jueves, 28 de noviembre de 2013

El dificil arte de hablar con la realeza




"Durante el siglo previo a la Revolución francesa, probablemente, el arte más arriesgado de todos fue la conversación con las cabezas coronadas. ¿Quién venció? Dejamos al lector que haga su propia clasificación.

PRIMER CANDIDATO:
Francisco Gómez de Quevedo y Santibañez Villegas (1580-1645) ganó una apuesta al decir a Isabel de Borbón (1602-1644), esposa de Felipe IV (1605-1665), que era coja con la floritura más sencilla:
Entre el clavel y la rosa, su Majestad escoja.
Por si había dudas, repitió la proeza ante el propio Rey, Felipe IV, cuando la ocasión la pintaron calva, como suele decirse. Su Majestad, pensando que sería incapaz, le pidió al poeta que improvisara una cuarteta. "Dadme pie", le solicito el poeta y el Monarca, creyéndose gracioso, le alargó la pierna, o mejor dicho, metió la pata, pues, agudo y certero, Quevedo improvisó la cuarteta requerida:
En semejante postura
dais a comprender, señor,
que yo soy el herrador
y vos la cabalgadura.

SEGUNDO CANDIDATO
John Milton (1608-1674), poeta inglés famoso por haber escrito El Paraíso Perdido, había sobrevivido a la tiranía de Oliver Cromwell (1599-1658), que sometió a Irlanda a incontables sufrimientos y ordenó decapitar a Carlos I de Inglaterra (1600-1649). Alrededor de 1652, el tirano había muerto, y se había restablecido el orden. Milton había perdido por completo la visión, era ya mayor, y frecuentaba la Corte de Carlos II de Inglaterra, el hijo del Rey decapitado, como una vieja gloria del pasado. En cierta ocasión, el soberano, le preguntó:
-¿No crees que tu ceguera es un castigo divino caído sobre ti por haber escrito en defensa del asesinato de mi padre?
-Señor -respondió el vate-, es verdad, he perdido mis ojos; pero si todas las calamidades se han de atribuir a juicios divinos, recuerdo a su Majestad que su real padre perdió su cabeza."
Fernando Garcés Blázquez, La historia del mundo sin los trozos aburridos.

10 Estrategias de Manipulación Mediática





martes, 26 de noviembre de 2013

La extraña pareja




El día que se conocieron en Atenas, Alejandro Magno (356-323 a.C) -con todo su ejército en formación detrás suyo- le dijo a Diógenes de Sinope (ca. 412-323 a.C): "Pídeme lo que quieras". Diógenes, sin otra compañía que su pobreza, le respondió: "Apártate, me estás tapando el sol". Era el principio de una larga amistad, aunque cada uno fuera por su propio camino. Dicen que Alejandro confesó una vez: "Si no fuera Alejandro me gustaría ser Diógenes". Falta saber si, al revés, ésta fue la opinión de Diógenes. Posiblemente, pues reducido a la esclavitud, le interrogaron acerca de lo que sabía hacer. "Dirigir hombres. Pregunta por ahí si alguien quiere comprar un amo." Por último, cuentan que Alejandro, en Babilonia, y Diógenes, en Corinto, murieron el mismo día. Alejandro había unido el mundo, y Diógenes, preguntado de dónde era, respondió : "Soy ciudadano del mundo".


Fernando Garcés Blázquez, La historia del mundo sin los trozos aburridos.

Parecerse a los dioses




"He descubierto que sólo existe una manera de parecerse a los dioses: basta con ser tan cruel como ellos".
Albert Camus, Calígula

El gusano




"El gusano es el único emperador de la dieta; engordamos todos los animales para engordarnos a nosotros, y nos engordamos nosotros para engordar a los gusanos: el rey gordo y el mendigo flaco no son sino dos platos distintos de una misma mesa (...) El hombre puede pescar con el gusano que ha comido de un rey, y comer del pez que se alimentó con aquel gusano".

Shakespeare, Hamlet.

viernes, 22 de noviembre de 2013

What day is it?




