jueves, 29 de agosto de 2013

In memory of




C'est moi, ése soy yo





"Esta llamada telefónica ocurrió hace dieciséis años. Un poco más de la mitad de la edad que ahora tengo. En noviembre de 1950: aquí la tengo, tatuada en la muñeca, la fecha de mi Proclamación de la Emancipación. Los niños que aún no habían nacido cuando llamé por primera vez a mis padres para decirles que no volvía a casa desde la facultad están ahora empezando sus estudios universitarios, supongo... lo malo es que yo ¡sigo llamando por teléfono a mis padres para decirles que no puedo ir! ¡Sigo peleando con mi familia! ¿De qué me sirvió adelantar dos cursos en el colegio y sacarles tantísima ventaja a todos los demás, para al final quedarme el último de todos, y con diferencia? Mis principios fueron de leyenda. ¡Protagonista de todas las funciones de teatro del colegio! ¡Paso a los doce años el DAR entero! ¿Por qué, pues, estoy viviendo solo y no tengo hijos? ¡No nos lleva a ninguna parte, esta pregunta! En lo profesional, desde luego que voy bien encaminado, pero en mi vida privada, ¿de qué puedo presumir? ¡Tendría que haber sobre la faz de la tierra unos cuantos niños que se parecieran a mí, jugando juntos! ¿Por qué no? ¿Por qué todo shtunk con ventanal y cobertizo para el coche puede tener descendencia, y yo no? ¡Carece de sentido! Piénselo: ya llevo hecha la mitad del camino, y aquí sigo, en la línea de salida... ¡Yo, el primero que se quitó los pañales y se puso la ropa de correr! ¡Ciento cincuenta y ocho de coeficiente intelectual y sigo discutiendo con las autoridades las reglas y reglamentos! ¡Discutiendo el trayecto de la carrera! ¡Poniendo en duda la legitimidad de la comisión que regula las competiciones! ¡Sí, me cuadra muy bien lo de Cangrejo, mamá! Y Tío Vinagre ronda la perfección, me atina en plena nariz de la Nariz. El Señor Ataque de Rabia... C'est moi, ése soy yo.
Otra de las palabras que de niño consideraba «judía». Rabia. «Anda, venga, cógete un ata-que de rabia», me proponía mi madre. «A ver de qué va a servirte, hijo mío, con lo listo que eres.» ¡Y vaya si lo intentaba, que me sirviese! ¡De qué modo me arrojaba contra las paredes de su cocina! ¡Señor Enfadón! ¡Señor Montado en Cólera! ¡Señor Perder los Estribos! ¡Señor Salirse de sus Casillas! ¡La cantidad de cosas que me pudo llamar! ¡Guay de quien te mire con malos ojos, Alex, porque su vida no valdrá ni un centavo! ¡Señor Yo Siempre Acierto Y Yo Jamás Me Equivoco! Tenemos el casa al Gruñón de los Siete Enanitos, papá. Ay, Hannah, Tu Hermano el Cascarrabias Nos Honra Esta Noche Con Su Presencia. Es Un Placer Tenerte Entre Nosotros, Cascarrabias. «¡Adelante, Silver!», suspira, mientras yo me corro hacia mi cuarto para clavar los colmillos en la colcha, «el Chico de las Rabietas Cabalga de Nuevo»."

Philip Roth, El mal de Portnoy.

martes, 27 de agosto de 2013

OCD



"And she was the first beautiful thing I ever got stuck on"




Such a fleeting feeling




"Shopping is a form of daydreaming, a way to recast your life instantly, a desperate optimism about the meaning of style and detail. Such a fleeting feeling, but impossible to resist. She knew she was the kind of woman who couldn’t walk past a post office without wanting to buy stamps."

Dana Spiotta, Lightning Field.

domingo, 25 de agosto de 2013

I Forgot My Phone



martes, 20 de agosto de 2013

The railroad yard



The feelings I get
driving past the railroad yard
(never on purpose but on my way to somewhere)
are the feelings other men have for other things.
I see the tracks and all the boxcars
the tank cars the flat cars
all of them motionless and so many of them
perfectly lined up and not an engine anywhere
(where are all the engines?).
I drive past looking sideways at it all
a wide, still railroad yard
not a human in sight
then I am past the yard
and it wasn't just the romance of it all
that gives me what I get
but something back there nameless
always making me feel better
as some men feel better looking at the open sea
or the mountains or at wild animals
or at a woman
I like those things too
especially the wild animals and the woman
but when I see those lovely old boxcars
with their faded painted lettering
and those flat cars and those fat round tankers
all lined up and waiting
I get quiet inside
I get what other men get from other things
I just feel better and it's good to feel better
whenever you can
not needing a reason.

