jueves, 28 de diciembre de 2017

El invierno en que Karl




"Me puse a beber aquel invierno que Karl empezó con el yoga, para tener la depresión por el mango. Aquel invierno que Karl estaba fuera cada vez más veces. El invierno en el que quedó muy claro que las relaciones abiertas no son más que una salvación de algo que ya no quiere ser salvado, al menos no por una parte, al mneos por Karl no. El invierno en que Karl solo tomaba por la mañana zumo de limón caliente, y las mañanas en que yo aplastaba mis cigarrillos en los medios limones tirados y esperaba a que él volviera a casa."

Ronja Von Rönne, Ya vamos.




La Pietá, baina alderantziz




La Pietá, baina alderantziz

Gure izebak, eta gure ama maiteak berdin,
berandu ohartzen ziren bizitzaren garrantziaz,
hirurogeitamar urterekin, edo laurogeiekin,
eta txoraturik aurkikuntza latz hura zela eta
nahastuta ibiltzen ziren hainbat hilabetez,
bere semealabei bazkaririk prestatu gabe
supermerkatuan gauza xelebreak erosiz,
telefono dei amaigabeak nornahiri eginez;
etxe atarian ovni bat ikusi izan balute bezala.

Gero, denbora galdua eskuratu behar zutela eta,
gure izebak, eta gure ama maiteak berdin,
herriko udaletxeak antolatu gimnasia saioetarako
ematen zuten izena, "Urlia naiz, edo Sandia,
ez, ez dizut esango zenbat urte bete ditudan";
eta handik aurrera oihuka, korrika, jauzika,
ematen zioten hasiera egunari, bat-bi, bat-bi,
bat-bi eta txalo, bat-bi, bat-bi, bat-bi eta txalo.
Polikiroldegiak hozki jasotzen zizkien algarak

Ikasle larderiatsuaren aginduetara makurturik
oihuka, korrika, jauzika jotzen zuten aurrera,
eta aldian behin afari bat egiten zuten denek
txandala kendu eta soineko dotoreak jantziz;
egun batean, azkenez, sukaldean txorabiatu
eta zerraldo erortzen ziren semealaben oinetan,
eta hantxe gelditzen ziren hilda beraien kideek
polikiroldegian gimnasiari ekiten zioten bitartean,
bat-bi- bat-bi, bat-bi eta txalo, bat-bi, bat-bi.


Una altra Pietá

Nuestras tías, y lo mismo nuestras madres,
reparaban tarde en la importancia de la vida,
nunca antes de los setenta o de los sesenta,
y estupefactas ante aquel descubrimiento,
perdían la cabeza durante varias semanas:
olvidaban la cita de los jueves con sus hijos
hacían compras tontas en el supermercado,
hablaban por teléfono a gritos, interminablemente
como si en su patio hubiesen visto un ovni.

Más tarde, dispuestas a recuperar su tiempo,
nuestras tías, y lo mismo nuestras madres,
daban su nombre para las clases de gimnasia
promovidas por el ayuntamiento, "soy Mengana
por favor no me pregunte la edad que tengo";
a partir de entonces, bailaban al compás
de los números, dando carreras, chillidos, saltos,
Uno Dos, Uuno Dos Tres y Arriba, Uno Dos.
El polideportivo recogía sus risas con frialdad.

Cumplidoras fieles de las órdenes del profesor
seguían adelante con sus carreras, chillidos, saltos,
y de vez en cuando se marchaban todas a cenar
dejando el chándal y vistiéndose con elegancia;
luego, un día, se mareaban durante el desayuno
y caían redondas sobre uno cualquiera de sus hijos;
morían poco después, a primera hora de la mañana,
mientras sus amigas, en el polideportivo, coreaban
el Uno Dos, Uuno Dos Tres y Arriba, Uno Dos.


Pietá

Our aunts and our mothers too
never noticed how important life was
until they reached their sixties or seventies,
then, astonished by this discovery,
they went quite mad for a few weeks:
they forgot their regular Thursday date with their children,
they bought things they didn't need from the supermarket,
they yelled down the phone, interminably,
as if they had spotted a UFO landing in the back garden.

Later, determined to make up for lost time,
Our aunts and our mothers too
Signed up for aerobic classes
Run by the local authority, 'My name's so-and-so,
But please don't ask me my age.'
And from then on, they danced to the rhythm
Of the numbers, running up and down, whooping and jumping,
One Two Three and Stretch, One Two Three and Stretch.
The sports centre coldly gathered up their laughter.

Obedient to the teacher's orders,
They continued their running up and down, their whooping and jumping,
And now and again they would all go out to supper together,
Abandoning their tracksuits for something more elegant.
Until, one day, they would come over all dizzy at breakfast
And collapse on top of one of their children,
And they would die some time later, early in the morning,
While their friends at the sports centre were still busily chanting
One Two Three and Stretch, One Two Three and Stretch.

Translated by Margaret Jull Costa

El hombre ha sido creado para la dicha





"Durante su cautiverio en la barraca, Pierre descubrió, no por medio de la inteligencia, sino con todo su ser, con la vida misma, que el hombre ha sido creado para la dicha, que ésta reside en él, en la satisfacción de las necesidades naturales, y que todas las desgracias provienen del exceso y no de la falta de cosas. Pero después, durante aquellas tres semanas de marcha, se enteró de otra verdad consoladora: que no hay nada temible en este mundo. Supo que lo mismo que no existe en la tierra una situación en que el hombre sea feliz y completamente libre, tampoco hay ninguna  en que sea totalmente desgraciado y esclavo. Comprendió que hay un límite para el sufrimiento y otro para la libertad y que ambos están muy cerca; que el hombre que sufre porque en su lecho de rosas se ha doblado un pétalo, sufre exactamente igual que sufría Pierre al tratar de dormirse en la tierra húmeda y de calentarse por un lado mientras se le enfriaba el otro. Cuando se ponía zapatos de baile demasiado estrechos padecía igual que ahora que iba descalzo (hacía bastante que sus botas se habían destrozado) y tenía los pies lacerados. Comprendió que cuando se casó, por su propia voluntad según creía, no era mayor su libertad que ahora que lo habían encerrado en una cuadra. De todo lo que pasó, que posteriormente también él llamaba sufrimiento, a pesar de que casi ni se dio cuenta de ello mientras lo vivió, fueron sus pies descalzos, lacerados y llenos de ampollas los que lo hicieron sufrir más. (La carne de caballo era buena y alimenticia, el salitre que empleaba en lugar de sal hasta resultaba agradable; no pasaba demasiado frío; de día, durante las marchas, siempre hacía calor, y de noche encendían hogueras; los piojos que le picaban calentaban su cuerpo.) Lo único penoso durante los primeros tiempos fueron sus pies doloridos.

