lunes, 28 de septiembre de 2015

47 segundos de sabiduria



"Inventamos una montaña de consumo superfluo, y hay que tirar y vivir comprando y tirando. Y lo que estamos gastando es tiempo de vida, porque cuando yo compro algo, o tú, no lo compras con plata, lo compras con el tiempo de vida que tuviste que gastar para tener esa plata. Pero con esta diferencia: la única cosa que no se puede comprar es la vida. La vida se gasta. Y es miserable gastar la vida para perder libertad."

José Mujica


Horas



El villorio
Un tren detenido sobre el llano

En cada charco
duermen estrellas sordas
Y el agua tiembla
Cortinaje al viento

La noche cuelga en la arboleda

En el campanario florecido
Una gotera viva
Desangra las estrellas

De cuando en cuando
Las horas maduras
Caen sobre la vida.

Vicente Huidobro



Why Be Happy When You Could Be Interesting?



"I claim that this is how things function.  We don't really want what we think we desire."

"You know, happiness is for me a very conformist category.  It doesn't enter the frame.  You have a serious ideological deviation at the very beginning of a famous proclamation of independence -- you know, pursuit of happiness.  If there is a point in psychoanalysis, it is that people do not really want or desire happiness, and I think it’s good that it is like that. 

For example, let’s be serious: when you are in a creative endeavor, in that wonderful fever--“My God, I’m onto something!” and so on--, happiness doesn't enter it.  You are ready to suffer.  Sometimes scientists--I read history of quantum physics or earlier of radiation--were even ready to take into account the possibility that they will die because of some radiation and so on.  Happiness is, for me, an unethical category.

And also, we don't really want to get what we think that we want.  The classical story that I like, the traditional male chauvinist scenario: I am married to a wife, relations with her are cold, and I have a mistress, and all the time I dream, “Oh my God, if my wife were to disappear . . . ,”  I’m not a murderer, but let us say, “it would open up new life for me with the mistress.”  You know what every psychoanalyst will tell you quite often happens?  That then, for some reason, wife goes away, you lose the mistress, also. 

You thought this is all I want.  When you had it there, you found out that it was a much more complex situation, where what you want is not really to live with the mistress but to keep her at a distance as an object of desire about which you dream.  And this is not just an excessive situation.  I claim that this is how things function.  We don't really want what we think we desire."

Slavoj Žižek

lunes, 21 de septiembre de 2015

Vengo en 5 minutos






Estimados clientes:
He salido un momento a pedir la mano de Rosaura, la hija del sastre. Llevo demasiado tiempo solo. Si acepta, huiremos juntos de la ciudad, nos casaremos en la primera iglesia que encontremos en el camino, y tendremos dos hijos. Al mayor lo llamaremos Anselmo, por mi abuelo. De lo contrario volveré en cinco minutos. 
 María José Barrios,  Cuentos mínimos.


¿Qué han hecho los romanos por nosotros?




"Reg: Bueno, pero aparte del alcantarillado, la sanidad, la enseñanza, el vino, el orden público, la irrigación, las carreteras y los baños públicos, ¿qué han hecho los romanos por nosotros?
Militante del Frente Popular de Judea: Nos han dado la paz.
Reg: ¿La paz? ¡Que te folle un pez!"

Monty Python, La vida de Brian







Lágrimas negras



Aunque tu me has echado en el abandono
aunque ya has muerto todas mis ilusiones
en vez de maldecirte con justo encono
en mis sueños te colmo
en mis sueños te colmo de bendiciones.

Sufro la inmensa pena de tu extravió
siento el dolor profundo de tu partida
y lloro sin que sepas que el llanto mio
tiene lágrimas negras
tiene lágrimas negras como mi vida.

Tu me quieres dejar, yo no quiero sufrir
contigo me voy mi santo aunque me cueste morir.


Que se sepa




"Yo nací con mi bin bin
y tengo mi bom bom bom
Que se sepa
que se sepa."

