jueves, 14 de septiembre de 2017

I Fall in Love Too Easily



"And I, I whose heart should be well schooled, well schooled
'Cause I've been fooled, oh I've been fooled by you in the past
I fall in love too easily
I fall in love way too fast"



Does It Really Make A Difference



"Does it really make a difference who’s tears are first to flow
Does it really make a difference who’s holding on, who’s letting go
Does it really make a difference anymore"



miércoles, 13 de septiembre de 2017

You expected to be sad in the fall





“You expected to be sad in the fall. Part of you died each year when the leaves fell from the trees and their branches were bare against the wind and the cold, wintery light. But you knew there would always be the spring, as you knew the river would flow again after it was frozen. When the cold rains kept on and killed the spring, it was as though a young person died for no reason.”

Ernest Hemingway, A Moveable Feast


Decir algo era una expedición alarmante




"Esta mujer es algo más que una falsa gitana. Me espanta su valor. Nada anunció que me hubiera visto. Ni un parpadeo, ni un leve sobresalto.
 Todavía el sol estaba arriba del horizonte, no el sol, la apariencia del sol; era ese momento en que ya se ha puesto, o va a ponerse, y uno lo ve donde no está. Yo había escalado con urgencia las piedras. La vi; el pañuelo de colores, las manos cruzadas sobre una rodilla, aumentando el mundo. Mi respiración se volvió irreprimible. Los peáscos, el mar, parecían trémulos.
Cuando pensaba en esto, oí el mar con su ruido de movimiento y de fatiga, a mi lado, como si se hubiera puesto a mi lado. Me tranquilicé un poco. No era probable que se oyera mi respiración.
Entonces, para postergar el momento de hablarle, descubrí una antigua ley psicológica. Me convenía hablar desde un lugar alto, que permitiera mirar desde  arriba. Esta mayor elevación material contrarrestaría, en parte, mis inferioridades.
Subí otras rocas. El esfuerzo empeoró mi estado. También lo empeoraron;
La prisa: yo me había puesto en la obligación de hablarle hoy mismo. Si quería evitar que sintiera desconfianza -por el lugar solitario, por la oscuridad- no podía esperar un minuto.
Verla: como posando para un fotógrafo invisible, tenía la calma de la tarde, pero más inmensa. Yo iba a interrumpirla.
Decir algo era una expedición alarmante. Ignoraba si tenía voz.
La miré, escondido. Temí que me sorprendiera espiándola; aparecí, tal vez demasiado bruscamente, a su mirada; sin embargo, la paz de su pecho no se interrumpió; la mirada prescindía de mí, como si yo fuera invisible.
No me detuve.
-Señorita, quiero que me oiga -dije con la esperanza de que no accediera a mi ruego, porque estaba tan emocionado que había olvidado lo que tenía que decirle. Me pareció que la palabra señorita sonaba ridículamente en la isla. Además la frase era demasiado imperativa (combinada con la aparición repentina, la hora, la soledad):
-Comprendo que no se digne...
No puedo recordar, con exactitud, lo que le dije. Estaba casi inconsciente. Le hablé con una voz mesurada y baja, con una compostura que sugería obscenidades. Caí, de nuevo, en señorita. Renuncié a las palabras y me puse a mirar el poniente, esperando que la compartida visión de esa calma nos acercara. Volví a hablar. El esfuerzo que hacía para dominarme bajaba la voz, aumentaba la obscenidad del tono. Pasaron otros minutos de silencio. Insistí, imploré, de un modo repulsivo. Al final estuve excepcionalmente ridículo; trémulo, casi a gritos, le pedí que me insultará, que me delatara, pero que no siguiera en silencio.
No fue como si no me hubiera oído, como si no me hubiera visto; fue como si los oídos que tenía no sirvieran para oír, como si los ojos no sirvieran para ver. "

Adolfo Bioy Casares, La invención de Morel.


Tal vez esa higiene de no esperar sea un poco ridícula





"Ahora la mujer del pañuelo me resulta imprescindible. Tal vez esa higiene de no esperar sea un poco ridícula. No esperar de la vida, para no arriesgarla; darse por muerto, para no morir. De pronto esto me ha parecido un letargo espantoso, inquietísimo; quiero que se acabe. Después de la fuga, después de haber vivido no atendiendo a un cansancio que me  destruía, logré la calma; mis decisiones tal vez me devuelvan a ese pasado o a los jueces; los prefiero a este largo purgatorio."