Al día siguiente de la salida de Moscú, cuando se miró las ampollas de los pies a la llama de la hoguera, pensó que no podría dar un solo paso más. Pero en el momento en que todos se levantaron, echó a andar y cojeó hasta que se le calentaron los pies; después ni siquiera sintió dolor, a pesar d eque al anochecer daba horror ver el estado en que se hallaban. Pero Pierre no se miraba los pies y tartaba de pensar en otra cosa.

Sólo entonces comprendió toda la fuerza vital del ser humano y esa capacidad beneficiosa de cambiar de atención que tiene el hombre, semejante a la válvula de seguridad de las máquinas de vapor, que despiden el exceso de éste cuando su presión sobrepasa la medida normal.

Pierre no había visto ni oído el fusilamiento de los presos rezagados, a pesar de que habían caído más de ciento de esta forma. No pensaba en Karataiev, que se debilitaba a cada momento, y que sin dudad no tardaría en correr la misma suerte. Y aún menos en sí mismo. Cuanto más penosa se volvía su
situación y más terrible se le presentaba el porvenir, más alegres y consoladores eran sus pensamientos, sus recuerdos y sus ilusiones, independientemente de cuanto lo rodeaba."

Tolstói, Guerra y paz II




Centenares de hombres de talento





"Y aunque yo era entonces un chiquillo, recuerdo que pensé lo siguiente: "Un hombre tonto no es capaz de hacer en ningún momento de su vida los disparates que hacen a veces las naciones dirigidas por centenares de hombres de talento".

Pérez Galdós, Episodios nacionales I Trafalgar.




Hacía mucho que no se divertían tanto




"Con el avance del enemigo hacia la capital, la opinión de los moscovitas sobre su situación no se hacía más seria, sino que, por el contrario, pareció hacerse más superficial, como suele ocurrir a los hombres que ven llegar un gran peligro. Cuando se acerca un peligro, dos voces hablan siempre con la misma fuerza en el alma del hombre: una dice razonablemente que se debe reflexionar sobre la calidad del peligro y el medio de librarse de él; la otra afirma más razonablemente aún que es demasiado penosos pensar en el peligro cuando no está en el poder del hombre prever todos los males ni apartarse de ellos, de manera que es mejor rechazar todo lo penoso hasta el momento que llegue y pensar en cosas agradables. Estando solo, el hombre escucha por lo general la primera voz, y cuando está en sociedad, por el contrario sigue la segunda. Eso es lo que les ocurría a los habitantes de Moscú. Hacía mucho que no se divertían tanto como aquel año."

Tolstói, Guerra y paz II.




Et la face du monde eût été changée





"Muchos historiadores dicen que la batalla de Borodino no fue ganada por los franceses porque Napoleón estaba acatarrado y que, a no ser por eso, sus órdenes anteriores a la batalla y mientras ésta tenía lugar habrían sido aún más geniales, Rusia hubiera perecido et la face du monde eût été changée. Para los historiadores que admiten que Rusia se ha formado por la voluntad de un solo  hombre, Pedro el Grande, y que Francia se ha transformado de República en Imperio y que los ejércitos franceses entraron en Rusia por la voluntad de un solo hombre, Napoleón, es muy lógico el razonamiento de que Rusia venciera porque Napoleón estuviese acatarrado el día 26"

Tolstói, Guerra y paz II.


No les hizo dignos del combate más que el combate mismo





"Al ver la maniobra de nuestro buque, pude observar que gran parte de la tripulación no tenía toda aquella desenvoltura propia de los marineros familiarizados, como Marcial, con la guerra y con la tempestad. Entre los soldados vi algunos que sentían el malestar del mareo, y se agarraban a los obenques para no caer. Verdad es que había gente muy decidida, especialmente en la clase de voluntarios; pero por lo común todos eran de leva, obedecían las órdenes como de mala gana, y estoy seguro de que no tenían ni el más leve sentimiento de patriotismo. No les hizo dignos del combate más que el combate mismo, como advertí después. A pesar del distinto temple moral de aquellos hombres, creo que en los solemnes momentos que precedieron al primer cañonazo la idea de Dios estaba en todas las cabezas."

Pérez Galdós, Episodios nacionales I, Trafalgar.


viernes, 3 de noviembre de 2017

What's Up



Twenty-five years and my life is still
Trying to get up that great big hill of hope
For a destination

I realized quickly when I knew I should
That the world was made up of this brotherhood of man
For whatever that means

And so I cry sometimes
When I'm lying in bed just to get it all out
What's in my head
And I, I am feeling a little peculiar

And so I wake in the morning
And I step outside
And I take a deep breath and I get real high
And I scream from the top of my lungs
What's going on?

And I say, hey yeah yeah, hey yeah yeah
I said hey, what's going on?

And I try, oh my god do I try
I try all the time, in this institution

And I pray, oh my god do I pray
I pray every single day
For a revolution

And so I cry sometimes
When I'm lying bed
Just to get it all out
What's in my head
And I, I am feeling a little peculiar

And so I wake in the morning
And I step outside
And I take a deep breath and I get real high
And I scream from the top of my lungs
What's going on?





Un día cualquiera de verano




"Así fue o, al menos, así pudo ser. Lo único que puede afirmarse con certeza es que Carmen de Pedro y Jesús Monzón, que hasta este momento han sido simples conocidos, de vista y poco más, se encuentran en Francia, problamente Toulouse y en apariencia por azar, en un día cualquiera de verano, agosto, quizás julio, incluso septiembre, de 1939. Los detalles se desconocen, porque seguramente él se encargó de que nadie fuera testigo de un encuentro que cambió muchas cosas, y estuvo a punto de cambiarlas todas."

