martes, 26 de marzo de 2013

La habitación del suicida




Creéis que su habitación estaba vacía.
¡Qué va! Tres sillas con respaldo confortable.
Una lámpara en guerra contra la oscuridad.
Un escritorio y, encima, una cartera y periódicos.
Un Buda dichoso y un Cristo desdichado.
Siete elefantes de la suerte, y una agenda en el cajón.
¿Creéis que no contenía vuestras señas?

¿No había —creéis— libros ni cuadros ni discos?
Una reconfortante trompeta en unas manos negras.
Saskia con una flor entrañable. Alegría, chispa de los dioses.
Ulises duerme en un anaquel un sueño dulce y reparador
realizados ya los trabajos del quinto libro.
Los moralistas,
escritos sus nombres con letras de oro
en lomos de piel de pulcro curtido.
Al lado, en primera fila, los políticos.

Y sí tenía salida, aunque sólo por la puerta,
y perspectivas, aunque sólo desde la ventana, la habitación aquella.
En el alféizar, las gafas para vislumbrar la lejanía.
Zumbaba una mosca: aún vivía.

Creéis que al menos la carta decía algo.
¿Y si os digo que no había carta?
Muchos somos, los amigos, y todos cupimos
en un sobre vacío apoyado en un vaso.


Wislawa Szymborska




Toda la noche hago la noche




" Toda la noche hago la noche.
       Toda la noche me abandonas lentamente como el agua cae lentamente. Toda la noche escribo para buscar a quien me busca.
       Palabra por palabra yo escribo la noche."

Alejandra Pizarnik

Just that




Canción de la vida profunda




El hombre es una cosa vana, variable y ondeante...

Montaigne

Hay días en que somos tan móviles, tan móviles,
como las leves briznas al viento y al azar.
Tal vez bajo otro cielo la Gloria nos sonríe.
La vida es clara, undívaga, y abierta como un mar.

Y hay días en que somos tan fértiles, tan fértiles,
como en abril el campo, que tiembla de pasión:
bajo el influjo próvido de espirituales lluvias,
el alma está brotando florestas de ilusión.

Y hay días en que somos tan sórdidos, tan sórdidos,
como la entraña obscura de oscuro pedernal:
la noche nos sorprende, con sus profusas lámparas,
en rútiles monedas tasando el Bien y el Mal.

Y hay días en que somos tan plácidos, tan plácidos...
(¡niñez en el crepúsculo! ¡Lagunas de zafir!)
que un verso, un trino, un monte, un pájaro que cruza,
y hasta las propias penas nos hacen sonreír.

Y hay días en que somos tan lúbricos, tan lúbricos,
que nos depara en vano su carne la mujer:
tras de ceñir un talle y acariciar un seno,
la redondez de un fruto nos vuelve a estremecer.

Y hay días en que somos tan lúgubres, tan lúgubres,
como en las noches lúgubres el llanto del pinar.
El alma gime entonces bajo el dolor del mundo,
y acaso ni Dios mismo nos puede consolar.

Mas hay también ¡Oh Tierra! un día... un día... un día...
en que levamos anclas para jamás volver...
Un día en que discurren vientos ineluctables
¡un día en que ya nadie nos puede retener!

Porfirio Barba Jacob

Any man can be happy with any woman




"Any man can be happy with any woman, so long as he doesn't love her"

Oscar Wilde

lunes, 25 de marzo de 2013

Defensa de la alegría




Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas

defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos

defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias

defender la alegría como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres

defender la alegría como una certeza
defenderla del óxido y la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa

defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar
                  y también de la alegría


Mario Benedetti



jueves, 21 de marzo de 2013

Weather Report




miércoles, 20 de marzo de 2013

I can't get you off my mind




"I can't get you, get you off my mind
I can't get you, get you off my mind
I'm hanging 'round the phone
waiting for a call
I would give my all 
Just to hear you say hello"


martes, 19 de marzo de 2013

Si antes de cada acción




"Si antes de cada acción pudiésemos prever todas sus conse-cuencias, nos pusiésemos a pensar en ellas seriamente, primero en las consecuencias inmediatas, después, las probables, más tarde las posibles, luego las imaginables, no llegaríamos siquiera a movernos de donde el primer pensamiento nos hubiera hecho detenernos."

José Saramago,  Ensayo sobre la ceguera.

lunes, 18 de marzo de 2013

Mr Ravioli




El sol de marzo en Petersburgo





"La tarde del 22 de marzo del año pasado me ocurrió un extraño suceso. Durante todo ese día anduve por la ciudad buscándome un alojamiento. El que tenía era muy húmedo y por aquel entonces ya empezaba a toser de modo alarmante. Desde el otoño quería mudarme, si bien lo fui dejando hasta la primavera. En todo el día no pude encontrar nada satisfactorio. En primer lugar, quería un alojamiento especial y, por supuesto, que no fuera de huéspedes; en segundo lugar, necesitaba ineludiblemente una habitación grande y, al mismo tiempo, lo más barata posible. Me di cuenta de que en una habitación pequeña resultaba difícil incluso pensar. A propósito, siempre me resultaba más agradable planear mis novelas y fantasear de qué modo iba a escribirlas que el hecho mismo de escribirlas. Y la verdad es que no era por indolencia. ¿Por qué entonces?
Ya por la mañana experimenté cierto malestar, y a la puesta de sol me sentí incluso muy mal: empezaba a notarme una sensación de fiebre. Además, durante todo el día había permanecido de pie y estaba cansado. Por la tarde, justo cuando empezaba a oscurecer, pasaba por la Perspectiva Vosnisiénski. Me gusta el sol de marzo en Petersburgo, sobre todo en su ocaso y, especialmente, en un atardecer claro y frío. De pronto brilla toda la calle, como inundada por una luz radiante, y todas las casas parecen lanzar destellos. Sus colores grises, amarillos y verde-sucios pierden entonces por un segundo su aspecto sombrío; como si de pronto se iluminara el alma, como si uno se estremeciera o alguien le empujara por el codo. Una mirada nueva, un nuevo pensamiento... ¡Es extraordinario lo que puede hacer un rayo de sol en el alma del hombre!"

