viernes, 27 de diciembre de 2013

La tierra no parecía la tierra






"La tierra no parecía la tierra. Nos hemos acostumbrado a verla bajo la imagen encadenada de un monstruo conquistado, pero allí... allí podía vérsela como algo monstruoso y libre. Era algo no terrenal y los hombres eran... No, no se podía decir inhumanos. Era algo peor, sabéis, esa sospecha de que no fueran inhumanos. La idea surgía lentamente en uno. Aullaban, saltaban, se colgaban de las lianas, hacían muecas horribles, pero lo que en verdad producía estremecimiento era la idea de su humanidad, igual que la de uno, la idea del remoto parentesco con aquellos seres salvajes, apasionados y tumultuosos. Feo, ¿no? Sí, era algo bastante feo. Pero si uno era lo suficientemente hombre debía admitir precisamente en su interior una débil traza de respuesta a la terrible franqueza de aquel estruendo, una tibia sospecha de que aquello tenía un sentido en el que uno (uno, tan distante de la noche de los primeros tiempos) podía participar. ¿Por qué no? La mente del hombre es capaz de todo, porque todo está en ella, tanto el pasado como el futuro. ¿Qué había allí, después de todo? Alegría, miedo, tristeza, devoción, valor, cólera... ¿Quién podía saberlo?... Pero había una verdad, una verdad desnuda de la capa del tiempo. Dejemos que los estúpidos tiemblen y se estremezcan... El que es hombre sabe y puede mirar aquello sin pestañear. Pero tiene que ser por lo menos tan hombre como los que había en la orilla. Debe confrontar esa verdad con su propia y verdadera esencia... con su propia fuerza innata. Los principios no bastan. Adquisiciones, vestidos, bonitos harapos... harapos que velarían a la primera sacudida. No, lo que se requiere es una creencia deliberada. ¿Hay allí algo que me llama, en esa multitud demoniaca? Muy bien. La oigo, lo admito, pero también tengo una voz y para bien o para mal no puedo silenciarla. Por supuesto, un necio con puro miedo y finos sentimientos está siempre a salvo. ¿Quién protesta? ¿Os preguntáis si también bajé a la orilla para aullar y danzar? Pues no, no lo hice. ¿Nobles sentimientos, diréis? ¡Al diablo con los nobles sentimientos! No tenía tiempo para ellos. Tenía que mezclar albayalde con tiras de mantas de lana para tapar los agujeros por donde entraba el agua. Tenía que estar al tanto del gobierno del barco, evitar troncos, y hacer que marchara aquella caja de hojalata por las buenas o por las malas. Esas cosas poseen la suficiente verdad superficial como para salvar a un hombre sabio. A ratos tenía, además, que vigilar al salvaje que llevaba yo como fogonero. Era un espécimen perfeccionado; podía encender una caldera vertical. Allí estaba, debajo de mí y, palabra de honor, mirarlo resultaba tan edificante como ver a un perro en una parodia con pantalones y sombrero de plumas, paseando sobre sus patas traseras. Unos meses de entrenamiento habían hecho de él un muchacho realmente eficaz. Observaba el regulador de vapor y el carburador de agua con un evidente esfuerzo por comprender, tenía los dientes afilados también, pobre diablo, y el cabello lanudo afeitado con arreglo a un modelo muy extraño, y tres cicatrices ornamentales en cada mejilla. Hubiera debido palmotear y golpear el suelo con la planta de los pies, y en vez de ello se esforzaba por realizar un trabajo, iniciarse en una extraña brujería, en la que iba adquiriendo nuevos conocimientos. Era útil porque había recibido alguna instrucción; lo que sabía era que si el agua desaparecía de aquella cosa transparente, el mal espíritu encerrado en la caldera mostraría su cólera por la enormidad de su sed y tomaría una venganza terrible. Y así sudaba, calentaba y observaba el cristal con temor (con un talismán improvisado, hecho de trapos, atado a un brazo, y un pedazo de hueso del tamaño de un reloj, colocado entre la encía y el labio inferior), mientras las orillas cubiertas de selva se deslizaban lentamente ante nosotros, el pequeño ruido quedaba atrás y se sucedían millas interminables de silencio... Y nosotros nos arrastrábamos hacia Kurtz. Pero los troncos eran grandes, el agua traidora y poco profunda, la caldera parecía tener en efecto un demonio hostil en su seno, y de esa manera ni el fogonero ni yo teníamos tiempo para internarnos en nuestros melancólicos pensamientos."