Almudena Grandes, Inés y la alegría.



jueves, 19 de octubre de 2017

Una esperanza de alivio






"La enfermedad de Natasha era tan seria que, por suerte para ella y para sus padres, la idea de lo  había sido la causa de su mal, su proceder  y la ruptura con su prometido quedaron relegados a segundo término. Estaba tan enferma, que era imposible pensar que fuese la culpable de lo ocurrido. No comía, no dormía, adelgazaba a ojos vistas y tosía; en una palabra, estaba en peligro, como daban a entender los médicos. No se podía pensar más que en cuidarla. Los doctores iban a verla por separado, y en consulta hablaban en francés, en alemán y en latín; se censuraban unos a otros y recetaban las medicinas más diversas contra todas las enfermedades que conocían. Sin embargo a ninguno se le ocurrió la sencilla idea de que desconocían el mal de Natasha, lo mismo que desconocen todas las enfermedades de los hombres, puesto que cada uno tiene su dolencia particular, nueva y compleja, que la medicina no conoce. No hay enfermedades del pecho, del hígado, de la piel, del corazón, de los nervios, etcétera, catalogadas por la medicina, sino enfermedades debidas a una multitud de combinaciones de las afecciones de estos órganos. Esta sencilla idea no se les podía ocurrir a los doctores ( lo mismo que a un brujo no se le ocurre que no puede embrujar) porque el objetivo de su vida consiste en curar, porque cobran dinero por hacerlo y porque, para llegar a ese resultado, han gastado los mejores años de su vida. Pero sobre todo era porque veían su utilidad; en efecto, eran útiles para toda la familia Rostov. Eran necesarios, no porque obligaran a la enferma a tragar sustancias, la mayoría de las cuales eran nocivas (el perjuicio era poco sensible porque solían administrarse en pequeñas dosis), sino porque satisfacían a una necesidad enorme de la enferma y de las personas que la querían (ésta es la causa de que hayan existido siempre y existan curanderos, brujos y homeópatas). Satisfacían la necesidad eterna de los humanos de una esperanza de alivio, la necesidad que experimenta todo hombre cuando sufre de que lo compadezcan y de que lo cuiden. Satisfacían aquella necesidad eterna, humana, que se observa en el niño en su forma más primitiva; restregarse el sitio que le duele. El niño que se hace daño se echa en brazos de su madre o de de su niñera para que le besen o le froten el sitio dolorido, y en seguida siente alivio. No puede creer que las personas más fuertes y más inteligentes que él carezcan de remedio para aliviar su mal. Y la esperanza de alivio, así como la expresión de compasión de su madre mientras le frota el sitio dolorido, lo consuela. Natasha necesitaba a los doctores porque la besaban  y le frotaban la pupa, asegurándole que se pasaría si el cochero iba a la farmacia de la calle Arbatskaia a comprar unos sellos y unas píldoras en una cajita muy bonita por valor de un rublo y setenta copeks y si la enferma tomaba aquellos sellos con agua hervida cada dos horas con toda regularidad.

¿Qué harían Sonia, el conde y la condesa? ¿Cómo podrían permanecer sin hacer nada, sin aquellas píldoras que debían administrar a unas horas determinadas, sin aquellas bebidas calientes, sin las croquetas de pollo, ni todos aquellos detalles prescritos por el doctor cuya observancia ocupa y consuela a las personas que rodean al enfermo? ¿Cómo hubiera podido soportar el conde la enfermedad de su hija querida si no hubiese sabido que le costaba miles de rublos y que estaba dispuesto a gastar otros tantos para aliviarla; si no hubiese sabido que en caso de que no se curase la llevaría al extranjero para celebrar un consulta sin reparar en gastos; si no hubiese tenido la posibilidad de explicar detalladamente que Métivier y Feller no habían comprendido la enfermedad, que Frise la había atendido y que Mudrov la había definido mejor? ¿Qué hubiera hecho la condesa de no haber podido discutir con Natasha porque ésta no observaba exactamente las prescripciones del doctor?"

Lev Tólstoi, Guerra y paz.



miércoles, 18 de octubre de 2017

Enparantza kantoiko paisaia





"Zurezko eta elurrezko atso bat
ikusi nuen enparantza kantoian.
Ematen zuen ez zekiela zein kale hartu
eta nik ere ez nekien,

ez baita inora joaterik kaleotatik,
herrialde honetako
ezein kaletatik, ez zabal ez estutatik,
ez beste inongo ibilbidetik."

Joseba Sarrionandia.


Un duelo al amanecer




"Imaginar un duelo al amanecer, en el París de finales del siglo XVIII, no es difícil. Basta con haber leído algunos libros y visto unas cuantas películas. Contarlo por escrito es algo más complejo. Y utilizarlo para el arranque de una novela tiene sus riesgos. La cuestión es lograr que el lector vea lo que el autor ve, o imagina. Convertirse en ojos ajenos, los del lector, y desaparecer discretamente para que sea él quien se las entienda con la historia que le narran. La de estas páginas necesita un prado cubierto por la escarcha de la mañana y una luz difusa, grisácea, para la que sería útil recurrir a una neblina suave, no demasiado espesa, de la que a menudo brotaba en los bosques de los alrededores de la capital francesa —hoy muchas de esas arboledas han desaparecido, o están incorporadas a ella— con la primera claridad del día.