His heart would descend from his chest into his stomach



“He awoke each morning with the desire to do right, to be a good and meaningful person, to be, as simple as it sounded and as impossible as it actually was, happy. And during the course of each day his heart would descend from his chest into his stomach. By early afternoon he was overcome by the feeling that nothing was right, or nothing was right for him, and by the desire to be alone. By evening he was fulfilled: alone in the magnitude of his grief, alone in his aimless guilt, alone even in his loneliness. I am not sad, he would repeat to himself over and over, I am not sad. As if he might one day convince himself. Or fool himself. Or convince others—the only thing worse than being sad is for others to know that you are sad. I am not sad. I am not sad. Because his life had unlimited potential for happiness, insofar as it was an empty white room. He would fall asleep with his heart at the foot of his bed, like some domesticated animal that was no part of him at all. And each morning he would wake with it again in the cupboard of his rib cage, having become a little heavier, a little weaker, but still pumping. And by the mid-afternoon he was again overcome with the desire to be somewhere else, someone else, someone else somewhere else. I am not sad.”

Jonathan Safran Foer, Extremely loud & incredibly close.

El Pollo Morgan susurró su informe.




"A las nueve en punto ya estaba abriendo la peluquería. A las once y cuarto entró un majadero preguntando si había algún bazar oriental en las inmediaciones. Le dirigí hacia La Bamba, no sin antes proponerle, en vano, un lavado, un corte y un rasurado por el precio de un solo servicio. Ya no vino nadie más. A las dos cerré y fui a ver al Pollo Morgan.
—¿Alguna novedad?
Me dio la callada por respuesta. Ni siquiera se dignó bajar los ojos.
—¡Venga, hombre, que no nos ve nadie! —hube de insistir.
Sin apenas despegar los labios, el Pollo Morgan susurró su informe. A lo largo de la mañana pocas personas habían salido del edificio y menos habían entrado. De las que habían entrado, dos eran del grupo de las que previamente habían salido, y cuatro habían entrado sin haber salido antes, pero habían salido al cabo de un rato; una había entrado y todavía no había salido. De las que habían salido sin haber entrado, dos habían vuelto a entrar y los demás todavía no habían entrado."

Eduardo Mendoza, El enredo de la bolsa y la vida.

jueves, 21 de noviembre de 2013

Todo lo que pasa es un milagro para el gitanillo






"El niño no se cayó al suelo, se fue de narices contra la pared. Desde lejos dijo tres o cuatro verdades a la mujer, se palpó la cara y siguió andando. A la puerta de otra taberna volvió a cantar:
Estando un maestro sastre
cortando los pantalones, 
pasó un chavea gitano
que vendía camarones.
Óigame usted, señor sastre,
hágamelos estrechitos
pa que cuando vaya a misa
me miren los señoritos.
El niño no tiene cara de persona, tiene cara de animal doméstico, de sucia bestia, de pervertida bestia de corral. Son pocos sus años para que el dolor haya marcado aún el navajazo del cinismo –o de la resignación- en su cara, y su cara tiene una bella e ingenua expresión estúpida, una expresión de no entender nada de lo que pasa. Todo lo que pasa es un milagro para el gitanillo, que nació de milagro, que come de milagro, que vive de milagro y que tiene fuerzas para cantar de puro milagro.
Detrás de los días vienen las noches, detrás de las noches vienen los días. El año tiene cuatro estaciones: primavera, verano, otoño, invierno. Hay verdades que se sienten dentro del cuerpo, como el hambre o las ganas de orinar" 


Camilo José Cela, La colmena.

Rata De Dos Patas



Rata inmunda 
animal rastrero 
escoria de la vida 
adefesio mal hecho 

Infrahumano 
espectro del infierno 
maldita sabandija 
cuanto daño me has hecho 

Alimaña 
culebra ponzoñosa 
deshecho de la vida 
te odio y te desprecio 

Rata de dos patas 
te estoy hablando a ti 
porque un bicho rastrero 
aún siendo el más maldito 
comparado contigo 
se queda muy chiquito 


martes, 19 de noviembre de 2013

How and why





I loved alone




"And all I loved, I loved alone." 

