viernes, 3 de noviembre de 2017

What's Up



Twenty-five years and my life is still
Trying to get up that great big hill of hope
For a destination

I realized quickly when I knew I should
That the world was made up of this brotherhood of man
For whatever that means

And so I cry sometimes
When I'm lying in bed just to get it all out
What's in my head
And I, I am feeling a little peculiar

And so I wake in the morning
And I step outside
And I take a deep breath and I get real high
And I scream from the top of my lungs
What's going on?

And I say, hey yeah yeah, hey yeah yeah
I said hey, what's going on?

And I try, oh my god do I try
I try all the time, in this institution

And I pray, oh my god do I pray
I pray every single day
For a revolution

And so I cry sometimes
When I'm lying bed
Just to get it all out
What's in my head
And I, I am feeling a little peculiar

And so I wake in the morning
And I step outside
And I take a deep breath and I get real high
And I scream from the top of my lungs
What's going on?





Un día cualquiera de verano




"Así fue o, al menos, así pudo ser. Lo único que puede afirmarse con certeza es que Carmen de Pedro y Jesús Monzón, que hasta este momento han sido simples conocidos, de vista y poco más, se encuentran en Francia, problamente Toulouse y en apariencia por azar, en un día cualquiera de verano, agosto, quizás julio, incluso septiembre, de 1939. Los detalles se desconocen, porque seguramente él se encargó de que nadie fuera testigo de un encuentro que cambió muchas cosas, y estuvo a punto de cambiarlas todas."

Almudena Grandes, Inés y la alegría.



jueves, 19 de octubre de 2017

Una esperanza de alivio






"La enfermedad de Natasha era tan seria que, por suerte para ella y para sus padres, la idea de lo  había sido la causa de su mal, su proceder  y la ruptura con su prometido quedaron relegados a segundo término. Estaba tan enferma, que era imposible pensar que fuese la culpable de lo ocurrido. No comía, no dormía, adelgazaba a ojos vistas y tosía; en una palabra, estaba en peligro, como daban a entender los médicos. No se podía pensar más que en cuidarla. Los doctores iban a verla por separado, y en consulta hablaban en francés, en alemán y en latín; se censuraban unos a otros y recetaban las medicinas más diversas contra todas las enfermedades que conocían. Sin embargo a ninguno se le ocurrió la sencilla idea de que desconocían el mal de Natasha, lo mismo que desconocen todas las enfermedades de los hombres, puesto que cada uno tiene su dolencia particular, nueva y compleja, que la medicina no conoce. No hay enfermedades del pecho, del hígado, de la piel, del corazón, de los nervios, etcétera, catalogadas por la medicina, sino enfermedades debidas a una multitud de combinaciones de las afecciones de estos órganos. Esta sencilla idea no se les podía ocurrir a los doctores ( lo mismo que a un brujo no se le ocurre que no puede embrujar) porque el objetivo de su vida consiste en curar, porque cobran dinero por hacerlo y porque, para llegar a ese resultado, han gastado los mejores años de su vida. Pero sobre todo era porque veían su utilidad; en efecto, eran útiles para toda la familia Rostov. Eran necesarios, no porque obligaran a la enferma a tragar sustancias, la mayoría de las cuales eran nocivas (el perjuicio era poco sensible porque solían administrarse en pequeñas dosis), sino porque satisfacían a una necesidad enorme de la enferma y de las personas que la querían (ésta es la causa de que hayan existido siempre y existan curanderos, brujos y homeópatas). Satisfacían la necesidad eterna de los humanos de una esperanza de alivio, la necesidad que experimenta todo hombre cuando sufre de que lo compadezcan y de que lo cuiden. Satisfacían aquella necesidad eterna, humana, que se observa en el niño en su forma más primitiva; restregarse el sitio que le duele. El niño que se hace daño se echa en brazos de su madre o de de su niñera para que le besen o le froten el sitio dolorido, y en seguida siente alivio. No puede creer que las personas más fuertes y más inteligentes que él carezcan de remedio para aliviar su mal. Y la esperanza de alivio, así como la expresión de compasión de su madre mientras le frota el sitio dolorido, lo consuela. Natasha necesitaba a los doctores porque la besaban  y le frotaban la pupa, asegurándole que se pasaría si el cochero iba a la farmacia de la calle Arbatskaia a comprar unos sellos y unas píldoras en una cajita muy bonita por valor de un rublo y setenta copeks y si la enferma tomaba aquellos sellos con agua hervida cada dos horas con toda regularidad.

¿Qué harían Sonia, el conde y la condesa? ¿Cómo podrían permanecer sin hacer nada, sin aquellas píldoras que debían administrar a unas horas determinadas, sin aquellas bebidas calientes, sin las croquetas de pollo, ni todos aquellos detalles prescritos por el doctor cuya observancia ocupa y consuela a las personas que rodean al enfermo? ¿Cómo hubiera podido soportar el conde la enfermedad de su hija querida si no hubiese sabido que le costaba miles de rublos y que estaba dispuesto a gastar otros tantos para aliviarla; si no hubiese sabido que en caso de que no se curase la llevaría al extranjero para celebrar un consulta sin reparar en gastos; si no hubiese tenido la posibilidad de explicar detalladamente que Métivier y Feller no habían comprendido la enfermedad, que Frise la había atendido y que Mudrov la había definido mejor? ¿Qué hubiera hecho la condesa de no haber podido discutir con Natasha porque ésta no observaba exactamente las prescripciones del doctor?"

Lev Tólstoi, Guerra y paz.



miércoles, 18 de octubre de 2017

Enparantza kantoiko paisaia





"Zurezko eta elurrezko atso bat
ikusi nuen enparantza kantoian.
Ematen zuen ez zekiela zein kale hartu
eta nik ere ez nekien,

ez baita inora joaterik kaleotatik,
herrialde honetako
ezein kaletatik, ez zabal ez estutatik,
ez beste inongo ibilbidetik."