Adolfo Bioy Casares, La invención de Morel


Hoy, en esta isla, ha ocurrido un milagro




"Hoy, en esta isla, ha ocurrido un milagro: el verano se adelantó. Puse la cama cerca de la pileta de natación y estuve bañándome, hasta muy tarde. Era imposible dormir. Dos o tres minutos afuera bastaban para convertir en sudor el agua que debía protegerme de la espantosa calma. A la madrugada me despertó un fonógrafo. No pude volver al museo, a buscar las cosas. Hui por las barrancas. Estoy en los bajos del sur, entre plantas acuáticas, indignado por los mosquitos, con el mar o sucios arroyos hasta la cintura, viendo que anticipé absurdamente mi huida. Creo que esa gente no vino a buscarme; tal vez no me hayan visto. Pero sigo mi destino; estoy desprovisto de todo, confinado al lugar más escaso, menos habitable de la isla; a pantanos que el mar suprime una vez por semana."

Adolfo Bioy Casares, La invención de Morel




A lyrical bridge between past, present and future



SANTIAGO

The road seen, then not seen, the hillside
hiding then revealing the way you should take,
the road dropping away from you as if leaving you
to walk on thin air, then catching you, holding you up,
when you thought you would fall,
and the way forward always in the end
the way that you followed, the way that carried you
into your future, that brought you to this place,
no matter that it sometimes took your promise from you,
no matter that it had to break your heart along the way:
the sense of having walked from far inside yourself
out into the revelation, to have risked yourself
for something that seemed to stand both inside you
and far beyond you, that called you back
to the only road in the end you could follow, walking
as you did, in your rags of love and speaking in the voice
that by night became a prayer for safe arrival,
so that one day you realized that what you wanted
had already happened long ago and in the dwelling place
you had lived in before you began,
and that every step along the way, you had carried
the heart and the mind and the promise
that first set you off and drew you on and that you were
more marvelous in your simple wish to find a way
than the gilded roofs of any destination you could reach:
as if, all along, you had thought the end point might be a city
with golden towers, and cheering crowds,
and turning the corner at what you thought was the end
of the road, you found just a simple reflection,
and a clear revelation beneath the face looking back
and beneath it another invitation, all in one glimpse:
like a person and a place you had sought forever,
like a broad field of freedom that beckoned you beyond;
like another life, and the road still stretching on.

David Whyte



Un mundo





4 powerful poems about parkinson's and growing older




"Whatever comes, there was this hour when nothing mattered, 
all was unbearably dear.
And when I'm done with daylights, 
should those who loved me grieve too long a while, 
let them remember that I had this hour 
-- this dark, perfect hour -- 
and smile."

Robin Morgan



The Rains of Castamere



And who are you, the proud lord said,
that I must bow so low?
Only a cat of a different coat,
that's all the truth I know.
In a coat of gold or a coat of red,
a lion still has claws,
And mine are long and sharp, my lord,
as long and sharp as yours.
And so he spoke, and so he spoke,
that lord of Castamere,
But now the rains weep o'er his hall,
with no one there to hear.
Yes now the rains weep o'er his hall,
and not a soul to hear.



El más alto honor





"Creo que el más alto honor que se puede tributar una persona a sí misma es tomar un libro mío en sus manos; incluso acepto que se quite los guantes, y no digamos ya los zapatos, antes de hacerlo".

Nietzsche, Ecce Homo.


Ez diren gauzak




EZ DIREN GAUZAK

Litezkeen gauzarik ederrenak
ez dira. 
Zeresan zentzuzkoenak, esate baterako, 
esateke daude.

Herrialde gehienak herrialde 
ezezagunak dira.
Ez den zenbat gauza, ez den zenbat
jende den munduan.

Ez den herrian sortu ginen eta, 
geu ere, 
esan gabe konprenitzen da ez garena 
garela.

Dena gabezia, dena beharra, 
dena bitartea, 
dena hutsaldia dena aldartea, 
dena lekutasuna.