Edgar Allan Poe, Alone

Celestino Ortiz






"Al final de Narváez está el bar donde, como casi to­das las noches, Paco se encuentra con Martín. Es un bar pequeño, que hay a la derecha, conforme se sube, cerca del garaje de la Policía Armada. El dueño, que se llama Celestino Ortiz, había sido comandante con Cipriano Mera durante la guerra, y es un hombre más bien alto, delgado, cejijunto y con algunas marcas de viruela; en la mano derecha lleva una gruesa sortija de hierro, con un esmalte en colores que representa a León Tolstoi y que se había mandado hacer en la calle de la Colegiata, y usa dentadura postiza que, cuando le molesta mucho, deja sobre el mostrador. Celestino Ortiz guarda cuidadosamente, desde hace muchos años ya, un sucio y desbaratado ejemplar de la Auro­ra, de Nietzsche, que es su libro de cabecera, su catecismo. Lo lee a cada paso y en él encuentra siempre solución a los problemas de su espíritu. -«Aurora» -dice-, «Meditación sobre los prejui­cios morales, ¡Qué hermoso título! La portada lleva un óvalo con la foto del autor, su nombre, el título, el precio -cuatro reales- y el pie editorial: F. Sempere y Compañía, editores, calle del Palomar, 10, Valencia; Olmo, 4 (sucursal), Madrid. La traducción es de Pedro González Blanco. En la portada de dentro aparece la marca de los editores: un busto de señorita con gorro frigio y rodeado, por abajo, de una corona de laurel y, por arriba, de un lema que dice: Arte y Libertad. 
Hay párrafos enteros que Celestino se los sabe de memoria. Cuando entran en el bar los guardias del garaje, Celestino Ortiz esconde el libro debajo del mostrador, sobre el cajón de los botellines de vermú. -Son hijos del pueblo corno yo -se dice-, ¡pero por si acaso! Celestino piensa, con los curas de pueblo, que Nietzsche es realmente algo muy peligroso. Lo que suele hacer, cuando se enfrenta con los guardias, es recitarles parrafitos, como de broma, sin decirles nunca de dónde los ha sacado. 
-«La compasión viene a ser el antídoto del suici­dio, por ser un sentimiento que proporciona placer y que nos suministra, en pequeñas dosis, el goce de la superioridad.»
Los guardias se ríen. -Oye, Celestino, ¿tú no has sido nunca cura?
-¡Nunca! «La dicha -continúa, sea lo que fuere, nos da aire, luz y libertad de movimientos.»
Los guardias ríen a carcajadas.
-Y agua corriente.
-Y calefacción central.
.Celestino se indigna y les escupe con desprecio:
-¡Sois unos pobres incultos!
Entre todos los que vienen hay un guardia, ga­llego y reservón, con el que Celestino hace muy bue­nas migas. Se tratan siempre de usted.
-Diga usted, patrón, ¿y eso lo dice siempre igual?
-Siempre, García, y no me equivoco ni una
-¡Pues ya es mérito!"
Camilo José Cela, La colmena.


Y la vida es esto, la niebla





"¡Mi Eugenia, sí, la mía -iba diciéndose-, esta que me estoy forjando a solas, y no la otra, no la de carne
y hueso, no la que vi cruzar por la puerta de mi casa, aparición fortuita, no la de la portera! ¿Aparición fortuita? ¿Y qué aparición no lo es? ¿Cuál es la lógica de las apariciones? La de la sucesión de estas figuras que forman las nubes de humo del cigarro. ¡El azar! El azar es el íntimo ritmo del mundo, el azar es el alma de la poesía. ¡Ah, mi azarosa Eugenia! Esta mi vieja. mansa, rutinaria, humilde, es una oda píndárica tejida con las mil pequeñeces de lo cotidiano. ¡Lo cotidiano! ¡El pan nuestro de cada día, dánosle hoy! Dame, Señor, las mil menudencias de cada día. Los hombres no sucumbimos a las grandes penas ni a las grandes alegrías, y es porque esas penas y esas alegrías vienen embozadas en una inmensa niebla de pequeños incidentes. Y la vida es esto, la niebla. La vida es una nebulosa. Ahora surge de ella Eugenia. ¿Y quién es Eugenia? Ah, caigo en la cuenta de que hace tiempo la andaba buscando. Y mientras yo la buscaba ella me ha salido al paso. ¿No es esto acaso encontrar algo? Cuando uno descubre una aparición que buscaba, ¿no es que la aparición, compadecida de su busca, se le viene al encuentro? ¿No salió la América a buscar a Colón? ¿No ha venido Eugenia a buscarme a mí? ¡Eugenia! ¡Eugenia! ¡Eugenia!"