Joseba Sarrionandia.


Un duelo al amanecer




"Imaginar un duelo al amanecer, en el París de finales del siglo XVIII, no es difícil. Basta con haber leído algunos libros y visto unas cuantas películas. Contarlo por escrito es algo más complejo. Y utilizarlo para el arranque de una novela tiene sus riesgos. La cuestión es lograr que el lector vea lo que el autor ve, o imagina. Convertirse en ojos ajenos, los del lector, y desaparecer discretamente para que sea él quien se las entienda con la historia que le narran. La de estas páginas necesita un prado cubierto por la escarcha de la mañana y una luz difusa, grisácea, para la que sería útil recurrir a una neblina suave, no demasiado espesa, de la que a menudo brotaba en los bosques de los alrededores de la capital francesa —hoy muchas de esas arboledas han desaparecido, o están incorporadas a ella— con la primera claridad del día.

La escena necesita también unos personajes. En la luz incierta del sol que aún no amanece deben advertirse, algo desvaídas entre la bruma, las siluetas de dos hombres. Un poco más retiradas, bajo los árboles, junto a tres coches de caballos allí detenidos, hay otras figuras humanas, masculinas, envueltas en capas y con sombreros de tres picos calados sobre el embozo. Son media docena, pero no interesan para la escena principal; así que podemos prescindir de ellas por el momento. Lo que debe atraer nuestra atención son los dos hombres inmóviles uno frente a otro, de pie sobre la hierba húmeda del prado. Visten calzón ceñido y están en mangas de camisa. Uno es delgado, más bien alto para la época, y lleva el pelo gris recogido en una corta coleta sobre la nuca. El otro es de mediana estatura, y su pelo está rizado en las sienes, empolvado a usanza de la más exquisita moda de su tiempo. Ninguno de los dos parece joven, aunque estamos a demasiada distancia para apreciarlo. Acerquémonos un poco a ellos, por tanto. Observémoslos mejor.

Lo que sostienen en las manos, cada uno, es una espada. O una espada parecida a un florete, si nos fijamos en los detalles. El asunto, por tanto, parece serio. Grave. Los dos hombres están a tres pasos uno del otro, todavía inmóviles, mirándose con atención. Casi pensativos. Quizá concentrados en lo que va a ocurrir. Sus brazos caen a lo largo del cuerpo y las puntas de los aceros rozan la hierba escarchada del suelo. El más bajo, que de cerca también parece más joven, tiene una expresión altanera, quizá teatralmente despectiva. Se diría que, aunque estudie a su adversario, está pendiente de mostrar una bien compuesta figura ante quienes miran desde la linde del prado. El otro hombre, más alto y de más edad, posee unos ojos azules acuosos y melancólicos que aparentan contagiarse de la humedad ambiental. De primera impresión parece que esos ojos miren al hombre que tienen delante, pero si nos fijamos bien en ellos advertiremos que no es así. En realidad están absortos, o distraídos. Ausentes. Tal vez, si en ese momento el hombre que tienen enfrente cambiase de posición, esos ojos seguirían mirando hacia el mismo lugar, indiferentes a todo, atentos a imágenes lejanas que sólo ellos conocen.

Desde el grupo congregado bajo los árboles llega una voz, y los dos hombres que están en el prado levantan despacio los espadines. Saludan brevemente, llevando uno de ellos la guarnición a la altura del mentón, y luego se ponen en guardia. El más bajo apoya la mano libre en la cadera, adoptando una elegantísima postura de esgrima. El otro, el hombre alto de los ojos acuosos y la corta coleta gris, tiende el arma y alza la otra mano, puestos casi en ángulo recto brazo y antebrazo, con los dedos relajados y ligeramente caídos hacia adelante. Los aceros, al tocarse con suavidad por primera vez, producen un tintineo metálico que suena nítido, argentino, en el aire frío del amanecer.

Sigamos escribiendo, ahora. Contemos la historia. Sepamos qué ha traído a esos personajes hasta aquí."

Arturo Pérez-Reverte, Hombres buenos.

La sociedad




«Aunque el mundo contiene muchas cosas decididamente malas, la peor de todas ellas es la sociedad».




We all have fears




History repeating



"They say the next big thing is here,
That the revolution's near,
But to me it seems quite clear
That's it's all just a little bit of history repeating."


Todo era claro y sencillo





"Después de haberse presentado al jefe de haber recibido el mando de su antiguo escuadrón, una vez que se hubo introducido de nuevo en los pequeños intereses del regimiento, cuando se sintió privado de libertad, cuando se vio en aquel marco estrecho e inmutable, Rostov experimentó el mismo sosiego y la misma seguridad que al estar bajo el techo paterno. En el regimiento no existía ese desorden de la vida libre en que Rostov no se sentía en su elemento y se equivocaba en sus elecciones; no estaba Sonia, con la que debía o no explicarse. Era imposible dejar de ir a algín sitio, si lo habían mandado a uno, no se tenían las veinticuatro horas del día para disponer de ellas a su antojo, no existía esa multitud de seres que le tenían a uno en cuidado, ni esas relaciones indefinidas con su padre referentes al dinero. Además nadie le recordaba la tremenda cantidad que había perdido jugando con Dolojov; todo era claro y sencillo. El mundo entero estaba dividido en dos partes iguales. una, el regumiento de Pavlograd, y la otra, todo lo demás. Rostov nada tenía que ver con la segunda parte. En el regimiento uno lo sabía todo; quién era bueno, quién malo y, sobre todo, quién era un buen camarada. El cantinero servía a crédito; cada cuatro meses se percibía la paga y no se podían tener caprichos. Pero, desde luego, era preciso no hacer nada que se juzgara malo en el regimiento de Pavlorgrad. Uno tenía que cumplir lo que le mandasen con exactitud, y entonces todo marchaba bien."

Lev Tolstói, Guerra y paz.