La escena necesita también unos personajes. En la luz incierta del sol que aún no amanece deben advertirse, algo desvaídas entre la bruma, las siluetas de dos hombres. Un poco más retiradas, bajo los árboles, junto a tres coches de caballos allí detenidos, hay otras figuras humanas, masculinas, envueltas en capas y con sombreros de tres picos calados sobre el embozo. Son media docena, pero no interesan para la escena principal; así que podemos prescindir de ellas por el momento. Lo que debe atraer nuestra atención son los dos hombres inmóviles uno frente a otro, de pie sobre la hierba húmeda del prado. Visten calzón ceñido y están en mangas de camisa. Uno es delgado, más bien alto para la época, y lleva el pelo gris recogido en una corta coleta sobre la nuca. El otro es de mediana estatura, y su pelo está rizado en las sienes, empolvado a usanza de la más exquisita moda de su tiempo. Ninguno de los dos parece joven, aunque estamos a demasiada distancia para apreciarlo. Acerquémonos un poco a ellos, por tanto. Observémoslos mejor.

Lo que sostienen en las manos, cada uno, es una espada. O una espada parecida a un florete, si nos fijamos en los detalles. El asunto, por tanto, parece serio. Grave. Los dos hombres están a tres pasos uno del otro, todavía inmóviles, mirándose con atención. Casi pensativos. Quizá concentrados en lo que va a ocurrir. Sus brazos caen a lo largo del cuerpo y las puntas de los aceros rozan la hierba escarchada del suelo. El más bajo, que de cerca también parece más joven, tiene una expresión altanera, quizá teatralmente despectiva. Se diría que, aunque estudie a su adversario, está pendiente de mostrar una bien compuesta figura ante quienes miran desde la linde del prado. El otro hombre, más alto y de más edad, posee unos ojos azules acuosos y melancólicos que aparentan contagiarse de la humedad ambiental. De primera impresión parece que esos ojos miren al hombre que tienen delante, pero si nos fijamos bien en ellos advertiremos que no es así. En realidad están absortos, o distraídos. Ausentes. Tal vez, si en ese momento el hombre que tienen enfrente cambiase de posición, esos ojos seguirían mirando hacia el mismo lugar, indiferentes a todo, atentos a imágenes lejanas que sólo ellos conocen.

Desde el grupo congregado bajo los árboles llega una voz, y los dos hombres que están en el prado levantan despacio los espadines. Saludan brevemente, llevando uno de ellos la guarnición a la altura del mentón, y luego se ponen en guardia. El más bajo apoya la mano libre en la cadera, adoptando una elegantísima postura de esgrima. El otro, el hombre alto de los ojos acuosos y la corta coleta gris, tiende el arma y alza la otra mano, puestos casi en ángulo recto brazo y antebrazo, con los dedos relajados y ligeramente caídos hacia adelante. Los aceros, al tocarse con suavidad por primera vez, producen un tintineo metálico que suena nítido, argentino, en el aire frío del amanecer.

Sigamos escribiendo, ahora. Contemos la historia. Sepamos qué ha traído a esos personajes hasta aquí."

Arturo Pérez-Reverte, Hombres buenos.

La sociedad




«Aunque el mundo contiene muchas cosas decididamente malas, la peor de todas ellas es la sociedad».




We all have fears




History repeating



"They say the next big thing is here,
That the revolution's near,
But to me it seems quite clear
That's it's all just a little bit of history repeating."


Todo era claro y sencillo





"Después de haberse presentado al jefe de haber recibido el mando de su antiguo escuadrón, una vez que se hubo introducido de nuevo en los pequeños intereses del regimiento, cuando se sintió privado de libertad, cuando se vio en aquel marco estrecho e inmutable, Rostov experimentó el mismo sosiego y la misma seguridad que al estar bajo el techo paterno. En el regimiento no existía ese desorden de la vida libre en que Rostov no se sentía en su elemento y se equivocaba en sus elecciones; no estaba Sonia, con la que debía o no explicarse. Era imposible dejar de ir a algín sitio, si lo habían mandado a uno, no se tenían las veinticuatro horas del día para disponer de ellas a su antojo, no existía esa multitud de seres que le tenían a uno en cuidado, ni esas relaciones indefinidas con su padre referentes al dinero. Además nadie le recordaba la tremenda cantidad que había perdido jugando con Dolojov; todo era claro y sencillo. El mundo entero estaba dividido en dos partes iguales. una, el regumiento de Pavlograd, y la otra, todo lo demás. Rostov nada tenía que ver con la segunda parte. En el regimiento uno lo sabía todo; quién era bueno, quién malo y, sobre todo, quién era un buen camarada. El cantinero servía a crédito; cada cuatro meses se percibía la paga y no se podían tener caprichos. Pero, desde luego, era preciso no hacer nada que se juzgara malo en el regimiento de Pavlorgrad. Uno tenía que cumplir lo que le mandasen con exactitud, y entonces todo marchaba bien."

Lev Tolstói, Guerra y paz.


Where my books go





El silencio





"Yo encontraba el silencio bastante aburrido. En mi casa siempre reinaba el silencio. Del ruido se ocupaban exclusivamente máquinas como el cortacésped, la aspiradora o el secador de pelo. Como en mi familia no hablaba nadie, poseíamos diversos estilos de  silencio. Existía el silencio de mutuo acuerdo, el furioso, el amable, el cortés y el descortés. Cuando no podíamos expresar algo con el silencio, no lo expresábamos, señal de que no habría sido tan importante."

Ronja Von Rönne, Ya vamos.


Untouched unspoken to




Mi mayor pasión es la pereza



"Me preguntó:"Dígame, en verdad; ¿cuál es su pasión principal? ¿La conoce ya? Me figuro que sí". Turbado por esta pregunta, contesté que mi mayor pasión es la pereza."

Lev Tolstói, Guerra y paz.


Con la guerra




"Con la guerra aumentan las propiedades de los hacendados, aumenta la miseria de los miserables, aumentan los discursos del general y crece el silencio de los hombres."

Bertolt Brecht.