Joseph Conrad, El corazón de las tinieblas.

Nietzsche volvió a ser contundente y claro




"Nietzsche volvió a ser contundente y claro.
-Cada persona es dueña de su propia muerte. Y cada cual debe afrontarla a su manera. Tal vez, sólo tal vez, exista un derecho en virtud del cual se pueda quitar la vida a una persona. Pero no existe derecho alguno en virtud del cual se pueda privar a nadie de la muerte. Eso no sería un consuelo, sino una crueldad.
Breuer insistió.
-¿Podría usted llegar a elegir el suicidio?
- Morir es despiadado. Siempre he pensado que la recompensa final de los muertos es no tener que volver a morir."


"-Mi editor, Schmeitzner, de Chemnitz, se equivocó de profesión. Debería haberse dedicado a la diplomacia internacional o al espionaje. Es un genio de la intriga y mis libros son su gran secreto. En ocho años no ha gastado ni un céntimo en publicidad. No ha enviado ni un solo ejemplar a la crítica ni a las librerías. De modo que no encontrará mis libros en ninguna librería de Viena. Ni en casa de ningún vienés. Se han vendido tan pocos que conozco el nombre de casi todos los compradores y no recuerdo que entre mis lectores haya ningún vienés."

Irvin D. Yalom, El día que Nietzsche lloró.


No es cierto, ángel de amor



“¡Ah! ¿No es cierto, ángel de amor,
que en esta apartada orilla
más pura la luna brilla
y se respira mejor?
Esta aura que vaga llena
de los sencillos olores
de las campesinas flores
que brota esa orilla amena;
esa agua limpia y serena
que atraviesa sin temor
la barca del pescador
que espera cantando al día,
¿no es cierto, paloma mía,
que están respirando amor?”


José ZorrillaDon Juan Tenorio.

A mí me pareció como si la bruma misma hubiera gritado




"Hacia la tarde del segundo día creíamos estar a unas ocho millas de la estación de Kurtz. Yo quería continuar, pero el director me dijo con aire grave que la navegación a partir de aquel punto era tan peligrosa que le parecía prudente, ya que el sol estaba a punto de ocultarse, esperar allí hasta la mañana siguiente. Es más, insistió en la advertencia de que nos acercáramos con prudencia. Sería mejor hacerlo a la luz del día y no en la penumbra del crepúsculo o en plena oscuridad. Aquello era bastante sensato. Ocho millas significaban cerca de tres horas de navegación, y yo había visto ciertos rizos sospechosos en el curso superior del río. No obstante, aquel retraso me produjo una indecible contrariedad, y sin razón, ya que una noche poco podía importar después de tantos meses. Como teníamos leña en abundancia y la palabra precaución no nos abandonaba, detuve el barco en el centro del río. El cauce era allí angosto, recto, con altos bordes, como una trinchera de ferrocarril. La oscuridad comenzó a cubrirnos antes de que el sol se pusiera. La corriente fluía rápida y tersa, pero una silenciosa inmovilidad cubría las márgenes. Los árboles vivientes, unidos entre sí por plantas trepadoras, así como todo arbusto vivo en la maleza, parecían haberse convertido en piedra, hasta la rama más delgada, hasta la hoja más insignificante. No era un sueño, era algo sobrenatural, como un estado de trance. Uno miraba aquello con asombro y llegaba a sospechar si se habría vuelto sordo. De pronto se hizo la noche, súbitamente, y también nos dejó ciegos. A eso de las tres de la mañana saltó un gran pez, y su fuerte chapoteo me sobresaltó como si hubiera sido disparado por un cañón. Una bruma blanca, caliente, viscosa, más cegadora que la noche, empañó la salida del sol. Ni se disolvía, ni se movía. Estaba precisamente allí, rodeándonos como algo sólido. A eso de las ocho o nueve de la mañana comenzó a elevarse como se eleva una cortina. Pudimos contemplar la multitud de altísimos árboles, sobre la inmensa y abigarrada selva, con el pequeño sol resplandeciente colgado sobre la maleza. Todo estaba en una calma absoluta, y después la blanca cortina descendió otra vez, suavemente, como si se deslizara por ranuras engrasadas. Ordené que se arrojara de nuevo la cadena que habíamos comenzado a halar. Y antes de que hubiera acabado de descender, rechinando sordamente, un aullido, un aullido terrible como de infinita desolación, se elevó lentamente en el aire opaco. Cesó poco después. Un clamor lastimero, modulado con una discordancia salvaje, llenó nuestros oídos. Lo inesperado de aquel grito hizo que el cabello se me erizara debajo de la gorra. No sé qué impresión les causó a los demás: a mí me pareció como si la bruma misma hubiera gritado; tan repentinamente y al parecer desde todas partes se había elevado a la vez aquel grito tumultuoso y luctuoso. Culminó con el estallido acelerado de un chillido exorbitante, casi intolerable, que al cesar nos dejó helados en una variedad de actitudes estúpidas, tratando obstinadamente de escuchar el silencio excesivo, casi espantoso, que siguió."