Charles Bukowski


domingo, 18 de agosto de 2013

Para matar a un hombre




Hay múltiples métodos engorrosos para matar a un hombre.
Se le puede obligar a que cargue un tablón de madera
hasta la cumbre de un monte y entonces clavarlo. Para que esto
resulte es necesario una multitud de gente
que lleve sandalias, un gallo que cante, un manto
para disecarlo, una esponja, un poco de vinagre y un
hombre que martille los clavos en su sitio.

O es posible buscarse un pedazo de acero
de forma y monturas tradicionales
y tratar de penetrar esta jaula de metal que lo protege.
Si éste es el caso, te hacen falta cabellos blancos,
árboles ingleses, hombres con arcos y flechas,
dos banderas por lo menos, un príncipe y un
castillo donde celebrar el banquete.

Dejando de lado los escrúpulos, puedes también, si el viento
lo permite, asfixiarlo con gas. Pero entonces necesitas
una milla de fango tallada por trincheras,
sin olvidar las botas negras, los cráteres de bombas,
más fango, una plaga de ratas, docenas de canciones
y algunos sombreros circulares hechos de acero.

En una era de aviación, puedes volar
a muchas millas por encima de tu víctima y liquidarla
con sólo apretar un botoncito. Todo lo que se requiere,
en este caso, es un océano que los separe, dos
sistemas de gobierno, los científicos del país,
algunas fábricas, un psicópata y un pedazo de
tierra que nadie va a necesitar por varios años.

Estos son, como dije antes, métodos engorrosos
para matar a un hombre. Más sencillo, directo, y mucho
más limpio es asegurarse de que vive en algún lugar
del siglo veinte, y ahí dejarlo.

Edwin Brock

Trapped




My shadow





"I have a little shadow that goes in and out with me,
and what can be the use of him is more than i can see.
he is very, very like me from the heels up to the head;
and i see him jump before me, when i jump into my bed.

the funniest thing about him is the way he likes to grow—
not at all like proper children, which is always very slow;
for he sometimes shoots up taller like an india-rubber ball,
and he sometimes goes so little that there’s none of him at all.

Robert Louis Stevenson, A child’s garden of verses

sábado, 17 de agosto de 2013

A las tres de en punto de la madrugada








"Hasta las ideas más sublimes de Fitzgerald para la película las había cambiado ese terrible productor con ínfulas de guionista. Una prueba: en la novela Remarque había una escena en la que Bobby, uno de los personajes, por motivos que no venían al caso, se encontraba incómodo, fuera de lugar, en un night-club, pero toda su incomodidad era mental: nada de ella se veía. Fitzgerald replanteó esta incomodidad en términos de lo que la cámara podía captar y dio con el medio de que pudiera filmar realmente la pérdida de la compostura de Bobby. Mankiewicz hizo rodar la escena tal como Fitzgerald la había escrito. Ahora bien, cuando en el guión Bobby se reunía con sus amigos al día siguiente del desastre nocturno, uno de sus camaradas le consolaba con un consejo que venía a repetir lo que ya Fitzgerald había escrito, con su habitual talento, en The Crack-Up: "A las tres de en punto de la madrugada un paquete olvidado tiene la misma trágica importancia que una sentencia de muerte. Y en la verdadera noche oscura del alma siempre son las tres en punto de la madrugada, día tras día."
Pero en la película el consejo quedó reducido a estas palabras: "Olvídalo. Muy pocas cosas resisten un examen a las tres de la madrugada."
O sea que Mankiewicz reescribió la escena de Fitzgerald de tal forma que desapareció prácticamente toda la angustia de las tres de la madrugada."