Roberto Roena & Apollo Sound, Que Se Sepa


Agloe






"This is a map of New York State that was made in 1937 by the General Drafting Company. It's an extremely famous map among cartography nerds, because down here at the bottom of the Catskill Mountains, there is a little town called Roscoe -- actually, this will go easier if I just put it up here -- There's Roscoe, and then right above Roscoe is Rockland, New York, and then right above that is the tiny town of Agloe, New York. Agloe, New York, is very famous to cartographers, because it's a paper town. It's also known as a copyright trap. Mapmakers -- because my map of New York and your map of New York are going to look very similar, on account of the shape of New York -- often, mapmakers will insert fake places onto their maps, in order to protect their copyright. Because then, if my fake place shows up on your map, I can be well and truly sure that you have robbed me. Agloe is a scrabblization of the initials of the two guys who made this map, Ernest Alpers and Otto [G.] Lindberg, and they released this map in 1937. Decades later, Rand McNally releases a map with Agloe, New York, on it, at the same exact intersection of two dirt roads in the middle of nowhere. Well, you can imagine the delight over at General Drafting. They immediately call Rand McNally, and they say, "We've caught you! We made Agloe, New York, up. It is a fake place. It's a paper town. We're going to sue your pants off!" And Rand McNally says, "No, no, no, no, Agloe is real." Because people kept going to that intersection of two dirt roads --  in the middle of nowhere, expecting there to be a place called Agloe -- someone built a place called Agloe, New York. (Laughter) It had a gas station, a general store, two houses at its peak."


If you could have anything in the world






La política de lo peor





"Con toda la furia de su ser, se lanza en medio de los acontecimientos y trata, uno contra millones, de invertir el giro de la rueda inmensa de la Revolución, que él mismo echó a rodar. 
Entender la maravillosa osadía de esta lucha en dos frentes, lo grandioso de esta doble posición, supera la capacidad de comprensión política de una naturaleza tan rectilínea como la de María Antonieta. Cuanto más osados se vuelven los memoriales que presenta, cuanto más diabólicos los consejos que da, tanto más se asusta su entendimiento, en el fondo sobrio. La idea de Mirabeau es que Belcebú eche al Diablo, aniquilar la Revolución por medio de su exceso, la anarquía. Como no se puede mejorar la situación, hay que empeorarla lo más rápido que se pueda -su tristemente famosa politique du pire [política de lo peor]-, igual que un médico que provoca la crisis con irritativos para así acelerar la curación. No hay que rechazar el movimiento popular, sino apoderarse de él; no combatir la Asamblea Nacional desde arriba, sino excitar secretamente al pueblo para que él mismo mande al diablo a la Asamblea Nacional; no esperar calma y paz, sino al contrario aumentar al máximo la injusticia y la insatisfacción del país y provocar así una fuerte necesidad de orden, el viejo orden; no retroceder ante nada, ni siquiera ante la guerra civil... Ésos son los consejos, amorales, pero políticamente clarividentes, de Mirabeau. Mas ante tal osadía, que anuncia resonante como una fanfarria: << Cuatro enemigos se acercan a paso rápido, los impuestos, la bancarrota, el ejército y el invierno; hay que tomar una decisión y preparase para los acontecimientos cogiendo sus riendas. En pocas palabras, la guerra civil es segura y quizá necesaria>>, ante tan osadas afirmaciones, el corazón de la reina tiembla. <<Cómo puede Mirabeau, o cualquier otros ser pensante, creer que nunca, y menos ahora, ha llegado el momento de provocar una guerra civil>>, responde espantada, y califica el plan de <<loco de punta a punta>>. Su desconfianza contra el inmoralista, dispuesto a recurrir a cualquier medio, incluso el más terrible, se vuelve poco a poco insuperable. En vano trata Mirabeau de <<sacudir con truenos este espantoso letargo>>, no se le escucha, y poco a poco, a su ira contra esta laxitud espiritual de la familia real se suma cierto desprecio por el royal bétail, el real borrego, por esa real naturaleza de  oveja que espera paciente a que llegue el matarife. Hace mucho que sabe que lucha en vano por esa corte vagamente dispuesta al bien, pero incapaz de una verdadera acción. Pero la lucha es su elemento. Él mismo, un hombre perdido, lucha por una causa perdida, y una vez arrebatado por la negra ola gritará de nuevo a los dos su desesperada profecía: <<¡Buen pero débil rey! ¡Desdichada reina! ¡Mirad el terrible abismo al que os conduce oscilar entre una confianza demasiado ciega y una excesiva desconfianza! Aún queda reservado a ambas partes un esfuerzo enérgico, pero será el último. Si renunciáis a él o si fracasa, un velo de luto cubrirá este reino. ¿Qué será de él? ¿Adonde irá la nave, golpeada por el rayo y arrastrada por la tormenta? No losé. Pero si yo mismo escapo al naufragio público, siempre me diré con orgullo, en mi retiro: me he expuesto a mi propia  ruina para salvarlo a todos. Pero ellos no lo han querido>>