Joseph Conrad, El corazón de las tinieblas.

viernes, 13 de diciembre de 2013

Aquella refinada Italia






"El Renacimiento se caracterizó por una pléyade de personas dotadas con los más variados talentos. La figura más representativa de aquella época fue Leonardo da Vinci (1452-1519), el Homo universalis. Fue músico, arquitecto, pintor, escultor, inventor, ingeniero... y en casi todo destacó con reconocida maestría. Hubo, no obstante, una estrella que nunca pudo lucir con el mismo brillo, a pesar de que sintiera una verdadera pasión por ella: la gastronomía.
Desde sus tiempos de aprendiz en un taller de Florencia, en torno a 1473, el maestro intentó sin conseguirlo ser reconocido como chef. En aquel taller, el joven Leonardo conoció al pintor Sandro Botticelli (1445-1510), entonces también un aprendiz, y le convenció para montar un restaurante, que fue un auténtico desastre. Una y otra vez, sus originales recetas, hoy diríamos de nouvelle cusine, chocaban con un mundo todavía anclado en la Edad Media más arquetípica: ¡carne, carne y mucha cantidad! Pero a Leornardo no le interesaba sólo la cocina, sino la mesa. Además de cocinero, quiso ser maître...
En la corte de Ludovico Sforza (1452-1508), el mecenas que abrió las puertas de Milán a Leonardo da Vinci en 1482, los nobles amarraban conejos adornados con cintas a las sillas y se limpiaban las manos impregnadas de grasa sobre los lomos de las bestias, o bien utilizaban el faldón de los manteles. Por propia iniciativa, una de las primeras tareas que Leonardo se encomendó fue, precisamente, corregir esta costumbre "antes que pintar cualquier caballo o retablo", y para ello inventó la servilleta, aunque esta palabra en aquella época todavía no existía. Testigo privilegiado de aquella velada fue Pietro Alemani, el embajador florentino en Milán, que en uno de sus informes con fecha de julio de 1491, nos lo cuenta de la siguiente manera:
Y en la víspera de hoy presentó en la mesa su solución a ello, que consistía en un paño individual dispuesto sobre la mesa frente a cada individuo destinado a ser manchado, en sustitución al mantel. Pero con gran inquietud del maestro Leonardo dispusieron sentarse sobre él. Otros se lo arrojaban como por juego. Otros, aun envolvían en él las viandas que ocultaban sus bolsillos y faltriqueras. Y cuando hubo acabado la comida, y el mantel principal quedó ensuciado como en ocasiones anteriores, el maestro Leonardo me confió su desesperanza de que su invención lograra establecerse."
Fernándo Garcés Blázquez, La historia del mundo sin los trozos aburridos


Somewhere i have never travelled,gladly beyond






somewhere i have never travelled,gladly beyond
any experience,your eyes have their silence:
in your most frail gesture are things which enclose me,
or which i cannot touch because they are too near

your slightest look easily will unclose me
though i have closed myself as fingers,
you open always petal by petal myself as Spring opens
(touching skilfully,mysteriously)her first rose

or if your wish be to close me, i and
my life will shut very beautifully ,suddenly,
as when the heart of this flower imagines
the snow carefully everywhere descending;

nothing which we are to perceive in this world equals
the power of your intense fragility:whose texture
compels me with the color of its countries,
rendering death and forever with each breathing

(i do not know what it is about you that closes
and opens;only something in me understands
the voice of your eyes is deeper than all roses)
nobody,not even the rain,has such small hands

E. E. Cummings



jueves, 12 de diciembre de 2013

No se trata de hablar




No se trata de hablar,
ni tampoco de callar:
se trata de abrir algo
entre la palabra y el silencio.