Dena pentsatzeko, sentitzeko.
esateko gaude.
Eta egiteko gehienak egiteke
ditugu.

Ez diren gauza asko izen
bila dabiltza,
ez izatearen umiliaziotik ateratzeko, 
oraindik ez dena egiteko.

Ez diren gauzak ere, agian,
badira.
Bizitza, ez diren gauzez ere 
osatzen delako.

Joseba Sarrionandia
Hilda dago poesía?



LAS COSAS QUE NO SON

Las cosas más hermosas que podrían existir
no existen.
Las palabras con más sentido, por ejemplo,
aún no se han dicho.

La mayoría de países son países 
ignotos.
Cuántas cosas que no son, cuánta gente 
que no es en el mundo.

Incluso nosotros, nacidos en un país
que no existe, 
ni qué decir que somos
lo que no somos.

Todo carencia, todo necesidad,
todo tiempo,
todo ausencia, todo eventualidad, 
todo contexto.

Todo está por pensar, por sentir,
por decir.
Y casi todo aquello que debemos hacer 
está aún sin hacer.

Tal vez las cosas que no son, sean 
de alguna manera. 
Porque la vida se compone también de cosas 
que no son.

Muchas cosas que no son tratan de hallar 
su nombre,
para evitar la humillación de no ser
y llegar a formar lo que todavía no es.

Joseba Sarrionandia
¿Está muerta la poesía?


viernes, 11 de agosto de 2017

With the windows open and the stars bright




“We would be together and have our books and at night be warm in bed together with the windows open and the stars bright.”

Ernest Hemingway, A Moveable Feast


En la carretera de Sintra





Al volante del Chevrolet por la carretera de Sintra
a la luz de la luna y al sueño, en la carretera desierta,
solitario conduzco, conduzco casi despacio, y un poco
me parece, o me esfuerzo un poco para que me parezca,
que sigo por otra carretera, por otro sueño, por otro mundo,
que sigo sin que haya Lisboa detrás o Sintra por ver
que sigo, ¿y qué más hay en seguir sino no parar, sino seguir?

voy a pasar la noche a Sintra por no poder pasarla en Lisboa,
pero cuando llegue a Sintra tendré pena 
de no haberme quedado en Lisboa.
Siempre esta inquietud sin propósito, sin nexo, sin consecuencia,
siempre, siempre, siempre,
esta angustia excesiva del espíritu por cosa alguna,
en la carretera de Sintra, o en la carretera del sueño, 
o en la carretera de la vida…

Maleable a mis movimientos subconscientes del volante,
galopa debajo de mí, conmigo, el automóvil que me prestaron.
Sonrío por el símbolo, al pensar en él, al girar a la derecha.
¡Cuántas cosas que me prestaron conduzco como mías!
¡Cuánto me han prestado, ay de mí!, ¡yo mismo lo soy!

A la izquierda la casucha –sí, la casucha- a la vera del camino.
A la derecha el campo abierto, con la luna a lo lejos.
El automóvil, que parecía hace poco darme libertad,
es ahora una cosa donde estoy encerrado,
que solo puedo manejar si estoy encerrado en él,
que solo domino si me incluyo en él, si él me incluye a mí.

A la izquierda, allá atrás, la casucha modesta, más que modesta.

La vida ahí debe ser feliz, solo porque no es la mía.

Si alguien me vio desde la ventana de la casucha, soñará: 
aquél es el que es feliz.
Tal vez para el niño que espía por los vidrios de la ventana 
del piso de arriba
quedé (con el automóvil prestado) como un sueño, un hada real.
Tal vez para la muchachita que miró, oyendo el motor, 
por la ventana de la cocina
de abajo,
soy algo parecido al príncipe de todo corazón de muchacha,
y ella me mirará de reojo, a través de los vidrios, 
hasta la curva en que me perdí.
Dejaré sueños detrás de mí, ¿o es el automóvil que los deja?
¿Yo, el conductor de un automóvil prestado, 
o el automóvil prestado que yo conduzco?