Enrique Vila-Matas, Aire de Dylan.


viernes, 16 de agosto de 2013

Ésta es mi vida, doctor Spielvogel, ésta es mi vida





"¡Esta gente es increíble, doctor! ¡Inconcebible! Esos dos son los más eminentes productores y empaquetadores de culpa de nuestro tiempo. La extraen de mí como se extrae grasa del pollo. «Que llames, Alex. Que vengas a vernos, Alex. Que nos tengas al día, Alex. No te vayas sin decírnoslo, por favor, no vuelvas a hacerlo. La última vez que te fuiste no nos dijiste nada, y tu padre ya quería llamar a la policía. ¿Sabes la de veces que te pudo llamar al día, sin obtener respuesta tuya? A ver si lo adivinas: ¿cuántas veces?» «Madre», pongo en su conocimiento, «si me muero, olerán el cadáver a las setenta y dos horas, te lo aseguro». «¡No hables de ese modo! ¡No quiera Dios que ocurra nada parecido!», grita. Ah, y ahora viene la guinda, lo que le garantiza el efecto, pero ¿cómo esperar otra cosa, cómo pedir lo imposible a la propia madre? «Alex, contestar al teléfono es una cosa la mar de sencilla. ¿Cuánto tiempo más crees tú que vamos a estar aquí, dándote la lata?»
Ésta es mi vida, doctor Spielvogel, ésta es mi vida; y resulta que toda ella pasa en un chiste de judíos. Soy hijo de un chiste de judíos, ¡pero sin ser ningún chiste! Por favor, ¿quién nos ha dejado así de tullidos? ¿Quién nos hizo tan morbosos y tan histéricos y tan débiles? ¿Por qué, por qué siguen gritando, todavía, «¡Cuida-do! ¡No, Alex! Alex, ¡no!»; y ¿por qué, yo solo, en mi cama, sigo meneándomela desesperadamente? Doctor, ¿qué nombre le daría usted a esta enfermedad que padezco? ¿Es eso, el sufrimiento judío de que tanto he oído hablar? ¿Es eso lo que me resulta a mí de los pogromos y las persecuciones, de las burlas y las vejaciones a que llevan dos mil encantadores años sometiéndonos los goyim 23? ¡Ay, qué secretos los míos, qué vergüenza, qué palpitaciones, qué sofocos, qué sudores! ¡Qué modo de reaccionar, el mío, ante las más sencillas vicisitudes de la vida humana! Doctor, no lo soporto más, no soporto vivir tan aterrorizado por nada. ¡Otórgueme la bendición de la virilidad! ¡Hágame valiente! ¡Hágame fuerte! ¡Hágame completo! Estoy harto de ser un muchacho judío la mar de simpático, de darles gusto a mis padres en público, mientras en privado me tiro del putz 24. ¡Ya está bien!"

23 Plural de goy
24 Tonto, necio; lit., «pene»


Philip Roth, El mal de Portnoy

jueves, 15 de agosto de 2013

The voices in my head



miércoles, 14 de agosto de 2013

A la sombra de mi sombra



"A la sombra de mi sombra 
me estoy haciendo un sombrero; 
sombrero de largas pajas 
que he recogido del suelo. 
Lo haré con el ala ancha, 
que casi llegue hasta el cielo 
pa' muchas veces no ver 
las cosas que ver no quiero. "

Extrechinato y Tú, A la sombra de mi sombra


sábado, 10 de agosto de 2013

Es...





"Es que tengo

    alegre la tristeza."


   Gustavo Adolfo Bécquer.



Notas de una expedición no realizada al Himalaya





Así, pues, esto es el Himalaya.
Montañas corriendo hacia la luna.
El instante del despegue detenido
en un cielo rasgado.
Un desierto de nubes lleno de agujeros.
Un golpe en la nada.
El eco: un mudo blanco.
Silencio.

Yeti, abajo es miércoles,
hay abecedario y pan,
dos y dos son cuatro,
y la nieve se funde.
Hay una manzana roja
partida en cuatro.

Yeti, entre nosotros
no sólo existe el crimen.
Yeti, no todas las palabras condenan a muerte.
Heredamos la esperanza,
regalo del olvido.
Verás cómo entre ruinas
parimos niños.

Yeti, tenemos a Shakespeare.
Yeti, tocamos el violín.
Yeti, al anochecer
prendemos la luz.

Aquí, ni luna ni tierra,
y se congelan las lágrimas.
¡Oh, Yeti, casi hombre de la luna,
piénsalo y vuelve!

Así dije, a gritos, al Yeti
entre las cuatro paredes de avalanchas,
y para entrar en calor pateaba
en la nieve,
en la eterna.

Wislawa Szymborska

Life starts all over again when it gets crisp in the fall




F. Scott Fitzgerald, The Great Gatsby