Where my books go





El silencio





"Yo encontraba el silencio bastante aburrido. En mi casa siempre reinaba el silencio. Del ruido se ocupaban exclusivamente máquinas como el cortacésped, la aspiradora o el secador de pelo. Como en mi familia no hablaba nadie, poseíamos diversos estilos de  silencio. Existía el silencio de mutuo acuerdo, el furioso, el amable, el cortés y el descortés. Cuando no podíamos expresar algo con el silencio, no lo expresábamos, señal de que no habría sido tan importante."

Ronja Von Rönne, Ya vamos.


Untouched unspoken to




Mi mayor pasión es la pereza



"Me preguntó:"Dígame, en verdad; ¿cuál es su pasión principal? ¿La conoce ya? Me figuro que sí". Turbado por esta pregunta, contesté que mi mayor pasión es la pereza."

Lev Tolstói, Guerra y paz.


Con la guerra




"Con la guerra aumentan las propiedades de los hacendados, aumenta la miseria de los miserables, aumentan los discursos del general y crece el silencio de los hombres."

Bertolt Brecht.


Un hecho contrario a la razón y a la naturaleza humana




"Hacia fines de 1811 se empezó el armamento intensivo y la concentración de fuerzas en la Europa occidental, y en 1812 estas fuerzas, formadas por millones de hombres (incluyendo los encargados de los transportes y de los aprovisionamientos), avanzaban de Oeste a Este con dirección a las fronteras rusas, donde, desde 1811, se encontraban las tropas del zar. El 12 de junio las tropas de Europa occidental atravesaron las fronteras y la guerra empezó, es decir, tuvo lugar un hecho contrario a la razón y a la naturaleza humana. Millones de hombres cometieron unos contra otros infinidad de crímenes, de engaños, de traiciones, de robos, de falsificaciones de billetes de cambio, de saqueos, de incendios y de asesinatos, que todos los tribunales del mundo no podrían recoger en sus anales durante siglos enteros. No obstante, en aquel período, los que cometieron aquellos delitos no los consideraban como tales.
¿Qué produjo aquel insólito acontecimiento? ¿Cuáles fueron las causas? Los historiadores afirman, con una seguridad pueril, que las causa de aquel hecho estribaban en la ofensa hecha al duque de Oldemburgo, en la inobservancia del bloqueo continental, en la ambición de poderío de Bonaparte, en la firmeza de Alejandro I, en los errores de los diplomáticos, etc.
Por consiguiente, hubiera bastado que Metternich, Rumientsev o Talleryrand, entre una recepción de la corte y una reunión, hubieran redactado con arte un documento o bien que Napoleón hubiera escrito al zar Alejandro: Mosieur mon frére, je consens á rendre le duché au duc d'Oldenbourg (Señor y hermano, consieto en devolver el ducado de Oldemburgo), para que la guerra hubiese estallado.
Es natural que éste fuera el punto de vista de los contemporáneos. Se concibe que Napoleón creyera que la guerra tenía por causa las intrigas de Inglaterra (como lo dijo en la isla de Santa Elena); se comprende que los miembros de la Cámara inglesa atribuyeran la guerra a la ambición de Bonaparte; el duque de Oldemburgo, a las violencias de que había sido objeto; los comerciantes, al bloqueo continental que arruinaba a Europa; los soldados viejos y los generales, a la necesidad de utilizarlos; los legitimistas, a la necesidad de  restablecer les bons prinicipes; los diplomáticos, al hecho de que la alianza rusoaustríaca de 1809 no hubiese sido hábilmente disimulada a Napoleón y el memorándum número 178 estuviese mal redactado. Se puede concebir que estas cusas y muchas otras, cuyo número varía según los diferentes puntos de vista, se hubieran utilizado para convencer a los contemporáneos, pero a nosotros, que contemplamos el acontecimiento con toda su magnitud y que comprendemos claramente su sentido sencillo y terrible nos parecen insuficientes. No podemos comprender que millones de hombres cristianos se mataran y se torturaran porque Napoleón ambicionaba poder, por la firmeza de Alejandro I, por la astucia de la política inglesa o porque el duque de Oldemburgo se sintiese ofendido. Es imposible relacionar el nexo de tales acontecimientos con el hecho consumado del asesinato y de la violencia. ¿Acaso es posible que, por el hecho de haber sido ofendido el duque de Oldemburgo, millares de seres de otro extremo de Europa mataran y arruinaran a los habitantes de las provincias de Smolensk y de Moscú para morir después a manos de ellos?"


Lev Tolstói, Guerra y paz.

Harriak eta herriak



Munduan bada bazter bat (ez genuen guk
                                  sortu orduko hautatu)
gure herria erizten duguna. Eta mundu guzia da gurea
                            gure herria geurea bada.
Baina guk harri bustiak sartu genituen
                    gure boltsilo zulatuetara.

Egin genuena ez zen beti izan
                        egin behar genuena,
hildakoak eta distantziak ugalduz
                                joan ziren,
eta gure herriaren sei mila halakoa den
            mundua mugarriz pikatuta dago.

Mugetan, Henri Rousseau aduaneroak nondarrak garen
            eta noruntz goazen galdetuez gero
gure harri bustiak erakusten dizkiogu,
                          ezen eta harriak ditugu:
«Harri hau, uharri hau ikusten duzu,
                      halakoa zen gure etxea...»

Inongo lur nehurtzaileak, ez den herrialdearen
                          kartografoak gara.
Egunak atzoz bete zaizkigu, geure oinen bila
                                          gabiltza.
Gogoratzen duzu, galdu genuen aintzinako
                                        sorterri hura?

Harriak ditugu baina ez dugu herririk.
                          Harriak ditugu
boltsilo zulatuetan, baina ez dugu inon eraikiko
                          betirako etxerik.
Harriak ederragoak al dira
                                harresian?

Joseba Sarrionandia.