En la carretera de Sintra a la luz de la luna, en la tristeza, 
ante los campos y la noche,
conduciendo el Chevrolet prestado desconsoladamente,
me pierdo en la carretera futura, desaparezco en la distancia que alcanzo,
y, en un deseo terrible, súbito, violento, inconcebible,
acelero…
Pero mi corazón se quedó en el montón de piedras, 
del que me desvié al verlo sin verlo,
a la puerta de la casucha,
mi corazón vacío,
mi corazón insatisfecho,
mi corazón más humano que yo, más exacto que la vida.

En la carretera de Sintra, cerca de la medianoche, 
a la luz de la luna, al volante,
en la carretera de Sintra, qué cansancio de la propia imaginación,
en la carretera de Sintra, cada vez más cerca de Sintra,
en la carretera de Sintra, cada vez menos cerca de mí…

Álvaro de Campos 



Fue tan sólo la pérdida de la batalla de Austerlitz






"Como el mecanismo de un reloj, en el de un aparato militar, una vez puesto en marcha, el movimiento no puede detenerse antes que llegue el final, asimismo, un instante antes que haya trasmitido el movimiento, las partes del mecanismo que no han entrado en función están inmóviles: las ruedas se engranan, las poleas giran rápidamente, pero la rueda contigua permanece aún inmóvil y se diría que quedará así cientos de años, hasta que un diente la engancha y, arrastrada, empieza a girar y se confunde en una acción cuyo resultado y objetivo no entiende.
Lo mismo que en un reloj, en el que el resultado del complicado movimiento de innumerables ruedas y poleas no es más que el lento y cadencioso desplazamiento de las manillas que indican la hora, el resultado de los movimientos de aquellos ciento sesenta mi rusos y franceses, con todas sus pasiones, deseos, sufrimientos, humillaciones, y sus momentos de orgullo, de miedo y de entusiasmo, fue tan sólo la pérdida de la batalla de Austerlitz, la llamada batalla de los tres emperadores, es decir, el lento girar de la manilla de la Historia Universal sobre la esfera de la Historia de la Humanidad."

Lev Tolstói, Guerra y paz.


De todas las tragedias






“Vosotros miráis hacia arriba cuando buscáis elevación, yo miro hacia abajo, porque estoy elevado. Decidme, ¿quién de vosotros puede reír y a la vez estar elevado? El que asciende a las más altas montañas se ríe de todas las tragedias: de las del teatro y de las de la vida.” 

Nietzsche, Así habló Zaratustra



jueves, 10 de agosto de 2017

Twist and shout




Well, shake it up, baby, now (shake it up, baby)
twist and shout (twist and shout)
come on, come on, come on, come on, baby, now (come on, baby)
come and work it all out (work it all out)





Too tired






When spring came





“When spring came, even the false spring, there were no problems except where to be happiest. The only thing that could spoil a day was people and if you could keep from making engagements, each day had no limits. People were always the limiters of happiness except for the very few that were as good as spring itself.”

Ernest Hemingway, A Moveable Feast


miércoles, 18 de enero de 2017

A political party for women's equality



"OK, let's take a very quick look at the top 100 companies in the London Stock Exchange in 2016. Top 100 companies: How many women running them? Seven. OK. Seven. That's all right, I suppose. Until you realize that 17 are run by men called "John."

Sandi Toksvig


sábado, 14 de enero de 2017

El tiempo






¿Un día te entenderemos?




El azar
diseñado
trazado con escuadra
medido hasta el detalle
el azar
programado
puntual
sincronizado
el impecable azar que seguro acontece
en el preciso instante
el azar
disfrazado de fatal coincidencia
de encuentro fortuito
de aleatorio suceso
de ha sido un accidente
de ay qué suerte la mía
de qué casualidad
el azar
planeado
por qué cosa
por quién
según qué opacas leyes
por qué raros criterios
siguiendo los dictados de qué ética insondable
con qué geometría oculta de más allá de dónde
ajustado al milímetro
sin dejar cabos sueltos
sin conceder espacio a la improvisación
el azar
soberano
señor de cuanto ocurre
su exacta maquinaria de apariencia caótica
su motor que no cesa
ruedas de la fortuna girando infatigables
sus cilindros
sus émbolos
conscientes o inconscientes
ciegos o lúcidos
detrás de las paredes del taller enigmático
el azar
con sus largas correas de transmisión
con su entrelazamiento de efectos y de causas
el ingeniero jefe y su secreta lógica
¿un día te entenderemos?
el artífice máximo
la fábrica de todo
el minucioso azar

