siempre había olor a frito por culpa de la portera, una bruja que miraba a todo el mundo con aire receloso y que se pasaba el día friendo. Y además no quería que un desconocido se diera cuenta de que la redacción cultural del Lisboa era sólo él, Pereira, un hombre que sudaba de calor y de malestar en aquel cuchitril, y en fin, sostiene Pereira, le preguntó si podían encontrarse en el centro, y él, Monteiro Rossi, le dijo: Esta noche, en la Praça da Alegria, hay un baile popular con canciones y guitarras, a mí me han invitado a cantar una tonadilla napolitana, sabe, es que soy medio italiano, aunque no sé napolitano, de todas formas el propietario me ha reservado una mesa al aire libre, en mi mesa habrá un cartelito con mi nombre, Monteiro Rossi, ¿qué me dice?, ¿nos vemos allí? Y Pereira dijo que sí, sostiene, colgó el auricular, se secó el sudor y después se le ocurrió una idea magnífica, la de crear una breve sección titulada «Efemérides», y pensó en publicada enseguida, para el sábado siguiente, y así, casi maquinalmente, quizá porque estaba pensando en Italia, escribió el título: Hace dos años desaparecla Luigi Pirandello. Y después, debajo, escribió el subtítulo: «El gran dramaturgo había estrenado en Lisboa su Un sueño (pero quizá no).»

Era el veinticinco de julio de mil novecientos treinta y ocho y Lisboa refulgía en el azul de la brisa atlántica, sostiene Pereira."

Antonio Tabucchi, Sostiene Pereira.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

La sombra de mi alma




"La sombra de mi alma
huye por un ocaso de alfabetos,
niebla de libros
y palabras.

¡La sombra de mi alma!"


Federico García Lorca

I told him it was the thing that I was most afraid of





"The address for Ruth Black was on the eighty-sixth floor of the Empire State Building, which I thought was incredibly weird, and so did Mr. Black, because neither of us knew that people actually lived there. I told Mr. Black that I was panicky, and he said it was OK to be panicky. I told him I felt like I couldn't do it, and he said it was OK to feel like I couldn't do it. I told him it was the thing that I was most afraid of. He said he could understand why. I wanted him to disagree with me, but he wouldn't, so I had no way to argue. I told him I would wait for him in the lobby, and he said, "Fine." "OK, OK," I said, "I'll go."

Jonathan Safran Foer, Extremely loud & incredibly close.

martes, 18 de septiembre de 2012

Stone





"Go inside a stone
That would be my way.
Let somebody else become a dove
Or gnash with a tiger's tooth.
I am happy to be a stone."


Charles Simic, Stone


The next morning I told Mom I couldn’t go to school again








"The next morning I told Mom I couldn’t go to school again. She asked what was wrong. I told her, “The same thing that’s always wrong.” “You’re sick?” “I’m sad.” “About Dad?” “About everything.” She sat down on the bed next to me, even though I knew she was in a hurry. “What’s everything?” I started counting on my fingers: “The meat and dairy products in our refrigerator, fistfights, car accidents, Larry —” “Who’s Larry?” “The homeless guy in front of the Museum of Natural History who always says ‘I promise it’s for food’ after he asks for money.” She turned around and I zipped her dress while I kept counting. “How you don’t know who Larry is, even though you probably see him all the time, how Buckminster just sleeps and eats and goes to the bathroom and has no raison d’être, the short ugly guy with no neck who takes tickets at the IMAX theater, how the sun is going to explode one day, how every birthday I always get at least one thing I already have, poor people who get fat because they eat junk food because it’s cheaper…” That was when I ran out of fingers, but my list was just getting started, and I wanted it to be long, because I knew she wouldn’t leave while I was still going. “…domesticated animals, how I have a domesticated animal, nightmares, Microsoft Windows, old people who sit around all day because no one remembers to spend time with them and they’re embarrassed to ask people to spend time with them, secrets, dial phones, how Chinese waitresses smile even when there’s nothing funny or happy, and also how Chinese people own Mexican restaurants but Mexican people never own Chinese restaurants, mirrors, tape decks, my unpopularity at school, Grandma’s coupons, storage facilities, people who don’t know what the Internet is, bad handwriting, beautiful songs, how there won’t be humans in fifty years—” “Who said there won’t be humans in fifty years?” I asked her, “Are you an optimist or a pessimist?” She looked at her watch and said, “I’m optimistic.” “Then I have some bad news for you, because humans are going to destroy each other as soon as it becomes easy enough to, which will be very soon.” “Why do beautiful songs make you sad?” “Because they aren’t true.” “Never?” “Nothing is beautiful and true.” She smiled, but in a way that wasn’t just happy, and said “You sound just like Dad.”
"What do you mean I sound just like Dad?" "He used to say things like that." "Like what?" "Oh, like nothing is so-and-so. Or everything is so-and-so. Or obviously." She laughed. "He was always very definitive." "What's 'definitive'?" "It means certain. It comes from 'definite.' " "What's wrong with definitivity?" "Dad sometimes missed the forest for the trees." "What forest?" "Nothing."