Quizá cuando transcurra todo,
también la palabra y el silencio,
quede esa zona abierta
como una esperanza hacia atrás.

Y tal vez ese signo invertido
constituya un toque de atención
para este mutismo ilimitado
donde palpablemente nos hundimos.


Roberto Juarroz

Vaya practicando




"Salió moviendo el aire denso con las caderas, envuelta en un halo de etérea belleza y sólida dignidad y dejándonos sumergidos en enervante fragancia.
-No dé más vueltas por dentro de cabeza -dijo el perspicaz anciano al advertir mi estado-. Cada cosa tiene su tiempo y lugar y ninguno son éste. Haga como yo: aproveche ventajas de ser viejo.
-Yo no soy viejo -protesté.
-Vaya practicando -respondió-. Secreto para llegar a muy viejo es envejecer muy pronto. Con vejez viene tranquilidad: no más tempura, no más visitar casas de sombreros."

Eduardo Mendoza, El enredo de la bolsa y la vida.

Lost in motion



Lost In Motion II from Krystal Levy Pictures on Vimeo.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

La poesía del guerrero




"En inglés hay palabras de sorprendente etimología, como window, "ventana", que en noruego antiguo significa "ojo del viento". Es una reminiscencia de los llamados Kenningar (plural de Kenning, que, en nórdico antiguo, significa "acto de nombrar") una forma de poesía vikinga que se desarrollo durante los siglos IX y XII. Estos poemas tienen la particularidad de redefinir el mundo con simples metáforas, que, a modo de relámpagos, iluminan y trascienden el lenguaje....
El aire: casa de los pájaros
El mar: prado de la gaviota
Los arenques: flechas del mar
La barba: bosque de la quijada
La lengua: remo de la boca
La mano: asiento del halcón
La batalla: asamblea de espadas
La espada: lobo de las heridas
El buitre: gallo de los muertos
La cerveza: marea de la copa
El fuego: sol de los hogares"

Fernando Garcés Blázquez, Historia del mundo sin los trozos aburridos.

Del infierno no se sale




"El papa Pablo III (1468-1549), sustituto de Clemente VII -el papa cafetero-, encargó a Michelangelo di Ludovico Buonarroti Simoni (1475-1564) decorar la bóveda de la Capilla Sixtina de la basílica de San Pedro, en el Vaticano. A medida que avanzaban las obras, el cardenal Biaggio de Cesana se quejó formalmente al Pontífice de que el artista estaba pintando desnudos a gran parte de los santos.
Molesto, el artista se vengó pintando al cardenal en el Infierno con enormes orejas de burro, una nariz descomunal y una serpiente enroscada en el pecho. De nuevo, el cardenal corrió a contárselo todo al Papa. Pablo III, que era un hombre con sentido del humor, replicó:
-Si os hubiera enviado al Purgatorio podría hacer algo, porque hasta allí llega mi poder para sacaros; pero en el infierno es imposible; de allí no se puede salir, hijo mío.
Y allí sigue el cardenal, pero con sus vergüenzas bien tapadas. Tal vez, su mayor temor es la profecía que Miguel Ángel hizo en forma de pregunta:
-¿Es que creéis que en el Día del Juicio Final los vestidos van a resucitar?"

Fernándo Garcés Blázquez, La historia del mundo sin los trozos aburridos.


Paseando por la jaula




Lánguida conjetura en horas de trabajo, atrapado por la sombra
del padre.
de día las aceras de los cafés
están vacías.

mi gato me mira y no está seguro de lo que soy.
yo le devuelvo la mirada, contento de sentir
lo mismo
por él...

leo 2 ejemplares de una famosa revista de hace 40
años, y me sigue pareciendo mala
la escritura que ya
entonces
me parecía mala

ninguno de aquellos autores ha perdurado.

a veces funciona
una justicia
misteriosa.

a veces
no...

el instituto supuso el despertar del largo infierno
que llegaría después:
conocer a otros seres tan horribles como mis
padres.

algo que nunca había creído
posible...

gané una medalla en el Curso de Manejo del Rifle en el
R.O.T.C.
pero no me interesaba
ganar.
en realidad, no me interesaba nada, hasta las
chicas parecían presas sin
importancia: demasiado esfuerzo para muy poca
recompensa.

por la noche antes de dormirme pensaba muchas veces en lo que iba
a hacer, en lo que iba a ser:
ladrón de bancos, borracho, mendigo, idiota, vulgar
peón.