Saiz de Marco


Otzanak




Badakizu ibil naitekeela mila kilometro zeru
baso erreka zelai eta belazeak zeharkatu
gauaren luzea ibili eta egun argiz ezkutatu
hankak odoltzeraino neure mugak marraztu
baina beste behin ere aldatu dut
munduaren azalera zure azalarengatik
nire harramazka zakarrak
zure laztan bareengatik
eta neurea ez den itzal bati betirako lotu
lo zaudela imajinatzen dut
ze animalia ginatekeen gu
zuk jango nindukezun edo nik jango zintuzkedan zu
nor noren harrapari, nor noren zelatan
gure eremu babestua den honen mugatan
edo isilean desagertzen doan
espezie bereko bi piztia etzan
elkarri itzala janez
elkarri hitzak janez
elkarrekin desagertuz isiltasunerantz

Anari, Otzanak

viernes, 13 de enero de 2017

Can’t say it often enough



“Can’t say it often enough — change your hair, change your life.” 

Thomas Pynchon, Inherent Vice


La estupidez insiste siempre




"Las plagas, en efecto, son una cosa común pero es difícil creer en las plagas cuando las ve uno caer sobre su cabeza. Ha habido en el mundo tantas pestes como guerras y sin embargo, pestes y guerras cogen a las gentes siempre desprevenidas. El doctor Rieux estaba desprevenido como lo estaban nuestros ciudadanos y por esto hay que comprender sus dudas. Por esto hay que comprender también que callara, indeciso entre la inquietud y la confianza. Cuando estalla una guerra las gentes se dicen: "Esto no puede durar, es demasiado estúpido." Y sin duda una guerra es evidentemente demasiado estúpida, pero eso no impide que dure. La estupidez insiste siempre, uno se daría cuenta de ello si uno no pensara siempre en sí mismo. Nuestros conciudadanos, a este respecto, eran como todo el mundo; pensaban en ellos mismos; dicho de otro modo, eran humanidad, no creían en las plagas. La plaga no está hecha a la medida del hombre, por lo tanto el hombre se dice que la plaga es irreal, es un mal sueño que tiene que pasar. Pero no siempre pasa, y de mal sueño en mal sueño son los hombres los que pasan, y los humanistas en primer lugar, porque no han tomado precauciones. Nuestros conciudadanos no eran más culpables que otros, se olvidaban de ser modestos, eso es todo, y pensaban que todavía todo era posible para ellos, lo cual daba por supuesto que las plagas eran imposibles. Continuaban haciendo negocios, planeando viajes y teniendo opiniones. ¿Cómo hubieran podido pensar en la peste que suprime el porvenir, los desplazamientos y las discusiones? Se creían libres y nadie será libre mientras haya plagas."

Albert Camus, La peste.


Sólo el mar




"Del otro lado del cristal el timbre de un tranvía invisible resonaba de pronto y refutaba en un segundo la crueldad del dolor. Sólo el mar, al final de mortecino marco de las casas, atestiguaba todo lo que hay de inquietante y sin posible reposo en el mundo"

Albert Camus, La peste.


Era uno de esos hombres




"En cierto sentido se puede decir que su vida era ejemplar. Era uno de esos hombres, tan escasos en nuestra ciudad como en cualquier otra, a los que no les falta nunca el valor para tener buenos sentimientos. Lo poco que manifestaba de sí mismo atestiguaba, en efecto, una capacidad de bondad y de adhesión que poca gente confiesa hoy día. No se avergonzaba de declarar que quería mucho a sus sobrinos y a su hermana, único parientes que conservaba y a quienes iba a visitar a Francia cada dos años. Reconocía que el recuerdo de sus padres, muertos cuando él era todavía muy joven, le entristecía. No se negaba a admitir que adoraba sobremanera cierta campana de su barrio que sonaba dulcemente a eso de las cinco de la tarde. Pero para evocar estas emociones tan simples cada palabra le costaba un trabajo infinito. Finalmente, esta dificultad había constituido su mayor preocupación."