Un hecho contrario a la razón y a la naturaleza humana




"Hacia fines de 1811 se empezó el armamento intensivo y la concentración de fuerzas en la Europa occidental, y en 1812 estas fuerzas, formadas por millones de hombres (incluyendo los encargados de los transportes y de los aprovisionamientos), avanzaban de Oeste a Este con dirección a las fronteras rusas, donde, desde 1811, se encontraban las tropas del zar. El 12 de junio las tropas de Europa occidental atravesaron las fronteras y la guerra empezó, es decir, tuvo lugar un hecho contrario a la razón y a la naturaleza humana. Millones de hombres cometieron unos contra otros infinidad de crímenes, de engaños, de traiciones, de robos, de falsificaciones de billetes de cambio, de saqueos, de incendios y de asesinatos, que todos los tribunales del mundo no podrían recoger en sus anales durante siglos enteros. No obstante, en aquel período, los que cometieron aquellos delitos no los consideraban como tales.
¿Qué produjo aquel insólito acontecimiento? ¿Cuáles fueron las causas? Los historiadores afirman, con una seguridad pueril, que las causa de aquel hecho estribaban en la ofensa hecha al duque de Oldemburgo, en la inobservancia del bloqueo continental, en la ambición de poderío de Bonaparte, en la firmeza de Alejandro I, en los errores de los diplomáticos, etc.
Por consiguiente, hubiera bastado que Metternich, Rumientsev o Talleryrand, entre una recepción de la corte y una reunión, hubieran redactado con arte un documento o bien que Napoleón hubiera escrito al zar Alejandro: Mosieur mon frére, je consens á rendre le duché au duc d'Oldenbourg (Señor y hermano, consieto en devolver el ducado de Oldemburgo), para que la guerra hubiese estallado.
Es natural que éste fuera el punto de vista de los contemporáneos. Se concibe que Napoleón creyera que la guerra tenía por causa las intrigas de Inglaterra (como lo dijo en la isla de Santa Elena); se comprende que los miembros de la Cámara inglesa atribuyeran la guerra a la ambición de Bonaparte; el duque de Oldemburgo, a las violencias de que había sido objeto; los comerciantes, al bloqueo continental que arruinaba a Europa; los soldados viejos y los generales, a la necesidad de utilizarlos; los legitimistas, a la necesidad de  restablecer les bons prinicipes; los diplomáticos, al hecho de que la alianza rusoaustríaca de 1809 no hubiese sido hábilmente disimulada a Napoleón y el memorándum número 178 estuviese mal redactado. Se puede concebir que estas cusas y muchas otras, cuyo número varía según los diferentes puntos de vista, se hubieran utilizado para convencer a los contemporáneos, pero a nosotros, que contemplamos el acontecimiento con toda su magnitud y que comprendemos claramente su sentido sencillo y terrible nos parecen insuficientes. No podemos comprender que millones de hombres cristianos se mataran y se torturaran porque Napoleón ambicionaba poder, por la firmeza de Alejandro I, por la astucia de la política inglesa o porque el duque de Oldemburgo se sintiese ofendido. Es imposible relacionar el nexo de tales acontecimientos con el hecho consumado del asesinato y de la violencia. ¿Acaso es posible que, por el hecho de haber sido ofendido el duque de Oldemburgo, millares de seres de otro extremo de Europa mataran y arruinaran a los habitantes de las provincias de Smolensk y de Moscú para morir después a manos de ellos?"


Lev Tolstói, Guerra y paz.

Harriak eta herriak



Munduan bada bazter bat (ez genuen guk
                                  sortu orduko hautatu)
gure herria erizten duguna. Eta mundu guzia da gurea
                            gure herria geurea bada.
Baina guk harri bustiak sartu genituen
                    gure boltsilo zulatuetara.

Egin genuena ez zen beti izan
                        egin behar genuena,
hildakoak eta distantziak ugalduz
                                joan ziren,
eta gure herriaren sei mila halakoa den
            mundua mugarriz pikatuta dago.

Mugetan, Henri Rousseau aduaneroak nondarrak garen
            eta noruntz goazen galdetuez gero
gure harri bustiak erakusten dizkiogu,
                          ezen eta harriak ditugu:
«Harri hau, uharri hau ikusten duzu,
                      halakoa zen gure etxea...»

Inongo lur nehurtzaileak, ez den herrialdearen
                          kartografoak gara.
Egunak atzoz bete zaizkigu, geure oinen bila
                                          gabiltza.
Gogoratzen duzu, galdu genuen aintzinako
                                        sorterri hura?

Harriak ditugu baina ez dugu herririk.
                          Harriak ditugu
boltsilo zulatuetan, baina ez dugu inon eraikiko
                          betirako etxerik.
Harriak ederragoak al dira
                                harresian?

Joseba Sarrionandia.

Tiene que ser la mejor fiesta de todos los tiempos





"Tiene que ser la mejor fiesta de todos los tiempos . Tiene que curarnos. Tiene que quitarle la neurosis a Karl; a mí, la apatía, y a Jonas, la falta de esperanza. Leonie puede entretanto preparar gimlets. Nos estamos desmoronando y es algo que no nos podemos permitir, no este verno. Necesitamos una fiesta que nos quite la indifernecia, quizá pase algo terrible, quizá podamos salvar entre todos a alguien del mar, o llamar a una ambulancia, quizá haya fuegos artificiales que podríamos contemplar los cuatro mientras los demás están solos o, a lo sumo, demasiado lejos. Necesitamos alguien que nos extienda un certificado que diga que todo lo hemos hecho bien. Al cabo, da igual quién expide el certificado. Necesitamos evalucación exterior, hace mucho que ya no vemos gente desgraciada, no sabemos qué bien estamos. Nos tenemos tan vistos que cuesta acordarse de los guapos que somos."

Ronja Von Rönne, Ya vamos.

Musée des beaux-arts





Acerca del dolor jamás se equivocaron
Los Antiguos Maestros. Y qué bien entendieron
Su función en el mundo. Cómo llega
Mientras alguno cena o abre la ventana
O nada más camina sin objeto.
Cómo, mientras los viejos aguardan reverentes
El milagroso Nacimiento, habrá siempre
Niños sin mayor interés en lo que ocurre,
Patinando
En el estanque helado a la orilla del bosque.

No olvidaron jamás
Que el eterno martirio ha de seguir su curso,
Irremediablemente, en sórdidos rincones,
Donde viven los perros su perra vida
Y la yegua del verdugo se rasca
Las inocentes grupas contra un árbol.