Tiene que ser la mejor fiesta de todos los tiempos





"Tiene que ser la mejor fiesta de todos los tiempos . Tiene que curarnos. Tiene que quitarle la neurosis a Karl; a mí, la apatía, y a Jonas, la falta de esperanza. Leonie puede entretanto preparar gimlets. Nos estamos desmoronando y es algo que no nos podemos permitir, no este verno. Necesitamos una fiesta que nos quite la indifernecia, quizá pase algo terrible, quizá podamos salvar entre todos a alguien del mar, o llamar a una ambulancia, quizá haya fuegos artificiales que podríamos contemplar los cuatro mientras los demás están solos o, a lo sumo, demasiado lejos. Necesitamos alguien que nos extienda un certificado que diga que todo lo hemos hecho bien. Al cabo, da igual quién expide el certificado. Necesitamos evalucación exterior, hace mucho que ya no vemos gente desgraciada, no sabemos qué bien estamos. Nos tenemos tan vistos que cuesta acordarse de los guapos que somos."

Ronja Von Rönne, Ya vamos.

Musée des beaux-arts





Acerca del dolor jamás se equivocaron
Los Antiguos Maestros. Y qué bien entendieron
Su función en el mundo. Cómo llega
Mientras alguno cena o abre la ventana
O nada más camina sin objeto.
Cómo, mientras los viejos aguardan reverentes
El milagroso Nacimiento, habrá siempre
Niños sin mayor interés en lo que ocurre,
Patinando
En el estanque helado a la orilla del bosque.

No olvidaron jamás
Que el eterno martirio ha de seguir su curso,
Irremediablemente, en sórdidos rincones,
Donde viven los perros su perra vida
Y la yegua del verdugo se rasca
Las inocentes grupas contra un árbol.

Por ejemplo, en el Icaro de Brueghel:
Con qué serenidad
Todo parece lejos del desastre.
El labrador oyó seguramente
El rumor de las aguas y el grito inconsolable.
Pero el fracaso no lo conmovió:
Brillaba el sol como brilló en el cuerpo blanco
Al hundirse en las aguas verdes.

Y la elegante y delicada nave
Debió haber visto lo inaudito:
La caída de un niño que volaba.
Pero el barco tenía un destino
Y siguió navegando en calma.

W.H. Auden




About suffering they were never wrong,
The old Masters: how well they understood
Its human position: how it takes place
While someone else is eating or opening a window or just walking dully along;
How, when the aged are reverently, passionately waiting
For the miraculous birth, there always must be
Children who did not specially want it to happen, skating
On a pond at the edge of the wood:
They never forgot
That even the dreadful martyrdom must run its course
Anyhow in a corner, some untidy spot
Where the dogs go on with their doggy life and the torturer's horse
Scratches its innocent behind on a tree.

In Breughel's Icarus, for instance: how everything turns away
Quite leisurely from the disaster; the ploughman may
Have heard the splash, the forsaken cry,
But for him it was not an important failure; the sun shone
As it had to on the white legs disappearing into the green
Water, and the expensive delicate ship that must have seen
Something amazing, a boy falling out of the sky,
Had somewhere to get to and sailed calmly on.



viernes, 13 de octubre de 2017

La clase militar






"La Biblia nos enseña que la ausencia de trabajo, la ociosidad, era la condición de beatitud del primer
hombre antes de su caída. El amor a la ociosidad sigue siendo el mismo en el hombre caído, pero la maldición pesa sobre él, no sólo porque debemos ganarnos el pan con el sudor de nuestra frente, sino porque, por nuestras propiedades morales, no podemos ser felices permaneciendo ociosos. Una voz misteriosa dice que debemos sentirnos culpables al estar ociosos. Si el hombre pudiese encontrar un estado en el que, permaneciendo ocioso, se sintiera útil y cumplidor de su deber, hallaría una parte de su dicha primitiva. Una clase entera, la clase militar, goza de ese estado de ociosidad obligatoria e irreprochable.  Y precisamente en ella estriba el atractivo del servicio militar.
Nikolai Rostov experimentaba esa dicha desde 1807, pues continuaba su servicio en el regimiento de Pavlograd, donde mandaba ya el antiguo escuadrón de Denisov.
Rostov  se había convertido en un muchacho bondadoso, de maneras rudas, a quien los conocidos de Moscú encontraban un poco mauvais genre, pero tanto sus camaradas como los subalternos y los jefes lo querían y lo respetaba y él estaba satisfecho de su vida. En los últimos tiempos, en 1809, su madre se quejaba con más frecuencia en las cartas; le decía que los asuntos iban de mal en peor y que ya era hora de que regresara para consolar y tranquilizar a sus viejos padres.
Al leer estas cartas, Nikolai tenía miedo de que quisieran sacarlo de aquel medio en el que , habiéndose aislado de las preocupaciones, vivía tranquilo y dichoso. Presentía que tarde o temprano tendría que volver a entrar en aquel engranaje de la vida con sus asuntos, las cuentas con los administradores, las discusiones, las intrigas, las relaciones, la sociedad y el amor por Sonia y su promesa. Todo esto se presentaba terriblemente difícil y embrollado y contestaba a su madre po medio de cartas frías y clásicas que comenzaban con: "mi querida mamá" y terminaban por "su obediente hijo", sin decir cuándo pensaba regresar."

Lev Tolstói, Guerra y paz.


Mierda de luz





"Nuestra relación es una iminitación particular de cualquier película, y cuando discutimos, se pone en blanco y negro, con muchos silencios y un fumar rabioso, y de vez en cuando golpea una puerta, y casi todo el rato cae una luz suave entre celosías. Una vez discutimos en un McDonald's, pero entonces dijo Jonas "mierda de luz" , y salió corriendo afuera, y seguimos discutiendo a la luz de las farolas."


Ronja Von Rönne, Ya vamos.