Jonathan Safran Foer, Extremely Loud and Incredibly Close

viernes, 14 de septiembre de 2012

The Truth About Dishonesty




jueves, 13 de septiembre de 2012

Gravedad




A terrible need




some people simply search out
unhappiness, they’ll scrounge it out
in any given situation
taking any whim
any simple error
and then becoming hateful
vengeful.

don’t they realize that
there’s so little
time?
and to mutilate it
like this…
there’s never
ever
any way
to recover
all that was
wasted.

Charles Bukowski


miércoles, 12 de septiembre de 2012

Kingdom Come





Run, run, run away
Buy yourself another day
A cold wind's whispering secrets in your ear
So low only you can hear

Run, run, run and hide
Somewhere no one else can find
Tall trees bend and lean pointing where to go
Where you will still be all alone

Don't you fret, my dear
It'll all be over soon
I'll be waiting here for you

Run fast as you can
No one has to understand
Fly high across the sky from here to kingdom come
Fall back down to where you're from

Don't you fret, my dear
It'll all be over soon
I'll be waiting here for you
For you, for you

Run, run run away
Run, run run away




Nothing very simple





"James Miller: I'm afraid there's nothing very simple about being simple. "


Presa segura





Paso de cazador .
Siento cómo se acerca
por soles de otoño.

Lentamente, de esta
fuente de agua helada
ha bebido. Después
he mirado a lo alto.

Volaban halcones
sobre la certeza
de mi muerte.

Salvador Espriu

Y existen, en fin, cosas...





"Y existen, en fin, cosas que el hombre no quiere confesarse ni siquiera a sí mismo."

F. M. DostoyevskiMemorias del subsuelo

sábado, 8 de septiembre de 2012

La muchacha del balcón
















La tarde bajaba por esa calle junto al puerto
Con paso lento, balanceándose, llena de olor,
Las viejas casas palidecen en tardes como ésta,
Nunca es mayor su harapienta melancolía
Ni andan más tristes de paredes,
En las profundas escaleras brillan fosforescencias como de mar,
ojos muertos tal vez que miran a la tarde como si recordaran,
eran las seis, una dulzura detenía a los desconocidos,
una dulzura como de labios de la tarde, carnal,
                                                                carnal,
los rostros se ponen suaves en tardes como ésta,
arden con una especie de niñez
contra la oscuridad, el vaho de los dancings.

Esa dulzura era como si cada uno recordara a una mujer
Sus muslos abrazados, la cabeza en su vientre,
El silencio de los desconocidos
Era un oleaje en medio de la calle
Con rodillas y rostros de ternura chocando
Contra el "New Inn", las puertas, los umbrales de color abandono.

Hasta que la muchacha se asomó al balcón
de pie sobre la tarde íntima como su cuarto con la cama deshecha
donde todos creyeron haberla amado alguna vez
antes de que viniera el olvido.

Juan Gelman

Invigorating experiences





“Mind you, I don’t know why people get so fixated on happiness, which always eludes them, when there are so many other invigorating experiences available, like rage, jealousy, disgust, and so forth.”

Edward St. Aubyn, Some Hope

En lugar de afligirme, acepté la duplicidad





"¿Y por qué habría de cambiar si encontré la felicidad que me conviene? En lugar de afligirme, acepté la duplicidad. 
Me instalé en ella y en ella encontré el bienestar que busqué toda mi vida.  En el fondo, me equivoqué al decirle que lo esencial era evitar el juicio. Lo esencial es poder permitírselo todo, aun a costa de declarar, de cuando en cuando y a voz en  cuello, la propia indignidad. De nuevo he vuelto a, permitírmelo todo; y esta vez sin  risas. No cambié de vida, continúo amándome y sirviéndome de los demás, sólo que  la confesión de mis faltas me permite volver a comenzar con mayor facilidad y gozar  dos veces, primero de mi naturaleza y luego de un encantador arrepentimiento."

Albert Camus, La Caída 

He was exactly the same as me





viernes, 7 de septiembre de 2012

Comprendí la imposibilidad




"Comprendí la imposibilidad de mostrarle aquel Paris que yo había descubierto, un Paris que existía en virtud de mi soledad, de mi deseo de ella."

 Henry Miller,  Trópico de Cancer.

I detest




“ I detest my past, and anyone else’s. I detest resignation, patience, professional heroism and obligatory beautiful feelings. I also detest the decorative arts, folklore, advertising, voices making announcements, aerodynamism, boy scouts, the smell of moth balls, events of the moment, and drunken people. ”

René Magritte

sábado, 1 de septiembre de 2012

What the?