Albert Camus, La peste.



martes, 10 de enero de 2017

Halo



"Remember those walls I built
Well baby they're tumbling down
And they didn't even put up a fight
They didn't even make a sound"




lunes, 9 de enero de 2017

El único país




October arrived




“October arrived, spreading a damp chill over the grounds and into the castle. Madam Pomfrey, the nurse, was kept busy by a sudden spate of colds among the staff and students. Raindrops the size of bullets thundered on the castle windows for days on end; the lake rose, the flower beds turned into muddy streams, and Hagrid’s pumpkins swelled to the size of garden sheds.”

J.K. Rowling, Harry Potter


Pocas veces han sido algo más que arco iris en el cielo




En 1944, la madre del poeta Yextushenko viajaba de Siberia a Moscú, donde fue testigo de un desfile de 20.000 prisioneros alemanes que marchaban por las calles. Los generales se pavoneaban a la cabeza, irradiando desprecio, decididos a mostrar que todavía se consideraban superiores. "Esos canallas huelen a perfume", gritó alguien. La muchedumbre gritó su odio. Las mujeres agitaron los puños cerrados airadas y la policía tuvo grandes dificultades para hacerlas retroceder. Pero, cuando los rusos vieron la lastimosa delgadez y el aspecto harapiento de los soldados alemanes corrientes, sucios, maltrechos y completamente desdichados, muchos de ellos renqueando sobre muletas, la calle guardó silencio. De pronto, una anciana atravesó el cordón y alargó una corteza de pan a uno de los soldados. Entonces, de todas partes, otras mujeres la imitaron, dándoles comida, cigarrillos, todo lo que llevaban. "Los soldados ya no eran enemigos. Eran personas." Sin embargo, esos estallidos espontáneos de compasión pocas veces han sido algo más que arco iris en el cielo; no han cambiado el clima; no han estimulado, hasta el momento, el deseo de escuchar lo que tienen que decir los enemigos.

Theodore Zeldin, Historía íntima de la humanidad.

We are all of us obliged




“We are all of us obliged, if we are to make reality endurable, to nurse a few little follies in ourselves.”

Marcel Proust, Remembrance of Things Past


No soy más que un lagarto literario





"1846. No soy más que un lagarto literario que se calienta el día entero al gran sol de la belleza. Sólo eso."

Julian Barnes, El loro de Flaubert



They agree with each other




“I am alone in the midst of these happy, reasonable voices. All these creatures spend their time explaining, realizing happily that they agree with each other. In Heaven’s name, why is it so important to think the same things all together.” 

Jean-Paul Sartre, Nausea


Nativia





"A fin de socavar de manera eficaz el tópico de la defensa de la patria contra la amenaza extranjera,
deberíamos rechazar el mismísimo supuesto en que se basa: que todo hrupo étnico posee su proia Nativia. El 7 de septiembre de 2015, Sarah Palin concedí una entrevista a Fox News en la que afirmó delante de Steve Doocy, presentador de Fox and Friends:
Me encantan los inmigrantes. Pero al igual que Donald Trump, creo que tenemos demasiados en este país. Mexicano-americanos, asiático-americanos, nativo-americanos: están transformando la mezcla cultural de los Estados Unidos, y lo alejan de lo que era en la época de los Padres Fundadores. Creo que deberíamos dirigirnos a algunos de esos grupos y pedirles amablemente: ¿os importaría volver a casa? ¿Os importaría devolvernos nuestro país?
Doocy terció: "Sarah, ya sabes que te adoro. Y creo que es una gran idea por lo que se refiere a los mexicanos. ¿Pero dónde van a ir los nativo-americanos? No tienen ningún lugar adonde ir, ¿no te parece?" A lo que Sarah contestó:
Bueno, creo que deberían regresar a Nativia, o al lugar de donde procedieran. Los medios de comunicación liberales tratan a los nativo-americano como si fueran dioses. Como si tuvieran una especie de derecho automático a estar en este país. Pero lo que yo digo es que si son incapaces de bajarse del caballo y comenzar a hablar americano, deberíamos devolverlos también a su país.