Miguel de Unamuno, Niebla.

viernes, 15 de noviembre de 2013

Don Jaime Arce






"A don Jaime Arce, que tiene un gran aire a pesar de todo, no hacen más que protestarle letras. En el Café, parece que no, todo se sabe. Don Jaime pidió un crédito a un Banco, se lo dieron y firmó unas letras. Después vino lo que vino. Se metió en un negocio donde lo engañaron, se quedó sin un real, le presentaron las letras al cobro y dijo que no podia pagarlas. Don Jaime Arce es, lo más seguro, un hombre honrado y de mala suerte, de mala pata en esto del dinero. Muy trabajador no es, ésa es la verdad, pero tampoco tuvo nada de suerte. Otros tan vagos o más que él, con un par de golpes afortunados, se hicieron con unos miles de duros, pagaron las letras y andan ahora por ahí fumando buen tabaco y todo el día en taxi. A don Jaime Arce no le pasó esto, le pasó todo lo contrario. Ahora anda buscando un destino, pero no lo encuentra. Él se hubiera puesto a trabajar en cualquier cosa, en lo primero que saliese, pero no salía nada que mereciese la pena y se pasaba el día en el Café, con la cabeza apoyada en el respaldo de pelu che, mirando para los dorados del techo. A veces cantaba por lo bajo algún que otro trozo de zarzuela mientras llevaba el compás con el pie. Don Jaime no solía pensar en su desdicha; en realidad, no solía pensar nunca en nada. Miraba para los espejos y se decía: "¿Quién habrá inventado los espejos?" Después miraba para una persona cualquiera, fijamente, casi con impertinencia: "¿Tendrá hijos esa mujer? A lo mejor, es una vieja pudibunda". "¿Cuántos tuberculosos habrá ahora en este Café?" Don Jaime se hacía un cigarrillo finito, una pajita, y lo encendía. "Hay quien es un artista afilando lápices, les saca una punta que clavaria como una aguja y no la estropean jamás." Don Jaime cambia de postura, se le estaba durmiendo una pierna. "¡Qué misterioso es esto! Tas, tas; tas, tas; y así toda la vida, día y noche, invierno y verano: el corazón."

Camilo José Cela, La colmena.

Hasta los muertos se equivocan




"El coronel la persiguió con una mirada completamente inconsciente. Ella habló en la penumbra cuando cerró la ventana.
-¿Usted sueña con frecuencia?
-A veces -respondió el coronel, avergonzado de haber dormido-. Casi siempre sueño que me enredo en telarañas.
-Yo tengo pesadillas todas las noches -dijo la mujer-. Ahora se me ha dado por saber quién es esa gente desconocida que uno se encuentra en los sueños.
Conectó el ventilador eléctrico. “La semana pasada se me apareció una mujer en la cabecera de la cama”, dijo. “Tuve el valor de preguntarle quién era y ella me contestó: Soy la mujer que murió hace doce años en este cuarto”.
-La casa fue construida hace apenas dos años -dijo el coronel.
-Así es -dijo la mujer-. Eso quiere decir que hasta los muertos se equivocan."

Gabriel García Márquez, El coronel no tiene quien le escriba.

No he querido saber, pero he sabido




“No he querido saber, pero he sabido que una de las niñas, cuando ya no era niña y no hacía mucho que había regresado de su viaje de bodas, entró en el cuarto de baño, se puso frente al espejo, se abrió la blusa, se quitó el sostén y se buscó el corazón con la punta de la pistola de su propio padre…”

Javier MaríasCorazón Tan Blanco

Requiem for the american dream




"REQUIEM FOR THE AMERICAN DREAM is the riveting discussion-of-a-lifetime with Noam Chomsky – “the most important intellectual alive” – on America’s staggering concentration of wealth, unprecedented inequality, and the corrosion of democracy.