"What about a teakettle? What if the spout opened and closed when the steam came out, so it would become a mouth, and it could whistle pretty melodies, or do Shakespeare, or just crack up with me? I could invent a teakettle that reads in Dad's voice, so I could fall asleep, or maybe a set of kettles that sings the chorus of "Yellow Submarine," which is a song by the Beatles, who I love, because entomology is one of my raisons d'être, which is a French expression that I know. Another good thing is that I could train my anus to talk when I farted. If I wanted to be extremely hilarious, I'd train it to say, "Wasn't me!" every time I made an incredibly bad fart. And if I ever made an incredibly bad fart in the Hall of Mirrors, which is in Versailles, which is outside of Paris, which is in France, obviously, my anus would say, "Ce n'étais pas moi!"

What about little microphones? What if everyone swallowed them, and they played the sounds of our hearts through little speakers, which could be in the pouches of our overalls? When you skateboarded down the street at night you could hear everyone's heartbeat, and they could hear yours, sort of like sonar. One weird thing is, I wonder if everyone's hearts would start to beat at the same time, like how women who live together have their menstrual periods at the same time, which I know about, but don't really want to know about. That would be so weird, except that the place in the hospital where babies are born would sound like a crystal chandelier in a houseboat, because the babies wouldn't have had time to match up their heartbeats yet. And at the finish line at the end of the New York City Marathon it would sound like war.

And also, there are so many times when you need to make a quick escape, but humans don't have their own wings, or not yet, anyway, so what about a birdseed shirt?

Anyway.

My first jujitsu class was three and a half months ago. Self-defense was something that I was extremely curious about, for obvious reasons, and Mom thought it would be good for me to have a physical activity besides tambourine, so my first jujitsu class was three and a half months ago. There were fourteen kids in the class, and we all had on neat white robes. We practiced bowing, and then we were all sitting down Native American style, and then Sensei Mark asked me to go over to him. "Kick my privates," he told me. That made me feel self-conscious. "Excusez-moi?" I told him. He spread his legs and told me, "I want you to kick my privates as hard as you can." He put his hands at his sides, and took a breath in, and closed his eyes, and that's how I knew that actually he meant business. "Jose," I told him, and inside I was thinking, What the? He told me, "Go on, guy. Destroy my privates."

"Destroy your privates?" With his eyes still closed he cracked up a lot and said, "You couldn't destroy my privates if you tried. That's what's going on here. This is a demonstration of the well-trained body's ability to absorb a direct blow. Now destroy my privates." I told him, "I'm a pacifist," and since most people my age don't know what that means, I turned around and told the others, "I don't think it's right to destroy people's privates. Ever." Sensei Mark said, "Can I ask you something?" I turned back around and told him, " 'Can I ask you something?' is asking me something." He said, "Do you have dreams of becoming a jujitsu master?" "No," I told him, even though I don't have dreams of running the family jewelry business anymore. He said, "Do you want to know how a jujitsu student becomes a jujitsu master?" "I want to know everything," I told him, but that isn't true anymore either. He told me, "A jujitsu student becomes a jujitsu master by destroying his master's privates." I told him, "That's fascinating." My last jujitsu class was three and a half months ago.

I desperately wish I had my tambourine with me now, because even after everything I'm still wearing heavy boots, and sometimes it helps to play a good beat. My most impressive song that I can play on my tambourine is "The Flight of the Bumblebee," by Nicolai Rimsky-Korsakov, which is also the ring tone I downloaded for the cell phone I got after Dad died. It's pretty amazing that I can play "The Flight of the Bumblebee," because you have to hit incredibly fast in parts, and that's extremely hard for me, because I don't really have wrists yet. Ron offered to buy me a five-piece drum set. Money can't buy me love, obviously, but I asked if it would have Zildjian cymbals. He said, "Whatever you want," and then he took my yo-yo off my desk and started to walk the dog with it. I know he just wanted to be friendly, but it made me incredibly angry. "Yo-yo moi!" I told him, grabbing it back. What I really wanted to tell him was "You're not my dad, and you never will be."


Jonathan Safran Foer, Extremely Loud & Incredibly Close


Inventar el regreso del mundo





Inventar el regreso del mundo
después de su desaparición.
E inventar un regreso a ese mundo
desde nuestra desaparición.
Y reunir las dos memorias,
para juntar todos los detalles.

Hay que ponerle pruebas al infinito,
para ver si resiste.


Roberto Juarroz,  
Séptima Poesía Vertical 



La vida plena





A algunos les han quitado las ganas de hablar,
pasan mudos por el amor, aman perros vagabundos
y tienen una piel tan sensible
que nuestros pequeños saludos cotidianos
pueden producirles heridas casi de muerte.
Nosotros, seres amables e inofensivos,
miramos los gatos enfermos, las mujeres con collares
que pasan por la calle
y sentimos un desamor agradable,
casi suficiente.

Juana Bignozzi,
Mujer de cierto orden