Por ejemplo, en el Icaro de Brueghel:
Con qué serenidad
Todo parece lejos del desastre.
El labrador oyó seguramente
El rumor de las aguas y el grito inconsolable.
Pero el fracaso no lo conmovió:
Brillaba el sol como brilló en el cuerpo blanco
Al hundirse en las aguas verdes.

Y la elegante y delicada nave
Debió haber visto lo inaudito:
La caída de un niño que volaba.
Pero el barco tenía un destino
Y siguió navegando en calma.

W.H. Auden




About suffering they were never wrong,
The old Masters: how well they understood
Its human position: how it takes place
While someone else is eating or opening a window or just walking dully along;
How, when the aged are reverently, passionately waiting
For the miraculous birth, there always must be
Children who did not specially want it to happen, skating
On a pond at the edge of the wood:
They never forgot
That even the dreadful martyrdom must run its course
Anyhow in a corner, some untidy spot
Where the dogs go on with their doggy life and the torturer's horse
Scratches its innocent behind on a tree.

In Breughel's Icarus, for instance: how everything turns away
Quite leisurely from the disaster; the ploughman may
Have heard the splash, the forsaken cry,
But for him it was not an important failure; the sun shone
As it had to on the white legs disappearing into the green
Water, and the expensive delicate ship that must have seen
Something amazing, a boy falling out of the sky,
Had somewhere to get to and sailed calmly on.



viernes, 13 de octubre de 2017

La clase militar






"La Biblia nos enseña que la ausencia de trabajo, la ociosidad, era la condición de beatitud del primer
hombre antes de su caída. El amor a la ociosidad sigue siendo el mismo en el hombre caído, pero la maldición pesa sobre él, no sólo porque debemos ganarnos el pan con el sudor de nuestra frente, sino porque, por nuestras propiedades morales, no podemos ser felices permaneciendo ociosos. Una voz misteriosa dice que debemos sentirnos culpables al estar ociosos. Si el hombre pudiese encontrar un estado en el que, permaneciendo ocioso, se sintiera útil y cumplidor de su deber, hallaría una parte de su dicha primitiva. Una clase entera, la clase militar, goza de ese estado de ociosidad obligatoria e irreprochable.  Y precisamente en ella estriba el atractivo del servicio militar.
Nikolai Rostov experimentaba esa dicha desde 1807, pues continuaba su servicio en el regimiento de Pavlograd, donde mandaba ya el antiguo escuadrón de Denisov.
Rostov  se había convertido en un muchacho bondadoso, de maneras rudas, a quien los conocidos de Moscú encontraban un poco mauvais genre, pero tanto sus camaradas como los subalternos y los jefes lo querían y lo respetaba y él estaba satisfecho de su vida. En los últimos tiempos, en 1809, su madre se quejaba con más frecuencia en las cartas; le decía que los asuntos iban de mal en peor y que ya era hora de que regresara para consolar y tranquilizar a sus viejos padres.
Al leer estas cartas, Nikolai tenía miedo de que quisieran sacarlo de aquel medio en el que , habiéndose aislado de las preocupaciones, vivía tranquilo y dichoso. Presentía que tarde o temprano tendría que volver a entrar en aquel engranaje de la vida con sus asuntos, las cuentas con los administradores, las discusiones, las intrigas, las relaciones, la sociedad y el amor por Sonia y su promesa. Todo esto se presentaba terriblemente difícil y embrollado y contestaba a su madre po medio de cartas frías y clásicas que comenzaban con: "mi querida mamá" y terminaban por "su obediente hijo", sin decir cuándo pensaba regresar."

Lev Tolstói, Guerra y paz.


Mierda de luz





"Nuestra relación es una iminitación particular de cualquier película, y cuando discutimos, se pone en blanco y negro, con muchos silencios y un fumar rabioso, y de vez en cuando golpea una puerta, y casi todo el rato cae una luz suave entre celosías. Una vez discutimos en un McDonald's, pero entonces dijo Jonas "mierda de luz" , y salió corriendo afuera, y seguimos discutiendo a la luz de las farolas."


Ronja Von Rönne, Ya vamos.



En los periódicos





"En los periódicos, por los cuales el viejo príncipe se enteró de la batalla de Austerliz, se decía, con palabras vagas como siempre, que los rusos se había visto obligados a retroceder después de brillantes batallas, y que la retirada se había efectuado con un orden perfecto. Con esa noticia oficial el príncipe comprendió que los rusos había sido aniquilados. Una semana después de la noticia de la batalla de Austerliz, recibió una carta de Kutuzov en la que le comunicaba la pérdida de su hijo."

Lev Tolstói, Guerra y paz.


Era nuestra hiperreflexión neurótica





"Ya sabíamos que todo aquello era hablar por hablar, pero no importaba nada, hoy nos habíamos portado todos bien, y habíamos encontrado nuestros papeles, que, por la mañana, se desintegrarían una vez más. Claro que no era la epigenética. Era nuestra hiperreflexión neurótica, el continuo preguntarse por el papel propio, la maniática dedicación a nosotros mismos, el tiempo que se abría ante nosotros desierto e infinito y el aburrimiento incierto de nuestras vidas arenosas."

Ronja Von Rönne, Ya vamos.



jueves, 14 de septiembre de 2017

I Fall in Love Too Easily



"And I, I whose heart should be well schooled, well schooled
'Cause I've been fooled, oh I've been fooled by you in the past
I fall in love too easily
I fall in love way too fast"



Does It Really Make A Difference



"Does it really make a difference who’s tears are first to flow
Does it really make a difference who’s holding on, who’s letting go
Does it really make a difference anymore"



miércoles, 13 de septiembre de 2017

You expected to be sad in the fall





“You expected to be sad in the fall. Part of you died each year when the leaves fell from the trees and their branches were bare against the wind and the cold, wintery light. But you knew there would always be the spring, as you knew the river would flow again after it was frozen. When the cold rains kept on and killed the spring, it was as though a young person died for no reason.”