En los periódicos





"En los periódicos, por los cuales el viejo príncipe se enteró de la batalla de Austerliz, se decía, con palabras vagas como siempre, que los rusos se había visto obligados a retroceder después de brillantes batallas, y que la retirada se había efectuado con un orden perfecto. Con esa noticia oficial el príncipe comprendió que los rusos había sido aniquilados. Una semana después de la noticia de la batalla de Austerliz, recibió una carta de Kutuzov en la que le comunicaba la pérdida de su hijo."

Lev Tolstói, Guerra y paz.


Era nuestra hiperreflexión neurótica





"Ya sabíamos que todo aquello era hablar por hablar, pero no importaba nada, hoy nos habíamos portado todos bien, y habíamos encontrado nuestros papeles, que, por la mañana, se desintegrarían una vez más. Claro que no era la epigenética. Era nuestra hiperreflexión neurótica, el continuo preguntarse por el papel propio, la maniática dedicación a nosotros mismos, el tiempo que se abría ante nosotros desierto e infinito y el aburrimiento incierto de nuestras vidas arenosas."

Ronja Von Rönne, Ya vamos.



jueves, 14 de septiembre de 2017

I Fall in Love Too Easily



"And I, I whose heart should be well schooled, well schooled
'Cause I've been fooled, oh I've been fooled by you in the past
I fall in love too easily
I fall in love way too fast"



Does It Really Make A Difference



"Does it really make a difference who’s tears are first to flow
Does it really make a difference who’s holding on, who’s letting go
Does it really make a difference anymore"



miércoles, 13 de septiembre de 2017

You expected to be sad in the fall





“You expected to be sad in the fall. Part of you died each year when the leaves fell from the trees and their branches were bare against the wind and the cold, wintery light. But you knew there would always be the spring, as you knew the river would flow again after it was frozen. When the cold rains kept on and killed the spring, it was as though a young person died for no reason.”

Ernest Hemingway, A Moveable Feast


Decir algo era una expedición alarmante




"Esta mujer es algo más que una falsa gitana. Me espanta su valor. Nada anunció que me hubiera visto. Ni un parpadeo, ni un leve sobresalto.
 Todavía el sol estaba arriba del horizonte, no el sol, la apariencia del sol; era ese momento en que ya se ha puesto, o va a ponerse, y uno lo ve donde no está. Yo había escalado con urgencia las piedras. La vi; el pañuelo de colores, las manos cruzadas sobre una rodilla, aumentando el mundo. Mi respiración se volvió irreprimible. Los peáscos, el mar, parecían trémulos.
Cuando pensaba en esto, oí el mar con su ruido de movimiento y de fatiga, a mi lado, como si se hubiera puesto a mi lado. Me tranquilicé un poco. No era probable que se oyera mi respiración.
Entonces, para postergar el momento de hablarle, descubrí una antigua ley psicológica. Me convenía hablar desde un lugar alto, que permitiera mirar desde  arriba. Esta mayor elevación material contrarrestaría, en parte, mis inferioridades.
Subí otras rocas. El esfuerzo empeoró mi estado. También lo empeoraron;
La prisa: yo me había puesto en la obligación de hablarle hoy mismo. Si quería evitar que sintiera desconfianza -por el lugar solitario, por la oscuridad- no podía esperar un minuto.
Verla: como posando para un fotógrafo invisible, tenía la calma de la tarde, pero más inmensa. Yo iba a interrumpirla.
Decir algo era una expedición alarmante. Ignoraba si tenía voz.
La miré, escondido. Temí que me sorprendiera espiándola; aparecí, tal vez demasiado bruscamente, a su mirada; sin embargo, la paz de su pecho no se interrumpió; la mirada prescindía de mí, como si yo fuera invisible.
No me detuve.
-Señorita, quiero que me oiga -dije con la esperanza de que no accediera a mi ruego, porque estaba tan emocionado que había olvidado lo que tenía que decirle. Me pareció que la palabra señorita sonaba ridículamente en la isla. Además la frase era demasiado imperativa (combinada con la aparición repentina, la hora, la soledad):
-Comprendo que no se digne...
No puedo recordar, con exactitud, lo que le dije. Estaba casi inconsciente. Le hablé con una voz mesurada y baja, con una compostura que sugería obscenidades. Caí, de nuevo, en señorita. Renuncié a las palabras y me puse a mirar el poniente, esperando que la compartida visión de esa calma nos acercara. Volví a hablar. El esfuerzo que hacía para dominarme bajaba la voz, aumentaba la obscenidad del tono. Pasaron otros minutos de silencio. Insistí, imploré, de un modo repulsivo. Al final estuve excepcionalmente ridículo; trémulo, casi a gritos, le pedí que me insultará, que me delatara, pero que no siguiera en silencio.
No fue como si no me hubiera oído, como si no me hubiera visto; fue como si los oídos que tenía no sirvieran para oír, como si los ojos no sirvieran para ver. "

Adolfo Bioy Casares, La invención de Morel.


Tal vez esa higiene de no esperar sea un poco ridícula





"Ahora la mujer del pañuelo me resulta imprescindible. Tal vez esa higiene de no esperar sea un poco ridícula. No esperar de la vida, para no arriesgarla; darse por muerto, para no morir. De pronto esto me ha parecido un letargo espantoso, inquietísimo; quiero que se acabe. Después de la fuga, después de haber vivido no atendiendo a un cansancio que me  destruía, logré la calma; mis decisiones tal vez me devuelvan a ese pasado o a los jueces; los prefiero a este largo purgatorio."

Adolfo Bioy Casares, La invención de Morel


Hoy, en esta isla, ha ocurrido un milagro




"Hoy, en esta isla, ha ocurrido un milagro: el verano se adelantó. Puse la cama cerca de la pileta de natación y estuve bañándome, hasta muy tarde. Era imposible dormir. Dos o tres minutos afuera bastaban para convertir en sudor el agua que debía protegerme de la espantosa calma. A la madrugada me despertó un fonógrafo. No pude volver al museo, a buscar las cosas. Hui por las barrancas. Estoy en los bajos del sur, entre plantas acuáticas, indignado por los mosquitos, con el mar o sucios arroyos hasta la cintura, viendo que anticipé absurdamente mi huida. Creo que esa gente no vino a buscarme; tal vez no me hayan visto. Pero sigo mi destino; estoy desprovisto de todo, confinado al lugar más escaso, menos habitable de la isla; a pantanos que el mar suprime una vez por semana."