Through candid conversation, Chomsky sketches an unvarnished portrait of our country today and how the orchestrated efforts of a financial aristocracy, from the ’70s to the present, have reshaped social and economic policy to serve their own interests.

Reminiscent of Errol Morris’ Fog of War in its personal and intimate approach, REQUIEM FOR THE AMERICAN DREAM is the cautionary tale of what may prove to be the lasting legacy of our time – the death of the middle class."


The Pervert's Guide to Ideology





Bach




"Bach, when his wife died, had to arrange for the funeral. The poor man, however, was in the habit of leaving all practical matters to his wife, with the result that when an old servant appeared, asking him for money to buy mourning crepe, Bach, weeping quietly, his head resting on the table, said, “Ask my wife.”

An Anecdote by Heinrich von Kleist

Cobista







"Algún hombre ya metido en años cuenta a gritos la broma que le gastó, va ya para el medio siglo, a Madame Pimentón.
—La muy imbécil se creía que me la iba a dar. Sí, sí… ¡Estaba lista! La invité a unos blancos y al salir se rompió la cara contra la puerta. ¡Ja, ja! Echaba sangre como un becerro. Decía: “Oh, la, la; oh, la, la”, y se marchó escupiendo las tripas. ¡Pobre desgraciada, andaba siempre bebida! ¡Bien mirado, hasta daba risa!
Algunas caras, desde las próximas mesas, lo miran casi con envidia. Son las caras de las gentes que sonreían en paz, con beatitud, en esos instantes en que, casi sin darse cuenta, llegan a no pensar en nada. La gente es cobista por estupidez y, a veces, sonríen aunque en el fondo de su alma sientan una repugnancia inmensa, una repugnancia que casi no pueden contener. Por coba se puede llegar hasta el asesinato; seguramente que ha habido más de un crimen que se haya hecho por quedar bien, por dar coba a alguien."

Camilo José Cela, La colmena.

jueves, 14 de noviembre de 2013

Just unstable





A Dream Within a Dream




Take this kiss upon the brow!
And, in parting from you now,
Thus much let me avow —
You are not wrong, who deem
That my days have been a dream;
Yet if hope has flown away
In a night, or in a day,
In a vision, or in none,
Is it therefore the less gone?
All that we see or seem
Is but a dream within a dream.

I stand amid the roar
Of a surf-tormented shore,
And I hold within my hand
Grains of the golden sand —
How few! yet how they creep
Through my fingers to the deep,
While I weep — while I weep!
O God! Can I not grasp
Them with a tighter clasp?
O God! can I not save
One from the pitiless wave?
Is all that we see or seem
But a dream within a dream?

Edgar Allan Poe



Pensé que estaría más solo sin el reloj




"Lo que hizo más larga mi primera noche en el mar fue que en ella no ocurrió absolutamente nada. Es imposible describir una noche en una balsa, cuando nada sucede y se tiene terror a los animales, y se tiene un reloj fosforescente que es imposible dejar de mirar un solo minuto. La noche del 28 de febrero -que fue mi primera noche en el mar- miré el reloj cada minuto. Era una tortura. Desesperadamente resolví quitármelo, guardarlo en el bolsillo par no estar pendiente de la hora. Cuando me pareció que era imposible resistir, faltaban veinte minutos para las nueve de la noche. Todavía no sentía sed ni hambre y estaba seguro de que podría resistir hasta el día siguiente, cuando vinieran en aviones. Pero pensaba que me volvería loco el reloj. Preso de angustia, me lo quité de la muñeca para echármelo al bolsillo, pero cuando lo tuve en la mano se me ocurrió que lo mejor era arrojarlo al mar. Vacilé un instante. Luego sentí terror: pensé que estaría más solo sin el reloj. Volví a ponérmelo en la muñeca y seguí mirándolo, minuto a minuto, como esa tarde había estado mirando el horizonte en espera de los aviones; hasta cuando me dolieron los ojos."

Gabriel García Márquez, Relato de un náufrago.