Stefan Sweig, María Antonieta.


domingo, 20 de septiembre de 2015

Calvin's self-steem




I’ve never been free in my whole life





“I’ve never been free in my whole life. Inside I’ve always chased myself. I’ve become intolerable to myself. I live in a lacerating duality. I’m seemingly free, but I’m a prisoner inside of me.”

Clarice Lispector, A Breath of Life

El cajón de mármol y piedra con cien ventanas de Versalles






"Ya con su primer viaje, María Antonieta ha conquistado París. Pero, al mismo tiempo, París conquista a María Antonieta. Desde ese día, sucumbe a la ciudad. A menudo, y pronto demasiado a menudo, viaja a esa urbe atractiva, fuente inagotable de placer. Ora de día, en caravana principesca, con todas las damas de su corte, ora de noche, con un pequeño séquito íntimo, para ir al teatro o a los bailes y desahogarse privadamente, ya sea de forma dudosa o inocente. Sólo ahora, cuando se ha librado de la monótona división de sus jornadas impuesta por el calendario de la corte, esta seminiña, esta impetuosa muchacha, se da cuenta de lo terriblemente aburrido que es el cajón de mármol y piedra con cien ventanas de Versalles, con sus reverencias e intrigas y sus acartonadas fiestas, de lo rancias que eran esas burlonas y gruñonas tías, con las que pasaba las mañanas en misa y las tardes bordando. Toda esa cortesía sin alegría y libertad, con su pose terriblemente afectada, ese eterno minueto de personajes siempre iguales, los mismos movimientos delimitados el mismo espanto ante el menor de los pasos en falso, le parecen fantasmagóricamente momificados y artificiales, comparados con la desenvuelta y arrolladora vitalidad de París. Es como si hubiera salido al aire libre desde un invernadero. Aquí, en la confusión de la enorme ciudad, es posible sumergirse y desaparecer, escapar del reloj implacable de que divide la jornada y jugar con el azar; aquí se puede vivir y disfrutar, en tanto que allí solamente se vive para el espejo. Así que ahora, de forma regular, dos o tres veces por semana, una carroza rueda por las noches hacia París, ocupada por mujeres alegremente engalanadas, y no regresa hasta el amanecer. (...)
¿Qué puede haber de injusto en esa loca alegría, en ese relajado vivir la vida? Con el ímpetu de su tonta juventud, María Antonieta cree que todo el mundo es feliz y despreocupado, sólo porque ella misma es despreocupada y feliz. Pero mientras ella en su inocencia cree renunciar a la corte y hacerse popular en París con sus viajes de diversión, en realidad, con sus carrozas de cristalino tintineo, lujosas y dotadas de amortiguación, está pasando a veinte años de distancia del verdadero pueblo y el verdadero París"


Stefan Sweig, María Antonieta.