Adolfo Bioy Casares, La invención de Morel




A lyrical bridge between past, present and future



SANTIAGO

The road seen, then not seen, the hillside
hiding then revealing the way you should take,
the road dropping away from you as if leaving you
to walk on thin air, then catching you, holding you up,
when you thought you would fall,
and the way forward always in the end
the way that you followed, the way that carried you
into your future, that brought you to this place,
no matter that it sometimes took your promise from you,
no matter that it had to break your heart along the way:
the sense of having walked from far inside yourself
out into the revelation, to have risked yourself
for something that seemed to stand both inside you
and far beyond you, that called you back
to the only road in the end you could follow, walking
as you did, in your rags of love and speaking in the voice
that by night became a prayer for safe arrival,
so that one day you realized that what you wanted
had already happened long ago and in the dwelling place
you had lived in before you began,
and that every step along the way, you had carried
the heart and the mind and the promise
that first set you off and drew you on and that you were
more marvelous in your simple wish to find a way
than the gilded roofs of any destination you could reach:
as if, all along, you had thought the end point might be a city
with golden towers, and cheering crowds,
and turning the corner at what you thought was the end
of the road, you found just a simple reflection,
and a clear revelation beneath the face looking back
and beneath it another invitation, all in one glimpse:
like a person and a place you had sought forever,
like a broad field of freedom that beckoned you beyond;
like another life, and the road still stretching on.

David Whyte



Un mundo





4 powerful poems about parkinson's and growing older




"Whatever comes, there was this hour when nothing mattered, 
all was unbearably dear.
And when I'm done with daylights, 
should those who loved me grieve too long a while, 
let them remember that I had this hour 
-- this dark, perfect hour -- 
and smile."

Robin Morgan



The Rains of Castamere



And who are you, the proud lord said,
that I must bow so low?
Only a cat of a different coat,
that's all the truth I know.
In a coat of gold or a coat of red,
a lion still has claws,
And mine are long and sharp, my lord,
as long and sharp as yours.
And so he spoke, and so he spoke,
that lord of Castamere,
But now the rains weep o'er his hall,
with no one there to hear.
Yes now the rains weep o'er his hall,
and not a soul to hear.



El más alto honor





"Creo que el más alto honor que se puede tributar una persona a sí misma es tomar un libro mío en sus manos; incluso acepto que se quite los guantes, y no digamos ya los zapatos, antes de hacerlo".

Nietzsche, Ecce Homo.


Ez diren gauzak




EZ DIREN GAUZAK

Litezkeen gauzarik ederrenak
ez dira. 
Zeresan zentzuzkoenak, esate baterako, 
esateke daude.

Herrialde gehienak herrialde 
ezezagunak dira.
Ez den zenbat gauza, ez den zenbat
jende den munduan.

Ez den herrian sortu ginen eta, 
geu ere, 
esan gabe konprenitzen da ez garena 
garela.

Dena gabezia, dena beharra, 
dena bitartea, 
dena hutsaldia dena aldartea, 
dena lekutasuna.

Dena pentsatzeko, sentitzeko.
esateko gaude.
Eta egiteko gehienak egiteke
ditugu.

Ez diren gauza asko izen
bila dabiltza,
ez izatearen umiliaziotik ateratzeko, 
oraindik ez dena egiteko.

Ez diren gauzak ere, agian,
badira.
Bizitza, ez diren gauzez ere 
osatzen delako.

Joseba Sarrionandia
Hilda dago poesía?



LAS COSAS QUE NO SON

Las cosas más hermosas que podrían existir
no existen.
Las palabras con más sentido, por ejemplo,
aún no se han dicho.

La mayoría de países son países 
ignotos.
Cuántas cosas que no son, cuánta gente 
que no es en el mundo.

Incluso nosotros, nacidos en un país
que no existe, 
ni qué decir que somos
lo que no somos.

Todo carencia, todo necesidad,
todo tiempo,
todo ausencia, todo eventualidad, 
todo contexto.

Todo está por pensar, por sentir,
por decir.
Y casi todo aquello que debemos hacer 
está aún sin hacer.

Tal vez las cosas que no son, sean 
de alguna manera. 
Porque la vida se compone también de cosas 
que no son.

Muchas cosas que no son tratan de hallar 
su nombre,
para evitar la humillación de no ser
y llegar a formar lo que todavía no es.

Joseba Sarrionandia
¿Está muerta la poesía?


viernes, 11 de agosto de 2017

With the windows open and the stars bright




“We would be together and have our books and at night be warm in bed together with the windows open and the stars bright.”

Ernest Hemingway, A Moveable Feast


En la carretera de Sintra





Al volante del Chevrolet por la carretera de Sintra
a la luz de la luna y al sueño, en la carretera desierta,
solitario conduzco, conduzco casi despacio, y un poco
me parece, o me esfuerzo un poco para que me parezca,
que sigo por otra carretera, por otro sueño, por otro mundo,
que sigo sin que haya Lisboa detrás o Sintra por ver
que sigo, ¿y qué más hay en seguir sino no parar, sino seguir?

voy a pasar la noche a Sintra por no poder pasarla en Lisboa,
pero cuando llegue a Sintra tendré pena 
de no haberme quedado en Lisboa.
Siempre esta inquietud sin propósito, sin nexo, sin consecuencia,
siempre, siempre, siempre,
esta angustia excesiva del espíritu por cosa alguna,
en la carretera de Sintra, o en la carretera del sueño, 
o en la carretera de la vida…

Maleable a mis movimientos subconscientes del volante,
galopa debajo de mí, conmigo, el automóvil que me prestaron.
Sonrío por el símbolo, al pensar en él, al girar a la derecha.
¡Cuántas cosas que me prestaron conduzco como mías!
¡Cuánto me han prestado, ay de mí!, ¡yo mismo lo soy!