me concentré en idiota y vulgar peón: parecían
las alternativas más
cómodas...

lo mejor de estar a punto de morirte de hambre es
que cuando por fin
comes algo
resulta enormemente  hermoso, delicioso,
mágico.

la gente que come 3 veces al día toda su vida
nunca ha saboreado
de verdad
la comida...

la gente es extraña: se enfada constantemente por
cosas triviales,
pero no se entera
de lo que realmente importa,
como
desperdiciar por completo sus
vidas...

sobre escritores: descubrí que la mayoría
nadaban juntos.
tenían escuelas, mandamases,
teorías.
se reunían en grupos y se peleaban con los
demás.
había políticas literarias.
había juegos y
acritud.

siempre he creído que escribir es una
profesión solitaria...

y sigo creyéndolo...

los animales no se preocupan por el
Cielo o el Infierno.

ni yo
tampoco.

quizá por eso
nos
entendemos...

cuando viene a verme gente que está sola
enseguida comprendo por qué
los demás los han dejado
solos.

y lo que para mí
sería una
bendición

para ellos es un horror...

pobre, pobre Célline.
sólo escribió un libro.
olvídate de los demás.
pero menudo libro:
Voyage au bout de la nuit.
le hizo darlo
todo.
lo convirtió en un bicho raro
que jugaba nerviosamente
a la rayuela bajo la
niebla de lo
posible...

los Estados Unidos son un lugar muy
extraño: alcanzaron su cenit en
1970
y desde entonces
por cada año
han retrocedido
3,
hasta hoy,
1989:
es 1930
por la forma de
hacer las cosas.

no hay que ir al cine
para ver películas de
terror.

hay un manicomio cerca de la estafeta de correos
desde la que envío mis
trabajos.

no aparco nunca delante de la estafeta,
aparco delante del manicomio
y voy caminando.

paso por delante del manicomio.

a los menos perturbados les permiten
salir al porche,
donde se acomodan como
palomas.

y yo me siento su
hermano.
pero no me siento con ellos.

sigo caminando y meto mis trabajos
por la ranura del correo de primera clase.

se supone que sé lo que
hago.

vuelvo andando, los miro
sin
mirarlos.

me meto en el coche y me
voy.

a mí me permiten
conducir.

y vuelvo conduciendo a
casa.

voy por la entrada
y pienso:
¿qué estoy haciendo?

salgo del coche
y uno de mis 5 gatos se me
acerca: es un compañero
excelente.

me agacho y lo
acaricio.

entonces me encuentro bien.

soy exactamente lo que debo
ser.

Charles Bukowski, 
Poemas de la última noche en la tierra.

Lo que tu llamas amor



"Lo que tu llamas amor fue inventado por tipos como yo para vender medias de nylon" 


"The reason you haven't felt it is because it doesn't exist. What you call love was invented by guys like me, to sell nylons. You're born alone and you die alone and this world just drops a bunch of rules on top of you to make you forget those facts. But I never forget. I'm living like there's no tomorrow, because there isn't one."


Don Draper

Conjugaciones










(Viento del exilio – 1981)
Entre siempre y jamás

1   (álbum)

Cómo quisiera fotografiar
minucia por minucia
pedazos de futuro
y colocar las  instantáneas
en un álbum
para poder  hojearlo
lenta  morosamente
en un manso remanso
del pasado


2   (claves)

Algunas claves
del futuro
no  están en el  presente
ni en el pasado

están
extrañamente
en el futuro


3   (variantes)

la muerte es sólo una
de las varias variantes
del futuro
quizá la más primaria
  acerca de la otras
espléndidas variantes
no han concluido aún
las  investigaciones


4   (complemento)

Para entender mejor
cuán reaccionario
era jorge manrique
hay que desarrollar
el  complemento de su tesis
o sea
todo tiempo futuro
será  peor


5   (después)

El futuro no es
una página en blanco

es una fe
de erratas


6   (ausencia)

En la última
asamblea
del futuro
faltaré
sin aviso

7   (rigores)

En las fronteras
del futuro
hay un control
estricto
sólo son admitidos
los sobrevivientes


8   (previsión)

De vez en cuando es bueno
ser  consciente
de que hoy
de que ahora
estamos fabricando
las  nostalgias
que descongelarán
algún futuro


9   (plurales)

Hay
ayeres
y mañanas
pero no hay
hoyes

Mario Benedetti

El dolor nos agarra




Y, desgraciadamente,
el dolor crece en el mundo a cada rato,
crece a treinta minutos por segundo, paso a paso,
y la naturaleza del dolor, es el dolor dos veces
y la condición del martirio, carnívora, voraz,
es el dolor dos veces
y la función de la yerba purísima, el dolor
dos veces
y el bien de ser, dolernos doblemente.