Por desgracia, enseguida averiguamos que esta historia -demasiado buena para ser cierta- era una broma inventada por el Daily Currant. Sin embargo, se no e vero, e ben trovato, como suele decirse, y por falsa que fuera dio en el clavo. Dentro de su ridiculez, reveló la fantasía oculta que sostiene cualquier idea anti inmigración: en el caótico mundo global de hoy en día, existe una Nativia a la que pertenecen las personas que nos molestan"

Slavoj Žižek, La nueva lucha de clases. 






Poco humor tú tienes Puri




La eligen, te lo juro, los he visto





“Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiera elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio. Vos dirás que la eligen porque-la-aman, yo creo que es al revés. A Beatriz no se la elige, a Julieta no se la elige. Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos cuando salís de un concierto.”


Julio Cortázar, Rayuela


Orán





"Los curiosos acontecimientos que constituyen el tema de esta crónica se produjeron en el año 194...
en Orán. Para la generalidad resultaron enteramente fuera de lugar y un poco aparte de lo cotidiano. A primera vista Orán es, en efecto, una ciudad como cualquier otra, una prefectura francesa en la costa argelina y nada más.
La ciudad, en sí misma, hay que confesarlo, es fea. Su aspecto es tranquilo y se necesitacierto tiempo para percibir lo que la hace diferente de las otras ciudades comerciales de cualquier latitud. ¿Cómo sugerir, por ejemplo, una ciudad sin palomas, sin árboles y sin jardines, donde no puede haber aleteos ni susurros de hojas, un lugar neutro, en una palabra? El cambio de las estaciones sólo se puede notar en el cielo. La primavera se anuncia únicamente por la calidad del aire o por los cestos de flores que traen a vender los muchachos de los alrededores; una primavera que venden en los mercados. Durante el verano el sol abrasa las casas resecas y cubre los muros con una ceniza gris; se llega a no
poder vivir más que a la sombra de las persianas cerradas. En otoño, en cambio, un diluvio de barro. Los días buenos sólo llegan en el invierno. 
El modo más cómodo de conocer una ciudad es averiguar cómo se trabaja en ella, cómo se ama y cómo se muere. En nuestra ciudad, por efecto del clima, todo ello se hace igual, con el mismo aire frenético y ausente. Es decir, que se aburre uno y se dedica a adquirir hábitos. Nuestros conciudadanos trabajan mucho, pero siempre para enriquecerse. Se interesan sobre todo por el comercio, y se ocupan principalmente, según propia expresión, de hacer negocios. Naturalmente, también les gustan las expansiones simples: las mujeres, el cine y los baños de mar. Pero, muy sensatamente, reservan los placeres para el sábado después de mediodía y el domingo, procurando los otros días de la semana hacer mucho dinero. Por las tardes, cuando dejan sus despachos, se reúnen a una hora fija en los cafés, se pasean por un determinado bulevar o se asoman al balcón. Los deseos de la gente joven son violentos y breves, mientras que los vicios de los mayores no exceden de las francachelas, los banquetes de camaradería y los círculos donde se juega fuerte al azar de las cartas.
Se dirá, sin duda, que nada de esto es particular de nuestra ciudad y que, en suma, todos nuestros contemporáneos son así. Sin duda, nada es más natural hoy día que ver a las gentes trabajar de la mañana a la noche y en seguida elegir, entre el café, el juego y la charla, el modo de perder el tiempo que les queda por vivir. Pero hay ciudades y países donde las gentes tienen, de cuando en cuando, la sospecha de que existe otra cosa. En general, esto no hace cambiar sus vidas, pero al menos han tenido la sospecha y eso es su ganancia. Orán, por el contrario, es en apariencia una ciudad sin ninguna sospecha, es decir, una ciudad enteramente moderna. Por lo tanto, no es necesario especificar la manera de amar que se estila. Los hombres y mujeres o bien se devoran rápidamente en eso que se
llama el acto del amor, o bien se crean el compromiso de una larga costumbre a dúo. Entre estos dos extremos no hay término medio. Eso tampoco es original. En Orán, como en otras partes, por falta de tiempo y de reflexión, se ve uno obligado a amar sin darse cuenta." 

Albert Camus, La peste.