A la izquierda la casucha –sí, la casucha- a la vera del camino.
A la derecha el campo abierto, con la luna a lo lejos.
El automóvil, que parecía hace poco darme libertad,
es ahora una cosa donde estoy encerrado,
que solo puedo manejar si estoy encerrado en él,
que solo domino si me incluyo en él, si él me incluye a mí.

A la izquierda, allá atrás, la casucha modesta, más que modesta.

La vida ahí debe ser feliz, solo porque no es la mía.

Si alguien me vio desde la ventana de la casucha, soñará: 
aquél es el que es feliz.
Tal vez para el niño que espía por los vidrios de la ventana 
del piso de arriba
quedé (con el automóvil prestado) como un sueño, un hada real.
Tal vez para la muchachita que miró, oyendo el motor, 
por la ventana de la cocina
de abajo,
soy algo parecido al príncipe de todo corazón de muchacha,
y ella me mirará de reojo, a través de los vidrios, 
hasta la curva en que me perdí.
Dejaré sueños detrás de mí, ¿o es el automóvil que los deja?
¿Yo, el conductor de un automóvil prestado, 
o el automóvil prestado que yo conduzco?

En la carretera de Sintra a la luz de la luna, en la tristeza, 
ante los campos y la noche,
conduciendo el Chevrolet prestado desconsoladamente,
me pierdo en la carretera futura, desaparezco en la distancia que alcanzo,
y, en un deseo terrible, súbito, violento, inconcebible,
acelero…
Pero mi corazón se quedó en el montón de piedras, 
del que me desvié al verlo sin verlo,
a la puerta de la casucha,
mi corazón vacío,
mi corazón insatisfecho,
mi corazón más humano que yo, más exacto que la vida.

En la carretera de Sintra, cerca de la medianoche, 
a la luz de la luna, al volante,
en la carretera de Sintra, qué cansancio de la propia imaginación,
en la carretera de Sintra, cada vez más cerca de Sintra,
en la carretera de Sintra, cada vez menos cerca de mí…

Álvaro de Campos 



Fue tan sólo la pérdida de la batalla de Austerlitz






"Como el mecanismo de un reloj, en el de un aparato militar, una vez puesto en marcha, el movimiento no puede detenerse antes que llegue el final, asimismo, un instante antes que haya trasmitido el movimiento, las partes del mecanismo que no han entrado en función están inmóviles: las ruedas se engranan, las poleas giran rápidamente, pero la rueda contigua permanece aún inmóvil y se diría que quedará así cientos de años, hasta que un diente la engancha y, arrastrada, empieza a girar y se confunde en una acción cuyo resultado y objetivo no entiende.
Lo mismo que en un reloj, en el que el resultado del complicado movimiento de innumerables ruedas y poleas no es más que el lento y cadencioso desplazamiento de las manillas que indican la hora, el resultado de los movimientos de aquellos ciento sesenta mi rusos y franceses, con todas sus pasiones, deseos, sufrimientos, humillaciones, y sus momentos de orgullo, de miedo y de entusiasmo, fue tan sólo la pérdida de la batalla de Austerlitz, la llamada batalla de los tres emperadores, es decir, el lento girar de la manilla de la Historia Universal sobre la esfera de la Historia de la Humanidad."

Lev Tolstói, Guerra y paz.


De todas las tragedias






“Vosotros miráis hacia arriba cuando buscáis elevación, yo miro hacia abajo, porque estoy elevado. Decidme, ¿quién de vosotros puede reír y a la vez estar elevado? El que asciende a las más altas montañas se ríe de todas las tragedias: de las del teatro y de las de la vida.” 

Nietzsche, Así habló Zaratustra



jueves, 10 de agosto de 2017

Twist and shout




Well, shake it up, baby, now (shake it up, baby)
twist and shout (twist and shout)
come on, come on, come on, come on, baby, now (come on, baby)
come and work it all out (work it all out)





Too tired






When spring came





“When spring came, even the false spring, there were no problems except where to be happiest. The only thing that could spoil a day was people and if you could keep from making engagements, each day had no limits. People were always the limiters of happiness except for the very few that were as good as spring itself.”

Ernest Hemingway, A Moveable Feast


miércoles, 18 de enero de 2017

A political party for women's equality



"OK, let's take a very quick look at the top 100 companies in the London Stock Exchange in 2016. Top 100 companies: How many women running them? Seven. OK. Seven. That's all right, I suppose. Until you realize that 17 are run by men called "John."

Sandi Toksvig


sábado, 14 de enero de 2017

El tiempo






¿Un día te entenderemos?




El azar
diseñado
trazado con escuadra
medido hasta el detalle
el azar
programado
puntual
sincronizado
el impecable azar que seguro acontece
en el preciso instante
el azar
disfrazado de fatal coincidencia
de encuentro fortuito
de aleatorio suceso
de ha sido un accidente
de ay qué suerte la mía
de qué casualidad
el azar
planeado
por qué cosa
por quién
según qué opacas leyes
por qué raros criterios
siguiendo los dictados de qué ética insondable
con qué geometría oculta de más allá de dónde
ajustado al milímetro
sin dejar cabos sueltos
sin conceder espacio a la improvisación
el azar
soberano
señor de cuanto ocurre
su exacta maquinaria de apariencia caótica
su motor que no cesa
ruedas de la fortuna girando infatigables
sus cilindros
sus émbolos
conscientes o inconscientes
ciegos o lúcidos
detrás de las paredes del taller enigmático
el azar
con sus largas correas de transmisión
con su entrelazamiento de efectos y de causas
el ingeniero jefe y su secreta lógica
¿un día te entenderemos?
el artífice máximo
la fábrica de todo
el minucioso azar