Jamás, hombres humanos,
hubo tanto dolor en el pecho, en la solapa, en la cartera,
en el vaso, en la carnicería, en la aritmética!
Jamás tanto cariño doloroso,
jamás tanta cerca arremetió lo lejos,
jamás el fuego nunca
jugó mejor su rol de frío muerto!
Jamás, señor ministro de salud, fue la salud
más mortal
y la migraña extrajo tanta frente de la frente!
Y el mueble tuvo en su cajón, dolor,
el corazón, en su cajón, dolor,
la lagartija, en su cajón, dolor.

Crece la desdicha, hermanos hombres,
más pronto que la máquina, a diez máquinas, y crece
con la res de Rousseau, con nuestras barbas;
crece el mal por razones que ignoramos
y es una inundación con propios líquidos,
con propio barro y propia nube sólida!

Invierte el sufrimiento posiciones, da función
en que el humor acuoso es vertical
al pavimento,
el ojo es visto y esta oreja oída,
y esta oreja da nueve campanadas a la hora
del rayo, y nueve carcajadas
a la hora del trigo, y nueve sones hembras
a la hora del llanto, y nueve cánticos
a la hora del hambre y nueve truenos
y nueve látigos, menos un grito.

El dolor nos agarra, hermanos hombres,
por detrás, de perfil,
y nos aloca en los cinemas,
nos clava en los gramófonos,
nos desclava en los lechos, cae perpendicularmente
a nuestros boletos, a nuestras cartas;
y es muy grave sufrir, puede uno orar...
Pues de resultas
del dolor, hay algunos
que nacen, otros crecen, otros mueren,
y otros que nacen y no mueren, otros
que sin haber nacido, mueren, y otros
que no nacen ni mueren (son los más).
Y también de resultas
del sufrimiento, estoy triste
hasta la cabeza, y más triste hasta el tobillo,
de ver al pan, crucificado, al nabo,
ensangrentado,
llorando, a la cebolla,
al cereal, en general, harina,
a la sal, hecha polvo, al agua, huyendo,
al vino, un ecce-homo,
tan pálida a la nieve, al sol tan ardido!
¡Cómo, hermanos humanos,
no deciros que ya no puedo y
ya no puedo con tanto cajón,
tanto minuto, tanta
lagartija y tanta
inversión, tanto lejos y tanta sed de sed!
Señor Ministro de Salud: ¿qué hacer?
¡Ah! desgraciadamente, hombre humanos,
hay, hermanos, muchísimo que hacer.

César Vallejo


Holmes





Ven y mécenos




Nuestra Señora
de las causas imposibles que buscamos en vano,
de los sueños que nos llegan al atardecer
por la ventana,
de los propósitos que nos acarician
y que nos duelen
porque sabemos que nunca seran realidad.

Ven y mécenos,
ven y acarícianos
besándonos silenciosamente en la frente,
tan levemente que no sepamos que nos besan,
salvo por una cierta alteración del alma.

Ven solemnisima,
solemnísima y plena.

Fernando Pessoa

lunes, 2 de diciembre de 2013

La señorita Elvira se conforma con poco




"La señorita Elvira deja la novela sobre la mesa de noche y apaga la luz. Los misterios de París se quedan a oscuras al lado de un vaso mediado de agua, de unas medias usadas y de una barra de rouge ya en las últimas. 
Antes de dormirse, la señorita Elvira siempre piensa un poco. 
-Puede que tenga razón doña Rosa. Quizá sea mejor volver con el viejo, así no puedo seguir. Es un baboso, pero, ¡después de todo! Yo ya no tengo mucho donde escoger. 
La señorita Elvira se conforma con poco, pero ese poco casi nunca lo consigue. Tardó mucho tiempo en enterarse de cosas que, cuando las aprendió, le cogieron ya con los ojos llenos de patas de gallo y los dientes picados y ennegrecidos. Ahora se conforma con no ir al hospital, con poder seguir en su miserable fonducha; a lo mejor, dentro de unos años, su sueño dorado es una cama en el hospital, al lado del radiador de la calefacción."


Camilo José Cela, La colmena.