Ernest Hemingway, A Moveable Feast


Decir algo era una expedición alarmante




"Esta mujer es algo más que una falsa gitana. Me espanta su valor. Nada anunció que me hubiera visto. Ni un parpadeo, ni un leve sobresalto.
 Todavía el sol estaba arriba del horizonte, no el sol, la apariencia del sol; era ese momento en que ya se ha puesto, o va a ponerse, y uno lo ve donde no está. Yo había escalado con urgencia las piedras. La vi; el pañuelo de colores, las manos cruzadas sobre una rodilla, aumentando el mundo. Mi respiración se volvió irreprimible. Los peáscos, el mar, parecían trémulos.
Cuando pensaba en esto, oí el mar con su ruido de movimiento y de fatiga, a mi lado, como si se hubiera puesto a mi lado. Me tranquilicé un poco. No era probable que se oyera mi respiración.
Entonces, para postergar el momento de hablarle, descubrí una antigua ley psicológica. Me convenía hablar desde un lugar alto, que permitiera mirar desde  arriba. Esta mayor elevación material contrarrestaría, en parte, mis inferioridades.
Subí otras rocas. El esfuerzo empeoró mi estado. También lo empeoraron;
La prisa: yo me había puesto en la obligación de hablarle hoy mismo. Si quería evitar que sintiera desconfianza -por el lugar solitario, por la oscuridad- no podía esperar un minuto.
Verla: como posando para un fotógrafo invisible, tenía la calma de la tarde, pero más inmensa. Yo iba a interrumpirla.
Decir algo era una expedición alarmante. Ignoraba si tenía voz.
La miré, escondido. Temí que me sorprendiera espiándola; aparecí, tal vez demasiado bruscamente, a su mirada; sin embargo, la paz de su pecho no se interrumpió; la mirada prescindía de mí, como si yo fuera invisible.
No me detuve.
-Señorita, quiero que me oiga -dije con la esperanza de que no accediera a mi ruego, porque estaba tan emocionado que había olvidado lo que tenía que decirle. Me pareció que la palabra señorita sonaba ridículamente en la isla. Además la frase era demasiado imperativa (combinada con la aparición repentina, la hora, la soledad):
-Comprendo que no se digne...
No puedo recordar, con exactitud, lo que le dije. Estaba casi inconsciente. Le hablé con una voz mesurada y baja, con una compostura que sugería obscenidades. Caí, de nuevo, en señorita. Renuncié a las palabras y me puse a mirar el poniente, esperando que la compartida visión de esa calma nos acercara. Volví a hablar. El esfuerzo que hacía para dominarme bajaba la voz, aumentaba la obscenidad del tono. Pasaron otros minutos de silencio. Insistí, imploré, de un modo repulsivo. Al final estuve excepcionalmente ridículo; trémulo, casi a gritos, le pedí que me insultará, que me delatara, pero que no siguiera en silencio.
No fue como si no me hubiera oído, como si no me hubiera visto; fue como si los oídos que tenía no sirvieran para oír, como si los ojos no sirvieran para ver. "

Adolfo Bioy Casares, La invención de Morel.


Tal vez esa higiene de no esperar sea un poco ridícula





"Ahora la mujer del pañuelo me resulta imprescindible. Tal vez esa higiene de no esperar sea un poco ridícula. No esperar de la vida, para no arriesgarla; darse por muerto, para no morir. De pronto esto me ha parecido un letargo espantoso, inquietísimo; quiero que se acabe. Después de la fuga, después de haber vivido no atendiendo a un cansancio que me  destruía, logré la calma; mis decisiones tal vez me devuelvan a ese pasado o a los jueces; los prefiero a este largo purgatorio."

Adolfo Bioy Casares, La invención de Morel


Hoy, en esta isla, ha ocurrido un milagro




"Hoy, en esta isla, ha ocurrido un milagro: el verano se adelantó. Puse la cama cerca de la pileta de natación y estuve bañándome, hasta muy tarde. Era imposible dormir. Dos o tres minutos afuera bastaban para convertir en sudor el agua que debía protegerme de la espantosa calma. A la madrugada me despertó un fonógrafo. No pude volver al museo, a buscar las cosas. Hui por las barrancas. Estoy en los bajos del sur, entre plantas acuáticas, indignado por los mosquitos, con el mar o sucios arroyos hasta la cintura, viendo que anticipé absurdamente mi huida. Creo que esa gente no vino a buscarme; tal vez no me hayan visto. Pero sigo mi destino; estoy desprovisto de todo, confinado al lugar más escaso, menos habitable de la isla; a pantanos que el mar suprime una vez por semana."

Adolfo Bioy Casares, La invención de Morel




A lyrical bridge between past, present and future



SANTIAGO

The road seen, then not seen, the hillside
hiding then revealing the way you should take,
the road dropping away from you as if leaving you
to walk on thin air, then catching you, holding you up,
when you thought you would fall,
and the way forward always in the end
the way that you followed, the way that carried you
into your future, that brought you to this place,
no matter that it sometimes took your promise from you,
no matter that it had to break your heart along the way:
the sense of having walked from far inside yourself
out into the revelation, to have risked yourself
for something that seemed to stand both inside you
and far beyond you, that called you back
to the only road in the end you could follow, walking
as you did, in your rags of love and speaking in the voice
that by night became a prayer for safe arrival,
so that one day you realized that what you wanted
had already happened long ago and in the dwelling place
you had lived in before you began,
and that every step along the way, you had carried
the heart and the mind and the promise
that first set you off and drew you on and that you were
more marvelous in your simple wish to find a way
than the gilded roofs of any destination you could reach:
as if, all along, you had thought the end point might be a city
with golden towers, and cheering crowds,
and turning the corner at what you thought was the end
of the road, you found just a simple reflection,
and a clear revelation beneath the face looking back
and beneath it another invitation, all in one glimpse:
like a person and a place you had sought forever,
like a broad field of freedom that beckoned you beyond;
like another life, and the road still stretching on.

David Whyte



Un mundo





4 powerful poems about parkinson's and growing older




"Whatever comes, there was this hour when nothing mattered, 
all was unbearably dear.
And when I'm done with daylights, 
should those who loved me grieve too long a while, 
let them remember that I had this hour 
-- this dark, perfect hour -- 
and smile."