Saiz de Marco


Otzanak




Badakizu ibil naitekeela mila kilometro zeru
baso erreka zelai eta belazeak zeharkatu
gauaren luzea ibili eta egun argiz ezkutatu
hankak odoltzeraino neure mugak marraztu
baina beste behin ere aldatu dut
munduaren azalera zure azalarengatik
nire harramazka zakarrak
zure laztan bareengatik
eta neurea ez den itzal bati betirako lotu
lo zaudela imajinatzen dut
ze animalia ginatekeen gu
zuk jango nindukezun edo nik jango zintuzkedan zu
nor noren harrapari, nor noren zelatan
gure eremu babestua den honen mugatan
edo isilean desagertzen doan
espezie bereko bi piztia etzan
elkarri itzala janez
elkarri hitzak janez
elkarrekin desagertuz isiltasunerantz

Anari, Otzanak

viernes, 13 de enero de 2017

Can’t say it often enough



“Can’t say it often enough — change your hair, change your life.” 

Thomas Pynchon, Inherent Vice


La estupidez insiste siempre




"Las plagas, en efecto, son una cosa común pero es difícil creer en las plagas cuando las ve uno caer sobre su cabeza. Ha habido en el mundo tantas pestes como guerras y sin embargo, pestes y guerras cogen a las gentes siempre desprevenidas. El doctor Rieux estaba desprevenido como lo estaban nuestros ciudadanos y por esto hay que comprender sus dudas. Por esto hay que comprender también que callara, indeciso entre la inquietud y la confianza. Cuando estalla una guerra las gentes se dicen: "Esto no puede durar, es demasiado estúpido." Y sin duda una guerra es evidentemente demasiado estúpida, pero eso no impide que dure. La estupidez insiste siempre, uno se daría cuenta de ello si uno no pensara siempre en sí mismo. Nuestros conciudadanos, a este respecto, eran como todo el mundo; pensaban en ellos mismos; dicho de otro modo, eran humanidad, no creían en las plagas. La plaga no está hecha a la medida del hombre, por lo tanto el hombre se dice que la plaga es irreal, es un mal sueño que tiene que pasar. Pero no siempre pasa, y de mal sueño en mal sueño son los hombres los que pasan, y los humanistas en primer lugar, porque no han tomado precauciones. Nuestros conciudadanos no eran más culpables que otros, se olvidaban de ser modestos, eso es todo, y pensaban que todavía todo era posible para ellos, lo cual daba por supuesto que las plagas eran imposibles. Continuaban haciendo negocios, planeando viajes y teniendo opiniones. ¿Cómo hubieran podido pensar en la peste que suprime el porvenir, los desplazamientos y las discusiones? Se creían libres y nadie será libre mientras haya plagas."

Albert Camus, La peste.


Sólo el mar




"Del otro lado del cristal el timbre de un tranvía invisible resonaba de pronto y refutaba en un segundo la crueldad del dolor. Sólo el mar, al final de mortecino marco de las casas, atestiguaba todo lo que hay de inquietante y sin posible reposo en el mundo"

Albert Camus, La peste.


Era uno de esos hombres




"En cierto sentido se puede decir que su vida era ejemplar. Era uno de esos hombres, tan escasos en nuestra ciudad como en cualquier otra, a los que no les falta nunca el valor para tener buenos sentimientos. Lo poco que manifestaba de sí mismo atestiguaba, en efecto, una capacidad de bondad y de adhesión que poca gente confiesa hoy día. No se avergonzaba de declarar que quería mucho a sus sobrinos y a su hermana, único parientes que conservaba y a quienes iba a visitar a Francia cada dos años. Reconocía que el recuerdo de sus padres, muertos cuando él era todavía muy joven, le entristecía. No se negaba a admitir que adoraba sobremanera cierta campana de su barrio que sonaba dulcemente a eso de las cinco de la tarde. Pero para evocar estas emociones tan simples cada palabra le costaba un trabajo infinito. Finalmente, esta dificultad había constituido su mayor preocupación."

Albert Camus, La peste.



martes, 10 de enero de 2017

Halo



"Remember those walls I built
Well baby they're tumbling down
And they didn't even put up a fight
They didn't even make a sound"




lunes, 9 de enero de 2017

El único país




October arrived




“October arrived, spreading a damp chill over the grounds and into the castle. Madam Pomfrey, the nurse, was kept busy by a sudden spate of colds among the staff and students. Raindrops the size of bullets thundered on the castle windows for days on end; the lake rose, the flower beds turned into muddy streams, and Hagrid’s pumpkins swelled to the size of garden sheds.”

J.K. Rowling, Harry Potter


Pocas veces han sido algo más que arco iris en el cielo




En 1944, la madre del poeta Yextushenko viajaba de Siberia a Moscú, donde fue testigo de un desfile de 20.000 prisioneros alemanes que marchaban por las calles. Los generales se pavoneaban a la cabeza, irradiando desprecio, decididos a mostrar que todavía se consideraban superiores. "Esos canallas huelen a perfume", gritó alguien. La muchedumbre gritó su odio. Las mujeres agitaron los puños cerrados airadas y la policía tuvo grandes dificultades para hacerlas retroceder. Pero, cuando los rusos vieron la lastimosa delgadez y el aspecto harapiento de los soldados alemanes corrientes, sucios, maltrechos y completamente desdichados, muchos de ellos renqueando sobre muletas, la calle guardó silencio. De pronto, una anciana atravesó el cordón y alargó una corteza de pan a uno de los soldados. Entonces, de todas partes, otras mujeres la imitaron, dándoles comida, cigarrillos, todo lo que llevaban. "Los soldados ya no eran enemigos. Eran personas." Sin embargo, esos estallidos espontáneos de compasión pocas veces han sido algo más que arco iris en el cielo; no han cambiado el clima; no han estimulado, hasta el momento, el deseo de escuchar lo que tienen que decir los enemigos.

Theodore Zeldin, Historía íntima de la humanidad.