Dostoyevski, Humillados y ofendidos.

miércoles, 13 de marzo de 2013

I wondered




“I wondered if I would spend the rest of my life inventing complicated ways to depress myself.”

Miranda July, No One Belongs Here More Than You

A fe mía que no seré tan tonto




"¡Que necio soy! ¡Yo, un plebeyo, teniendo compasión de una familia de esta alcurnia! ¡Yo, a quien el duque de Chaulnes llama criado! ¿Cómo aumenta el marqués su inmensa fortuna? Vendiendo valores en cuanto se entera en Palacio de que al día siguiente puede haber un golpe de Estado. Y yo colocado en la última fila por una Providencia madrastra que me ha dado un corazón noble y ni siquiera mil francos de renta, es decir, ni tan siquiera pan, para hablar con exactitud, ¿voy a rehusar un placer que se me ofrece? ¡Un manatial cristalino que viene a apagar mi sed en el desierto ardiente de la mediocridad que tan penosamente atravieso! A fe mía que no seré tan tonto. Allá se las arregle cada cual en este desierto de egoísmo al que llamamos vida."

Stendhal, Rojo y Negro.

domingo, 10 de marzo de 2013

Our endless and impossible journey




"No wonder they cannot appreciate the really central Kafka joke: that the horrific struggle to establish a human self results in a self whose humanity is inseparable from that horrific struggle. That our endless and impossible journey toward home is in fact our home."

David Foster Wallace, Consider the Lobster, ”Certainly the End of Something or Other, One Would Sort of Have to Think”

sábado, 9 de marzo de 2013

¿Para matarme? ¿A mí, a quien todo el mundo quiere tanto?





"Probablemente es un prisionero nuestro... Sí. Tal vez me cojan a mí también. ¿Quiénes son? -seguía preguntándose Rostov sin creer en sus ojos-. ¿Es posible que sean franceses?" Miraba a esos hombres que se acercaban y, a pesar de que un segundo antes había galopado con intención de matarlos, su proximidad le parecía tan terrible que no creía a sus ojos. "¿Quiénes son? ¿Por qué corren? ¿Es posible que vengan contra mí? ¿Es posible que corran hacia mí? ¿Para qué? ¿Para matarme? ¿A mí, a quien todo el mundo quiere tanto?" Recordó el amor que le profesaban su madre, su familia y sus amigos, y le parecía imposible que el enemigo tuviera intención de matarlo. "¡Y sin embargo, tal vez vengan a matarme!" Permaneció en pie más de diez segundos, sin moverse y sin comprender su situación. El francés que iba a la cabeza, el de la nariz aguileña, se había acercado tanto que se distinguía la expresión de su rostro. La faz encendida y extraña de aquel hombre que corría ágilmente con la bayoneta calada y reteniendo el aliento asustó a Rostov. Cogió la pistola y, en lugar de disparar, la arrojó contra el francés y echó a correr con todas sus fuerzas hacia los matorrales. No experimentaba la duda ni el deseo de luchar con que había corrido por el puente de Enns, sino la sensación de una liebre que huye de los perros. Todo sus ser estaba dominado por un sentimiento invencible, por su juventud y su vida feliz. Saltando por encima de las zanjas con la rapidez con que solía correr cuando jugaba de pequeño a la gallinita ciega, corrió a campo traviesa volviendo de cuando en cuando su bondadoso rostro juvenil y pálido y un escalofrío de horror le recorría la espalda. "No, es mejor no mirar", pensó al llegar a un matorral; pero se volvió una vez más. Los franceses se habían quedado rezagados e incluso en el momento en que Rostov se había vuelto, el de delante ya no iba al trote, sino al paso y mirando hacia sus compañeros, gritaba algo. Rostov se detuvo. "No, debe ser alguna otra cosa. No es posible que quieran matarme", se dijo. Su brazo izquierdo le pesaba tanto como si llevase colgadas unas pesas de dos puds. No pudo seguir corriendo. El francés se detuvo también y le apuntó con el fusil. Rostov cerró los ojos y se inclinó. Un par de balas volaron por encima de él. Reuniendo sus últimas fuerzas, se cogió la mano izquierda con la derecha y corrió hacia los matorrales. Allí se encontraban algunos tiradores rusos."

Lev Tolstói, Guerra y paz.

Baking with Kafka




Una vez llena hasta el borde




"Toda materia contiene cierta cantidad de tensión por encima de la cual no admite una intensidad mayor; así, el agua tiene su grado de ebullición, los metales, su punto de fusión, y tampoco los elementos del alma logran eludir esta ley irrefutable. La alegría puede alcanzar un grado tras el cual cualquier añadido resulta imperceptible, y otro tanto ocurre con el dolor, la desesperación, el abatimiento, el asco y el miedo. Una vez llena hasta el borde, la vasija interna no admite ni una gota más de mundo."

Stefan Zweig, La embriaguez de la metamorfosis.

El corazón empieza bajo tierra




El corazón empieza bajo tierra,
pero acaba en tus labios y en los míos.
La muerte entonces duda en las cornisas
y una convalecencia de ojos largos
desprende las arrugas del temblor.

No hay que negar que eso nos salva,
pero entre tantas cosas tan perdidas
no es posible aceptar la salvación.

Y las manos, sin darse cuenta aprenden
el gesto incorregible
de volver a enterrar el corazón.

Roberto Juarroz