Robin Morgan



The Rains of Castamere



And who are you, the proud lord said,
that I must bow so low?
Only a cat of a different coat,
that's all the truth I know.
In a coat of gold or a coat of red,
a lion still has claws,
And mine are long and sharp, my lord,
as long and sharp as yours.
And so he spoke, and so he spoke,
that lord of Castamere,
But now the rains weep o'er his hall,
with no one there to hear.
Yes now the rains weep o'er his hall,
and not a soul to hear.



El más alto honor





"Creo que el más alto honor que se puede tributar una persona a sí misma es tomar un libro mío en sus manos; incluso acepto que se quite los guantes, y no digamos ya los zapatos, antes de hacerlo".

Nietzsche, Ecce Homo.


Ez diren gauzak




EZ DIREN GAUZAK

Litezkeen gauzarik ederrenak
ez dira. 
Zeresan zentzuzkoenak, esate baterako, 
esateke daude.

Herrialde gehienak herrialde 
ezezagunak dira.
Ez den zenbat gauza, ez den zenbat
jende den munduan.

Ez den herrian sortu ginen eta, 
geu ere, 
esan gabe konprenitzen da ez garena 
garela.

Dena gabezia, dena beharra, 
dena bitartea, 
dena hutsaldia dena aldartea, 
dena lekutasuna.

Dena pentsatzeko, sentitzeko.
esateko gaude.
Eta egiteko gehienak egiteke
ditugu.

Ez diren gauza asko izen
bila dabiltza,
ez izatearen umiliaziotik ateratzeko, 
oraindik ez dena egiteko.

Ez diren gauzak ere, agian,
badira.
Bizitza, ez diren gauzez ere 
osatzen delako.

Joseba Sarrionandia
Hilda dago poesía?



LAS COSAS QUE NO SON

Las cosas más hermosas que podrían existir
no existen.
Las palabras con más sentido, por ejemplo,
aún no se han dicho.

La mayoría de países son países 
ignotos.
Cuántas cosas que no son, cuánta gente 
que no es en el mundo.

Incluso nosotros, nacidos en un país
que no existe, 
ni qué decir que somos
lo que no somos.

Todo carencia, todo necesidad,
todo tiempo,
todo ausencia, todo eventualidad, 
todo contexto.

Todo está por pensar, por sentir,
por decir.
Y casi todo aquello que debemos hacer 
está aún sin hacer.

Tal vez las cosas que no son, sean 
de alguna manera. 
Porque la vida se compone también de cosas 
que no son.

Muchas cosas que no son tratan de hallar 
su nombre,
para evitar la humillación de no ser
y llegar a formar lo que todavía no es.

Joseba Sarrionandia
¿Está muerta la poesía?


viernes, 11 de agosto de 2017

With the windows open and the stars bright




“We would be together and have our books and at night be warm in bed together with the windows open and the stars bright.”

Ernest Hemingway, A Moveable Feast


En la carretera de Sintra





Al volante del Chevrolet por la carretera de Sintra
a la luz de la luna y al sueño, en la carretera desierta,
solitario conduzco, conduzco casi despacio, y un poco
me parece, o me esfuerzo un poco para que me parezca,
que sigo por otra carretera, por otro sueño, por otro mundo,
que sigo sin que haya Lisboa detrás o Sintra por ver
que sigo, ¿y qué más hay en seguir sino no parar, sino seguir?

voy a pasar la noche a Sintra por no poder pasarla en Lisboa,
pero cuando llegue a Sintra tendré pena 
de no haberme quedado en Lisboa.
Siempre esta inquietud sin propósito, sin nexo, sin consecuencia,
siempre, siempre, siempre,
esta angustia excesiva del espíritu por cosa alguna,
en la carretera de Sintra, o en la carretera del sueño, 
o en la carretera de la vida…

Maleable a mis movimientos subconscientes del volante,
galopa debajo de mí, conmigo, el automóvil que me prestaron.
Sonrío por el símbolo, al pensar en él, al girar a la derecha.
¡Cuántas cosas que me prestaron conduzco como mías!
¡Cuánto me han prestado, ay de mí!, ¡yo mismo lo soy!

A la izquierda la casucha –sí, la casucha- a la vera del camino.
A la derecha el campo abierto, con la luna a lo lejos.
El automóvil, que parecía hace poco darme libertad,
es ahora una cosa donde estoy encerrado,
que solo puedo manejar si estoy encerrado en él,
que solo domino si me incluyo en él, si él me incluye a mí.

A la izquierda, allá atrás, la casucha modesta, más que modesta.

La vida ahí debe ser feliz, solo porque no es la mía.

Si alguien me vio desde la ventana de la casucha, soñará: 
aquél es el que es feliz.
Tal vez para el niño que espía por los vidrios de la ventana 
del piso de arriba
quedé (con el automóvil prestado) como un sueño, un hada real.
Tal vez para la muchachita que miró, oyendo el motor, 
por la ventana de la cocina
de abajo,
soy algo parecido al príncipe de todo corazón de muchacha,
y ella me mirará de reojo, a través de los vidrios, 
hasta la curva en que me perdí.
Dejaré sueños detrás de mí, ¿o es el automóvil que los deja?
¿Yo, el conductor de un automóvil prestado, 
o el automóvil prestado que yo conduzco?

En la carretera de Sintra a la luz de la luna, en la tristeza, 
ante los campos y la noche,
conduciendo el Chevrolet prestado desconsoladamente,
me pierdo en la carretera futura, desaparezco en la distancia que alcanzo,
y, en un deseo terrible, súbito, violento, inconcebible,
acelero…
Pero mi corazón se quedó en el montón de piedras, 
del que me desvié al verlo sin verlo,
a la puerta de la casucha,
mi corazón vacío,
mi corazón insatisfecho,
mi corazón más humano que yo, más exacto que la vida.

En la carretera de Sintra, cerca de la medianoche, 
a la luz de la luna, al volante,
en la carretera de Sintra, qué cansancio de la propia imaginación,
en la carretera de Sintra, cada vez más cerca de Sintra,
en la carretera de Sintra, cada vez menos cerca de mí…

Álvaro de Campos