sábado, 17 de septiembre de 2016

Sheeps




Gotán



Esa mujer se parecía a la palabra nunca,
desde la nuca le subía un encanto particular,
una especia de olvido donde guardar los ojos,
esa mujer se me instalaba en el costado izquierdo.

Atención atención yo gritaba atención
pero ella invadía como el amor, como la noche,
las últimas señales que hice para el otoño
se acostaron tranquilas bajo el oleaje de sus manos.

Dentro de mí estallaron ruidos secos,
caían a pedazos la furia, la tristeza,
la señora llovía dulcemente
sobre mis huesos parados en la soledad.

Cuando se fue yo tiritaba como un condenado,
con un cuchillo brusco me maté,
voy a pasar toda la muerte tendido con su nombre,
él moverá mi boca por la última vez.

Juan Gelman


Depende de la velocidad



"Cuando patinamos sobre hielo quebradizo, nuestra seguridad depende de nuestra velocidad."

Ralph Waldo Emerson, On prudence.


I'm jealous of the rain



I'm jealous of the rain
That falls upon your skin
It's closer than my hands have been
I'm jealous of the rain
I'm jealous of the wind
That ripples through your clothes
It's closer than your shadow
Oh, I'm jealous of the wind

'Cause I wished you the best of
All this world could give
And I told you when you left me
There's nothing to forgive
But I always thought you'd come back, tell me all you found was
Heartbreak and misery
It's hard for me to say, I'm jealous of the way
You're happy without me

 Labrinth, Jealous 


The art of being here



Comprar-me




"Hace más de una década, Jeremy Rifkin designó esta nueva fase de nuestra economía como "capitalismo cultural". El rasgo definitorio del capitalismo "posmoderno" es la cosificación directa de la propia experiencia. Compramos cada vez más experiencias, experiencias de sexo, comida, comunicación y consumo cultural. Y con ello participamos de un estilo de vida, o, como lo expresa sucintamente Mark Slouka, "nos convertimos en consumidores de nuestras propias vidas". Y no compramos objetos, sino que en última instancia compramos (el tiempo de) nuestra propia vida. Así, la idea de Michel Foucault de convertir el propio Yo en una obra de arte obtiene una confirmación inesperada: compro mi forma física visitando gimnasios; compro mi iluminación espiritual apuntándome a cursos de meditación transcendental; compro la satisfactoria experiencia de mi compromiso ecológico adquiriendo sólo fruta orgánica, etc."

Slavoj Zizek, La nueva lucha de clases, los refugiados y el terror.


Mi biblioteca es mi reino





"Durante los diez años siguientes, Michel de Montaigne pasó la mayor parte de su tiempo en aquella torre. Unos peldaños escalera caracol arriba y cesaban el ruido y las conversaciones de la casa, y ya nada sabía él de los asuntos que le molestaban. Y es que "yo tengo un corazón tierno, que fácilmente se inquieta. Cuando se ocupa de algo, puede matarlo el choque con una mosca". Si Montaigne mira a través de la ventana, ve abajo su huerto, el patio de la hacienda y a sus criados en él. Pero a su alrededor, el espacio circular, no hay más que libros. Una buena parte los ha heredado de La Boétie, los demás los ha comprado él. Y no es que se pase todo el día leyendo, es que la conciencia de su companía ya le hace feliz.
"Saber que puedo alegrarme con ellos cuando me plazca hace que me sienta satisfecho con su posesión. Nunca voy de viaje sin libros, ni en tiempos de guerra ni en tiempos de paz. Pero  a menudo pasan días, y aun meses, sin echarles un vistazo. Con el tiempo y lo leeré, me digo a mí mismo, o mañana, o cuando me venga bien [...] He descubierto que los libros son el mejor avituallamiento que podemos llevar en el viaje de la vida."
Los libros no son como la gente, que le acosa y marea, y de la que cuesta trabajo librarse. Si no se les llama, no acuden; puede tomar en sus mano éste o aquél, siempre a su gusto.
"Mi biblioteca es mi reino, y aquí procuro reinar como soberano absoluto."
Los libros le dan su opinión, y él responde con la suya propia. Ellos expresan sus ideas y lo mueven a pensar. No le molestan, cuando calla; sólo hablan cuando les pregunta. Aquí está su reino, y ellos le sirven a su gusto.

Stefan Zweig, El legado de Europa.


Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre